ESTUDIOBIBLICO

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   Como hacer el Bautismo

El bautismo es la segunda ordenanza de la iglesia. Es el propósito de Dios que el creyente declare públicamente su nueva vida en Cristo, y en obediencia, lo hace por el bautismo. El bautismo por inmersión está en consonancia con el significado simbólico de la obra de Cristo - es decir, muerte, sepultura y resurrección (Romanos 6:1-4) y la experiencia del creyente de morir al pecado y nacer de nuevo en Cristo. 

Instrucciones para el ministro:

Cuando los bautismos se realizan en el bautisterio, el ministro bajará primero y ayudará a los candidatos a bajar para evitar una caída. Procurará estar de frente al auditorio para que la gente pueda ver el acto del bautismo.

El ministro dirigirá una oración por los candidatos y después cada uno de ellos dará un testimonio de su fe en el Señor Jesucristo y su determinación de seguir fiel en la fe. Luego los candidatos serán bautizados uno por uno.

El ministro bautizará de derecha a izquierda. El ministro le pedirá al candidato que cruce las manos sobre el pecho. Luego, con la mano derecha, el ministro tomará las manos cruzadas del candidato y con la izquierda sostendrá el cuello del candidato, para facilitar el ser levantado del agua. Cuando el bautismo se realiza en el río, bautice contra la corriente; de esta manera la fuerza del corriente le ayudará a levantarlo.

Tres fórmulas:

1. "Hermano _______________ (nombre y apellido), por cuanto usted ha creído en el Señor Jesucristo, y lo ha aceptado como su Salvador personal, yo lo bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén."

2. "En obediencia a la gran comisión, y según la profesión de su fe en el Señor Jesucristo, yo le bautizo (úsese aquí el nombre de la persona) en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén."

3. "Por la confesión de su fe en Jesús como Cristo, el Hijo de Dios y su Salvador, le bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén."

Lecturas Bíblicas:

Mateo 3:1-17; Marcos 1:1-11; Mateo 28:18-20; Marcos 16:14-17; Hechos 2:38-42; Hechos 8:26-39: Hechos 10: 44-48; Hechos 16:25-34; Romanos 6:3,4; Colosenses 2:12; Gálatas 3:27; Hechos 2:38,39

El artículo citado arriba es una selección tomada del libro titulado "Anhelando Obispado" escrito por el Rvdo. Gilberto Abels.

Ministerio Pastoral prepara líderes para pastorear al rebaño de Cristo, entrenados en los aspectos y responsabilidades del ministerio pastoral.  Se busca que el futuro pastor sea un hombre de Dios íntegro.  Da énfasis en quién es el pastor como persona.  Incluye cómo organizar y administrar su tiempo en el pastorado e informa sobre la celebración de las ordenanzas, funerales y otros servicios especiales.



Es trágico que un líder cristiano renuncie a su fe.

 Nos duele tal acontecimiento, y el dolor que sentimos se ve agravado por el hecho de que la caída suele ir acompañada de otras noticias desgarradoras: un divorcio, el descubrimiento de pecados secretos, la aceptación de normas morales mundanas, etc. Los efectos de la renuncia a la fe de un líder cristiano se extienden a él, a su familia, a su antigua iglesia y a la iglesia en general. La mayoría de los apóstatas pasan desapercibidos, pero los que tienen una posición de alto perfil (algunos dirían "celebridad") dentro de la iglesia aparecen en los titulares cuando abandonan la fe.

El problema de tener falsos creyentes dentro de la iglesia, incluso en posiciones de liderazgo, no es nada nuevo. Jesús nos advirtió sobre los falsos profetas (Mateo 7:1524:11). Pablo advirtió a los ancianos de Éfeso sobre los apóstatas que aparecían entre sus propios compañeros (Hechos 20:29-31). Advirtió a Timoteo del peligro espiritual y le dio ejemplos: "Milites por ellas la buena milicia, manteniendo la fe y buena conciencia, desechando la cual naufragaron en cuanto a la fe algunos, de los cuales son Himeneo y Alejandro, a quienes entregué a Satanás para que aprendan a no blasfemar" (1 Timoteo 1:18-20). Juan reveló la condición espiritual de los apóstatas: "Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros" (1 Juan 2:19). En otras palabras, los apóstatas no son personas que "perdieron" su salvación; más bien, son personas que en primer lugar nunca fueron salvas. Los falsos creyentes terminan por mostrar su verdadera cara. La cizaña se distingue finalmente del trigo.

¿Cómo debemos responder cuando las personas en las que confiamos como buenos líderes en la iglesia se alejan? Aquí hay algunos consejos para el cristiano:

1. Examínate a ti mismo. Estamos llamados a ser humildes, no a ser orgullosos. "Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga". (1 Corintios 10:12). Pedro consideraba que su propio compromiso con Cristo era más fuerte que el de los demás discípulos, y así se lo hizo saber a Jesús: "Aunque todos se escandalicen, yo no" (Marcos 14:29). Pero Pedro no era tan fuerte como se creía (versículo 30). Cada uno de nosotros tiene la responsabilidad de tomarse en serio el estado de su relación con Dios: "Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?". (2 Corintios 13:5). ¿Estamos realmente en la fe, o sólo estamos ofreciendo un servicio de labios a Cristo y fingiendo seguirlo?

2. Ora por el apóstata. La decisión de alguien de "alejarse" de la fe es un motivo para quebrantar nuestro corazón. Ora por la restauración y para que él o ella lleguen a conocer al Señor en verdad. Ora por todos los que están en la esfera de influencia del apóstata: miembros de la familia, de la iglesia y otras personas cercanas al apóstata que con toda seguridad se sentirán devastadas por la noticia.

3. Pon tu mirada en Jesús. Sólo él es el autor y el consumador de nuestra fe (Hebreos 12:2). En este momento, puede ser un determinado pastor o autor de libros más vendidos el que ocupe los titulares. Mañana puede ser otro. Sin embargo, nuestro enfoque debe ser Jesús. Él nunca cambia (Hebreos 13:8). Su amor, Su pureza y Su veracidad permanecen siempre. Los titulares de nuestros corazones siempre deben presentar a Cristo y Su obra perfecta.

4. Recuerda que el evangelio no se ve afectado por las acciones de los hombres falibles. La decisión de un apóstata de abandonar la fe no dice prácticamente nada sobre quién es Jesús o la verdad de la Biblia. Sin embargo, sí dice mucho sobre el apóstata. Correr una persiana no hace que el sol desaparezca, y la decisión de alguien de rechazar la verdad no cambia la verdad. El evangelio permanece inmaculado: el arrepentimiento y la fe en la muerte y resurrección de Cristo darán como resultado la transformación sobrenatural por parte del Espíritu Santo de una persona que pasará de ser un hijo del diablo a un hijo de Dios.

5. Busca lo bueno que los verdaderos seguidores de Cristo hacen cada día. Es fácil detenerse en las historias negativas sobre los líderes cristianos en las noticias. No obstante, la iglesia está haciendo cosas maravillosas todos los días en todo el mundo. Como dice el representante nacional de la GARBC (Asociación General de Iglesias Bautistas Tradicionales - Por sus siglas en inglés), Mike Hess, "Considera cómo Dios ha usado a tu iglesia durante la semana pasada. En todo el mundo los pastores fieles se han puesto firmes y han proclamado abiertamente las buenas noticias del evangelio de Jesucristo. Siervos fieles han servido con sacrificio a los niños en las iglesias durante la Escuela Bíblica de Vacaciones. Otros han escuchado y orado pacientemente con aquellos que están pasando por un enorme sufrimiento y dolor. Se ha invitado a los vecinos a los hogares donde el amor de Cristo se ha visto reflejado en la generosa hospitalidad de los cristianos. Se han adoptado huérfanos. La disciplina amorosa y reparadora de la iglesia ha dado lugar a un dulce arrepentimiento y a la reconciliación. Las iglesias locales han enviado equipos a viajes misioneros de corta duración por todo el mundo. Se ha infundido una nueva esperanza en los matrimonios con problemas mediante la consejería bíblica compasiva que busca ayudar en vez de condenar con dureza. Los pródigos han vuelto a casa. Nuevos creyentes han hecho pública su fe y se han identificado con el evangelio mediante el bautismo cristiano. Y quizás lo más importante, muchos han venido a la fe salvadora en Cristo" (de un comentario del sitio web de GARBC, consultado el 8/1/2019). Ninguna de estas cosas llama la atención a nivel nacional. Tal vez deberían hacerlo.

6. Ponte toda la armadura de Dios. Esta batalla espiritual en la que estamos es real. Nuestro enemigo está activo y busca a quién devorar (1 Pedro 5:8). Sin embargo, Dios nos ha dado una protección (Efesios 6:10-18) que sería prudente usar.

7. Mantente conectado con los creyentes de tu iglesia. Tenemos un gran apoyo en los creyentes que pueden exhortarnos, animarnos y edificarnos. Podemos rendir cuentas los unos a los otros y ayudar a evitar la sutil invasión del pecado. "Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado" (Hebreos 3:12-13). El ánimo es una medicina que ayuda a contrarrestar el envenenamiento del pecado y el endurecimiento espiritual. Es necesario tomar una dosis diaria.

La doctrina es importante, así como un paseo diario y honesto con Dios. Que el Señor nos preserve a todos de caer y deshonrar Su nombre.

Que es la Inposicion de las Manos

La “imposición de manos” es una acción bíblica; sin embargo, no hay ningún mandato bíblico que requiera la imposición física de las manos para un ministerio espiritual en particular. Jesucristo ciertamente puso sus manos sobre muchos de los que Él sanó; sin embargo, él también sanó sin poner Sus manos sobre la gente. De hecho, hubo momentos cuando Él no estaba cerca de los que sanó. Mateo 8:8 describe a Jesucristo sanando el siervo del centurión sin acercarse a la casa del centurión.

A continuación, se presentan dos casos a considerar: en un caso el Espíritu Santo concede el don de 
hablar en lenguas con el acto de la imposición de manos del apóstol, y en el otro caso lo hace sin la imposición de manos, sino simplemente a través de la predicación del apóstol.

"Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo. Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús. Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban" (
Hechos 19:4-6).

"Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso. Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los 
gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios" (Hechos 10:44-46).

En 
1 Timoteo 5:22, el propósito no es tanto en la acción física de la imposición de manos, como en la idea de que confiriendo la responsabilidad del liderazgo espiritual (no importa cómo se hace) debe hacerse con cuidado. No debe hacerse “de repente” o sin la debida consideración: "No impongas con ligereza las manos a ninguno, ni participes en pecados ajenos. Consérvate puro".

Sin duda, la imposición de manos en la iglesia primitiva era un medio de conectar el mensaje con el mensajero, o el don espiritual con el dador de dones. Proporcionó una “señal” autenticando aquel a través del cual se otorgó la manifestación física de un don espiritual. Tenemos que entender que no hay fórmulas mágicas bíblicas para el ministerio de la iglesia. La imposición de manos no tiene poder en sí misma. La imposición de manos es utilizada sólo por Dios cuando se hace de acuerdo con la palabra de Dios.

     Historia de Moises

Moisés es una de las figuras más destacadas del Antiguo Testamento. Si bien a Abraham se le llama el "Padre de la Fe" y el que recibió el pacto incondicional de gracia de Dios para Su pueblo, Moisés fue el hombre escogido para traer la redención a Su pueblo. Dios eligió específicamente a Moisés para conducir a los israelitas desde el cautiverio en Egipto hasta la salvación en la tierra prometida. A Moisés también se le reconoce como el mediador del antiguo pacto y normalmente se le conoce como el dador de la ley. Finalmente, Moisés es el principal autor del Pentateuco, los libros fundamentales de toda la Biblia. La función de Moisés en el Antiguo Testamento es un arquetipo y sombra del papel que desempeña Jesús en el Nuevo Testamento. Por ello, merece la pena examinar su vida.

La primera vez que nos encontramos con Moisés es en los primeros capítulos del libro del Éxodo. En el capítulo 1, vemos que, después de que el patriarca José rescatara a su familia de la gran hambruna y la situara en la tierra de Gosén (en Egipto), los descendientes de Abraham vivieron en paz durante varias generaciones hasta que subió al poder en Egipto un faraón que "no conocía a José" (
Éxodo 1:8). Este faraón sometió al pueblo hebreo y lo utilizó como esclavo para sus enormes proyectos de construcción. Como Dios bendijo al pueblo hebreo con un rápido crecimiento numérico, los egipcios comenzaron a tener miedo del creciente número de judíos que vivían en su tierra. Por eso, el faraón ordenó la muerte de todos los hijos varones nacidos de mujeres hebreas (Éxodo 1:22).

En 
Éxodo 2, vemos cómo la madre de Moisés intenta salvar a su hijo metiéndolo en una canasta y echándolo al Nilo. La hija del faraón encontró la canasta, adoptó al niño como si fuera suyo y lo crió en el palacio del propio faraón. Cuando Moisés llegó a la edad adulta, se sintió identificado con la situación de su pueblo, y al presenciar cómo un egipcio golpeaba a un esclavo hebreo, intervino y mató al egipcio. En otro incidente, Moisés intentó intervenir en una disputa entre dos hebreos, pero uno de los hebreos reprendió a Moisés y le dijo con tono sarcástico: "¿Piensas matarme como mataste al egipcio?" (Éxodo 2:14). Al darse cuenta de que se había hecho público su acto criminal, Moisés huyó a la tierra de Madián, donde volvió a intervenir, esta vez rescatando a las hijas de Jetro de unos bandidos. Por agradecimiento, Jetro (también llamado Reuel) entregó en matrimonio a su hija Séfora a Moisés (Éxodo 2:15-21). Moisés vivió en Madián durante unos cuarenta años.

Otro acontecimiento importante en la vida de Moisés fue su encuentro con Dios en la zarza ardiente (
Éxodo 3-4), donde Dios llamó a Moisés para que fuera el salvador de Su pueblo. A pesar de sus primeras excusas y de pedirle a Dios que enviara a otra persona, Moisés aceptó obedecer a Dios. Dios prometió enviar a Aarón, el hermano de Moisés, para que lo acompañara. El resto de la historia es muy conocida. En nombre de Dios, Moisés y su hermano Aarón se dirigen al Faraón y le exigen que deje ir al pueblo para que adore a su Dios. El Faraón se niega obstinadamente, y entonces diez plagas del juicio de Dios caen sobre el pueblo y la tierra, siendo la última plaga la muerte de los primogénitos. Antes de esta última plaga, Dios le ordena a Moisés que instituya la Pascua, que es una conmemoración del acto salvador de Dios al redimir a Su pueblo de la esclavitud en Egipto.

Después del éxodo, Moisés condujo al pueblo hasta la orilla del Mar Rojo, donde Dios obró otro milagro de salvación al separar las aguas y permitir que los hebreos pasaran al otro lado, ahogando al ejército egipcio (
Éxodo 14). Moisés llevó al pueblo al pie del monte Sinaí, donde se dio la ley y se estableció el antiguo pacto entre Dios y la nueva nación de Israel (Éxodo 19-24).

El resto del libro de Éxodo y todo el libro de Levítico se desarrollan mientras los israelitas están acampando junto al Sinaí. Dios le da a Moisés instrucciones detalladas para la construcción del tabernáculo -una tienda itinerante para la adoración que podía montarse y desmontarse para facilitar su transporte- y para la elaboración de los utensilios para la adoración, la vestimenta sacerdotal y el arca del pacto, que simbolizaba la presencia de Dios entre Su pueblo, así como el lugar donde el sumo sacerdote realizaría la expiación anual. Dios también le da instrucciones explícitas a Moisés sobre cómo se debe adorar a Dios y las directrices para mantener la pureza y la santidad entre el pueblo. En el libro de Números, vemos cómo los israelitas se desplazan desde el Sinaí hasta el borde de la tierra prometida, pero se niegan a entrar cuando diez de los doce espías traen un mal informe sobre la habilidad de Israel para tomar la tierra. Dios condena a esta generación de judíos a morir en el desierto por su desobediencia y los somete a cuarenta años de peregrinación en el desierto. Al final del libro de Números, la siguiente generación de israelitas se encuentra de nuevo en las fronteras de la tierra prometida y está dispuesta a confiar en Dios y conquistarla por fe.

El libro de Deuteronomio muestra a Moisés dando varios discursos en forma de sermón al pueblo, recordándoles el poder salvador y la fidelidad de Dios. Da la segunda lectura de la Ley (
Deuteronomio 5) y prepara a esta generación de israelitas para recibir las promesas de Dios. Al propio Moisés se le prohíbe entrar en la tierra por su pecado en Meriba (Números 20:10-13). Al final del libro del Deuteronomio, se registra la muerte de Moisés (Deuteronomio 34). Subió al monte Nebo y se le permitió contemplar la tierra prometida. Moisés tenía 120 años de edad cuando murió, y la Biblia registra que "sus ojos nunca se oscurecieron, ni perdió su vigor." (Deuteronomio 34:7). El Señor mismo enterró a Moisés (Deuteronomio 34:5-6), y Josué tomó el mando del pueblo (Deuteronomio 34:9). Deuteronomio 34:10-12 dice: "Y nunca más se levantó profeta en Israel como Moisés, a quien haya conocido al Señor cara a cara; nadie como él en todas las señales y prodigios que el Señor le envió a hacer en tierra de Egipto, a Faraón y a todos sus siervos y a toda su tierra, y en el gran poder y en los hechos grandiosos y terribles que Moisés hizo a la vista de todo Israel".

Lo anterior es sólo una breve reseña de la vida de Moisés y no habla de sus conversaciones con Dios, de la manera en que dirigió al pueblo, de algunas de las formas específicas en que prefiguró a Jesucristo, de su centralidad en la fe judía, de su aparición en la transfiguración de Jesús y de otros detalles. Sin embargo, nos da un marco de referencia de este hombre. Entonces, ¿qué podemos aprender de la vida de Moisés? La vida de Moisés se divide generalmente en tres períodos de 40 años. El primero es su vida en la corte del Faraón. Como hijo adoptivo de la hija del Faraón, Moisés habría tenido todas las ventajas y privilegios de un príncipe de Egipto. Fue instruido "en toda la sabiduría de los egipcios, y era poderoso en sus palabras y obras" (
Hechos 7:22). Cuando la situación de los hebreos empezó a inquietar su alma, Moisés se encargó de ser el salvador de su pueblo. Como dijo Esteban frente al consejo gobernante judío, "[Moisés] supuso que sus hermanos entenderían que Dios les daría la salvación por medio de él" (Hechos 7:25). De este incidente, aprendemos que Moisés era un hombre de acción, además de poseer un temperamento fuerte y propenso a las acciones imprudentes. ¿Quería Dios salvar a Su pueblo? Sí. ¿Quería Dios usar a Moisés como Su instrumento de salvación? Sí. Pero Moisés, independientemente de que fuera realmente consciente o no de su función en la salvación del pueblo hebreo, actuó de forma precipitada e impetuosa. Intentó hacer en su propio tiempo lo que Dios quería que se hiciera en Su tiempo. La lección para nosotros es clara: debemos ser muy conscientes no sólo de hacer la voluntad de Dios, sino de hacer la voluntad de Dios en el tiempo de Él, no en el nuestro. Como ocurre con tantos otros ejemplos bíblicos, cuando intentamos hacer la voluntad de Dios en nuestro tiempo, armamos un desastre mayor que el que existía originalmente.

Moisés necesitaba tiempo para crecer, madurar y aprender a ser manso y humilde ante Dios, y esto nos lleva al siguiente capítulo de la vida de Moisés, sus 40 años en la tierra de Madián. Durante este tiempo, Moisés aprendió la vida sencilla de un pastor, un esposo y un padre. Dios tomó a un joven impulsivo y de temperamento fuerte y comenzó el proceso de moldearlo y darle forma hasta convertirlo en el instrumento perfecto para que Dios lo utilizara. ¿Qué podemos aprender de esta época de su vida? Si la primera lección es la de esperar el tiempo de Dios, la segunda es la de no estar ociosos mientras esperamos el tiempo de Dios. Aunque la Biblia no dedica mucho tiempo a los detalles de esta parte de la vida de Moisés, lo cierto es que él no se quedó de brazos cruzados esperando el llamado de Dios. Pasó la mayor parte de 40 años aprendiendo los oficios de pastor y manteniendo y criando una familia. No son cosas insignificantes. Aunque anhelemos las experiencias en la "cima de la montaña" con Dios, el 99% de nuestras vidas se viven en el valle haciendo las cosas del día a día que componen nuestra vida. Necesitamos vivir para Dios "en el valle" antes de que Él nos aliste en la batalla. Con frecuencia, es en las cosas aparentemente triviales de la vida donde Dios nos entrena y prepara para su llamado a la siguiente etapa.

Otra cosa que vemos de Moisés durante su permanencia en Madián es que, cuando Dios finalmente lo llamó a servir, Moisés se opuso. Moisés, que era un hombre de acción al principio de su vida, y que ahora tiene 80 años, se volvió demasiado tímido. Cuando fue llamado a hablar en nombre de Dios, Moisés dijo que era "tardo en el habla y torpe de lengua" (
Éxodo 4:10). Algunos comentaristas creen que Moisés pudo haber tenido un impedimento en el habla. Puede ser, pero entonces sería extraño que Esteban dijera que Moisés era "poderoso en palabras y obras" (Hechos 7:22). Tal vez Moisés no quería volver a Egipto y fracasar de nuevo. No es un sentimiento extraño. ¿Cuántos de nosotros hemos intentado hacer algo (sea o no para Dios) y hemos fracasado, y luego hemos dudado en volver a intentarlo? Hay dos cosas que Moisés parece haber pasado por alto. Una era el cambio obvio que había ocurrido en su propia vida en los 40 años anteriores. El otro cambio, más importante, era que Dios estaría con él. Moisés fracasó al principio no tanto porque actuara impulsivamente, sino porque actuó sin Dios. Por tanto, la lección que hay que aprender aquí es que cuando disciernas un claro llamado de Dios, da un paso adelante en fe, sabiendo que Dios va contigo. No seas tímido, sino fortalécete en el Señor y en el poder de su fuerza (Efesios 6:10).

La Escritura dedica la mayor parte de su tiempo al tercer y último capítulo de la vida de Moisés: su papel en la redención de Israel. De este capítulo de la vida de Moisés también se pueden extraer varias lecciones. La primera es cómo ser un líder eficaz del pueblo. Básicamente, Moisés tenía la responsabilidad de más de dos millones de refugiados hebreos. Cuando la situación empezó a agobiarlo, su suegro, Jetro, le sugirió que delegara la responsabilidad en otros hombres fieles, una lección que muchas personas con autoridad sobre otras necesitan aprender (
Éxodo 18). También vemos a un hombre que dependía de la gracia de Dios para realizar su tarea. Moisés estaba constantemente rogando por el pueblo ante Dios. Desearía que todas las personas con autoridad pidieran a Dios por aquellos sobre los que están a su cargo. Moisés estaba muy consciente de la necesidad de la presencia de Dios e incluso pidió ver la gloria de Dios (Éxodo 33). Moisés sabía que, sin Dios, el éxodo no tendría sentido. Era Dios el que hacía diferentes a los israelitas, y ellos lo necesitaban más. La vida de Moisés también nos enseña la lección de que hay ciertos pecados que seguirán persiguiéndonos durante toda nuestra vida. El mismo temperamento que metió a Moisés en problemas en Egipto también lo metió en problemas durante el peregrinaje por el desierto. En el incidente anteriormente mencionado en Meriba, Moisés golpeó la peña con ira para dar de beber al pueblo. Sin embargo, no le dio la gloria a Dios, ni siguió las órdenes precisas de Dios. Por eso, Dios le prohibió entrar en la tierra prometida. Del mismo modo, todos sucumbimos a ciertos pecados que nos acechan todos los días, pecados que requieren que estemos en constante alerta.

Estas son sólo unas cuantas lecciones prácticas que podemos aprender de la vida de Moisés. Sin embargo, si observamos la vida de Moisés a la luz de todas las Escrituras, vemos verdades teológicas más amplias que encajan en la historia de la redención. En el capítulo 11, el autor de Hebreos utiliza a Moisés como ejemplo de fe. Aprendemos que fue por la fe que Moisés rechazó las glorias del palacio del Faraón para identificarse con la difícil situación de su pueblo. El escritor de Hebreos dice: "[Moisés] teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios" (
Hebreos 11:26). La vida de Moisés fue una vida de fe, y sabemos que sin fe es imposible agradar a Dios (Hebreos 11:6). Del mismo modo, es por la fe que nosotros, esperando las riquezas celestiales, podemos soportar las dificultades temporales en esta vida (2 Corintios 4:17-18).

Como ya hemos mencionado, también sabemos que la vida de Moisés fue una tipología de la vida de Cristo. Así como Cristo, Moisés fue el mediador de un pacto. Una vez más, el autor de Hebreos hace todo lo posible por demostrar este punto (cf. 
Hebreos 38-10). El apóstol Pablo también hace lo mismo en 2 Corintios 3. La diferencia es que el pacto que mediaba Moisés era temporal y condicional, mientras que el pacto que media Cristo es eterno e incondicional. Al igual que Cristo, Moisés proporcionó la redención a su pueblo. Moisés liberó al pueblo de Israel de la esclavitud y la servidumbre en Egipto y lo llevó a la tierra prometida de Canaán. Cristo libera a Su pueblo de la esclavitud del pecado y de la condenación y lo lleva a la tierra prometida de la vida eterna en una tierra renovada cuando Cristo regrese para consumar el reino que inauguró en Su primera venida. Al igual que Cristo, Moisés fue un profeta para su pueblo. Moisés habló las mismas palabras de Dios a los israelitas, tal como lo hizo Cristo (Juan 17:8). Moisés predijo que el Señor levantaría otro profeta como él de entre el pueblo (Deuteronomio 18:15). Jesús y la iglesia primitiva enseñaron y creyeron que Moisés estaba hablando de Jesús cuando escribió esas palabras (Juan 5:46Hechos 3:227:37). En muchos sentidos, la vida de Moisés es un precursor de la vida de Cristo. Así, podemos vislumbrar cómo Dios estaba llevando a cabo Su plan de redención en las vidas de personas fieles durante la historia de la humanidad. Esto nos da la esperanza de que, así como Dios salvó a Su pueblo y le dio descanso mediante las acciones de Moisés, así también Dios nos salvará y nos dará un descanso sabático eterno en Cristo, tanto ahora como en la vida futura.

Por último, es interesante observar que, aunque Moisés nunca puso un pie en la tierra prometida durante su vida, se le dio la oportunidad de entrar en ella después de su muerte. En el monte de la transfiguración, cuando Jesús les dio a sus discípulos una muestra de toda Su gloria, estaba acompañado por dos figuras del Antiguo Testamento, Moisés y Elías, que representaban la Ley y los Profetas. Moisés está experimentando hoy el verdadero descanso sabático en Cristo que un día compartiremos todos los cristianos (
Hebreos 4:9).


Trabajo del Anciano en la Iglesia

1) Los ancianos ayudan a resolver disputas en la iglesia. "Cuando Pablo y Barnabás estuvieron en Antioquía de Siria, algunos que venían de Judea enseñaban a los hermanos: 'Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos.'” Como Pablo y Barnabás tuvieron una discusión y contienda no pequeña con ellos, se dispuso que Pablo y Barnabás subiesen a Jerusalén, y algunos otros de ellos, a los apóstoles y los ancianos para tratar esta cuestión" (Hechos 15:1-2, VRV). La cuestión fue discutida en contienda no pequeña, luego fue llevada a los apóstoles y ancianos para tomar una decisión. Este pasaje enseña que los ancianos son personas que toman decisiones.

2) Oran por los enfermos. "¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor" (Santiago 5:14). Un anciano que reúne los requisitos bíblicos tiene una vida santa, y "la oración eficaz del justo puede mucho" (Santiago 5:16). Una de las necesidades en la oración es orar para que se haga la voluntad del Señor, y se espera que los ancianos hagan esto.

3) Deben cuidar a la iglesia en humildad. "Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada. Apacentad a la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria" (1 Pedro 5:1-4). Los ancianos son líderes de la iglesia designados por Dios; la congregación se les confía a ellos. No deben dirigir por ganancia económica, sino por su deseo de servir y de guiar a la congregación.

4) Deben proteger la vida espiritual de la congregación. "Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no es provechoso" (Hebreos 13:17). Este versículo no dice específicamente "ancianos," pero el contexto se refiere a los líderes de la iglesia. Ellos deben responder por la vida espiritual de la iglesia.

5) Deben pasar tiempo en oración y enseñando la Palabra. "Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron: 'No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios para servir a las mesas. Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo. Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra'" (Hechos 6:2-4). Esto es para los apóstoles, pero podemos deducir de 1 Pedro 5:1 que Pedro era al mismo tiempo un apóstol y un anciano. Este versículo también nos muestra la diferencia entre los deberes de un anciano y de un diácono.

Dicho simplemente, los ancianos deben ser pacificadores, guerreros de oración, maestros, líderes ejemplo, y personas que toman decisiones. Ellos son los líderes predicadores y maestros de la iglesia. Es una posición a la que se debe aspirar, pero que no debe ser tomada a la ligera—lea esta advertencia: "Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación.(Santiago 3:1).

Diaconos y Ancianos Para Iglesia
La Biblia tiene una serie de requisitos claros para un diácono y un anciano, y sus posiciones en el grupo de creyentes. El oficio del diácono se estableció para manejar los asuntos prácticos en la iglesia: "Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron: No es justo que nosotros dejemos la Palabra de Dios, para servir a las mesas" (Hechos 6:2). La palabra que se traduce para "servir" es la palabra griega diakonein, que se deriva de una palabra que significa "asistente, mesero, o uno que ministra a otro". Ser "diácono" es servir. Los primeros diáconos fueron un grupo de siete hombres en la iglesia de Jerusalén, que fueron nombrados para trabajar en la distribución diaria de alimentos. Por lo tanto, un diácono es alguien que sirve a otros en un cargo oficial en la iglesia.

La palabra griega que se traduce como "obispo" es episkopos. El obispo es el superintendente, el sobreveedor o el oficial encargado de todas las cosas de la congregación. En la Biblia, a los obispos también se les llama "ancianos" (1 Timoteo 5:19) y "pastores" (Efesios 4:11).

Los requisitos del obispo, anciano o pastor, se encuentran en 1 Timoteo 3:1-7: "Palabra fiel: Si alguno anhela obispado, buena obra desea. Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar; no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro; que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?); no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. También es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo". Pablo también encarga a Timoteo sobre las cosas que ejemplifican la enseñanza de un buen ministro. Empezando en 1 Timoteo 4:11 y continuando a través de 6:2, Pablo le da a Timoteo doce cosas que él debe "mandar y enseñar".

En su carta a Tito, el apóstol Pablo repite los requisitos de un obispo, anciano o pastor. "El que fuere irreprensible, marido de una sola mujer, y tenga hijos creyentes que no estén acusados de disolución ni de rebeldía. Porque es necesario que el obispo sea irreprensible, como administrador de Dios; no soberbio, no iracundo, no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino hospedador, amante de lo bueno, sobrio, justo, santo, dueño de sí mismo, retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen" (Tito 1:6-9).

Los requisitos de un diácono son similares a los de un obispo, anciano o pastor. "Los diáconos asimismo deben ser honestos, sin doblez, no dados a mucho vino, no codiciosos de ganancias deshonestas; que guarden el misterio de la fe con limpia conciencia. Y éstos también sean sometidos a prueba primero, y entonces ejerzan el diaconado, si son irreprensibles. Las mujeres asimismo sean honestas, no calumniadoras, sino sobrias, fieles en todo. Los diáconos sean maridos de una sola mujer, y que gobiernen bien sus hijos y sus casas. Porque los que ejerzan bien el diaconado, ganan para sí un grado honroso, y mucha confianza en la fe que es en Cristo Jesús" (1 Timoteo 3:8-13). La palabra que se traduce para "diácono" en este pasaje, es una forma de la misma palabra griega usada en Hechos 6:2. Podemos decir que estamos hablando del mismo oficio.

Estos requisitos son simples y directos. Tanto el diácono como el obispo, anciano o pastor, deberían ser hombres, maridos de una solo mujer, de carácter ejemplar, y que gobiernan su propia casa en una forma bíblica. Estos requisitos también suponen que una persona que busca un oficio como éstos, ya es un creyente nacido de nuevo y que camina en sujeción a la Palabra de Dios. La única diferencia considerable entre los dos conjuntos de requisitos, es que el obispo, anciano o pastor, debe ser "capaz de enseñar", mientras que la enseñanza no se menciona como un requisito indispensable para los diáconos.

Al Señor Jesús se le llama el "pastor y obispo de vuestras almas" (1 Pedro 2:25). Los títulos son interesantes. La palabra pastor de ovejas es una traducción de la palabra griega poimen, que también se traduce como "pastor" en otros lugares (por ejemplo, en Efesios 4:11). Este poimen es alguien que cuida manadas o rebaños, y se usa metafóricamente de pastores cristianos, porque los pastores deben guiar el "rebaño" de Dios, y alimentarlos con la Palabra de Dios. La palabra traducida como "sobreveedor", es la misma palabra, episkopos, utilizada por el apóstol Pablo en 1 Timoteo y Tito.

Claramente, los oficios del anciano y diácono son importantes en la iglesia. Ministrar al pueblo de Dios en palabras y en obras, es una gran responsabilidad que un hombre debe asumir, y nunca debe hacerse a la ligera. Una persona que bíblicamente no cumple con los requisitos, no debería ocupar ni el cargo de anciano ni diácono; la iglesia se merece algo mejor.

Modelo Para el Liderazgo
Hay un modelo distinto para el liderazgo de la iglesia en el Nuevo Testamento, aunque este modelo pareciera que se asume en lugar de ser recomendado específicamente. El Nuevo Testamento menciona dos posiciones oficiales en la iglesia: diáconos y ancianos (también llamados pastores o supervisores).

Las palabras anciano (a veces traducido "presbítero"), pastor (que puede ser traducido como "pastor") y supervisor (a veces traducido como "obispo") se usan indistintamente en el Nuevo Testamento. Aunque estos términos con frecuencia significan cosas diferentes entre las diversas iglesias de hoy en día, el Nuevo Testamento al parecer indica un oficio, que fue ocupado por varios hombres piadosos dentro de cada iglesia. Los siguientes versículos ilustran cómo los términos se cruzan y se usan indistintamente:

En Hechos 20:17-35, Pablo está hablando a los líderes de la iglesia de Éfeso. Se les llama "ancianos" en el versículo 17. Luego en el versículo 28 dice, "Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor". Aquí los ancianos son llamados "obispos" y sus deberes pastorales están implícitos ya que a la iglesia se le llama "rebaño".

En Tito 1:5-9, Pablo da las calificaciones de los ancianos (versículo 5) y dice que estas calificaciones son necesarias porque "es necesario que el obispo sea irreprensible" (versículo 7). En 1 Timoteo 3:1-7, Pablo da las calificaciones para los obispos, que son esencialmente las mismas que las calificaciones para los ancianos en Tito. En 1 Pedro 5:1-4, Pedro les dice a los ancianos que "pastoreen el rebaño de Dios". De estos pasajes, vemos que el oficio de anciano/pastor/supervisor-obispo es uno. Aquellos que ocupan este cargo deben dirigir, enseñar y cuidar la iglesia de la misma manera que un pastor.

Además, vemos que cada iglesia tiene ancianos (plural). Se supone que los ancianos deben gobernar y enseñar (1 Timoteo 5:17). El modelo bíblico es que un grupo de hombres (y los ancianos siempre son hombres) es responsable del liderazgo espiritual y el ministerio de la iglesia. No se menciona una iglesia que tenga un solo anciano/pastor que esté a cargo de todo, ni tampoco se menciona el gobierno congregacional (aunque la congregación juega un papel).

Aunque los ancianos son responsables de enseñar y dirigir el rebaño, aún queda mucho por hacer a nivel físico. El oficio del diácono se enfoca en las necesidades materiales de la iglesia. En Hechos 6, la iglesia de Jerusalén satisfacía las necesidades materiales de muchas personas de la iglesia por medio de la distribución de alimentos. Algunas de las viudas acudieron a los apóstoles porque no recibían lo que necesitaban. Los apóstoles respondieron: "No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas" (Hechos 6:2). Para aliviar a los apóstoles, se le dijo al pueblo "Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo. Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra. Pero nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la palabra" (versículos Hechos 6:3-4). Aunque los hombres escogidos aquí no se llaman diáconos, la mayoría de los eruditos bíblicos los ven como los primeros diáconos, o al menos como un prototipo del cargo. La palabra diácono simplemente significa "siervo". Los diáconos son nombrados oficiales de la iglesia que atienden las necesidades más físicas de la iglesia, aliviando a los ancianos para atender un ministerio más espiritual. Los diáconos deben estar espiritualmente preparados, y las cualidades de los diáconos se dan en 1 Timoteo 3:8-13.

En resumen, los ancianos dirigen y los diáconos sirven. Estas categorías no son mutuamente excluyentes. Los ancianos sirven a su pueblo dirigiendo, enseñando, orando, aconsejando, etc.; y los diáconos pueden dirigir a otros en el servicio. De hecho, los diáconos pueden ser los líderes de los equipos de servicio dentro de la iglesia. Sin embargo, existe una distinción básica entre los responsables del liderazgo espiritual de la iglesia y los responsables del servicio.

Entonces, ¿dónde encaja la congregación en el modelo de liderazgo de la iglesia? En Hechos 6, fue la congregación la que eligió a los diáconos; por lo tanto, muchas iglesias de hoy harán que la congregación designe y ratifique a los diáconos de la iglesia. Y, por supuesto, los miembros de la congregación serán los principales ministros y evangelistas que alcancen a un mundo perdido. La idea de que la congregación contrate ministros profesionales para hacer el trabajo de la iglesia no es bíblica.

Puede haber algunas variaciones locales en el liderazgo de la iglesia porque esto es sólo un modelo básico; cada detalle no está descrito en las Escrituras. El modelo básico que se encuentra en el Nuevo Testamento es que toda iglesia debe tener una pluralidad de ancianos piadosos (hombres) que sean responsables de dirigir y enseñar a la iglesia y diáconos piadosos que sean responsables de facilitar los aspectos materiales del ministerio de la iglesia. Una pluralidad de ancianos protege a la iglesia de las debilidades y posibles excesos que un solo anciano podría ocasionar. Mientras se siga este modelo básico, la iglesia funciona según el modelo bíblico. Tener un único pastor que controle la iglesia no es el modelo bíblico, y tampoco lo es un acuerdo en el que el pastor trabaje para los diáconos que realmente dirigen la iglesia. La congregación debe seguir la dirección de los pastores que siguen a Cristo. En su sabiduría, los ancianos pueden pedir la aprobación de la congregación para decisiones importantes, pero la congregación no debe ser la autoridad final. La responsabilidad recae en los ancianos/pastores/supervisores, los cuales responden a Cristo.

La autoridad del Pastor Tiene limites?


La iglesia es llamada "la grey de Dios" (1 Pedro 5:2), "la herencia de Dios" (1 Pedro 5:3), y "la iglesia de Dios" (Hechos 2028). Jesús es "cabeza de la Iglesia" (Efesios 5:23) y "el príncipe de los pastores" (1 Pedro 5:4). La iglesia pertenece a Cristo, y Él es la autoridad sobre ella (Mateo 16:18). Esto es verdad no sólo respecto a la iglesia local, sino al cuerpo universal de Cristo.

El modelo de Dios para edificar Su iglesia, incluye usar hombres con la función de pastor. El pastor es en primer lugar un anciano, y junto con los otros ancianos, el pastor es responsable de lo siguiente:

1) Supervisar la iglesia (1 Timoteo 3:1). El principal significado de la palabra obispo es "sobreveedor". La responsabilidad del pastor y de los otro



                                               Para Pastores
                
Hay varias denominaciones que exigen un entrenamiento específico y certificaciones para convertirse en un pastor. En estos casos, el pastor normalmente trabaja para la denominación y les reporta a ellos directamente. Otras iglesias son "independientes" y normalmente eligen a un pastor con el consentimiento de la congregación o de otro organismo de gobierno local. En este caso, los requisitos están determinados por el consejo responsable de la elección del pastor. En este artículo se abordarán las calificaciones bíblicas y prácticas en general para convertirse en pastor, reconociendo que determinadas iglesias o denominaciones pueden tener otros requisitos. Este artículo también supondrá que la persona que quiere ser pastor es alguien que ha llegado a la fe en Cristo y está creciendo en la fe y la vida espiritual diaria. Convertirse en un ministro a tiempo completo no es simplemente una de las muchas oportunidades laborales entre las que se puede elegir según las condiciones de trabajo, los ingresos, la seguridad laboral, etc. Ser un pastor o ministro bíblico implica confiar diariamente en el Señor y entregar su vida por los demás. Si se hace correctamente, el pastorado es exigente y difícil, y a la vez gratificante y satisfactorio.

En el pasado, y quizás en algunos círculos hoy en día, ha habido un énfasis en el "llamado", queriendo decir que una persona debe tener un llamado especial de Dios para ser un pastor. En cierto sentido esto es cierto. Sin embargo, no es necesario que una persona tenga alguna experiencia especial en la que haya sido "llamada" al ministerio. Si una persona quiere ser pastor, debe buscarlo: "Si alguno anhela obispado, buena obra desea" (1 Timoteo 3:1). El que aspira a ser pastor tiene la convicción de que el pastorado es una noble tarea, y contará con el apoyo de aquellos a los que actualmente está ministrando. Si Dios está presente, Él abrirá más puertas para el ministerio. Sin embargo, la motivación de uno para llevar a cabo el ministerio debe ser siempre la gloria de Dios y el bien de los demás. Una persona que entra en el ministerio por dinero, poder, influencia o prestigio está buscando las cosas equivocadas.

Estos son algunos pasos prácticos que puedes tomar para convertirte en pastor o ministro:

1. Aprovecha las oportunidades de ministerio donde estés. La palabra pastor tiene como raíz la idea de pastorear a las ovejas de Dios, lo cual requiere alimentarlas con alimento espiritual y protegerlas del daño espiritual, de la misma manera que un pastor protege y provee a sus ovejas. La palabra ministro tiene como raíz la idea de servir o satisfacer necesidades. Por lo tanto, cada creyente debe ser un pastor o ministro de los demás en el hogar, la escuela, el trabajo y la iglesia. Ministrar intencionalmente a las personas que se cruzan en nuestro camino a diario, es un excelente entrenamiento para convertirse en un ministro a tiempo completo. Cada persona que quiera ser ministro debe primero aprovechar las oportunidades de ministerio que el Señor ofrece a diario, antes de buscar más oportunidades.

2. Entrar de lleno en la vida de una iglesia local bíblicamente establecida. La mayoría de las iglesias tienen cientos de cosas que se deben hacer y muchas personas con necesidades insatisfechas. Ser voluntario en la iglesia local es una excelente manera para que una persona pruebe diferentes tipos de ministerio y descubra en qué es bueno, qué talento tiene y qué le gusta hacer. También le dará al futuro pastor la oportunidad de tener mucho "entrenamiento en el trabajo". Cualquiera que quiera convertirse en un ministro a tiempo completo debe tener una amplia trayectoria de voluntariado y/o ministerio a tiempo parcial en una iglesia local. La experiencia y la responsabilidad que vienen con tal servicio es muy valiosa.

3. Convertirse en un estudiante de la Palabra de Dios. Todo cristiano debería ser un estudiante de la Palabra de Dios, sin embargo, como pastor, la predicación y la enseñanza de la Palabra de Dios (ya sea frente a toda la congregación, en una clase más pequeña o en un estudio bíblico, o de forma individual) es la primera prioridad (ver 2 Timoteo 4:2). Por lo tanto, el pastor debe convertirse en un experto en la Palabra de Dios.

Un neurocirujano debe conocer el cerebro humano y las técnicas quirúrgicas por dentro y por fuera. Un abogado debe estudiar durante años y pasar un examen antes de que se le permita ejercer la abogacía. Un electricista debe trabajar bajo la dirección de un electricista experimentado durante años antes de que se le permita trabajar por su cuenta. En cada una de estas profesiones, la vida, la seguridad y la libertad pueden estar en riesgo. Un pastor se ocupa de algo aún más importante: ¡las almas eternas! Por encima de cualquier otra cosa, un pastor debe conocer el contenido de la Biblia y cómo interpretarla correctamente. Debe ser capaz de aplicar las enseñanzas de la Biblia y comunicar la verdad de Dios de una manera efectiva.

En muchos países, aquellos que quieren ser pastores no tienen la oportunidad de recibir una educación formal. Sin embargo, en otros países, abundan los institutos y seminarios bíblicos. En la medida en que se disponga de educación bíblica y pastoral, todo el que quiera ser ministro debe participar de esa educación. La preparación debe incluir el estudio académico de la Biblia y la teología, así como el estudio de los aspectos prácticos del ministerio, tales como la administración de la iglesia. Una vez que esté en el ministerio, el pastor debe continuar con un estudio riguroso de la Palabra de Dios.

En algunos entornos, se minimiza la educación formal y se prefiere simplemente "confiar en el Espíritu". Esto puede ser un error. Un famoso pastor acertadamente dijo que, cuanto más se estudia la Palabra de Dios, el Espíritu tendrá que trabajar más en el ministerio. La educación no es un sustituto para confiar en el Espíritu, y confiar en el Espíritu no es un sustituto para la educación. Los dos son importantes.

Mientras participa en el estudio académico a tiempo completo para prepararse para el ministerio, el estudiante no debe descuidar los pasos 1 y 2, antes mencionados.

4. Cumplir con los requisitos bíblicosPrimera Timoteo 3:1-7 y Tito 1:5-8 presentan los requisitos bíblicos para los pastores (que también son llamados ancianos u obispos). Estos requisitos enfatizan la madurez espiritual y la sabiduría a la hora de tratar con la gente y de controlar su propia conducta. Uno de los requisitos específicos es que los pastores/ancianos/obispos deben ser hombres, no mujeres. Por supuesto, hay muchos otros puestos ministeriales que están disponibles para las mujeres, incluyendo el ministerio de niños y el ministerio de mujeres. Las mujeres también pueden ocupar puestos clave en otras organizaciones cristianas.

Si la persona que desea ser pastor o ministro se está preparando por medio de un estudio riguroso de la Palabra, está calificado bíblicamente, está creciendo en la fe y está aprovechando todas las oportunidades disponibles en la iglesia local, tendrá más oportunidades de servicio. Estas pueden venir a través de un ofrecimiento oficial de empleo por parte de una iglesia que necesita cubrir un puesto, o bien de una manera más organizada, ya que una oportunidad de ministerio lleva a otra de mayor responsabilidad.

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                                                       Que es doctrina

La palabra que se traduce como "doctrina" significa "instrucción, especialmente en lo que se refiere a la aplicación del estilo de vida". En otras palabras, la doctrina es la enseñanza que se imparte por una fuente autorizada. En la Biblia, la palabra siempre se refiere a las áreas de estudio relacionadas con lo espiritual. La Biblia dice de sí misma que es "útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia" (2 Timoteo 3:16). Debemos ser cuidadosos con lo que creemos y presentarlo como verdad. Primera de Timoteo 4:16 dice: "Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren".

La doctrina bíblica nos ayuda a entender la voluntad de Dios para nuestras vidas. La doctrina bíblica nos enseña la naturaleza y el carácter de Dios (
Salmo 90:297:2Juan 4:24), el camino de la salvación por medio de la fe (Efesios 2:8-9Romanos 10:9-10), la instrucción para la iglesia (1 Corintios 14:26Tito 2:1-10) y la norma de santidad de Dios para nuestras vidas (1 Pedro 1:14-171 Corintios 6:18-20). Cuando aceptamos la Biblia como la Palabra de Dios para nosotros (2 Timoteo 3:162 Pedro 1:20-21), tenemos una base sólida para nuestra doctrina. Puede haber desacuerdo dentro del cuerpo de Cristo sobre puntos secundarios de la doctrina, tales como la escatología, la organización de la iglesia o los dones del Espíritu Santo. Sin embargo, la verdadera doctrina bíblica es la que incorpora "todo el consejo de Dios" (Hechos 20:27) y saca conclusiones basadas en lo que parece más acorde con el carácter de nuestro inmutable Dios (Números 23:19Hebreos 13:8).

No obstante, la Biblia no siempre es el fundamento sobre el que la gente o las iglesias construyen sus declaraciones doctrinales. Nuestra naturaleza pecaminosa no se somete fácilmente a los decretos de Dios, por eso a menudo escogemos las partes de la Biblia con las que nos sentimos cómodos y descartamos el resto. O sustituimos lo que Dios dice por una doctrina o tradición hecha por el hombre. Esto no es nada nuevo. Jesús reprendió a los escribas y 
fariseos por "enseñar como doctrinas los mandamientos de los hombres" (Marcos 7:7; cf. Isaías 29:13). La falsa doctrina era común en los tiempos del Nuevo Testamento, y las Escrituras nos dicen que continuará (Mateo 7:152 Pedro 2:11 Juan 4:1). Segunda Timoteo 4:3 dice, "Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias".

La Biblia da una severa advertencia a aquellos que enseñarían una doctrina falsa o incompleta simplemente porque es más compatible con las ideas del hombre. Primera de Timoteo 6:3-4 dice: "Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad, está envanecido, nada sabe". El 
apóstol Pablo escribió palabras duras sobre la perversión del evangelio con la falsa doctrina: "No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema" (Gálatas 1:7-9).

La doctrina es la cosmovisión por la cual gobernamos nuestras vidas. Si nuestra doctrina se basa sólidamente en las Escrituras, podemos saber que estamos caminando en el camino que Dios diseñó para nosotros. Sin embargo, si no estudiamos la Palabra de Dios por nosotros mismos (
2 Timoteo 2:15), somos llevados más fácilmente al error. Aunque hay una variedad de asuntos menores en los que los cristianos no están de acuerdo, la verdadera doctrina es más clara de lo que muchos insinúan. Segunda de Pedro 1:20 dice: "entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada". Hay una interpretación correcta de todo lo que Dios dice, y es nuestro trabajo discernir ese significado, no crear una interpretación que se adapte a nuestros gustos. Dios quiere que conozcamos Su corazón y nos ha dado Su Palabra sobre la que podemos construir vidas piadosas (ver Mateo 7:24). Cuanto más estudiamos la verdadera doctrina, más entendemos a Dios y a nosotros mismos.

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 Ques la Sana doctrina

Pablo le encarga a Tito: "Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina" (Tito 2:1). Dicha orden deja en claro que la sana doctrina es importante. Pero, ¿por qué es importante? ¿Realmente lo que creemos marca la diferencia?

La sana doctrina es importante porque nuestra fe se basa en un mensaje específico. Toda la doctrina de la iglesia contiene muchos elementos, pero el mensaje principal se define claramente: "Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; [y]. . . que resucitó al tercer día, conforme a las escrituras" (
1 Corintios 15:3-4). Estas son las incuestionables buenas nuevas, y son de "de vital importancia". Cambiar ese mensaje y la base de la fe, hace que cambiemos a Cristo por algo diferente. Nuestro destino eterno depende del escuchar "la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación" (Efesios 1:13; ver también 2 Tesalonicenses 2:13-14).

La sana doctrina es importante, porque el evangelio es un deber sagrado, y no nos atrevemos a manipular la comunicación de Dios al mundo. Nuestro deber es entregar el mensaje, no de cambiarlo. Judas expresa un sentido de urgencia para guardar la fe: ". . . me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos" (
Judas 1:3; ver también Filipenses 1:27). "Contender" lleva la idea de luchar incansablemente por algo y de dar todo lo que tiene. La biblia incluye una advertencia de no agregar ni de quitar a la palabra de Dios (Apocalipsis 22:18-19). En lugar de modificar la doctrina de los apóstoles, recibimos lo que nos han transmitido y guardamos "la forma de la sana enseñanza, con fe y amor que es en Cristo Jesús" (2 Timoteo 1:13).

La sana doctrina es importante porque lo que creemos afecta lo que hacemos. El comportamiento es una extensión de la teología, y existe una correlación directa entre lo que pensamos y cómo actuamos. Por ejemplo, dos personas se paran en la parte alta de un puente; uno cree que puede volar, y el otro considera que no puede volar. Su siguiente acto será bastante diferente. De la misma manera, un hombre que cree que no hay tal cosa como 
el bien y el mal, naturalmente se comportará de manera diferente a un hombre que cree en las normas morales bien definidas. En una de las listas de pecados que se encuentran en la biblia, se mencionan cosas como la rebelión, el asesinato, la mentira y el comercio de esclavos. La lista concluye con "y para cuanto se oponga a la sana doctrina" (1 Timoteo 1:9-10). En otras palabras, la verdadera enseñanza promueve la justicia; el pecado florece cuando se opone a la "sana doctrina".

La sana doctrina es importante porque debemos verificar la verdad en un mundo de mentira. "Muchos falsos profetas han salido por el mundo" (
1 Juan 4:1). Hay cizaña entre el trigo y lobos en medio de las ovejas (Mateo 13:25Hechos 20:29). La mejor manera de distinguir la verdad de la mentira, es saber cuál es la verdad.

La sana doctrina es importante porque el final de la sana doctrina es la vida. "Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren" (
1 Timoteo 4:16). Por el contrario, el final de la falsa doctrina es la destrucción. "Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo" (Judas 1:4). Cambiar el mensaje de la gracia de Dios, es hacer algo "pecaminoso", y la condena de tal acción es grave. Predicar otro evangelio ("que en realidad no es evangelio para nada"), conlleva un anatema: "¡que caiga bajo maldición!" (Gálatas 1:6-9).

La sana doctrina es importante porque anima a los creyentes. Un amor por la palabra de Dios trae "mucha paz" (
Salmo 119:165), y "los que anuncian la paz. . . los que publican salvación" son realmente "hermosos" (Isaías 52:7). Un pastor "debe retener la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen" (Tito 1:9).

La palabra de la sabiduría es: "No traspases los linderos antiguos que pusieron tus padres" (
Proverbios 22:28). Si podemos aplicar esto a la sana doctrina, la lección es que debemos preservarla intacta. Que nunca nos alejemos de "la sincera fidelidad a Cristo" (2 Corintios 11:3).


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                                Que es la Falsa doctrina

La doctrina es un "conjunto de ideas o creencias que se enseñan o se creen como ciertas". La doctrina bíblica se refiere a las enseñanzas que se alinean con la palabra revelada de Dios, la biblia. La falsa doctrina es cualquier idea que anula, contradice, agrega o quita a la doctrina dada en la palabra de Dios. Por ejemplo, cualquier enseñanza acerca de Jesús que niega su nacimiento virginal es una doctrina falsa, pues contradice la clara enseñanza de las escrituras (Mateo 1:18).

Ya desde el primer siglo después de Cristo, la falsa doctrina estaba infiltrándose en la iglesia, y muchas de las cartas del nuevo testamento fueron escritas para abordar esos errores (
Gálatas 1:6-9Colosenses 2:20-23Tito 1:10-11). Pablo exhortó a su discípulo Timoteo a que se protegiera de aquellos que estaban vendiendo las herejías y confundiendo la grey: "Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad, está envanecido, nada sabe…" (1 Timoteo 6:3-4).

Como seguidores de Cristo, no tenemos excusa para permanecer ignorantes de la teología, porque tenemos "todo el consejo de Dios" (
Hechos 20:27) disponibles para nosotros - la biblia es completa. Mientras "procuramos con diligencia presentarnos a Dios aprobados" (2 Timoteo 2:15), tenemos menos probabilidades de ser engañados por charlatanes lisonjeros y falsos profetas. Cuando conocemos la palabra de Dios, "ya no somos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error" (Efesios 4:14).

Es importante señalar la diferencia entre la falsa doctrina y desacuerdos denominacionales. Diferentes grupos congregacionales ven temas secundarios en las escrituras de manera diferente. Estas diferencias no son siempre debido a la falsa doctrina por parte de alguien. Las políticas de la iglesia, decisiones de los líderes, el estilo de la adoración, etc., todos están abiertos a discusión, ya que no se tratan directamente en las escrituras. Incluso aquellos temas que se abordan en las escrituras a menudo son debatidos por discípulos de Cristo igualmente sinceros. Las diferencias en la interpretación o en la práctica, no califican necesariamente como una falsa doctrina, ni tampoco deben dividir el cuerpo de Cristo (
1 Corintios 1:10).

La falsa doctrina es aquella que se opone a una verdad fundamental o a una verdad que es necesaria para la salvación. Los siguientes son algunos ejemplos de falsa doctrina:

• Eliminar el infierno. La biblia describe el infierno como un verdadero lugar de tormento eterno, el destino de cada alma no regenerada (
Apocalipsis 20:152 Tesalonicenses 1:8). El negar el infierno contradice directamente las propias palabras de Jesús (Mateo 10:2825:46) y es por lo tanto una falsa doctrina.

• La idea de que hay "muchos caminos para llegar a Dios". Esta filosofía se ha vuelto popular recientemente bajo el disfraz de la tolerancia. Esta falsa doctrina sostiene que, puesto que Dios es amor, Él aceptará cualquier esfuerzo religioso con tal que el practicante sea sincero. Tal relativismo se burla de toda la biblia y elimina de forma eficaz cualquier necesidad de que el Hijo de Dios tome forma de hombre y sea crucificado por nosotros (
Jeremías 12:17Juan 3:15-18). También contradice las palabras directas de Jesús respecto a que Él es el único camino a Dios (Juan 14:6).

• Cualquier enseñanza que redefina la persona de Jesucristo. La doctrina que niega la deidad de Cristo, el nacimiento virginal, Su vida sin pecado, Su verdadera muerte o Su resurrección física, es falsa doctrina. Una 
cristología descarriada por parte de algún grupo, se identifica fácilmente como una secta o culto que pueda pretender ser cristiano, pero que en realidad está enseñando falsa doctrina. Incluso muchas denominaciones importantes han comenzado un rápido deslizamiento hacia la apostasía declarando que ya no se aferran a la interpretación literal de la escritura o a la deidad de Cristo1 Juan 4:1-3 deja claro que una negación de la Cristología bíblica es "anti-Cristo". Jesús describió a los falsos maestros dentro de la iglesia como "lobos vestidos de ovejas" (Mateo 7:15).

• La enseñanza que añade obras religiosas humanas a la obra consumada de Cristo en la cruz como elementos necesarios para la salvación. Esta enseñanza puede declarar de labios para afuera que la salvación es solo por fe, sin embargo insiste en que un ritual religioso (como el bautismo de agua) es salvífico. Algunos grupos incluso legislan estilos de peinados, opciones de vestimenta y el consumo de alimentos. 
Romanos 11:6 advierte en contra de los intentos de mezclar la gracia con las obras. Efesios 2:8-9 dice que somos salvos por la gracia de Dios, por medio de la fe, y nada de lo que hagamos puede añadirle o quitarle a la salvación. Gálatas 1:6-9 proclama una maldición sobre cualquiera que cambia las buenas nuevas de la salvación por gracia.

• La enseñanza que presenta la gracia como una licencia para pecar. Esta falsa doctrina implica que lo único que se debe hacer para estar bien delante de Dios es creer en los hechos acerca de Jesús, hacer una oración en algún momento y, luego, retomar el control de su vida con la garantía del cielo al final. Pablo trata con esta forma de pensar en 
Romanos 62 Corintios 5:17 dice que aquellos que están "en Cristo" llegan a ser "nuevas criaturas". Esa transformación, en respuesta a la fe del creyente en Cristo, cambia los comportamientos externos. Conocer y amar a Cristo es obedecerle (Lucas 6:46).

Satanás ha estado confundiendo y pervirtiendo la palabra de Dios desde 
el Jardín del Edén (Génesis 3:1-4Mateo 4:6). Los falsos maestros, los siervos de Satanás, intentan aparecer como "siervos de justicia" (2 Corintios 11:15), sin embargo se conocerán por sus frutos (Mateo 7:16). Un charlatán que promociona falsa doctrina, mostrará señales de soberbia, avaricia, y rebelión (vea Judas 1:11) y a menudo promoverá o participará en inmoralidad sexual (2 Pedro 2:14Apocalipsis 2:20).

Somos sabios para reconocer cuán vulnerables somos a la herejía y que lo convirtamos en un hábito como los hacían los de Berea en 
Hechos 17:11: "éstos… escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así". Cuando nuestro objetivo es seguir el ejemplo de la iglesia primitiva, vamos a ir muy lejos para evitar los peligros de la falsa doctrina. Hechos 2:42 dice, "Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones". Esa devoción nos protegerá y nos aseguraremos de que estamos en el camino que Jesús nos mostró.





     ¿De dónde viene la fe?

La fe es el camino o el instrumento que Dios utiliza para traer la salvación a Su pueblo. Dios nos da la fe debido a Su gracia y misericordia, porque nos ama (Efesios 4-5). La fe proviene de Dios en forma de don (Efesios 2:8).

Un regalo no se consigue por hacer una buena acción o por una palabra amable, y tampoco se da porque el que lo da espera un regalo a cambio; en cualquiera de esas condiciones, el regalo no sería un regalo. La Biblia enfatiza que la fe es un regalo porque Dios se merece toda la gloria por nuestra salvación. Si el que recibe la fe pudiera hacer cualquier cosa para merecer o ganar el don, tendría todo el derecho a presumir (Efesios 2:9). Pero toda esa vanagloria ha sido excluida (Romanos 3:27). Dios quiere que los cristianos entendamos que no hemos hecho nada para merecer la fe salvadora, es sólo mediante lo que Cristo hizo en la cruz que Dios nos regala la fe (Efesios 2:5, 16).

El saber que nuestra fe salvadora sólo proviene de Dios, debería animar al cristiano a no tener un "más alto concepto de sí que el que debe tener", sino a recordar que es Dios quien determina la medida de la fe que cada uno recibe (Romanos 12:3). El apóstol Pablo nos da un claro ejemplo de la humildad que los creyentes deberían tener al considerar su propia fe: "Habiendo yo sido antes blasfemo, perseguidor e injuriador; mas fui recibido a misericordia porque lo hice por ignorancia, en incredulidad. Pero la gracia de nuestro Señor fue más abundante con la fe y el amor que es en Cristo Jesús" (1 Timoteo 1:13-14). Pablo entendió que la fe en Cristo le fue dada por la gracia de Dios a pesar de su propia vida pecaminosa (1 Corintios 4:7).

La Biblia especifica la manera, o el modo, en que Dios da la fe salvadora a la gente. "Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios" (Romanos 10:17). Es la Palabra de Dios la que produce la fe. Alguien puede recibir la fe al escuchar una prédica que enseñe el evangelio, otra persona puede recibirla al leer sobre Jesús en la Biblia; siempre que se comunique el verdadero evangelio de Jesús, existe la posibilidad de que se produzca la fe. Por eso es de suma importancia que los creyentes de todo el mundo sean obedientes a la Gran Comisión (Mateo 28:16-20) y hablen a la gente lo que Cristo ha hecho por la humanidad. La fe no es el producto de la atractiva exposición de un predicador, ni de su elocuencia, o incluso de su firmeza teológica; la fe que salva es dada a través del mensaje que habla de Jesús. Ese es el método que Dios ha escogido.

A todo aquel que quiera recibir fe tiene que pedirla. Dios ofrece gratuitamente todo lo que es bueno a quienes lo piden (Lucas 11:9-12), por lo que es bueno pedir que aumente nuestra fe (Lucas 17:5; Marcos 9:24). Jesús oró para que la fe de Pedro Sea fortalecida (Lucas 22:32). Al igual que con cualquier don de Dios, es nuestra responsabilidad poner en práctica el don y no caer en la comodidad, la pereza o la apatía (Romanos 12:1-2, 6-8). Los cristianos pueden hallar consuelo y tranquilidad al saber que su fe proviene de Dios, pues Él ha dicho que acabará la buena obra que comenzó (Filipenses 1:6). Dios es el Autor y el Consumador de la fe (Hebreos 12:2; Romanos 8:29-30).

¿Qué debo hacer cuando Dios dice no?

Nos encanta la verdad de que Dios responde a la oración (1 Juan 5:14-15). Pero lo que más nos gusta es cuando Él está de acuerdo con nuestras peticiones y dice "sí". Sin embargo, a veces la respuesta de Dios es "no" o "todavía no". Como buen Padre, Dios no nos concederá lo que no nos conviene a largo plazo, aunque se lo supliquemos. Las respuestas "sí" de Dios construyen nuestra fe y confianza en la oración. Pero, ¿cómo debemos responder cuando Él dice "no"?

Aceptar el "no" de Dios puede ser una situación complicada. Hay versículos que parecen indicar que todo lo que pedimos con fe lo recibimos (por ejemplo, Marcos 11:24; Mateo 21:22). Si aislamos esos versículos y construimos una teología en torno a ellos, puede resultar demoledor para la fe que las cosas no sucedan como habíamos previsto. Es más prudente dar un paso atrás y considerar "todo el consejo de Dios" (Hechos 20:27). Cada vez que construimos toda una doctrina en torno a uno o dos versículos, nos enfrentamos a un problema.

Varias veces en las Escrituras, Dios no hizo lo que alguien pidió. Él es Dios, y puede ver cosas que nosotros no podemos ver. El rey David suplicó al Señor por la vida de su hijo pequeño y la de Betsabé. David ayunó y oró durante días, pero, al séptimo día, el niño murió (2 Samuel 12:16, 18). Dios dijo "no". David respondió de una manera que es un modelo para todos nosotros. Aceptó que lo que Dios había hecho era correcto y bueno, "y entró en la casa del Señor y adoró" (versículo 20). Había esperado un resultado diferente. Pero Dios es Dios, y tiene derecho a tomar decisiones de vida o muerte. Mientras sufría, David no se mostró amargado con el Señor ni se apartó de Él. La respuesta de David al "no" de Dios fue una adoración y una entrega más profunda, incluso en su dolor.

El Nuevo Testamento ofrece más ejemplos de momentos en los que Dios dijo "no" a Sus siervos. El apóstol Pablo se dispuso a viajar por Asia Menor para predicar, pero Dios dijo "no" (Hechos 16:6-9). Pablo pensó que había entendido el plan de Dios. Creía que debía continuar en Asia. No obstante, el Espíritu Santo le dijo "no". Como el deseo de Pablo era escuchar y obedecer, sin importar lo que costara, dejó Asia Menor y se fue a Macedonia. Allí fundó iglesias que impactaron a todo el mundo. Su respuesta al "no" de Dios fue una obediencia instantánea y un cambio de dirección.

En su vida personal, Pablo se vio afectado por algo que llamó "un aguijón en la carne, un mensajero de Satanás para atormentarme" (2 Corintios 12:7). Pablo suplicó al Señor en tres ocasiones distintas que le quitara ese "aguijón", pero Dios dijo "no". En esta prueba, Pablo aprendió a confiar aún más en la gracia de Dios y a vivir para la gloria de Dios en medio de la dificultad. Su respuesta al "no" de Dios fue gloriarse en su debilidad (versículo 9). En vez de rendirse por la frustración o decidir que a Dios no le importaba, Pablo optó por gozarse "en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte" (versículo 10).

Lo que aprendemos de los ejemplos bíblicos es que Dios nunca deja de ser Dios. Él es soberano: "yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero...Yo hablé, y lo haré venir; lo he pensado, y también lo haré" (Isaías 46:9-11).

Hay muchas ocasiones en las que Dios puede decir "sí" a nuestras peticiones porque encajan en el plan que está elaborando en nuestras vidas (Romanos 8:28). Dijo "sí" cuando Moisés le pidió ver Su gloria (Éxodo 33:17). Dijo "sí" cuando Salomón le pidió sabiduría (1 Reyes 3:11-13). Y Jesús dijo "sí" a todos los que le pidieron que los sanara y los ayudara (Mateo 8:16). Sin embargo, nuestras peticiones llenas de fe no sustituyen el gobierno soberano de Dios. Si Él estuviera obligado por nuestras oraciones, como algunos enseñan, dejaría de ser Dios. Seríamos dioses exigiendo Sus acciones. En ninguna parte de las Escrituras vemos algo así.

Dios a menudo dirá "no" a las cosas que anhelamos que sucedan. Aquellos con una fe inmadura a veces usan esto como una excusa para abandonarlo por completo: "Dios no sanó a mi bebé". "Dios no salvó mi matrimonio". "Dios no me dio ese trabajo que necesitaba". Si nuestra opinión es que Dios está obligado a conceder nuestras peticiones de la misma manera que un genio concede deseos, entonces nos sentiremos desanimados cuando Dios no "cumpla" con nosotros. Nosotros decidimos si permitimos que un "no" de Dios destroce nuestra fe o la fortalezca; un "no" de Dios puede enseñarnos a soportar, incluso cuando no lo entendemos (Santiago 1:3).

Muchas veces es en las épocas en las que Dios dice "no" cuando nos vemos obligados a buscar a Dios con más fervor. Los "no" de Dios con frecuencia rompen la pequeña caja en la que tratamos de mantenerlo y permiten que el Dios real se revele ante nosotros. Él dice "no" cuando es parte de Su más grande plan. Dice "no" cuando nuestra falta de fe indica que no creemos realmente que Él es quien dice ser (Hebreos 11:6). Dice "no" cuando nuestras peticiones están arraigadas en el egoísmo (Santiago 4:3) o cuando un "sí" nos perjudicaría. Y dice "no" cuando, como Pablo, debemos aprender que Su gracia es suficiente para nosotros. Los ejemplos bíblicos de siervos de Dios que experimentaron el "no" de Dios nos ayudan a aprender la respuesta correcta cuando Dios nos dice "no".


¿Qué tanta autoridad debería tener un pastor sobre la iglesia?


La iglesia es llamada "la grey de Dios" (1 Pedro 5:2), "la herencia de Dios" (1 Pedro 5:3), y "la iglesia de Dios" (Hechos 2028). Jesús es "cabeza de la Iglesia" (Efesios 5:23) y "el príncipe de los pastores" (1 Pedro 5:4). La iglesia pertenece a Cristo, y Él es la autoridad sobre ella (Mateo 16:18). Esto es verdad no sólo respecto a la iglesia local, sino al cuerpo universal de Cristo.

El modelo de Dios para edificar Su iglesia, incluye usar hombres con la función de pastor. El pastor es en primer lugar un anciano, y junto con los otros ancianos, el pastor es responsable de lo siguiente:

1) Supervisar la iglesia (1 Timoteo 3:1). El principal significado de la palabra obispo es "sobreveedor". La responsabilidad del pastor y de los otros ancianos, es la supervisión general del ministerio y el funcionamiento de la iglesia. Esto incluiría el manejo de finanzas dentro de la iglesia (Hechos 11:30).

2) Gobernar la iglesia (1 Timoteo 5:17). La palabra que se traduce como "gobernar", significa literalmente "comparecer ante". La idea es guiar o asistir, con un énfasis en ser una persona que cuida de manera diligente. Esto incluiría la responsabilidad de ejercer la disciplina en la iglesia y reprobar a aquellos que se han apartado de la fe (Mateo 18:15-171 Corintios 5:11-13).

3) Alimentar a la iglesia (1 Pedro 5:3). Literalmente, la palabra pastor significa "pastor de ovejas". El pastor tiene una tarea de "alimentar el rebaño" con la Palabra de Dios y de guiarlos en la forma adecuada.

4) Mantener la doctrina de la iglesia (Tito 1:9). La enseñanza de los apóstoles fue encomendada a "hombres fieles" que enseñarían también a otros" (2 Timoteo 2:2). Preservar la integridad del evangelio, es uno de los llamados más grandes del pastor.

Algunos pastores consideran el título de "supervisor", como si fuera un mandamiento para estar haciendo de todo. Si se trata de manejar el sonido, de escoger algunas canciones para el domingo, o de recoger los cobertores para la sala cuna, algunos pastores sienten que su responsabilidad es estar involucrados en cada decisión. Esto no sólo es agotador para el pastor, quién además asiste a cada reunión del comité, sino que además obstaculiza a otros para que puedan usar sus dones en la iglesia. Un pastor puede supervisar y delegar al mismo tiempo. Así mismo, el modelo bíblico de una pluralidad de ancianos, junto con los diáconos nombrados para ayudar al pastor y los ancianos, evita que el pastorado sea controlado por una sola persona.

El mandamiento de "gobernar" la iglesia, a veces se lleva al extremo. Una responsabilidad oficial del pastor es gobernar la iglesia junto con los ancianos, y su enfoque principalmente debe ser espiritual, atendiendo asuntos tales como edificar a los creyentes y equipar a los santos para la obra del ministerio (Efesios 4:12). Hemos escuchado de pastores que parecen más dictadores que pastores que tienen sus ovejas, exigiéndoles a las personas que están bajo su autoridad que deben solicitar su permiso antes de realizar una inversión, o irse de vacaciones, etc. Parece que estos hombres simplemente desean control y no son aptos para gobernar la iglesia de Dios (ver 3 Juan 9-10).

1 Pedro 5:3 contiene una descripción maravillosa de un ministerio pastoral equilibrado: "No como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey". La autoridad del pastor no es para que él se "enseñoree" de la iglesia; más bien, un pastor debe ser un ejemplo de verdad, de amor y de piedad, para que el rebaño de Dios lo pueda seguir. (Ver también 1 Timoteo 4:12). Un pastor es un "administrador de Dios" (Tito 1:7), y él es responsable ante Dios por su liderazgo en la iglesia.



los hechos 2

 de los Hechos concentró en un punto de enfoque común a los cuatro evangelios. El evangelio según San Mateo, concluyó con la Resurrección. El evangelio según San Marcos, concluyó con la Ascensión. El evangelio según San Lucas concluyó con la Promesa del Espíritu Santo. Y el evangelio según San Juan, terminó con la Promesa de la Segunda Venida. Y el capítulo 1 de los Hechos reunió a esos cuatro grandes acontecimientos y mencionó cada uno de ellos. Los cuatro evangelios desembocaron, por decirlo así, en el libro de los Hechos de los apóstoles. Y el libro de los Hechos constituyó un puente entre los Evangelios y las epístolas o cartas apostólicas. Bien, y ahora sí vamos a entrar en nuestro estudio del capítulo 2. Este capítulo 2, cuyo tema es el día de Pentecostés, puede ser dividido en dos partes principales. Los versículos 1 hasta el 13 contienen la Venida del Espíritu Santo. Y, en los versículos 14 al 47, se encuentra el primer sermón pronunciado por el apóstol Pedro en la época de la iglesia. Leamos pues el primer versículo de este capítulo 2 de los Hechos, iniciando el párrafo correspondiente a

La venida del Espíritu Santo

"Cuando llegó el día de Pentecostés estaban todos unánimes juntos."

El día de Pentecostés debía celebrarse cincuenta días después de la fiesta de las primicias o primeros frutos. Usted recordará que en nuestro estudio del libro de Levítico vimos que la fiesta de las primicias hablaba de la resurrección de Jesucristo. Y el apóstol Pablo en su primera carta a los Corintios capítulo 15, versículo 23 dijo: "Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida". La pascua en cambio, hablaba de la muerte de Jesucristo. El apóstol Pablo una vez más en su primera carta a los Corintios capítulo 5, versículo 7 dijo: ". . .porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros."

Como la Pascua se ha cumplido en la muerte de Cristo y la fiesta de las primicias ha encontrado su cumplimiento en la resurrección de Cristo, creemos que la fiesta de Pentecostés aquí representaba algo; es decir, que era el cumplimiento de algo. Fue el día en que nació la Iglesia, el día cuando la Iglesia comenzó a existir.

La expresión "cuando llegó el día de Pentecostés", o cuando se cumplió, significó que éste era el cumplimiento del designio y propósito para el cual esta fiesta fue dada originalmente. En Pentecostés debía haber una ofrenda del nuevo grano al Señor, y ésta debía ser ofrecida en dos panes de la mejor harina cocidos con levadura, como vimos en el capítulo 23 de Levítico. Esto debía representar el principio y el origen de la Iglesia. Esta fiesta hablaba de la venida del Espíritu Santo para el ministerio muy particular de llamar de este mundo a un pueblo para formar el cuerpo de Cristo, que es la iglesia.

En otras palabras, lo que Belén fue para el nacimiento de Cristo, Pentecostés y Jerusalén lo fueron para la venida del Espíritu Santo. El Espíritu Santo se encarnó y comenzó a bautizar a los creyentes. Esto significa que les identificó con Cristo como Su cuerpo aquí en la tierra. El apóstol Pablo en su primera carta a los Corintios capítulo 12, versículo 13 explicó: "Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, tanto judíos como griegos, tanto esclavos como libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu."

El Espíritu Santo comenzó a hacer una obra en el día de Pentecostés. El día de Pentecostés se cumplió con este evento. La expresión "Cuando llegó", no se estaba refiriendo a una determinada hora del día. Significaba que Pentecostés, que Israel había estado celebrando durante muchas generaciones, al fin se había cumplido. Veamos ahora el versículo 2 de este capítulo 2 de los Hechos:

"De repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban"

Permítanos ahora dirigir su atención hacia algo que consideramos muy importante. Cuando el Espíritu Santo vino, no fue en una forma visible. Sin embargo, dio a conocer Su presencia de dos maneras. Hubo una apelación a dos de las vías sensoriales mediante las cuales el género humano recibe su conocimiento. Adquirimos la mayor parte de nuestro conocimiento por las puertas de entrada del oído y del ojo. Oímos y vemos. Pues bien, el Espíritu Santo hizo uso de ambas vías.

Por medio del oído percibieron un ruido que llegó del cielo, como de un viento fuerte que llenó toda la casa donde estaban sentados. No fue ningún viento. Fue un estruendo como de un viento. No fue como el ruido de la brisa que sopla suavemente por las copas de los árboles. Producía el ruido de un huracán o de un tornado y creemos que toda la ciudad de Jerusalén lo pudo escuchar.

Leamos ahora el versículo 3 de este capítulo 2 de los Hechos:

"y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos."

Observemos que las lenguas eran como de fuego. No eran fuego, sino que parecían de fuego. Esto llamó la atención por medio de la vía del ojo. Por tanto, en aquel día de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo vino a la Iglesia, bautizándolos al cuerpo de Cristo, hubo una apelación a sentidos como el oído y a la vista.

Esto no debe ser confundido con el bautismo de fuego. El bautismo de fuego es el juicio que todavía ha de venir. En el libro de Apocalipsis vemos la ira de Dios revelada desde el cielo como un fuego del cielo. Ese será el bautismo de fuego. Si los hombres no reciben el bautismo del Espíritu Santo, entonces tendrán que experimentar el bautismo del fuego que significa juicio. El bautismo de fuego es sólo para aquellos que han rechazado a Jesucristo. Pero, ese fuego de juicio es algo todavía futuro. El Espíritu Santo vino en el día de Pentecostés, y ellos vieron algo que tenía la apariencia del fuego. Continuemos ahora con el versículo 4 de este capítulo 2 de los Hechos:

"Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablaran."

Este versículo dice que ellos fueron llenos del Espíritu Santo. Ahora, alguien cuestionará el hecho de que hemos estado diciendo que fueron bautizados con el Espíritu Santo. ¿Fueron de veras bautizados? Creemos que sí. El Señor Jesús les dijo que lo serían. Dice en el capítulo 1 de este libro de los Hechos, versículo 4 y 5: "Y estando juntos, les ordenó: no salgáis de Jerusalén, sino esperad la promesa del Padre, la cual oísteis de mí, porque Juan ciertamente bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días". El mismo hecho de que fueron llenos del Espíritu Santo indicaba que todos los otros ministerios del Espíritu Santo a los creyentes de esta época habían sido realizados.

En primer lugar, ellos fueron regenerados Una persona tiene que nacer de nuevo espiritualmente. En el evangelio según San Juan, capítulo 3, versículo 5, Jesús respondió al fariseo Nicodemo: ". . . De cierto, de cierto te digo, que el que no nace de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios". En segundo lugar, el Espíritu de Dios viene a morar en ellos. Dijo el apóstol Pablo en su carta a los Romanos, capítulo 8, versículo 9: "Pero vosotros no vivís según los deseos de la débil condición humana, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios está en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él". En tercer lugar, fueron sellados por el Espíritu Santo para una relación eterna con Dios. El apóstol Pablo en su carta a los Efesios, capítulo 1, versículos 13 y 14 dijo: "En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras o garantía de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria". Y una vez más en el capítulo 4 de la misma carta a los Efesios, versículo 30 dijo: "Y no hagáis entristecer al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención". Ahora es posible contristar al Espíritu Santo de Dios, pero no es posible contristarlo hasta el punto de que salga de uno. El Espíritu de Dios sella al creyente para el día de la redención. Nunca se nos mandó pedir el sello del Espíritu Santo. Eso es algo que Dios hace al creer nosotros en Él. La fe en Jesucristo nos da el sello del Espíritu Santo para el día de la redención.

En cuarto lugar, fueron bautizados con el Espíritu Santo. El bautismo del Espíritu Santo fue predicho por Juan el Bautista en el capítulo 3 del evangelio según San Lucas, versículo 16, y fue repetido por el Señor Jesús, como vimos en el capítulo 1 de los Hechos, versículo 5: "Porque Juan ciertamente bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días". Entonces tuvo lugar este bautismo, que les colocó en el cuerpo de los creyentes. Señaló el principio de la Iglesia. Desde aquel día en adelante, todo creyente en el Señor Jesucristo es puesto en el cuerpo de Cristo por el bautismo del Espíritu Santo. Como dijo el apóstol Pablo en su primera carta a los Corintios, capítulo 12, versículo 13: "Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, tanto judíos como griegos, tanto esclavos como libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu."

Ahora, la plenitud del Espíritu Santo también tuvo lugar en el día de Pentecostés. Observemos que dice aquí en el versículo 4: "Y fueron todos llenos del Espíritu Santo". Esta plenitud del Espíritu Santo fue para el servicio cristiano. La experiencia del día de Pentecostés resultó de la plenitud del Espíritu Santo. Hoy ocurre lo mismo. La plenitud del Espíritu Santo es para servicio. Ésta es la única obra del Espíritu Santo que debemos pedir. Se nos mandó a ser llenos del Espíritu Santo, como dijo el apóstol Pablo en su carta a los Efesios, capítulo 5, versículo 18: "No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu". Cabe destacar aquí que antes de Pentecostés los creyentes anhelaban esta plenitud del Espíritu. En el capítulo 1 de los Hechos, versículo 14 leímos: "Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego". Ahora, ¿A qué se referiría su ruego? Pues, a la promesa del Señor Jesús que les enviaría el Espíritu Santo.

El bautismo del Espíritu Santo no es un mandamiento que nos haya sido dado. No es una experiencia. Es un acto de Dios por medio del cual el Espíritu Santo viene a morar en el creyente en Jesucristo, sellándole para el día de la redención, y colocándole en la iglesia, es decir, en el cuerpo de Cristo mediante el bautismo del Espíritu. Ahora, la plenitud del Espíritu de Dios, le capacita al creyente para el servicio cristiano. Se nos manda pues que seamos llenos del Espíritu Santo.

Después de que fueron llenos del Espíritu Santo, dice el versículo 4 de este capítulo 2 de los Hechos, que: "comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablaran."

Ahora estas ". . . otras lenguas. . ." no eran lenguas desconocidas. Había muchas lenguas habladas por los judíos en todas las provincias del Imperio Romano. Estos adoradores habían venido de las diferentes partes del Imperio Romano para la fiesta de Pentecostés. Recordemos que a todos los varones judíos se les requería ir a Jerusalén para la celebración de tres de las fiestas anuales. Estaban pues, en Jerusalén para la fiesta, y muchos de éstos no podían hablar hebreo.

Ahora, esto no era extraño. Hay muchos judíos en nuestros países hoy que tampoco pueden hablar hebreo. Por muchos años fue un idioma casi sin uso, aunque hoy en Israel, se habla nuevamente.

El día de Pentecostés no puede ser duplicado. Fue un punto preciso en la historia que marcó un acontecimiento histórico. No podemos duplicarlo de ninguna manera, así como tampoco podemos duplicar el nacimiento de Cristo en Belén, en el tiempo de la Navidad.

El Espíritu Santo vino en el día de Pentecostés. No es necesario pedirle que venga de nuevo. Ya está aquí. El Espíritu Santo de Dios está en el mundo hoy en día. Y Jesús nos dijo lo que haría después que viniera Su Espíritu. Jesús dijo en el capítulo 6 del evangelio según San Juan, versículo 14: "Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber". Cuando estamos hablando acerca de las cosas de Cristo, trayendo honor y gloria a Su Nombre, sabemos que el Espíritu Santo de Dios está actuando.

Ahora, el versículo 4 de este capítulo 2 de los Hechos termina diciendo: "...según el Espíritu les daba que hablasen". Estos apóstoles eran de Galilea. No podían hablar todos los otros idiomas que más adelante se mencionan en este pasaje. Pero en aquel momento los estaban hablando. El Espíritu les daba la capacidad de hablarlos. Ahora, leamos el versículo 5 de este capítulo 2 de Hechos:

"Vivían entonces en Jerusalén judíos piadosos, de todas las naciones bajo el cielo."

Habían llegado de todas partes para participar en la fiesta de Pentecostés. Éste era el motivo por el cual se encontraban en Jerusalén. Ahora el versículo 6 dice:

"Al oír este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua."

Creemos que se refiere a aquel estruendo como de un viento fuerte que soplaba, que Jerusalén escuchó y por eso se juntó la multitud. Creo que nunca me olvidaré la primera vez que escuché cuando uno de estos aviones supersónicos rompió la barrera del sonido. Todos salieron para ver qué había sucedido. De dónde había procedido ese estruendo. Nunca antes habíamos oído tal ruido. Pues bien, creemos que este estruendo aquí fue algo que el pueblo de Jerusalén nunca antes había oído. Y por tanto, salieron con precipitación para ver de dónde procedía ese estruendo. Y creemos que esto tuvo lugar en el área próxima al templo y que había allí unos ciento veinte creyentes como se menciona en el capítulo 1, versículo 15 de este libro de los Hechos.

Ahora, los que se juntaron allí estaban confundidos, porque no solamente que hablaban el idioma de su país, sino que también cada persona oyó su propio dialecto; es decir, la manera en que cada idioma era hablado en una parte del país. Pero estos hombres no hablaban algo ininteligible. No hablaban en lenguas desconocidas, sino en los dialectos de las personas que se hallaban en la multitud.

Ahora, hay otro aspecto que debemos mencionar. Algunos eruditos Bíblicos piensan que es posible que los apóstoles no hablaran en lenguas extrañas de ninguna manera, pero hablaran en su propio dialecto galileo. En ese caso, el milagro bien pudo haber ocurrido en el oír, porque se dice que cada hombre les oía hablar en su propio dialecto. Entonces, el milagro que anuló la barrera del idioma, ¿estuvo en el hablar o en el oír? El caso fue que se trató de un milagro. Leamos ahora los versículos 7 al 11:

"Estaban atónitos y admirados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? ¿Cómo, pues, los oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido? Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, el Ponto y Asia, Frigia y Panfilia, Egipto y las regiones de África más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos, cretenses y árabes, los oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios."

Aquí había gente de tres continentes. Ciertamente hablaban diversos idiomas y dialectos. Todos oyeron hablar a estos galileos en un dialecto comprensible. No se trataba de lenguas desconocidas, sino de lenguas que los oyentes entendieron. Y dice el versículo 12:

"Estaban todos atónitos y perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto?"

Estaban perplejos y no comprendían lo que estaba ocurriendo. Ahora el versículo 13 dice:

"Pero otros, burlándose, decían: Están borrachos."

Es decir, que creyeron que estos hombres estaban ebrios, estaban borrachos.

Debemos terminar por hoy. Es evidente que el pasaje que hemos estudiado tiene un protagonista principal: el Espíritu Santo. Estimado oyente, recordará usted que, hablando con los suyos poco antes de Su muerte, Jesús, al anunciarles Su partida, también les comunicó que vendría el Espíritu Santo. Si usted confía en el Señor Jesucristo como su Salvador, el Espíritu Santo vendrá, le regenerará y vendrá a morar en usted. Entonces comenzará a disfrutar de todos los recursos que Dios ofrece a Sus hijos, junto con la fortaleza y el consuelo para hacer frente a las circunstancias tan variables de la vida. Porque la Biblia lo dice y nosotros, por nuestra propia experiencia también lo afirmamos, queremos que usted sepa que merece la pena ser un hijo de Dios.



 formación de la primera iglesia (Hechos 2:37-47)

 

1. Exhortación al arrepentimiento (Hch 2:37-41)
Las penetrantes palabras del apóstol Pedro hicieron honda mella en el ánimo de muchos de los judíos que le escucharon. Sin duda, en el caso de un gran número, el terreno ya había sido preparado por el ministerio del Señor mismo, por los extraños acontecimientos del día de la Crucifixión, por los rumores que corrían sobre la "tumba vacía" y por lo que acababan de presenciar al manifestarse la potencia del Espíritu Santo. En tal terreno abonado cayó la semilla de la "lógica espiritual" del discurso de Pedro, quien había demostrado que el "determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios" enlazaba las profecías del Antiguo Testamento (tan amadas por estos hebreos) con los hechos de la vida de Jesús de Nazaret, con la aparente tragedia de la Crucifixión y con la realidad de la Resurrección, preparando así una salvación mucho más amplia y profunda que la que podían concebir sus limitadas esperanzas nacionalistas.
Muchos quedaron profundamente convencidos de su terrible error al rechazar a Jesús, siendo "compungidos" como si fuera por un dardo en el corazón, según indica (Hch 2:37). "¿Habremos cerrado la puerta de la salvación contra nosotros mismos para siempre? —pensaban— o aún hay esperanzas?". De ahí su angustiosa exclamación: "Varones hermanos, ¿qué haremos?".
2. La posición de Israel
Para entender exactamente la respuesta de Pedro tenemos que recordar que todo el ambiente aquí es puramente judío. Aún no había llegado el momento para abrir la puerta de la salvación a los gentiles —bien que tal ampliación del Reino estaba implícita en la Cruz— y Dios en su gracia volvió a presentar a su Hijo al pueblo que no había sabido percibir su gloria en la tierra. Nos acordamos del viñero ante la higuera estéril en la pequeña parábola de Lucas (Lc 13:6-9) "Señor, déjala todavía este año... y si diere fruto, bien, y si no, la cortarás después". Pedro hace referencia a Israel de dos maneras distintas, que corresponden a los mensajes de los profetas del Antiguo Testamento como también a aquellos del Maestro mismo. Por una parte anima a los arrepentidos diciéndoles: "Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos (la dispersión); para cuantos el Señor nuestro Dios llamare" (Hch 2:39). Es evidente por la lectura del capítulo 10 de Los Hechos que Pedro pensaba en la dispersión de los judíos al hablar de "los que están lejos", pero no se excluye la posibilidad de que, hablando por el Espíritu, dijera más de lo que entendía personalmente entonces, y que empezamos a vislumbrar la universalidad del Reino. Pero, ateniéndonos al sentido estricto de sus palabras, insistía en que la promesa (fundamentalmente la que se dio a Abraham en (Gn 12:1-3) era válida para los israelitas todavía, con referencia a toda la raza que creyera y aun a sus descendientes. Todo ello se les garantizaba precisamente por aquel que habían crucificado, y a quien Dios había exaltado a su Diestra para la confirmación y continuación de su obra mesiánica. Por otra parte, Pedro les amonestó solemnemente de que habían de salvarse de "esta generación perversa" (Hch 2:40), frase que nos recuerda otras parecidas que se hallaron en los labios del Maestro mismo frente a la parte rebelde de la nación. De igual forma los profetas del Antiguo Testamento confirmaban por el Espíritu las promesas hechas al pueblo escogido, al par que profetizaban juicios cercanos y lejanos sobre la parte carnal de Israel. La solución de esta aparente contradicción se halla en la doctrina del "Resto fiel", que en sí es una manifestación de leyes espirituales invariables. Dios garantizó las promesas a Abraham y a sus descendientes incondicionalmente, en el sentido de que la Obra sería totalmente divina, prosperando en las manos de "la Simiente", o sea, el Cristo (Ga 3:15-17). Pero, obviamente, los incrédulos, los contenciosos y los rebeldes no podían participar en las bendiciones, pues ellos se echaron fuera del pacto por su propia actitud. Las promesas han de cumplirse, pues, no en todo el pueblo, sino en el "Resto fiel" de hebreos sumisos a la voluntad de Dios, llamados también los "hijos de la promesa" en contraste con los "hijos de la carne" (Ro 9:8). El "Resto" es el núcleo espiritual dentro de la nación carnal, siendo el elemento que conserva y transmite la vida, como en el caso del núcleo de una semilla, siendo identificado siempre con el Mesías. Pedro, pues, exhortaba a sus oyentes al efecto de que se salvasen de la parte rebelde y perversa de la nación con el fin de unirse en Cristo con los hebreos fieles.
3. El arrepentimiento y la fe (Hch 2:38,41)
Pedro dio dos mandatos y dos promesas a los sumisos: "Arrepentíos" y "bautícese cada uno", lo que había de resultar en "el perdón de los pecados" y "el don del Espíritu Santo". Dejando el tema del "bautismo" para otro párrafo, hemos de hacer constar aquí que no es el bautismo en sí que trae las bendiciones prometidas, sino —a la luz de todo el pasaje y del tenor de todas las Escrituras— aquello que el bautismo simbolizaba: el arrepentimiento y la unión por la fe con Cristo. La palabra griega que se traduce por "arrepentimiento" es "metanoia" (verbo, "metanoeo") y significa "cambio de mente" o "de la manera de pensar". Por ende toda traducción que introduce la idea de "hacer penitencia" es falsa, y no se puede justificar por el original griego, sino que viene del latín de la Vulgata. Estos judíos se habían asociado abierta o tácitamente con la parte "oficial" de la nación en su rechazamiento de Jesucristo, y ahora han de "dar la media vuelta", manifestando por el bautismo una rectificación total de su actitud anterior y una separación real de los enemigos de Cristo. El arrepentimiento es elemento esencial en la salvación del pecador, siéndole preciso volver las espaldas a todo lo antiguo para dirigirse al Salvador. Es el aspecto negativo de la actitud de quien se salva, complementándose por la fe, que es el descanso total del alma en el Salvador. Notemos que los convertidos en el Día de Pentecostés no sólo se arrepintieron de su pecado, sino que "recibieron la palabra" (Hch 2:41) que es la esencia de la fe (Ro 10:17).
4. El don del Espíritu Santo (Hch 2:38)
La palabra traducida por "don" recalca que es un maravilloso "regalo" dado por Dios desde el Cielo. No se trata aquí de los "dones" que reparte el Espíritu, sino el de su bendita Persona que constituye en grado supremo el "don de gracia". La promesa que hallamos en la boca de Pedro —"recibiréis el don del Espíritu Santo"— indica que la bendición que cayó sobre los ciento veinte hermanos en el Aposento Alto se hacía extensiva a todo verdadero creyente por el hecho mismo de arrepentirse y creer, y no por la imposición de las manos de eclesiástico alguno ni tampoco por experiencia alguna posterior a la conversión, pues en el hecho de unirse con Cristo por la fe está implícita la recepción del Espíritu Santo. Por el "bautismo del Espíritu" la Iglesia ya poseía el "Don", y el proceso por el cual el creyente individual lo recibe también se señala por Pablo en (1 Co 12:13): "En un solo Espíritu fuimos bautizados todos nosotros para formar un solo Cuerpo... y a todos se nos dio a beber de un solo Espíritu" (Ro 8:9) (1 Co 6:19). Tampoco se señala aquí que todos aquellos que fueron bautizados hablasen con lenguas. Quizá sí, pero no se dice nada de eso, sino, como veremos más tarde, se subrayan los efectos prácticos de la recepción del Espíritu en la comunión y la abnegación de los santos.
5. El bautismo (Hch 2:38,41)
Por la profecía de Juan el Bautista —"Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí... él os bautizará en Espíritu Santo y fuego" (Mt 3:11)— podríamos haber pensado que todo bautismo externo con agua perdería su importancia después del bautismo del Espíritu Santo, pero no fue así. Al contrario, los primeros convertidos eran bautizados en agua inmediatamente, y así fueron "añadidos" a la Iglesia. En su sabiduría, Dios nos ha dejado dos instituciones de orden externo muy sencillas, pero muy solemnes: el bautismo y la Cena del Señor. Acordémonos de que la Iglesia, aun siendo pueblo espiritual, había de mantener su testimonio por muchos siglos en medio de un mundo enemigo, estando los creyentes aún en el cuerpo. Desde luego las formas externas carecen de todo valor sin la debida actitud del corazón que corresponde a su significado, pero eso no anula su importancia como mandatos divinos que son "medios de gracia" para los santos en su peregrinación y testimonio.
El mandato de bautizarse no extrañaría a los judíos convertidos, porque los rabinos bautizaban a sus prosélitos y recordarían, además, los bautismos de Juan y del mismo Señor. Más tarde, Pablo había de recibir una revelación sobre el hondo significado del bautismo como símbolo de nuestra muerte y resurrección con Cristo (Ro 6:1-5), y si bien no habría podido formularse este concepto en el momento de nacer la Iglesia, sin embargo los bautizados comprendían que el acto significaba su separación total de la parte rebelde de la nación, como también su unión vital con el Mesías resucitado.
No pretendemos que la pregunta —¿Quiénes han de bautizarse?— puede contestarse únicamente por referencia al pasaje que tenemos delante, pero es obvio que el ejemplo que vemos aquí es importantísimo como "evidencia", siendo muy sencillo el proceso que presenciamos; muchas almas escucharon la Palabra por boca de Pedro y aquellas que la recibieron con fe fueron bautizadas y añadidas a la compañía de creyentes. Hemos de ver otros ejemplos de lo mismo en distintos momentos de la historia de Los Hechos. No hay evidencia tampoco sobre el lugar y el modo del bautismo. Algunos piensan que habría sido imposible bautizar a tres mil personas por inmersión, pero eso es una deducción con poca base, pues nada se dice tampoco en cuanto al tiempo que tardaron en efectuar todos los bautismos, ni del número de ayudantes que tuviesen los apóstoles. Hay un hecho arqueológico bastante significativo en relación con la controversia sobre el modo del bautismo: que cuanto más antiguas son las ruinas de las iglesias que se descubren (en el Norte de Africa por ejemplo) tanto mayores son los bautisterios.
Pedro mandó que se hiciese el bautismo "en el Nombre de Jesucristo" (Hch 2:38). Notamos una diferencia entre esta fórmula y la de (Mt 28:19): "bautizándoles en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo". Sin duda la forma más completa se utilizaba más adelante, cuando la realidad del Trino Dios iba aclarándose ante la comprensión de los cristianos a través de su experiencia de Cristo como Dios y del Espíritu Santo como Dios, pero en el momento que notamos, lo importante era que los judíos saliesen de la esfera que rechazaba a Cristo a la esfera de su Nombre, o sea, la de su Persona rodeada de toda su autoridad como el Mesías glorificado. Es muy probable que cada convertido, al ser bautizado, confesase el Nombre de Jesús como Mesías.

La primera iglesia cristiana (Hch 2:41-47)

Quizás el lector habrá pensado alguna vez que le hubiese gustado participar en la plenitud del poder y del amor de la primera iglesia cristiana en Jerusalén, disfrutando del santo gozo que surgía del dominio de la carne por la abundancia de la manifestación del Espíritu. Desde luego es lamentable que veamos tan poco de la victoria del Espíritu en nuestros tiempos, pero hemos de aferrarnos firmemente a la verdad que "Dios no da su Espíritu por medida" y de que su plenitud puede volver a manifestarse siempre que se quiten los obstáculos de la carne al rendirnos de nuevo ante el gran hecho de la Cruz y la Resurrección. Si no podemos trasladarnos físicamente a aquella bendita primera época, por lo menos podemos estudiar con humilde corazón la descripción que aquí tenemos, volviendo a ponernos en la escuela del Maestro para que él nos enseñe lo que hayamos olvidado. Todo lo que vemos en este maravilloso pasaje brota de la proximidad de la Cruz y la Resurrección, y de la plenitud del Espíritu. Algunas de las prácticas de aquellos primeros tiempos tenían que modificarse necesariamente al extenderse la Iglesia bajo la dirección de los apóstoles, pero los principios básicos quedan como normas permanentes para toda verdadera iglesia, y si nos hemos de salvar de nuestras mezquindades y fracasos, será precisamente por volver a beber en el manantial de Pentecostés. No tenemos aquí algo poético, sublime e ideal, que se produjo en un momento y entonces se fue para siempre, sino algo que ha de relacionarse con todas las actividades y problemas de las iglesias del siglo XXI. La sabiduría de los pocos que quieren pensar en todo esto consiste en reconocer que los principios básicos del Nuevo Testamento son "ley" para los espirituales.
1. El fundamento de Ia Iglesia
Años más tarde, Pablo recordó a los Corintios que él, como perito arquitecto, había colocado firmemente el fundamento de la iglesia en su ciudad, añadiendo: "Nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo" (1 Co 3:10-11). El contexto aclara que la frase "poner el fundamento de Jesucristo" quiere decir la predicación de Cristo crucificado en la potencia del Espíritu Santo como único medio de salvación. Estas palabras del apóstol concretan en una frase notable la norma invariable y el proceso general que vemos en operación desde el nacimiento de la Iglesia. En el caso que estudiamos, el siervo de Dios era Pedro, quien, como hemos visto, predicó a Cristo con gran poder espiritual y conforme a la condición de los judíos que le escuchaban. El resultado fue que almas se arrepintieron y recibieron la Palabra con agrado y con fe. Por este medio fueron "renacidos no de simiente corruptible, sino de incorruptible por la Palabra de Dios" (1 P 1:23) y, recibiendo el don prometido del Espíritu Santo, fueron bautizados y añadidos al núcleo ya existente de la Iglesia. Este orden parece modificarse algo en el caso de los samaritanos que creyeron y en el de los discípulos del Bautista a quienes Pablo halló en Éfeso (Hch 8:5-17) (Hch 19:1-7) pero veremos en su debido lugar que la aparente variación depende de factores muy especiales; de hecho no hay nada en todo el Nuevo Testamento que indique que una iglesia pueda fundarse en otro fundamento o por procesos distintos de los señalados. La nueva familia espiritual se sentía impulsada en seguida a una manifestación cuádruple de su nueva vida, perseverando en ella bajo la guía de los apóstoles: 1) la doctrina (o enseñanza) de los apóstoles; 2) la comunión; 3) el partimiento del pan; 4) las oraciones. Así se resumen las características permanentes que habían de persistir aun después de la dispersión de la Iglesia, y a través de los siglos.
2. La doctrina (enseñanza) de los apóstoles (Hch 2:42)
El ministerio de los apóstoles puede analizarse en dos elementos principales: a) la proclamación pública de Cristo como crucificado, resucitado y exaltado por Dios para ser Señor y Salvador; b) la enseñanza de los creyentes reunidos en grupos más o menos grandes, según las posibilidades. El sermón de Pedro es un magnífico ejemplo de la proclamación pública y aquí tenemos la primera mención de la enseñanza sistemática dentro de la iglesia.
No se detalla aquí ni la sustancia ni el método de esta enseñanza, y las epístolas pertenecen a una época más tardía, cuando la comprensión de la doctrina era más amplia. Pero no cabe duda de que las primeras enseñanzas consistían en aleccionar a los nuevos discípulos sobre la Persona y el ministerio del Señor mismo. Ya hemos notado que los apóstoles habían sido escogidos precisamente para ser testigos, conjuntamente con el Espíritu-Testigo, de todo cuanto habían presenciado y oído al lado del Maestro, y aquí les vemos en el cumplimiento de su misión (Jn 15:26-27) (Hch 5:32). De esta primitiva "tradición" —como algo "entregado"— surgieron nuestros cuatro Evangelios canónicos, que hacen posible que nosotros participemos en este aspecto de la doctrina apostólica.
A estas enseñanzas añadían aquellos pasajes del Antiguo Testamento (muchos ya subrayados por el mismo Señor) que más claramente profetizaban la Obra del Mesías como el Siervo de Jehová: el que había de sufrir antes de consumar su obra y reinar (1 P 1:10-12), y sin duda no faltaría la aplicación práctica de la doctrina del Maestro sobre el discipulado.
En cuanto al método, hemos de tener en cuenta que años habían de pasar antes de que los creyentes pudiesen leer lo que nosotros llamamos "el Nuevo Testamento", y, por lo tanto, las enseñanzas habían de retenerse en la memoria. Seguramente se empleaba el método catequístico, o sea, un apóstol, o uno de sus ayudadores, enseñaría incidentes de la vida del Señor, juntamente con sus "dichos", repitiéndolos el grupo hasta saberlos de memoria. Hasta el día de hoy se hallan orientales dotados de memorias fantásticas — árabes, por ejemplo, que pueden repetir todo el Corán— precisamente porque esta facultad no se debilita por depender de la palabra escrita o impresa, como pasa en nuestra civilización occidental. Estos relatos y colecciones de los "dichos" del Señor se iban redactando desde fechas muy tempranas, según nos dice Lucas al principio de su Evangelio, y luego, por la guía del Espíritu y bajo la autoridad de los apóstoles, quedaron señalados como inspirados los cuatro Evangelios que nosotros conocemos. A estos principios de "doctrina apostólica" se había de añadir la sustancia de revelaciones posteriores, según la promesa del Maestro en (Jn 16:12-15), llegando el conjunto a cuajarse en los libros del Nuevo Testamento por el cual nos es conservada "la FE que ha sido una vez dada a los santos" (Jud 1:3), y que completa la revelación anterior del Antiguo Testamento. La verdadera "sucesión apostólica" consiste en recoger y transmitir de forma ordenada y eficaz este precioso depósito de doctrina, siendo importante incluso "la forma de las sanas palabras". En esta doctrina hemos de perseverar con todo anhelo y diligencia (2 Ti 1:13) (2 Ti 2:2,15) (2 Ti 3:14-17).
3. La comunión (Hch 2:42)
La palabra original aquí es "koinonia", o sea aquello que dos o más personas tienen en común, siendo la base de la unión que existe entre ellos. He aquí uno de los aspectos más característicos de aquella nueva experiencia de los hombres que se produjo en el Día de Pentecostés. "Koinonia" puede traducirse también por "participación" o aun por "comunicación" en el sentido de ayuda práctica para un obrero del Señor, y recomendamos al estudiante que se fije en el uso del término en las referencias que damos a continuación: (1 Co 1:9) (1 Co 10:16) (2 Co 6:14) (2 Co 8:4) (2 Co 9:13) (2 Co 13:13) (Flm 1:6) (He 13:16) (Hch 2:42) (Ga 2:9) (Fil 1:5) (Fil 2:1) (Fil 3:10) (1 Jn 1:3,6,7) (Ro 15:26). El verbo correspondiente, "koinoneo", se halla en: (Ro 12:13) (Ro 15:27) (Ga 6:6) (Fil 4:15) (He 2:14) (1 Ti 5:22) (1 P 4:13) (2 Jn 1:11).
Aquí solamente podemos notar que, juntamente con todos los creyentes, hemos sido "llamados a la comunión de su Hijo Jesucristo nuestro Señor" (1 Co 1:9) por haberle aceptado, juntamente con otros, con fe verdadera. Así Cristo mismo es la sustancia y la base de la comunión, enlazándonos con él mismo, con el Padre y los unos con los otros (1 Jn 1:3). Pero es el Espíritu Santo quien da efectividad interna a esta comunión, de modo que Pablo habla también de la "comunión del Santo Espíritu" y de "la comunión de los santos", quienes comparten la vida de Cristo dentro de Ia realidad espiritual de la Iglesia (2 Co 15:13) (1 Jn 1:3) (Ef 2:19-22). Los "hermanos" forman una "familia" donde debe prevalecer la "filadelfia" o "amor fraternal" en sus diversas manifestaciones prácticas. El "Partimiento del Pan" y Ia "comunidad de bienes" expresan esta comunión en forma visible y palpable.
4. El Partimiento del Pan (Hch 2:42)
El empleo de esta frase aquí se ha explicado de diversas formas: a) que se trata de las comidas normales de la nueva comunidad; b) que se trata del "ágape"; c) que se trata de Ia Cena del Señor. Desde luego se celebraba el "partimiento del pan" en todos estos sentidos en la Iglesia de Jerusalén, pero el hecho de colocarse la frase entre varios aspectos fundamentales de la vida de la Iglesia, determina claramente que Ia referencia es a la "Cena del Señor", o, según otra frase alternativa, la "Mesa del Señor". Es el festín conmemorativo establecido por Cristo en "la noche en que fue entregado" que los discípulos en manera alguna podían echar en olvido una vez que se hubiera formado la "familia cristiana".
Las enseñanzas básicas sobre este importantísimo tema se hallan en los relatos de los Evangelios Sinópticos (Mt 26:26-30) (Mr 14:22-26) (Lc 22:14-20), en la mención de la reunión para partir el pan el primer día de la semana en Troas (Hch 20:7), en las instrucciones que Pablo dio a los corintios con el fin de corregir los abusos en la celebración del "ágape" (1 Co 11:17-34) y en las referencias a la "comunión" simbolizada en la Mesa en contraste con la participación de los paganos con demonios en sus festines idolátricos (1 Co 10:14-22). En todos estos pasajes se destaca el acto de "partir el pan", sea en forma sustancial o verbal, siendo este acto el símbolo de la manera en que el Cuerpo del Señor fue "partido" o "dado" a favor de los suyos en la Cruz. El "comer" del pan así partido señala el acto espiritual de recibir por Ia fe el valor del sacrificio del Calvario (Jn 6:50-58) y aquí hallamos la base de nuestra "comunión" con el Señor mismo; y los unos con los otros. La "Copa" no se menciona aquí, pero sin duda estaba incluida en el Partimiento del Pan, y, según las palabras del mismo Señor, pone de relieve el "derramamiento de la Sangre" del Cordero de Dios que sella el pacto de gracia y de perdón.
Es lógico, pues, que el Partimiento del Pan hallase lugar central en la vida colectiva de la Iglesia desde los primeros momentos de su existencia, ya que traía a la memoria de los salvos el Hecho tan próximo aún de la Cruz y la Resurrección, al par que presentaba la Persona del Redentor a la adoración de los suyos y manifestaba de forma visible la "comunión de los santos".
El Partimiento del Pan en la Iglesia cristiana lleva a su consumación en un plano de divina pureza una tendencia que se apunta una y otra vez en las sociedades y religiones humanas a través de los siglos. Para los orientales de la antigüedad había algo de solemne ritual en el acto de comer en común, y hasta en tiempos recientes la persona de alguien que hubiera "comido sal" con ellos era sagrada para los beduinos. En los "Misterios eleusianos", muy extendidos entre los griegos, no faltaban comidas rituales en común para los "iniciados" como símbolo de una participación en la vida de sus divinidades. El mismo concepto, ordenado ya por Dios mismo, se halla en el "sacrificio de paz" del ritual levítico, en el que una parte de la víctima era quemada sobre el altar como "pan de Dios", otra comida por los sacerdotes oficiantes, y lo demás por quien presentaba la ofrenda, juntamente con sus familiares (Lv 3) (Lv 7:29-36) (Lv 19:5-8) (Lv 21:6). El simbolismo es obviamente el de "comunión con Dios" sobre la base del sacrificio. La Pascua misma, de la cual la Cena es en cierto sentido la continuación, ofrece otro ejemplo aún mejor conocido de lo mismo, puesto que el cordero sacrificado tenía que comerse por la familia durante las horas que siguieron a la inmolación. Podemos notar que en el caso de la comida basada sobre una víctima animal, el sacrificio y el derramamiento de sangre tenía que repetirse cada vez, pero el símbolo del pan significa que no hay más necesidad de sacrificio, puesto que los benditos resultados del Sacrificio único nos alimentan constantemente.
Es probable que los primeros cristianos, al comer juntos de casa en casa (Hch 2:46), terminasen o principiasen las comidas normales con el festín conmemorativo, sin que el Partimiento del Pan se limitase al "primer día de la semana"; el obedecer el último deseo que su Señor expresó antes de su Pasión significaría para ellos algo muy espontáneo y natural. Más tarde, después de la dispersión de la comunidad cristiana de Jerusalén, no quedaba más señal visible de esta vida en común que el "ágape" que pronto se limitó al primer día de la semana. Era una especie de "comida oficial" de la iglesia, aportando todos lo que pudieran y siendo quizás un acto de ayuda práctica para los hermanos pobres. La carnalidad creciente de muchos llegó hasta estropear esta hermosa costumbre, de modo que Pablo tuvo que frenar abusos y poner todo el énfasis sobre la Cena del Señor por ser la ceremonia divinamente instituida, y que tenía que celebrarse con toda solemnidad y dignidad. No prohibió el ágape, sin embargo, y en ciertas regiones persistió por algunos siglos, viéndose aún vestigios de la "comida en común" en los refrigerios de las "reuniones de iglesia" de muchas congregaciones (Hch 20:7-12).
5. Las oraciones (Hch 2:42)
La oración es parte esencial de toda verdadera iglesia. Sana doctrina, buena comunión, el Partimiento del Pan son todos elementos importantísimos, como hemos visto, pero todo ello quedaría anulado si los creyentes no se sintiesen impulsados a elevar su corazón a Dios en lo que Pablo I!ama: "peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias" (Fil 4:6). No hay por qué pensar en "formularios" de oraciones que se repitiesen en común, pues la vida inicial de la Iglesia se caracterizaba sobre todo por la abundancia de poder espiritual, y podemos estar seguros de que las palabras brotaban espontáneamente de corazones llenos del Espíritu Santo. La liturgia corresponde a épocas posteriores, cuando parecía necesario poner palabras en los labios de los cristianos reunidos para el culto, ya que la frialdad de sus corazones impedía que brotasen los deseos de su corazón en candentes súplicas y acciones de gracias delante del Padre.
6. Reuniones en el Templo (Hch 2:46)
Nos parece extraño a primera vista que los creyentes "perseverasen unánimes cada día en el Templo", además de comer y partir el pan en las casas. Nosotros leemos estos pasajes conociendo ya el mensaje de la Epístola a los Hebreos como también el significado de la destrucción del Templo en el año 70, pero hemos de intentar guardar la debida perspectiva histórica, comprendiendo además que el mensaje de esperanza y de vida por medio del Resucitado se dio primeramente a los judíos. Los convertidos se consideraban como hebreos que habían reconocido a Jesús como su Mesías, y, siendo aún un "misterio" no revelado la formación de la Iglesia por medio de los salvos de entre judíos y gentiles, les parecía muy propio que se reuniesen en los amplios atrios del Templo, siendo su lugar predilecto el peristilo llamado "de Salomón", al este de los atrios. Recordaban el ejemplo del Maestro y quizá pensaban que ellos habían de presenciar el cumplimiento de la profecía de Malaquías: "Y vendrá súbitamente a su Templo el Señor" (Mal 3:1-2) y que ellos estarían allí para darle la bienvenida.
Los judíos eran estrictos en cuanto al cumplimiento rígido de la Ley según la "tradición de los Ancianos", pero a la vez eran amantes de la discusión religiosa y no impedían la formación de asociaciones llamadas "haburah" en torno a ciertos rabinos. Por entonces, para los judíos mismos, los "nazarenos" constituían otra secta dentro del judaísmo que seguía las enseñanzas de Jesús. El tiempo había de demostrar que la "pieza nueva" de la Iglesia no podía coserse en la prenda vieja del judaísmo degenerado, y que el "vino nuevo" del Espíritu no podía manifestarse por el ritual del Templo. Más tarde daremos consideración a la protección que Dios les otorgaba al reunirse precisamente en el recinto controlado por sus enemigos de la casta sacerdotal.
7. La comunidad de bienes (Hch 2:44-47) (Hch 4:32-37)
En los rendidos corazones de los primeros cristianos el Espíritu encendió una llama ardiente de amor, que es su "primer fruto" (Ga 5:22), y por algún tiempo este amor pudo anular el elemento contrario del egoísmo, de tal forma que nadie se interesaba por lo que poseía, y en cambio ponía toda su atención en la manera de ayudar al hermano. De ahí, y de una forma completamente espontánea, empezaban los adinerados a traer su peculio a los apóstoles para su distribución, vendiendo los propietarios sus fincas con el mismo fin. Al mismo tiempo la "comunión del Espíritu" les impulsaba a reunirse constantemente, de modo que comían en común. No eran solamente una iglesia, sino también una comunidad: punto que hay que recordar al interpretar algunos de los incidentes posteriores. Tengamos en cuenta los puntos siguientes: a) No había obligación ni ley alguna sobre la venta de los bienes y la entrega del dinero (Hch 5:4), sino que cada uno obraba movido por el espíritu espontáneo de comunión. No formaban, pues, la "primera sociedad comunista". Alguien ha notado la diferencia de esta forma: "El comunista dice al rico: Dame lo que tú tienes. El cristiano rico decía a su hermano pobre: Toma lo que yo tengo". b) Como no había "ley" que exigiera el reparto, ni siquiera en la comunidad de Jerusalén que se forjó al calor de un amor ardiente, menos aún hay "ley" para la Iglesia en tiempos posteriores. Pero permanece el amor —mayor aún que la fe y la esperanza—, que debiera vencer el egoísmo ayudándonos a realizar obras iguales a las de la primera iglesia en cuanto a Su espíritu y poder (1 Jn 3:16-17). Lo que recalcan las enseñanzas de Pablo sobre el tema es que cada creyente ha de reconocer que es mayordomo del Señor a los efectos de todo cuanto posee, que ha de administrar con sabiduría y amor, y con miras a la extensión del Reino de Dios. Humanamente hablando, la "comunidad" de Jerusalén no constituyó un éxito, y años más tarde vemos a la iglesia en Jerusalén sumida constantemente en la pobreza, necesitada de la ayuda de los cristianos gentiles (Hch 11:29-30) (Ro 15:26), pero Dios ha querido colocar en el portal de la historia de la Iglesia, y por medio de una hermosa experiencia vivida, este gran lema: EL AMOR EN EL PODER DEL ESPÍRITU VENCE EL EGOÍSMO.

Temas para meditar y recapacitar

1. Describa cómo los tres mil convertidos del Día de Pentecostés fueron añadidos a la Iglesia, notando todos los pasos y haciendo ver el significado de este relato para la labor de fundar iglesias en nuestro tiempo.
2. Hágase un análisis completo de (Hch 2:42), señalando los principios que han de regir en una iglesia local.

Espíritu Santo: “otro consolador”

En los capítulos de Juan del 14 al 16, encontramos a Jesús, poco antes de su detención por los judíos, dando instrucciones de última hora y consuelo a sus discípulos. Él ya no iba a estar con ellos. Ellos, en efecto, le verían otra vez después de su resurrección, pero sólo temporalmente, hasta la ascensión a su Padre. El hecho de que Jesús fuera al Padre significaría que ellos se quedarían solos… excepto si Él enviaba un reemplazo, otro que lo sustituyera. Exceptuando que Él vendría a ellos en “otra forma”, por decirlo así. ¡Y como veremos, esto es exactamente lo que pasó! ¡Jesús, aunque ya no esté presente físicamente, está presente mucho más que antes! ¿Cómo? Mediante el Consolador, el Espíritu Santo; este consolador realmente sustituye a Jesús, haciendo lo que Él haría si estuviera físicamente presente con cada uno de sus discípulos. Al hablar de discípulos, no me refiero aquí sólo a los discípulos que estuvieron presentes esa noche en el jardín de Getsemaní. ¡Más que a ellos me refiero a nosotros! Ninguno de nosotros ha conocido a Jesús en persona, en carne y hueso, como le conocieron los discípulos. Sin embargo, gracias al Consolador, el Espíritu Santo, no estamos abandonados sin Él. Juan 14:15-18 nos dice:

Juan 14:15-18
“Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre, el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce; pero vosotros lo conocéis, porque vive con vosotros y estará en vosotros.”

Aquí, Jesucristo habla sobre el Espíritu Santo y lo describe como otro consolador. Aunque Jesús se marchaba, Él realmente no los dejaba solos. Él enviaría a OTRO consolador, es decir, a alguien que lo sustituiría, alguien que haría todo lo que Él hacía cuando estaba con ellos, pudiéramos hablar de un reemplazo por su ausencia física. Aunque Él ya no estaría presente físicamente con ellos, estaría presente espiritualmente, mediante el Consolador. En otras palabras, tener el Espíritu Santo es absolutamente como tener a Jesús. Y el Espíritu Santo hace para aquellos que siguen a Jesús lo que Jesús hizo para sus discípulos cuando Él estuvo presente físicamente, es decir, los enseña, los guía, los reprende, los consuela. Por eso es llamado OTRO consolador. El primer consolador era Jesús en su presencia física. Sólo unos días después de la ascensión de Jesús, el Espíritu Santo, el segundo consolador, “otro consolador”, el sustituto de Jesús, el primer consolador, vino. Como Barnes dice en su comentario:

“Jesús había sido para ellos un consejero, un guía, un amigo, mientras él estaba con ellos. Él los había instruido, había cargado con sus prejuicios e ignorancia, y les había dado consuelo en tiempos de desaliento. Pero Él estaba a punto de abandonarlos ahora. Debía ser dado el otro Consolador como una compensación por su ausencia, o para realizar las funciones que Él habría hecho si hubiera permanecido personalmente con ellos. Y de esto podemos aprender, en parte, lo que es la función del Espíritu. Su función es la de proveer a todos los cristianos la instrucción y consuelo que daría la presencia personal de Jesús..” (Albert Barnes' Notes on the Bible)

Por lo tanto, querido hermano y hermana en Cristo: no estamos abandonados. Jesús no está en algún sitio lejos de nosotros. Él está muy cerca de nosotros. ¡Jesús, mediante el Consolador, está en nosotros! Como nos dice en Colosenses 1:26-27:

“el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a Sus santos. A ellos, Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles, que es Cristo en vosotros, esperanza de gloria.”

Cristo está EN USTED, querido hermano y hermana. ¡El Consolador está en usted! ¿Y por qué está el consolador ahí? Para hacer todo lo que Cristo haría si él estuviera presente físicamente. Aquí está el ministerio del Espíritu Santo según lo describió Jesús:

Juan 14:26
“Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas y os recordará todo lo que yo os he dicho.”

Juan 15:26
“Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí.”

Juan 16:7
“Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya, porque si no me voy, el Consolador no vendrá a vosotros; pero si me voy, os lo enviaré.

¡Tener el Espíritu Santo es más beneficioso para nosotros que si Jesús se quedara físicamente en la tierra!

Juan 16:8-15
“Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado. Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga y os hará saber las cosas que habrán de venir. Él me glorificará, porque tomará de lo mío y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío y os lo hará saber. ”

Este es el maravilloso ministerio y la maravillosa realidad del Espíritu Santo.

Muchas personas realmente no creen en un Espíritu Santo que está trabajando) en la vida de los discípulos. Por lo tanto, ellos aseguran fundamentalmente que nos hemos quedado huérfanos, sólo con nuestras mentes tratando de entender cómo vivir para él! Pero tal y como dijo Jesús: ¡no nos quedaremos huérfanos! El Espíritu Santo lo sustituye, siendo “otro consolador”, o sea, un consolador en el lugar de Jesús, el primer consolador.

Otros atribuyen cosas al Espíritu Santo que nunca vemos a Jesús hacer y que no tienen ningún respaldo en las Sagradas Escrituras. ¿En verdad son estas cosas hechas por El Espíritu santo? La respuesta es NO. Lo que el Espíritu Santo hace siempre está en línea con la Palabra de Dios. Si algo no está en línea con la Palabra, entonces no es hecho por el Espíritu Santo.

Para culminar este artículo: Jesús al ir a su Padre no nos dejó solos. Él nos envió un reemplazo que hace lo que Jesús haría si Él físicamente estuviera presente con cada uno de nosotros. Este sustituto es el Espíritu Santo y su misión es, entre otras, la de enseñar y recordarnos lo que Él nos ha dicho (Juan 14:26), instruir, guiar (Hechos 16:6-10) y fortalecer (Hechos 9:31). No es un “espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.” (2 Timoteo 1:7). Este es el maravilloso regalo que el Padre, debido a Su amor, dio a aquellos que creen en Su Hijo y en la resurrección de los muertos.

Romanos 5:5
el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.

Gedeón y cómo Dios obró en él

La Biblia y especialmente el Antiguo Testamento esta llena de registros que demuestran la manera en que Dios obró con varios hombres. Uno de esos registros, el de Gedeón, es el que vamos a examinar en este tema.

1. Los antecedentes

De acuerdo a la época de nuestra historia, estamos en el período donde Israel estaba gobernado por jueces. La última juez (antes de Gedeón) fue Débora, una mujer de Dios que a través de ella “... la tierra reposó cuarenta años...” (Jueces 5:31). Sin embargo, ese descanso no duró siempre. Jueces 6:1-6 dice:

Jueces 6:1-6
“Los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de Jehová; y Jehová los entregó en mano de Madián por siete años. Y la mano de Madián prevaleció contra Israel. Y los hijos de Israel, por causa de los madianitas, se hicieron cuevas en los montes, y cavernas, y lugares fortificados. Pues sucedía que cuando Israel había sembrado, subían los madianitas y amalecitas y los hijos del oriente contra ellos; subían y los atacaban. Y acampando contra ellos destruían los frutos de la tierra, hasta llegar a Gaza; y no dejaban qué comer en Israel, ni ovejas, ni bueyes, ni asnos. Porque subían ellos y sus ganados, y venían con sus tiendas en grande multitud como langostas; ellos y sus camellos eran innumerables; así venían a la tierra para devastarla. De este modo empobrecía Israel en gran manera por causa de Madián; y los hijos de Israel clamaron a Jehová.”

Después de cuarenta años de descanso, debido a los madianitas, Israel estaba bajo gran opresión. Como el texto dice, destruyeron su propiedad a tal grado que “no dejaban qué comer en Israel, ni ovejas, ni bueyes, ni asnos” (Jueces 6:4). Sin embargo, todas estas calamidades no pasaron accidentalmente. Jueces 6:1 nos da el motivo:

Jueces 6:1
“Los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de Jehová; y Jehová los entregó en mano de Madián por siete años.”

“Los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de Jehová”. Esa fue la razón de su opresión1, la cual no obstante tuvo también un resultado positivo. Jueces 6:6 dice:

Jueces 6:6
"De este modo empobrecía Israel en gran manera por causa de Madián; y los hijos de Israel clamaron a Jehová."

Debido a la opresión, los israelitas clamaron al Señor. De nuevo, esa no era la primera vez que actuaban de ese modo. Aunque muchas veces hicieron lo malo ante los ojos de Dios, adorando a dioses falsos, cuando les venían las calamidades, volvían a buscar de nuevo al verdadero Dios2. Los versos 7-10 nos dicen cómo Dios respondió a su llamado:

Jueces 6:6-10
“De este modo empobrecía Israel en gran manera por causa de Madián; y los hijos de Israel clamaron a Jehová. Y cuando los hijos de Israel clamaron a Jehová, a causa de los madianitas, Jehová envió a los hijos de Israel un varón profeta, el cual les dijo: Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Yo os hice salir de Egipto, y os saqué de la casa de servidumbre. Os libré de mano de los egipcios, y de mano de todos los que os afligieron, a los cuales eché de delante de vosotros, y os di su tierra; y os dije: Yo soy Jehová vuestro Dios; no temáis a los dioses de los amorreos, en cuya tierra habitáis; pero no habéis obedecido a mi voz.”

Como respuesta al clamor de los israelitas, Dios envió un profeta para darles Su palabra, reprendiéndoles por lo que habían hecho. Obviamente, Dios no permaneció en silencio ni siguió enojado con ellos. Sino que a pesar del hecho de que muchas veces lo habían traicionado, adorando maderos y piedras, cuando volvieron a Él, ahí los estaba esperando, listo para librarlos de nuevo. En nuestro caso, Su primer paso fue enviarles un profeta para reprenderlos, dándoles Su Palabra. Sin embargo, ese era solo el principio. En la sección siguiente, veremos que mas hizo para liberarlos.

2. Dios y Gedeón: el principio

Después de que Dios enviara un profeta para reprender a Israel, Su segundo paso fue acercarse a un hombre llamado Gedeón. Jueces 6:11-12 dice:

Jueces 6:11-12
“Y vino el ángel de Jehová, y se sentó debajo de la encina que está en Ofra, la cual era de Joás abiezerita; y su hijo Gedeón estaba sacudiendo el trigo en el lagar, para esconderlo de los madianitas. Y el ángel de Jehová se le apareció, y le dijo: Jehová está contigo, varón esforzado y valiente.”

Cuando leemos que un ángel se le apareció a Gedeón no nos imaginemos a un ser rubio vestido de blanco, flotando en el aire con dos alas grandes. Esa imagen de ángel no es mas que mitos e imaginaciones. En ninguna parte de la Biblia dice que los ángeles tienen alas o ropa blanca o que sean rubios. Lo que la Biblia dice es que son “ espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación” (Hebreos 1:14) por lo cual deben ser considerados de ese modo.

Regresando a nuestro tema, observa cómo Dios saludó a Gedeón. Lo llamó “varón esforzado y valiente”. Aunque era un hombre pobre que sacudía trigo para esconderlo de los madianitas. Sin embargo, para Dios, Gedeón era un hombre esforzado y valiente, un hombre que, como veremos, creyó y siguió a Dios, llevando a cabo obedientemente todo lo que Él le ordenaba hacer. Los versículos siguientes nos dicen lo que Gedeón le respondió al ángel:

Jueces 6:13-14
“Y Gedeón le respondió: Ah, señor mío, si Jehová está con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto? ¿Y dónde están todas sus maravillas, que nuestros padres nos han contado, diciendo: ¿No nos sacó Jehová de Egipto? Y ahora Jehová nos ha desamparado, y nos ha entregado en mano de los madianitas. Y mirándole Jehová, le dijo: Ve con esta tu fuerza, y salvarás a Israel de la mano de los madianitas. ¿No te envío yo?”

Gedeón cuestionó dónde estaba Dios cuando sucedieron todas esas calamidades. No obstante, no era que Dios no estaba con ellos, SINO QUE ELLOS no estaban con Dios. Como respuesta a la pregunta de Gedeón, Dios le dijo que avanzara, asegurándole que el sería el que libraría a Israel. “¿No te envío yo?” le dijo, fue Dios quien lo envió. Esa no fue una misión que Gedeón había tomado por sí mismo, estaba ahí en el trigo escondiéndolo de los madianitas. Lo más probable, es que nunca haya pensado que él iba a ser el que libertara a Israel de los Madianitas. Sin embargo, podemos decir con seguridad que de lo que le dijo el ángel le daba muchas razones para pensar seriamente en esa propuesta. En los versos 15-16 dicen la respuesta de Gedeón:

Jueces 6:15-16
“Entonces le respondió: Ah, señor mío, ¿con qué salvaré yo a Israel? He aquí que mi familia es pobre en Manasés, y yo el menor en la casa de mi padre. Jehová le dijo: Ciertamente yo estaré contigo, y derrotarás a los madianitas como a un solo hombre.”

La gente sigue fácilmente a alguien que conocen bien como líder, por ejemplo un rey, un general etc. ¿Pero Gedeón? ¿Quien lo seguiría? Era un completo desconocido. No obstante, una vez más Dios le aseguró que Él estaría con él. “ Ciertamente yo estaré contigo” y derrotarás a los madianitas como a un solo hombre”, le dijo. Por eso Gedeón no tenía motivos para tener miedo. Sin embargo, a veces Dios promete algo que como es extremadamente bueno nos tardamos en creerlo. Nos preguntamos “¿en verdad pasará eso tan maravilloso”? “¿de verdad Dios me lo concederá?” Eso tipo de pensamientos también tenía Gedeón. Los versos 17-24 dicen:

Jueces 6:17-24
“Y él respondió: Yo te ruego que si he hallado gracia delante de ti, me des señal de que tú has hablado conmigo. Te ruego que no te vayas de aquí hasta que vuelva a ti, y saque mi ofrenda y la ponga delante de ti. Y él respondió: Yo esperaré hasta que vuelvas. Y entrando Gedeón, preparó un cabrito, y panes sin levadura de un efa de harina; y puso la carne en un canastillo, y el caldo en una olla, y sacándolo se lo presentó debajo de aquella encina. Entonces el ángel de Dios le dijo: Toma la carne y los panes sin levadura, y ponlos sobre esta peña, y vierte el caldo. Y él lo hizo así. Y extendiendo el ángel de Jehová el báculo que tenía en su mano, tocó con la punta la carne y los panes sin levadura; y subió fuego de la peña, el cual consumió la carne y los panes sin levadura. Y el ángel de Jehová desapareció de su vista. Viendo entonces Gedeón que era el ángel de Jehová, dijo: Ah, Señor Jehová, que he visto al ángel de Jehová cara a cara. Pero Jehová le dijo: Paz a ti; no tengas temor, no morirás. Y edificó allí Gedeón altar a Jehová, y lo llamó Jehová-salom;[a] el cual permanece hasta hoy en Ofra de los abiezeritas.”

Esta es la primera vez que leemos que Gedeón pidió y obtuvo una señal de Dios. Sin embargo, no es la única. Más delante veremos mas señales. Entre ellas está la bien conocida señal del vellón de lana. Nos vamos a reservar los comentarios sobre las señales que Gedeón pidió y la práctica de pedir señales en general para mas adelante. Por el momento, es suficiente que antes de pedir una señal, Gedeón sabía la voluntad de Dios en esa situación. No pidió la señal para determinar Su voluntad a través de ella, sino que la pidió para confirmar lo que Dios ya le había dicho y que era Su voluntad. Dios respondió positivamente a esta petición de Gedeón, dándole lo que quería.

Aunque es obvio que ese día fue muy activo espiritualmente para Gedeón, esa actividad no paró ahí sino que continuó hasta la noche. Los versos 25-27 dicen:

Jueces 6:25-27
“Aconteció que la misma noche le dijo Jehová: Toma un toro del hato de tu padre, el segundo toro de siete años, y derriba el altar de Baal que tu padre tiene, y corta también la imagen de Asera que está junto a él; y edifica altar a Jehová tu Dios en la cumbre de este peñasco en lugar conveniente; y tomando el segundo toro, sacrifícalo en holocausto con la madera de la imagen de Asera que habrás cortado. Entonces Gedeón tomó diez hombres de sus siervos, e hizo como Jehová le dijo. Mas temiendo hacerlo de día, por la familia de su padre y por los hombres de la ciudad, lo hizo de noche.”

Dios le dijo a Gedeón que derribara el altar de Baal que su padre tenía y también que cortara la imagen de Asera. La existencia del altar y de la imagen y la reacción de la gente, que como se puede ver leyendo mas delante, fue de enojo cuando los vieron destruidos (ver Jueces 6:28-30), confirman que el mal que había hecho Israel ante los ojos de Dios era la adoración a ídolos. También demuestra que solo una parte de Israel se volvió a Dios y no todos ellos. Aun así, por esa parte, Dios salvaría a TODA la nación.

3. Dios y Gedeón: la batalla con los madianitas

Habiendo visto cómo Dios se le apareció a Gedeón, después de que los israelitas clamaron a Él, y cómo le hizo saber que él sería el que liberaría a Israel, continuemos para ver lo que sucedió después, empezando en el versículo 33:

Jueces 6:33-35
“Pero todos los madianitas y amalecitas y los del oriente se juntaron a una, y pasando acamparon en el valle de Jezreel. Entonces el Espíritu de Jehová vino sobre Gedeón, y cuando éste tocó el cuerno, los abiezeritas se reunieron con él. Y envió mensajeros por todo Manasés, y ellos también se juntaron con él; asimismo envió mensajeros a Aser, a Zabulón y a Neftalí, los cuales salieron a encontrarles.”

Parece que se había llegado el tiempo en que Gedeón debía llevar a cabo su misión. Los enemigos de Israel “los madianitas y amalecitas y los del oriente” se juntaron en un solo lugar. Para ese momento, Dios había apresurado a Gedeón para que enviara mensajeros para que convocara a los israelitas a reunirse con él. Observa que fue Dios quien movió a Gedeón para que llegara a la decisión de empezar la lucha en ese tiempo, apurándole a llamar a la gente. Esto demuestra que fue Dios el que planeó la batalla mientras que Gedeón era el que llevaba a cabo el plan. Si Dios no se lo hubiera dicho, para Gedeón hubiera sido imposible saber lo que Dios quería. Si Gedeón no hubiera creído lo que Dios le dijo, o sea actuar al respecto, la voluntad de Dios hubiera seguido sin ejecutarse. Por lo cual, el éxito de toda la operación dependía de la cooperación entre Dios, el comandante, y Gedeón, el ejecutor.. No fue Gedeón el que decidió y llevó a cabo, sino Dios quien decidió y Gedeón quien llevó a cabo. El principio es el mismo, siempre que queramos seguir la voluntad de Dios: Dios es el que tiene que darnos a conocer su voluntad – lo cual hace, a través de Su Palabra escrita o mediante revelación – y nosotros somos los que debemos de caminar bajo esa voluntad. Ese es el único medio que garantiza el éxito en cualquier cosa que hagamos.

Regresando a Gedeón, Dios no solo le dijo qué hacer, sino que también lo ayudó a creer y a hacerlo. Así como vimos anteriormente cuando Gedeón le pidió a Dios una señal, Dios se la dio. Sin embargo, no se detuvo ahí. Sino que fue más allá cuando Gedeón más lo necesitaba. Entonces después de que Israel estaba reunido tras Gedeón, le pidió de nuevo a Dios una señal. Los versos 36-38 dicen:

Jueces 6:36-38
“Y Gedeón dijo a Dios: Si has de salvar a Israel por mi mano, como has dicho, he aquí que yo pondré un vellón de lana en la era; y si el rocío estuviere en el vellón solamente, quedando seca toda la otra tierra, entonces entenderé que salvarás a Israel por mi mano, como lo has dicho. Y aconteció así, pues cuando se levantó de mañana, exprimió el vellón y sacó de él el rocío, un tazón lleno de agua.”

Más adelante veamos lo que hizo luego:

Jueces 6:39-40
“Mas Gedeón dijo a Dios: No se encienda tu ira contra mí, si aún hablare esta vez; solamente probaré ahora otra vez con el vellón. Te ruego que solamente el vellón quede seco, y el rocío sobre la tierra. Y aquella noche lo hizo Dios así; sólo el vellón quedó seco, y en toda la tierra hubo rocío.”

Los pasajes anteriores que describen lo que se conoce como “el vellón de Gedeón” desafortunadamente han sido muy mal entendidos, y mucha gente los usa, poniendo varias señales para determinar la voluntad de Dios. Algunos, deciden cual es la voluntad de Dios jugando con una moneda “águila o sol” u otros con el “Bingo Bíblico” (es abrir la Biblia en una página al azar) y otros a través de otras formas parecidas. No obstante, toda conexión con esas prácticas no está basada en la Biblia. La razón es que mediante la señal, Gedeón no buscaba determinar la voluntad de Dios, sino que quería CONFIRMAR LO QUE YA SABÍA MEDIANTE REVELACIÓN. El verso 36 dice: “Gedeón dijo a Dios: Si has de salvar a Israel por mi mano, como has dicho....”. La frase “como has dicho” demuestra que Gedeón ya sabía la voluntad de Dios3. Así que, no pidió la señal, para que mediante esta, determinar la voluntad de Dios, sino que la pidió para CONFIRMAR LA VOLUNTAD DE DIOS QUE YA SABÍA. En cuanto a las señales, algo más que vale la pena enfatizar, es que nada en la Palabra de Dios obliga a Dios a darnos señales, y menos cuando Él ya nos ha dado a conocer su voluntad a través de su Palabra escrita o mediante revelación. Cuando no sabemos la voluntad de Dios, tratamos de aprenderla. Estudiamos la Biblia y oramos para que nos la revele, si por supuesto Él no la ha revelado ya en la Biblia. No deberías ponerle restricciones a Dios ni predeterminar el tiempo ni la forma de su respuesta. La Palabra de Dios no lo obliga a darnos una respuesta que nos guste y cuando queremos que nos sea dada. Más bien, Dios está obligado mediante su misma naturaleza de Dios de amor y cuidado a darnos la mejor respuesta en el tiempo que Él cree es el más conveniente. En cuanto a la práctica de pedirle señales, lo que podemos decir con seguridad basados en su Palabra, es que Dios ciertamente nos va a ayudar a seguir su voluntad (si por supuesto queremos seguirla). Sin embargo, nadie lo puede restringir en la manera que nos va a ayudar. El hará lo que considere mejor. Cuando algo es la voluntad de Dios, Él lo apoyará completamente, incluso si eso implica dejar el vellón seco cuando toda la tierra está húmeda o darnos un pasaje que respalde su voluntad en el..................... Bingo Bíblico o hacer cualquier cosa que sea necesaria para ayudarnos a creer y hacer su voluntad. No estamos diciendo que Dios no usa señales para ayudarnos a seguir su voluntad. Lo que queremos decir es que cuando esas señales se dan, no se dan como sustitutos de la Palabra de Dios sino como una manera de respaldar y ayudarnos a creer lo que ya es la voluntad de Dios declarada.

Llevando la discusión más allá, yo creo que la señal más grande para saber si algo viene de Dios o no es la manera en que fluye. Todo lo que viene de Dios fluye sin complicaciones y está continuamente en armonía con Su Palabra. Como en Proverbios 10:22 dice:

Proverbios 10:22
“La bendición de Jehová es la que enriquece, Y no añade tristeza con ella.”

También como Efesios 3:20 dice sobre Dios:
“Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos”

Además Santiago 1:16-17
“Amados hermanos míos, no erréis. Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.”

Todo lo que viene de Dios es DON PERFECTO. Es más de lo que pedimos o entendemos, NO HAY TRISTEZA EN ELLO. Es perfecta en el corto, mediano y largo plazo. Por otra parte, lo que viene del diablo, tarde o temprano terminará exactamente en lo contrario de lo que viene de Dios, esto es, en lágrimas, dolor y heridas .

Volviendo a nuestro caso, después del milagro del vellón, ciertamente Gedeón estaba fortalecido, que era lo que Dios quería al contestar su petición. No obstante, ese no es el final de la historia. Después de la reunión de los israelitas y a pesar del hecho de que estaban enfrentando un ejercito muy grande y vasto, Dios sugirió a Gedeón reducir su ejercito. Los siguientes versículos lo dicen:

Jueces 7:1-2
“Levantándose, pues, de mañana Jerobaal, el cual es Gedeón, y todo el pueblo que estaba con él, acamparon junto a la fuente de Harod; y tenía el campamento de los madianitas al norte, más allá del collado de More, en el valle. Y Jehová dijo a Gedeón: El pueblo que está contigo es mucho para que yo entregue a los madianitas en su mano, no sea que se alabe Israel contra mí, diciendo: Mi mano me ha salvado.”

Dios quería demostrarles a los israelitas que EL ES DIOS, un Dios capaz de liberar independientemente de la magnitud del enemigo. Entonces ÉL ordenó a Gedeón que redujera el ejército. Jueces 7:3-8 dice:

Jueces 7:3-8
“Ahora, pues, haz pregonar en oídos del pueblo, diciendo: Quien tema y se estremezca, madrugue y devuélvase desde el monte de Galaad. Y se devolvieron de los del pueblo veintidós mil, y quedaron diez mil. Y Jehová dijo a Gedeón: Aún es mucho el pueblo; llévalos a las aguas, y allí te los probaré; y del que yo te diga: Vaya éste contigo, irá contigo; mas de cualquiera que yo te diga: Este no vaya contigo, el tal no irá. Entonces llevó el pueblo a las aguas; y Jehová dijo a Gedeón: Cualquiera que lamiere las aguas con su lengua como lame el perro, a aquél pondrás aparte; asimismo a cualquiera que se doblare sobre sus rodillas para beber. Y fue el número de los que lamieron llevando el agua con la mano a su boca, trescientos hombres; y todo el resto del pueblo se dobló sobre sus rodillas para beber las aguas. Entonces Jehová dijo a Gedeón: Con estos trescientos hombres que lamieron el agua os salvaré, y entregaré a los madianitas en tus manos; y váyase toda la demás gente cada uno a su lugar. Y habiendo tomado provisiones para el pueblo, y sus trompetas, envió a todos los israelitas cada uno a su tienda, y retuvo a aquellos trescientos hombres; y tenía el campamento de Madián abajo en el valle.”

Finalmente, después de la selección de Dios, solo quedaron 300 hombres. A través de ellos Dios vencería al gran ejercito de los madianitas y a sus aliados. El hecho es que a pesar de la diferencia en número la batalla sería victoriosa para Israel, lo cual Dios había dicho a Gedeón y eso era absolutamente seguro. Como le dijo: “Con estos trescientos hombres..........os salvaré, y entregaré a los madianitas en tus manos”. Por lo cual era seguro, que si Gedeón creyó y siguió las instrucciones de Dios, la pelea sería victoriosa para Israel, porque Dios así lo había prometido. Sin embargo, Dios no solo aseguró la victoria de la batalla sino que también ayudó a Gedeón a creer esa promesa y a avanzar. Jueces 7:9-14 dicen:

Jueces 7:9-14
“Aconteció que aquella noche Jehová le dijo: Levántate, y desciende al campamento; porque yo lo he entregado en tus manos. Y si tienes temor de descender, baja tú con Fura tu criado al campamento, y oirás lo que hablan; y entonces tus manos se esforzarán, y descenderás al campamento. Y él descendió con Fura su criado hasta los puestos avanzados de la gente armada que estaba en el campamento. Y los madianitas, los amalecitas y los hijos del oriente estaban tendidos en el valle como langostas en multitud, y sus camellos eran innumerables como la arena que está a la ribera del mar en multitud. Cuando llegó Gedeón, he aquí que un hombre estaba contando a su compañero un sueño, diciendo: He aquí yo soñé un sueño: Veía un pan de cebada que rodaba hasta el campamento de Madián, y llegó a la tienda, y la golpeó de tal manera que cayó, y la trastornó de arriba abajo, y la tienda cayó. Y su compañero respondió y dijo: Esto no es otra cosa sino la espada de Gedeón hijo de Joás, varón de Israel. Dios ha entregado en sus manos a los madianitas con todo el campamento.”

Dios no solo le dio a conocer su voluntad a Gedeón sino que también lo ayudó a creerla y observa la manera tan maravillosa en que lo hizo: lo envió al campamento del enemigo a escuchar con sus propios oídos cómo alguien describía su victoria en contra de los Madianitas! El resultado de esta ayuda viene en el verso 15:

Jueces 7:15
“Cuando Gedeón oyó el relato del sueño y su interpretación, adoró; y vuelto al campamento de Israel, dijo: Levantaos, porque Jehová ha entregado el campamento de Madián en vuestras manos.”

Tan pronto como Gedeón escuchó el sueño y su interpretación, tuvo toda la seguridad de que el Señor había entregado los enemigos en sus manos y en las de los 300 hombres.

Jueces 7:16-22
“Y repartiendo los trescientos hombres en tres escuadrones, dio a todos ellos trompetas en sus manos, y cántaros vacíos con teas ardiendo dentro de los cántaros. Y les dijo: Miradme a mí, y haced como hago yo; he aquí que cuando yo llegue al extremo del campamento, haréis vosotros como hago yo. Yo tocaré la trompeta, y todos los que estarán conmigo; y vosotros tocaréis entonces las trompetas alrededor de todo el campamento, y diréis: !!Por Jehová y por Gedeón! Llegaron, pues, Gedeón y los cien hombres que llevaba consigo, al extremo del campamento, al principio de la guardia de la medianoche, cuando acababan de renovar los centinelas; y tocaron las trompetas, y quebraron los cántaros que llevaban en sus manos. Y los tres escuadrones tocaron las trompetas, y quebrando los cántaros tomaron en la mano izquierda las teas, y en la derecha las trompetas con que tocaban, y gritaron: !!Por la espada de Jehová y de Gedeón! Y se estuvieron firmes cada uno en su puesto en derredor del campamento; entonces todo el ejército echó a correr dando gritos y huyendo. Y los trescientos tocaban las trompetas; y Jehová puso la espada de cada uno contra su compañero en todo el campamento. Y el ejército huyó hasta Bet-sita, en dirección de Zerera, y hasta la frontera de Abel-mehola en Tabat.”

Gedeón siguiendo un atrevido plan y yendo a pelear en contra de una gran multitud con solo 300 hombres, armados con ................. trompetas, antorchas y jarros, finalmente vencieron a ese gran ejercito. Ahora, si alguien se pregunta porqué decidió pelear contra los madianitas de tal manera, la obvia respuesta es porque DIOS ASÍ LE DIJO. Si recordamos, fue Dios quien le dijo que reuniera a Israel para la batalla y fue Él que de la multitud de ellos escogió solo 300 hombres. Como el texto dice: “y Jehová puso la espada de cada uno contra su compañero en todo el campamento. Y el ejército huyó hasta Bet-sita, en dirección de Zerera, y hasta la frontera de Abel-mehola en Tabat”. Los versos 24 y 25 nos dan la parte final de esta gran victoria de los Israelitas:

Jueces 7:23-25
“Y juntándose los de Israel, de Neftalí, de Aser y de todo Manasés, siguieron a los madianitas. Gedeón también envió mensajeros por todo el monte de Efraín, diciendo: Descended al encuentro de los madianitas, y tomad los vados de Bet-bara y del Jordán antes que ellos lleguen. Y juntos todos los hombres de Efraín, tomaron los vados de Bet-bara y del Jordán. Y tomaron a dos príncipes de los madianitas, Oreb y Zeeb; y mataron a Oreb en la peña de Oreb, y a Zeeb lo mataron en el lagar de Zeeb; y después que siguieron a los madianitas, trajeron las cabezas de Oreb y de Zeeb a Gedeón al otro lado del Jordán.”

Como se ve, la fase final de la batalla asumió la contribución de otros israelitas también. El verso 28 del capitulo 8 nos da la magnitud del triunfo y la liberación que Dios le dio a Israel a través de Gedeón:

Jueces 8:28
“Así fue subyugado Madián delante de los hijos de Israel, y nunca más volvió a levantar cabeza. Y reposó la tierra cuarenta años en los días de Gedeón.”

Cuando los israelitas hicieron lo malo ante los ojos de Dios, traicionándolo y adorando a dioses falsos el resultado fue aflicción y gran pobreza. Sin embargo, cuando volvieron y encontraron su liberación, les envió un profeta para reprobarlos a través de su Palabra . Además, levantó a Gedeón para que fuera el líder. Él aunque era un hombre pobre y desconocido estaba dispuesto a hacer lo que Dios quería, y por consiguiente lo ayudó a lo largo del recorrido para completar la misión de la liberación de Israel. El resultado fue una grandiosa liberación para Israel así como tranquilidad durante los siguientes 40 años que siguió vivo Gedeón. Por supuesto, Gedeón fue grandemente bendecido. Como en Jueces 8:29-32 dice:

Jueces 8:29-32
“Luego Jerobaal hijo de Joás fue y habitó en su casa. Y tuvo Gedeón setenta hijos que constituyeron su descendencia, porque tuvo muchas mujeres. También su concubina que estaba en Siquem le dio un hijo, y le puso por nombre Abimelec. Y murió Gedeón hijo de Joás en buena vejez, y fue sepultado en el sepulcro de su padre Joás, en Ofra de los abiezeritas.”

También tuvo una larga y tranquila vida. Sin ya tener que esconder el trigo de los enemigos sino viviendo con su familia en paz.

Por lo tanto, para concluir: apartarse del Señor solo trae opresión y calamidad. Sin embargo, aunque se haga, Dios está siempre ahí listo para perdonar y librar a cualquiera que regrese a Él.

Aparte de eso, algo más que también se enseña en los registros que leímos es que cuando Dios dice algo, Él está dispuesto a ayudarnos a sobrellevarlo. Cosas así como señales, cuando vienen de Dios tiene que estar alineadas con Su Palabra y apoyar lo que ya está declarado como Su voluntad. Dios nos ha dado Su Palabra y las manifestaciones del espíritu para darnos a conocer Su voluntad. Si ahora necesitamos ayuda en el camino, deberíamos estar seguros que tendremos Su ayuda. No sé que tipo de ayuda será, lo que sí sé, es que cualquiera que ésta sea, será suficiente para apoyarnos todo el camino exactamente así como también lo fue para Gedeón.

Para aquellos que aman a Dios todas las cosas obran para bien  jose

En un par de temas pasados consideramos el bien conocido pasaje de Romanos 8:28, que dice:

Romanos 8:28
“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.”

Ahora, me gustaría volver a este pasaje y considerar su aplicación con un ejemplo del Antiguo Testamento: el ejemplo de José.

1. De la tierra de Canaán a Egipto

Para empezar, iremos a Génesis 37. Ahí, comenzando desde el verso 3 leemos:

Génesis 37: 3
“Y amaba Israel a José más que a todos sus hijos, porque lo había tenido en su vejez; y le hizo una túnica de diversos colores. Y viendo sus hermanos que su padre lo amaba más que a todos sus hermanos, le aborrecían, y no podían hablarle pacíficamente. Y soñó José un sueño, y lo contó a sus hermanos; y ellos llegaron a aborrecerle más todavía. Y él les dijo: Oíd ahora este sueño que he soñado: He aquí que atábamos manojos en medio del campo, y he aquí que mi manojo se levantaba y estaba derecho, y que vuestros manojos estaban alrededor y se inclinaban al mío. Le respondieron sus hermanos: ¿Reinarás tú sobre nosotros, o señorearás sobre nosotros? Y le aborrecieron aun más a causa de sus sueños y sus palabras. Soñó aun otro sueño, y lo contó a sus hermanos, diciendo: He aquí que he soñado otro sueño, y he aquí que el sol y la luna y once estrellas se inclinaban a mí. Y lo contó a su padre y a sus hermanos; y su padre le reprendió, y le dijo: ¿Qué sueño es este que soñaste? ¿Acaso vendremos yo y tu madre y tus hermanos a postrarnos en tierra ante ti? Y sus hermanos le tenían envidia, mas su padre meditaba en esto.”

Después, en Génesis 42, leemos el cumplimiento de los sueños de José respecto a sus hermanos:

Génesis 42:6-9
“José era el gobernador del país, y el que vendía trigo a todo el mundo. Cuando sus hermanos llegaron ante él, se postraron rostro en tierra. En cuanto José vio a sus hermanos, los reconoció; pero, fingiendo no conocerlos, les habló con rudeza: —¡Y ustedes!, ¿de dónde vienen? —Venimos de Canaán, para comprar alimento —contestaron. Aunque José los había reconocido, sus hermanos no lo reconocieron a él. En ese momento se acordó José de los sueños que había tenido acerca de ellos, y les dijo: —¡De seguro ustedes son espías, y han venido para investigar las zonas desprotegidas del país!” (NVI)

Como se puede notar, los sueños de José fueron proféticos. En otras palabras, era sueños que Dios le había dado, a través de los cuales le mostró lo que iba a pasar en el futuro, de hecho muchos años después1. Aunque parece que en lo anterior no hay nada extraño, lo vemos al recordar la reacción negativa de los hermanos de José. En verdad, no ocasionaban más que envidia y odio, lo cual se incrementó debido al amor especial que le tenía su padre. De hecho, odiaban tanto a José, que después de incluso pensar en matarlo (Génesis 37:18), finalmente lo vendieron a unos mercaderes que iban pasando y que se dirigían a Egipto:

Génesis 37: 25:28
“Luego se sentaron a comer. En eso, al levantar la vista, divisaron una caravana de ismaelitas que venía de Galaad. Sus camellos estaban cargados de perfumes, bálsamo y mirra, que llevaban a Egipto. Entonces Judá les propuso a sus hermanos: —¿Qué ganamos con matar a nuestro hermano y ocultar su muerte? En vez de eliminarlo, vendámoslo a los ismaelitas; al fin de cuentas, es nuestro propio hermano. Sus hermanos estuvieron de acuerdo con él, así que cuando los mercaderes madianitas se acercaron, sacaron a José de la cisterna y se lo vendieron a los ismaelitas por veinte monedas de plata. Fue así como se llevaron a José a Egipto.”

El odio de sus hermanos hizo que ellos lo vendieran como esclavo en Egipto, lejos de su padre y de su familia. Pero no lejos de Dios:

Génesis 39:1-6
“Cuando José fue llevado a Egipto, los ismaelitas que lo habían trasladado allá lo vendieron a Potifar, un egipcio que era funcionario del faraón y capitán de su guardia. Ahora bien, el Señor estaba con José y las cosas le salían muy bien. Mientras José vivía en la casa de su patrón egipcio, éste se dio cuenta de que el Señor estaba con José y lo hacía prosperar en todo. José se ganó la confianza de Potifar, y éste lo nombró mayordomo de toda su casa y le confió la administración de todos sus bienes. Por causa de José, el Señor bendijo la casa del egipcio Potifar a partir del momento en que puso a José a cargo de su casa y de todos sus bienes. La bendición del Señor se extendió sobre todo lo que tenía el egipcio, tanto en la casa como en el campo. Por esto Potifar dejó todo a cargo de José, y tan sólo se preocupaba por lo que tenía que comer. José tenía muy buen físico y era muy atractivo.” (NVI)

El Señor estaba con José, bendiciendo y fundamentando todo lo que hacía en la casa de Potifar. Su amo, viendo todo eso, lo hizo el mayordomo de su casa, poniendo bajo su cuidado todo lo que tenía. Sin embargo, las cosas cambiaron dramáticamente una vez más:

Génesis 39:6-15, 19-20
“Por esto Potifar dejó todo a cargo de José, y tan sólo se preocupaba por lo que tenía que comer. José tenía muy buen físico y era muy atractivo. Después de algún tiempo, la esposa de su patrón empezó a echarle el ojo y le propuso: —Acuéstate conmigo. Pero José no quiso saber nada, sino que le contestó: —Mire, señora: mi patrón ya no tiene que preocuparse de nada en la casa, porque todo me lo ha confiado a mí. En esta casa no hay nadie más importante que yo. Mi patrón no me ha negado nada, excepto meterme con usted, que es su esposa. ¿Cómo podría yo cometer tal maldad y pecar así contra Dios? Y por más que ella lo acosaba día tras día para que se acostara con ella y le hiciera compañía, José se mantuvo firme en su rechazo. Un día, en un momento en que todo el personal de servicio se encontraba ausente, José entró en la casa para cumplir con sus responsabilidades. Entonces la mujer de Potifar lo agarró del manto y le rogó: «¡Acuéstate conmigo. Pero José, dejando el manto en manos de ella, salió corriendo de la casa. Al ver ella que él había dejado el manto en sus manos y había salido corriendo, llamó a los siervos de la casa y les dijo: «¡Miren!, el hebreo que nos trajo mi esposo sólo ha venido a burlarse de nosotros. Entró a la casa con la intención de acostarse conmigo, pero yo grité con todas mis fuerzas. En cuanto me oyó gritar, salió corriendo y dejó su manto a mi lado.»… Cuando el patrón de José escuchó de labios de su mujer cómo la había tratado el esclavo, se enfureció y mandó que echaran a José en la cárcel donde estaban los presos del rey.”

Precisamente cuando la estabilidad estaba comenzando a surgir de nuevo para José, sucedió otra conspiración en contra suya y lo mandaron a la cárcel. Sin embargo, el Señor estaba con él aun ahí y le demostró su misericordia.

Génesis 39: 20-33
“y mandó que echaran a José en la cárcel donde estaban los presos del rey. Pero aun en la cárcel el Señor estaba con él y no dejó de mostrarle su amor. Hizo que se ganara la confianza del guardia de la cárcel, el cual puso a José a cargo de todos los prisioneros y de todo lo que allí se hacía. Como el Señor estaba con José y hacía prosperar todo lo que él hacía, el guardia de la cárcel no se preocupaba de nada de lo que dejaba en sus manos.”(NVI)

Dios estaba con José en la cárcel, así como también estaba con él en la casa de Potifar y en la tierra de Canaán. Estaba con él demostrándole su misericordia y su favor. Sin embargo, vamos a ponernos por un momento en los zapatos de José. Había sido expulsado de casa de su padre debido al odio de sus hermanos por lo sueños que José había tenido. Lo vendieron como esclavo a Egipto, pero su amo, traicionado por su esposa, lo mandó a la cárcel. Estaba solo, siendo esclavo en la prisión de un país en el cual él nunca habría escogido estar. Ciertamente, cosas así no serían precisamente lo que uno llamaría “bendiciones”. Sin embargo, el Señor estaba con él. Estaba con él demostrándole su misericordia. Y eso es lo verdaderamente importante. Así como José, es posible que no entendamos porqué estamos donde estamos, porqué sucedió lo que sucedió, pero ESO NO ES LO IMPORTANTE. Lo importante es que EL SEÑOR ESTÁ CON NOSOTROS. Así como dijo, “TODAS LAS COSAS OBRAN PARA BIEN” para aquellos que lo aman. Si lo amamos, TODAS LAS COSAS OBRAN PARA BIEN, incluso las cosas que no parecen ser “buenas” y aún las cosas que no entendemos por completo.

Volviendo a José, los versos 1-8 del capítulo 40 dicen:

Génesis 40:1-8
“Tiempo después, el copero y el panadero del rey de Egipto ofendieron a su señor. El faraón se enojó contra estos dos funcionarios suyos, es decir, contra el jefe de los coperos y el jefe de los panaderos, así que los mandó presos a la casa del capitán de la guardia, que era la misma cárcel donde estaba preso José. Allí el capitán de la guardia le encargó a José que atendiera a estos funcionarios. Después de haber estado algún tiempo en la cárcel, una noche los dos funcionarios, es decir, el copero y el panadero, tuvieron cada uno un sueño, cada sueño con su propio significado. A la mañana siguiente, cuando José fue a verlos, los encontró muy preocupados, y por eso les preguntó: —¿Por qué andan hoy tan cabizbajos? —Los dos tuvimos un sueño —respondieron—, y no hay nadie que nos lo interprete. —¿Acaso no es Dios quien da la interpretación? —preguntó José—. ¿Por qué no me cuentan lo que soñaron?”

“¿Acaso no es Dios quien da la interpretación?”, José dijo, a Él le pertenece TODA INTERPRETACIÓN. Entonces, los dos egipcios le contaron sus sueños a José quien a su vez les dio la interpretación. Eso significa que esos sueños tenían significado, esto es, eran sueños que venían de Dios (Él fue quien dio la interpretación). De acuerdo a eso, uno de los dos oficiales iba a ser ejecutado y el otro devuelto a su puesto. Y a éste último, José le pidió que se acordara de él y que le hablara de él al faraón:

Génesis 40:14-15
“Yo le ruego que no se olvide de mí. Por favor, cuando todo se haya arreglado, háblele usted de mí al faraón para que me saque de esta cárcel. A mí me trajeron por la fuerza, de la tierra de los hebreos. ¡Yo no hice nada aquí para que me echaran en la cárcel!”

No obstante, cuando el jefe de los coperos fue devuelto a su puesto se olvidó de José por completo:

Génesis 40:23
“Sin embargo, el jefe de los coperos no se acordó de José, sino que se olvidó de él por completo.”

Resumiendo todo lo anterior, la historia de José es la historia de un hombre que no había cometido mal alguno y aun así había sido perseguido. Es la historia de un hombre quien por mucho tiempo vivió una vida con muchos “porqués” y muy pocas respuestas, aun con la continua PRESENCIA DEL SEÑOR. Sus hermanos lo vendieron como esclavo a Egipto, porque lo odiaban por los sueños que Dios le había dado. Su jefe en Egipto lo puso en prisión, habiendo sido traicionado por la esposa de él, aunque lo único que había hecho José era cuidar de su casa. El jefe de los coperos, tan pronto había sido devuelto a su puesto, se olvidó de lo que José le había pedido. Es difícil entender el bien en todas estas cosas y la razón por la cual le sucedieron a este hombre de Dios. Sin embargo, a pesar de no entender, José tenía FE en Dios. No pecó en la casa de Potifar porque temía al Señor. Valientemente se refirió al Señor con los dos egipcios y mediante Su Espíritu les dio la interpretación de sus sueños. El no entender no obstruyó su confianza en Dios. Es posible que tu tampoco entiendas las razones por las cuales te han sucedido las cosas, pero no deberías tampoco permitir que el no entender sea una barrera para tu fe: PARA LOS QUE AMAN A DIOS TODAS LAS COSAS OBRAN PARA BIEN, y ten la seguridad de que es tan cierto para ti como lo fue para José.

2. De la prisión al palacio

Continuando, el capítulo 31 nos habla sobre otro sueño, pero que en esta ocasión había tenido el Faraón:

Génesis 41:1-14
“Dos años más tarde, el faraón tuvo un sueño: Estaba de pie junto al río Nilo cuando, de pronto, del río salieron siete vacas hermosas y gordas que se pusieron a pastar entre los juncos. Detrás de ellas salieron otras siete vacas, feas y flacas, que se pararon a orillas del Nilo, junto a las primeras. ¡Y las vacas feas y flacas se comieron a las vacas hermosas y gordas! En ese momento el faraón se despertó. Pero volvió a dormirse, y tuvo otro sueño: Siete espigas de trigo, grandes y hermosas, crecían de un solo tallo. Tras ellas brotaron otras siete espigas, delgadas y quemadas por el viento solano. ¡Y las siete espigas delgadas se comieron a las espigas grandes y hermosas! En eso el faraón se despertó y se dio cuenta de que sólo era un sueño. Sin embargo, a la mañana siguiente se levantó muy preocupado, mandó llamar a todos los magos y sabios de Egipto, y les contó los dos sueños. Pero nadie se los pudo interpretar. Entonces el jefe de los coperos le dijo al faraón: «Ahora me doy cuenta del grave error que he cometido. Cuando el faraón se enojó con sus servidores, es decir, conmigo y con el jefe de los panaderos, nos mandó a la cárcel, bajo la custodia del capitán de la guardia. Una misma noche, los dos tuvimos un sueño, cada sueño con su propio significado. Allí, con nosotros, había un joven hebreo, esclavo del capitán de la guardia. Le contamos nuestros sueños, y a cada uno nos interpretó el sueño. ¡Y todo sucedió tal como él lo había interpretado! A mí me restituyeron mi cargo, y al jefe de los panaderos lo ahorcaron.» El faraón mandó llamar a José, y en seguida lo sacaron de la cárcel. Luego de afeitarse y cambiarse de ropa, José se presentó ante el faraón.”

Pasaron dos años hasta que el jefe de los coperos se acordó de José. Ahora, uno puede preguntar: “¿Porqué pasó todo ese tiempo y no desde el principio?” Sin embargo, la respuesta es simple: PORQUE ESA ERA LA VOLUNTAD DE DIOS. Vivimos en una era donde queremos que todo se haga RÁPIDO. Por otro lado, Dios quiere que todo se haga de LO MEJOR, y rápido no es necesariamente lo mejor. Por lo cual, José tuvo que pasar dos años más en la cárcel hasta que el faraón tuvo esos sueños que Dios le había dado. Como José dijo después, dando la interpretación, “DIOS ha mostrado al faraón lo que está por hacer” (Génesis 41:25). Fue el Señor quien escogió ese tiempo para darle esos sueños al faraón. Ahora, regresando un paso atrás, fue el Señor quien dos años antes había dado eso sueños a los oficiales del faraón y quien a su vez los interpretó a través de José. Fue el Señor quien llevó a José a la casa de Potifar y fue Él quien permitió que pasaran las cosas que finalmente lo llevaron a prisión2. Fue el Señor el que le dio esos dos sueños a José, los cuales hicieron que sus hermanos lo envidiaran y odiaran aun más hasta el punto de venderlo como esclavo a Egipto. Probablemente hemos empezado a entender poco a poco el plan de Dios y lo vamos a entender aun mejor conforme vayamos avanzando.

Entonces José, a través del espíritu del Señor, interpretó los sueños al faraón. Egipto iba a tener abundancia en las cosechas durante siete años. Sin embargo, ese período iba a ser seguido por otros siete años de hambre. José también le dijo al faraón cómo manejar la situación. Y al final:

Génesis 41:37-45
“El asunto pareció bien a Faraón y a sus siervos, y dijo Faraón a sus siervos: ¿Acaso hallaremos a otro hombre como éste, en quien esté el espíritu de Dios? Y dijo Faraón a José: Pues que Dios te ha hecho saber todo esto, no hay entendido ni sabio como tú. Tú estarás sobre mi casa, y por tu palabra se gobernará todo mi pueblo; solamente en el trono seré yo mayor que tú. Dijo además Faraón a José: He aquí yo te he puesto sobre toda la tierra de Egipto. Entonces Faraón quitó su anillo de su mano, y lo puso en la mano de José, y lo hizo vestir de ropas de lino finísimo, y puso un collar de oro en su cuello; y lo hizo subir en su segundo carro, y pregonaron delante de él: Doblad la rodilla!; y lo puso sobre toda la tierra de Egipto. Y dijo Faraón a José: Yo soy Faraón; y sin ti ninguno alzará su mano ni su pie en toda la tierra de Egipto. Y llamó Faraón el nombre de José, Zafnat-panea; y le dio por mujer a Asenat, hija de Potifera sacerdote de On. Y salió José por toda la tierra de Egipto.”

En tan solo unos minutos, José pasó de estar en la cárcel y ser esclavo a ser el primer ministro. Fue hecho el segundo en mando sobre ¡toda la tierra de Egipto! Eso no sucedió paulatinamente sino de inmediato. Si ahora te encuentras en una situación en la que no te sientes a gusto, una situación de la cual te quieras deshacer, el Señor te puede sacar de ella. Lo puede hacer muy rápido, cambiando las cosas de arriba abajo en tan solo unos momentos. Así como sucederá con nuestro rapto, por ejemplo. Sucederá, dice la Palabra, “en un momento, en un parpadear” (1 de Corintios 15:52). Cierras tus ojos estando en la tierra haciendo tus cosas, luego los abres y ¡estas en el aire junto con el Señor Jesucristo y todos los santos! ¡Solo va a tomar un momento! DIOS TIENE EL PODER PARA HACERLO Y VA A HACERLO. También tiene el tiempo en el cual lo llevará a cabo. Ese tiempo había llegado para José. Pasó por muchas cosas, pero el Señor siempre estaba con él. Las cosas que le sucedieron no fueron accidentales, sino que fueron parte del plan del Señor que al final lo llevaron frente al faraón. Removiendo el final (y aun no lo hemos visto), sería muy difícil para alguien entender cómo esos eventos en la vida de José obrarían para bien. De seguro para José también. Sin saber lo que iba a pasar al final, no podía entender ni podía CREER. Probablemente seas débil en entender y te exhorto a que NO LO SEAS…. No seas débil en creer lo que la Palabra de Dios dice para todo lo que estés pasando ahora: por lo tanto, SI AMAS A DIOS, TODAS LAS COSAS OBRAN PARA BIEN, aún si lo entiendes o no.

Volviendo a José, su ascenso a la posición de segundo en mando en toda la tierra de Egipto no era el final del plan de Dios. Cuando vinieron los siete años de hambre, la tierra en donde estaba su familia también se vio afectada:

Génesis 41:56-57, 42:1-3, 6-9
“Y el hambre estaba por toda la extensión del país. Entonces abrió José todo granero donde había, y vendía a los egipcios; porque había crecido el hambre en la tierra de Egipto. Y de toda la tierra venían a Egipto para comprar de José, porque por toda la tierra había crecido el hambre… Viendo Jacob que en Egipto había alimentos, dijo a sus hijos: ¿Por qué os estáis mirando? Y dijo: He aquí, yo he oído que hay víveres en Egipto; descended allá, y comprad de allí para nosotros, para que podamos vivir, y no muramos. Y descendieron los diez hermanos de José a comprar trigo en Egipto…. Y José era el señor de la tierra, quien le vendía a todo el pueblo de la tierra; y llegaron los hermanos de José, y se inclinaron a él rostro a tierra. Y José, cuando vio a sus hermanos, los conoció; mas hizo como que no los conocía, y les habló ásperamente, y les dijo: ¿De dónde habéis venido? Ellos respondieron: De la tierra de Canaán, para comprar alimentos. José, pues, conoció a sus hermanos; pero ellos no le conocieron. Entonces se acordó José de los sueños que había tenido acerca de ellos, y les dijo: Espías sois; por ver lo descubierto del país habéis venido.”

Muchos años antes, el Señor le había dado a José dos sueños, donde sus hermanos se postraban ante él. De hecho, debido a esos sueños sus hermanos lo odiaron mucho más que hasta lo vendieron como esclavo a Egipto. Desde entonces, pasó mucho tiempo para que esos sueños se cumplieran y los hermanos se encontraran de nuevo con José. Sin embargo, en el primer momento, José no les dijo a sus hermanos quién era, sino que pretendió como si no los conociera acusándolos de ser espías. Luego, después de haberlos retenido por tres días, les pidió que se fueran y trajeran a Benjamín, mientras que José iba a retener a uno de ellos hasta que volvieran. Eso turbó a los hermanos y consideraron que lo que le habían hecho a José muchos años atrás estaba causando la situación de ese momento. Así que, sin ellos saber que el gobernador frente al cual estaban era José, confesaron su culpa por lo que le habían hecho:

Génesis 42:21-24
“Y decían el uno al otro: Verdaderamente hemos pecado contra nuestro hermano, pues vimos la angustia de su alma cuando nos rogaba, y no le escuchamos; por eso ha venido sobre nosotros esta angustia. Entonces Rubén les respondió, diciendo: ¿No os hablé yo y dije: No pequéis contra el joven, y no escuchasteis? He aquí también se nos demanda su sangre. Pero ellos no sabían que los entendía José, porque había intérprete entre ellos. Y se apartó José de ellos, y lloró; después volvió a ellos, y les habló, y tomó de entre ellos a Simeón, y lo aprisionó a vista de ellos.”

La última vez que José había visto a sus hermanos era cuando lo vendieron a Egipto, hace muchos años. Cuando los volvió a ver fue en el momento del cumplimiento de su los sueños por los cuales lo habían vendido y cuando confesaron su culpabilidad por lo que le habían hecho. Ahí se dio cuenta que sus hermanos se habían arrepentido: ¡lo confesaron frente a él! Verdaderamente, cómo el Señor acomoda las cosas y las heridas y malentendidos del pasado los sana tan solo en unos momentos.

Regresando a José, retuvo a Simeón, mientras que sus hermanos regresaron a Canaán para traer a Benjamín. Después de que lo trajeron, José les permitió irse, para tan solo hacerlos regresar rápidamente, acusándolos de haber robado su copa de plata la cual José mismo había escondido en la bolsa de Benjamín (Génesis 44:2). Debido a eso, José demandó que el muchacho se quedara como esclavo en Egipto. Oyendo eso, sus hermanos “se postraron rostro en tierra” y le rogaron por Benjamín. (Génesis 44:14:34). Luego:

Génesis 45:1-8
“No podía ya José contenerse delante de todos los que estaban al lado suyo, y clamó: Haced salir de mi presencia a todos. Y no quedó nadie con él, al darse a conocer José a sus hermanos. Entonces se dio a llorar a gritos; y oyeron los egipcios, y oyó también la casa de Faraón. Y dijo José a sus hermanos: Yo soy José; ¿vive aún mi padre? Y sus hermanos no pudieron responderle, porque estaban turbados delante de él. Entonces dijo José a sus hermanos: Acercaos ahora a mí. Y ellos se acercaron. Y él dijo: Yo soy José vuestro hermano, el que vendisteis para Egipto. Ahora, pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá; porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros. Pues ya ha habido dos años de hambre en medio de la tierra, y aún quedan cinco años en los cuales ni habrá arada ni siega. Y Dios me envió delante de vosotros, para preservaros posteridad sobre la tierra, y para daros vida por medio de gran liberación. Así, pues, no me enviasteis acá vosotros, sino Dios, que me ha puesto por padre de Faraón y por señor de toda su casa, y por gobernador en toda la tierra de Egipto.”

Y Génesis 50:20
“Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bienpara hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo.”

En el pasaje anterior enfaticé las palabras “mas” y “para”, las cuales son palabras que introducen RESPUESTAS. Son palabras que responden las preguntas que empiezan con “porqué”. Era el momento de las respuestas. Era el tiempo para el plan de Dios, para que la misión de José en Egipto se diera a conocer por completo. Era el mismo plan que había empezado muchos años antes en Canaán, con los dos sueños que José había tenido causando el odio de sus hermanos que después lo vendieron a Egipto. Sin embargo, sus hermanos y esos hechos fueron herramientas que Dios utilizó para que sucediera Su voluntad. FUE DIOS QUIEN ENVIÓ A JOSÉ A EGIPTO Y NO SUS HERMANOS. FUE DIOS QUIEN LO SITUÓ EN LA CASA DE POTIFAR Y LE DIO GRACIA FRENTE A ÉL, Y FUE ÉL TAMBIEN QUIEN LO LLEVÓ A PRISIÓN. FUE DIOS QUIEN LE DIO LOS SUENOS A LOS DOS OFICIALES DE FARAON ASÍ COMO SU INTERPRETACIÓN A TRAVÉS DE JOSÉ. FUE DIOS QUIEN DESPUÉS DE DOS AÑOS LE DIO AL FARAÓN AQUELLOS SUENOS Y El QUE A TRAVÉS DEL JEFE DE LOS COPEROS TRAJO AL PALACIO. FUE DIOS QUIEN DIO LA INTERPRETACIÓN A JOSÉ Y FUE ÉL QUIEN LO HIZO EL SEGUNDO EN MANDO EN EGIPTO. FUE ÉL QUIEN TRAJO A LOS HERMANOS A POSTRARSE FRENTE A JOSÉ EN EGIPTO Y A CONFESAR SU CULPA FRENTE A ÉL. FUE ÉL QUIEN PRESERVÓ LA VIDA DEL PUEBLO DE ISRAEL. Verdaderamente, Israel se fue de Egipto siglos después, con miles y miles de personas y con el camino que la Palabra de Dios dice. Dios tenía sus propios planes para Israel y TODO LO QUE LE SUCEDIÓ A JOSÉ FUE PARA BIEN, aunque no pareciera así desde el principio, y aunque no se había entendido sino hasta muchos años después.


                             ¿Por qué la sana doctrina es tan importante?


Pablo le encarga a Tito: "Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina" (Tito 2:1). Dicha orden deja en claro que la sana doctrina es importante. Pero, ¿por qué es importante? ¿Realmente lo que creemos marca la diferencia?


La sana doctrina es importante porque nuestra fe se basa en un mensaje específico. Toda la doctrina de la iglesia contiene muchos elementos, pero el mensaje principal se define claramente: "Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; [y]. . . que resucitó al tercer día, conforme a las escrituras" (1 Corintios 15:3-4). Estas son las incuestionables buenas nuevas, y son de "de vital importancia". Cambiar ese mensaje y la base de la fe, hace que cambiemos a Cristo por algo diferente. Nuestro destino eterno depende del escuchar "la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación" (Efesios 1:13; ver también 2 Tesalonicenses 2:13-14).


La sana doctrina es importante, porque el evangelio es un deber sagrado, y no nos atrevemos a manipular la comunicación de Dios al mundo. Nuestro deber es entregar el mensaje, no de cambiarlo. Judas expresa un sentido de urgencia para guardar la fe: ". . . me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos" (Judas 1:3; ver también Filipenses 1:27). "Contender" lleva la idea de luchar incansablemente por algo y de dar todo lo que tiene. La biblia incluye una advertencia de no agregar ni de quitar a la palabra de Dios (Apocalipsis 22:18-19). En lugar de modificar la doctrina de los apóstoles, recibimos lo que nos han transmitido y guardamos "la forma de la sana enseñanza, con fe y amor que es en Cristo Jesús" (2 Timoteo 1:13).


La sana doctrina es importante porque lo que creemos afecta lo que hacemos. El comportamiento es una extensión de la teología, y existe una correlación directa entre lo que pensamos y cómo actuamos. Por ejemplo, dos personas se paran en la parte alta de un puente; uno cree que puede volar, y el otro considera que no puede volar. Su siguiente acto será bastante diferente. De la misma manera, un hombre que cree que no hay tal cosa como el bien y el mal, naturalmente se comportará de manera diferente a un hombre que cree en las normas morales bien definidas. En una de las listas de pecados que se encuentran en la biblia, se mencionan cosas como la rebelión, el asesinato, la mentira y el comercio de esclavos. La lista concluye con "y para cuanto se oponga a la sana doctrina" (1 Timoteo 1:9-10). En otras palabras, la verdadera enseñanza promueve la justicia; el pecado florece cuando se opone a la "sana doctrina".


La sana doctrina es importante porque debemos verificar la verdad en un mundo de mentira. "Muchos falsos profetas han salido por el mundo" (1 Juan 4:1). Hay cizaña entre el trigo y lobos en medio de las ovejas (Mateo 13:25; Hechos 20:29). La mejor manera de distinguir la verdad de la mentira, es saber cuál es la verdad.


La sana doctrina es importante porque el final de la sana doctrina es la vida. "Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren" (1 Timoteo 4:16). Por el contrario, el final de la falsa doctrina es la destrucción. "Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo" (Judas 1:4). Cambiar el mensaje de la gracia de Dios, es hacer algo "pecaminoso", y la condena de tal acción es grave. Predicar otro evangelio ("que en realidad no es evangelio para nada"), conlleva un anatema: "¡que caiga bajo maldición!" (Gálatas 1:6-9).


La sana doctrina es importante porque anima a los creyentes. Un amor por la palabra de Dios trae "mucha paz" (Salmo 119:165), y "los que anuncian la paz. . . los que publican salvación" son realmente "hermosos" (Isaías 52:7). Un pastor "debe retener la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen" (Tito 1:9).


La palabra de la sabiduría es: "No traspases los linderos antiguos que pusieron tus padres" (Proverbios 22:28). Si podemos aplicar esto a la sana doctrina, la lección es que debemos preservarla intacta. Que nunca nos alejemos de "la sincera fidelidad a Cristo" (2 Corintios 11:3).

¿Es posiPero en una iglesia con una cultura de evangelismo, se anima a cada miembro a desempeñar un papel dentro del esfuerzo general de la iglesia por alcanzar a las personas de su entorno con el mensaje de salvación en Jesús. Se convierte en parte de la vida de cada creyente.

3 ingredientes de una cultura de evangelismo

Si estás buscando crear una cultura de evangelismo en tu iglesia local, estos son tres ingredientes que pueden ayudarte.

1. El evangelio: El combustible para una cultura de evangelismo

El mensaje del evangelio es el combustible que alimenta una cultura de evangelismo en una iglesia. Por naturaleza, todos compartimos las cosas que emocionan nuestros corazones. Cuando mi equipo favorito de fútbol americano ganó su primer Super Tazón en 2018, nadie pudo callarme al respecto. De la misma manera, si queremos crear culturas en nuestras iglesias donde sea natural para los miembros hablar sobre el mensaje del evangelio con los no cristianos, entonces necesitamos ayudar a nuestros miembros a enamorarse profundamente del evangelio.

Es mejor que tu iglesia tenga una cultura de evangelismo, que solo una serie de actividades evangelísticas

Eso significa que deben entender el mensaje del evangelio. También significa que la belleza del mensaje del evangelio debe exponerse semana tras semana en nuestras iglesias. Cuando los cristianos comprendan realmente la profundidad de su pecado, la maravillosa santidad de Dios, la perfección de Cristo y la profundidad de Sus sufrimientos por ellos, el poder de Su resurrección y el don de la vida eterna para todos los que se arrepientan y crean, nuestro afecto por Cristo crecerá.

El mensaje del evangelio también libera a los cristianos de las motivaciones que podrían llevarles a rechazar el evangelismo. El evangelio dice que no tenemos que evangelizar para ganarnos el amor de Dios. Nuestra posición en la familia de Dios no depende de la frecuencia o de lo bien que compartamos el evangelio. En cambio, podemos estar seguros del amor de Dios, que nos libera de la preocupación por las opiniones de la gente que nos rodea y que nos hace tener miedo de hablar de Jesús.

2. La oración: El poder de una cultura de evangelismo

En segundo lugar, una iglesia que comparte el evangelio debe estar comprometida con la oración. El evangelismo parece una tarea desesperanzadora. Estamos llamando a personas espiritualmente muertas a abrazar la vida. ¿Cómo vamos a equipar y animar a las personas para ese trabajo? Parece totalmente inútil.

Por eso, una cultura evangelizadora debe comenzar por una cultura de oración. En la oración, los cristianos acuden al Señor confesando su insuficiencia para la tarea de la evangelización y la fuerza suficiente de Dios. Solo Dios puede hacer que las semillas que sembramos broten para vida eterna en nuestros oyentes, y por eso debemos empezar por la oración.

En nuestra iglesia, esto ocurre especialmente los domingos por la tarde. Nos reunimos como congregación para orar que el Señor difunda Su evangelio a través de nosotros. Los asistentes comparten las conversaciones sobre el evangelio que han tenido durante la semana anterior, o las oportunidades que esperan tener la semana siguiente.

Este tiempo de oración sirve para varias cosas. Primero, encomienda estas cosas al Señor, quien normalmente nos hace pedir antes de recibir en estos asuntos (Stg 4:2).

Segundo, involucra a toda la iglesia en la labor de compartir el evangelio. No es una carga ni un proyecto que emprendamos solos, sino que tenemos hermanos y hermanas que oran y nos animan.

Tercero, este compartir deja claro que el evangelismo es obra de cristianos «normales». Las personas que piden oración no suelen ser pastores, ancianos o evangelistas con talento. Son simplemente creyentes que han abrazado su llamado a compartir las buenas nuevas con las personas que les rodean.

En la oración, los cristianos acuden al Señor confesando su insuficiencia para la tarea de la evangelización y la fuerza suficiente de Dios

Por último, este tiempo de oración ofrece a los asistentes un buen punto de partida para acercarse a sus vecinos y compañeros de trabajo. Si las personas están nerviosas o inseguras acerca de compartir las buenas nuevas, les animamos a comenzar con oración. Pueden orar para que el Señor les brinde oportunidades y para que Él atraiga la atención de las personas que necesitan el evangelio. Es un primer paso mucho menos intimidante que salir corriendo con un folleto en la mano.

3. La capacitación: El plano para una cultura de evangelismo

Un tercer ingrediente es la capacitación, el plano para una cultura de evangelismo. Recuerda que el objetivo es que nuestras iglesias tengan culturas de evangelismo y no meros programas de evangelización. Pero eso no significa que no haya lugar para que los líderes de la iglesia organicen y equipen a las personas para compartir el evangelio. De hecho, el amor por el evangelio y la oración pueden no ser suficientes para motivar a los cristianos a un estilo de vida de evangelismo.

Aunque el evangelismo será algo natural para algunas personas de la congregación, habrá muchas que aman el evangelio y oran fielmente, pero necesitan ser equipadas para compartir el evangelio. Estas son algunas maneras en las que los líderes de la iglesia pueden equipar a la congregación:

Recomienda buenos libros sobre el tema. El evangelismo y la soberanía de Dios, de J.I. Packer, y La Evangelización, de Mack Stiles, son dos de mis favoritos. Lee estos libros con las personas que estás discipulando, regálalos a personas que los leerán, o ponlos a disposición a través de la biblioteca de tu iglesia.

Lleva contigo a otras personas cuando tengas la oportunidad de compartir el evangelio. Cuando me invitan a dar una charla evangelística, llevo conmigo a algún joven de la iglesia. Es una buena oportunidad para darles ejemplo de cómo compartir las buenas nuevas.

Dirígete a los no creyentes en tus sermones. Tu gente crecerá al escucharte hablar de las afirmaciones del evangelio a personas que no conocen a Jesús. Toma tiempo para considerar cuidadosamente las preguntas u objeciones que un incrédulo podría tener al mensaje de tu sermón y luego habla de esos temas.

Organiza reuniones evangelísticas en las que las personas puedan llevar a sus amigos y recibir ayuda para compartir el evangelio. Si tu iglesia puede organizar una reunión de alcance en un café o utilizar algún programa evangelístico, darás oportunidades a la congregación para que inviten a sus amigos y observen cómo ellos también pueden compartir el evangelio.

Mejor que el mejor programa 

No existe ningún programa que pueda crear una cultura evangelística en tu iglesia. Por el contrario, requerirá que los líderes de la iglesia enseñen, modelen y oren hasta que los miembros de la iglesia se den cuenta de que compartir el evangelio es su privilegio y responsabilidad. Una iglesia con tal cultura será mucho más fructífera y efectiva que una iglesia con los programas y estrategias más efectivos.

ble que se borre el nombre de una persona del Libro de la Vida?



Apocalipsis 22:19 dice: "Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro". Este versículo por lo general forma parte del debate sobre la seguridad eterna. ¿Acaso Apocalipsis 22:19 quiere decir que, después de que el nombre de una persona está escrito en el Libro de la Vida del Cordero, en algún momento en el futuro puede ser borrado? En otras palabras, ¿puede un cristiano perder su salvación?

En primer lugar, las Escrituras son claras en cuanto a que un verdadero creyente está seguro por el poder de Dios, sellado para el día de la redención (Efesios 4:30), y de todos aquellos que el Padre ha dado al Hijo, Él no perderá a ninguno (Juan 6:39). El Señor Jesucristo proclamó: "y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre" (Juan 10:28-29b). La salvación es obra de Dios, no nuestra (Tito 3:5), y es Su poder el que nos guarda.

Si el "alguno" al que se refiere Apocalipsis 22:19 no es un creyente, ¿quién es? En otras palabras, ¿quién podría querer añadir o quitar algo a las palabras de la Biblia? Lo más probable es que esta manipulación de la Palabra de Dios no la hagan los verdaderos creyentes, sino los que sólo profesan ser cristianos y suponen que sus nombres están en el Libro de la Vida. En términos generales, los dos principales grupos que tradicionalmente han alterado la revelación de Dios son las sectas pseudocristianas y los seguidores de creencias teológicas muy liberales. Muchas sectas y liberales teológicos proclaman el nombre de Cristo como propio, pero no son "nacidos de nuevo", que es el término bíblico definitivo para referirse a un cristiano.

La Biblia cita varios ejemplos de aquellos que pensaban que eran creyentes, pero cuya confesión resultó ser falsa. En Juan 15, Jesús se refiere a ellos como pámpanos que no permanecieron en Él, la Vid verdadera, y por lo tanto no produjeron ningún fruto. Sabemos que son falsos porque "por sus frutos los conoceréis" (Mateo 7:1620); los verdaderos discípulos mostrarán el fruto del Espíritu Santo que mora en ellos (Gálatas 5:22). En 2 Pedro 2:22, los falsos seguidores son perros que vuelven a su propio vómito y una puerca que "después de lavarse vuelve a revolcarse en el cieno". La rama estéril, el perro y el cerdo son todos símbolos de aquellos que profesan tener la salvación, pero que no tienen nada más que su propia justicia en que confiar, no la justicia de Cristo que verdaderamente salva. Es poco probable que aquellos que se han arrepentido de su pecado y han nacido de nuevo manipulen voluntariamente la Palabra de Dios de esta manera, añadiéndole o quitándole algo. Corromper a propósito la Palabra de Dios revela una falta de fe

Hay otra consideración importante sobre el significado de Apocalipsis 22:19, y tiene que ver con la traducción. Ningún manuscrito griego antiguo menciona siquiera el "libro de la vida"; en cambio, todos los manuscritos griegos tienen "árbol de la vida". Así es como se lee Apocalipsis 22:19 en la NVI: "Y, si alguno quita palabras de este libro de profecía, Dios le quitará su parte del árbol de la vida y de la ciudad santa, descritos en este libro". Otras traducciones con "árbol" en lugar de "libro" son la LBLA, DHH, NBLA, TLA, entre otras. La RVR es casi la única que lo traduce como el "libro" de la vida. El error surgió cuando Erasmo, al compilar su texto griego, se vio obligado a traducir los últimos seis versículos del Apocalipsis de la Vulgata latina al griego. Lo de "árbol" se convirtió en "libro" porque un escriba había sustituido accidentalmente la jerga latina ("árbol") por "libro". Todas las traducciones que siguen el Textus Receptus, como la versión Reina Valera, dicen incorrectamente "libro" en lugar de "árbol" de la vida.

A favor de la traducción "árbol de la vida" en lugar de la traducción "libro de la vida" hay otros dos versículos en el mismo capítulo: Apocalipsis 22:2 y 14. Ambos mencionan el "árbol de la vida" y la "ciudad" juntos, igual que el versículo 19. Además, la palabra porción o parte es muy importante. El que corrompa la Palabra de Dios no tendrá acceso al árbol de la vida, a pesar de cualquier derecho que crea tener sobre ese fruto.

Apocalipsis 3:5 es otro versículo que influye en este tema. "El que venciere...y no borraré su nombre del libro de la vida". El "vencedor" mencionado en esta carta a Sardis es el cristiano. Comparar con 1 Juan 5:4: "Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo". Y el versículo 5: "¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?". (Ver también 1 Juan 2:13.) Todos los creyentes son "vencedores" en el sentido de que se les ha concedido la victoria sobre el pecado y la incredulidad del mundo.

Algunas personas ven en Apocalipsis 3:5 la imagen de la pluma de Dios lista para tachar el nombre de cualquier cristiano que peque. Ellos interpretan esto de la siguiente manera: "Si te equivocas y no ganas la victoria, ¡perderás tu salvación! De hecho, ¡borraré tu nombre del Libro de la Vida!". Pero esto NO es lo que dice el versículo. Jesús está dando una promesa aquí, no una advertencia.

La Escritura nunca dice que Dios borre el nombre de un creyente del Libro de la Vida del Cordero; nunca hay siquiera una advertencia de que Él lo esté pensando. La maravillosa promesa de Apocalipsis 3:5 es que Jesús NO borrará el nombre de nadie. Hablando a los "vencedores"-todos aquellos redimidos por la sangre del Cordero-Jesús da Su palabra de que Él no borrará sus nombres. Él afirma que, una vez que un nombre está allí, está allí para siempre. Esta afirmación se basa en la fidelidad de Dios.

La promesa de Apocalipsis 3:5 está dirigida a los creyentes, que están seguros de su salvación. Por el contrario, la advertencia de Apocalipsis 22:19 se dirige a los incrédulos que, en vez de cambiar su corazón hacia Dios, intentan cambiar la Palabra de Dios para adaptarse a sí mismos. Tales personas no comerán del árbol de la vida.

                                         PORQUE CONFIAR EN DIOS

Debemos leer y estudiar la Biblia simplemente porque es la Palabra de Dios para nosotros. 2 Timoteo 3:16 dice que la Biblia es “inspirada por Dios”. En otras palabras, son las mismísimas palabras de Dios para nosotros. Hay muchas preguntas que los filósofos se han hecho y que Dios nos las responde en las Escrituras: ¿Cuál es el propósito de la vida? ¿De dónde vengo? ¿Existe vida después de la muerte? ¿Cómo puedo ir al cielo? ¿Por qué está el mundo tan lleno de maldad? ¿Por qué me cuesta tanto trabajo hacer lo bueno? Adicionalmente a estas “grandes” preguntas, la Biblia nos proporciona un sin número de consejos prácticos en áreas tales como: ¿Qué debo buscar en mi pareja? ¿Cómo puedo tener un matrimonio exitoso? ¿Cómo puedo ser un buen amigo? ¿Cómo puedo ser un buen padre / madre? ¿Qué es el éxito y cómo puedo alcanzarlo? ¿Cómo puedo cambiar? ¿Qué es lo más importante en la vida? ¿Cómo puedo vivir para que no tenga que arrepentirme en un futuro?¿Cómo puedo manejar las circunstancias adversas y eventos injustos de la vida para salir victorioso?


Debemos leer y estudiar la Biblia porque es totalmente confiable y sin error. La Biblia es única entre muchos auto-nombrados libros “sagrados”, porque no sólo ofrece enseñanzas morales y dice “confía en mí”, más bien, nos ofrece la oportunidad de probarla, corroborando cientos de detalladas profecías que contiene, verificando los eventos históricos que relata, y comprobando los hechos científicos que describe. Aquellos que dicen que la Biblia tiene errores, deben tener sus oídos cerrados a la verdad. Jesús preguntó una vez, “¿Qué es más fácil, decir: tus pecados te son perdonados o decir: levántate y anda?” (Lucas 5:23). Luego, Él probó que tenía el poder para perdonar los pecados (algo que no podemos ver físicamente) sanando al paralítico (algo que los que lo rodeaban pudieron atestiguar con sus ojos). De manera similar, tenemos la seguridad de que la Palabra de Dios es verdad cuando se discuten aspectos espirituales que no podemos atestiguar con nuestros sentidos físicos, pero mostrando su veracidad en todas aquellas áreas que podemos verificar, tales como la exactitud histórica, científica y profética.


Debemos leer y estudiar la Biblia porque Dios no cambia y porque la naturaleza humana tampoco cambia; es tan actual para nosotros como lo fue cuando fue escrita. Mientras que diariamente se generan grandes cambios tecnológicos a nuestro alrededor, los deseos y naturaleza de la raza humana no cambian. Tú encontrarás, mientras lees las páginas de la historia bíblica, que ya sea que se trate de relaciones interpersonales o entre sociedades, “no hay nada nuevo bajo el sol” (Eclesiastés 1:9). Y mientras la raza humana en su totalidad continúa buscando amor y satisfacción en todos los lugares equivocados, Dios, nuestro buen y misericordioso Creador, nos dice qué es lo que nos traerá un gozo ETERNO. Su Palabra revelada, las Escrituras, son tan importantes que Jesús dijo respecto a ellas, “...No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4). En otras palabras, si quieres vivir una vida plena como fue la voluntad de Dios, escucha y presta atención a la Palabra de Dios escrita.


Debemos leer y estudiar la Biblia porque existe mucha enseñanza falsa. La Biblia nos da la medida mediante la cual podemos distinguir la verdad del error. Nos dice cómo es Dios. Tener una impresión equivocada de Dios es adorar un “ídolo” o “dios falso”. Estamos adorando algo que ¡no es Él! La Biblia también nos dice cómo podemos verdaderamente ir al cielo...y no es por ser buenos, o ser bautizados o ninguna otra cosa que podamos HACER (Juan 14:6; Efesios 2:1-10; Isaías 53:6; Romanos 3:10b, 5:8; 6:23; 10:9-13). A través de estos textos, la Palabra de Dios nos enseña cuánto Él nos ama (Romanos 5:6-8; Juan 3:16). Y así es como sabiendo esto, somos atraídos a amarle a Él en respuesta (1 Juan 4:19).


La Biblia nos equipa para servirle a Dios (2 Timoteo 3:17; Efesios 6:17; Hebreos 4:12). Nos ayuda a saber cómo podemos ser salvos de nuestros pecados y sus últimas consecuencias (2 Timoteo 3:15). Al meditar en ella y obedecer sus enseñanzas, nos llevará a una vida victoriosa (Josué 1:8; Santiago 1:25). La Palabra de Dios nos ayuda a ver el pecado en nuestra vida y nos ayuda a deshacernos de él (Salmos 119:9,11). Será una guía en la vida, haciéndonos más sabios que nuestros maestros (Salmo 32:8; 119:9,11; Proverbios 1:6). La Biblia nos libra de perder años de nuestra vida en aquello que no dura ni tampoco importa (Mateo 7:24-27).


Leer y estudiar la Biblia nos ayuda a ver más allá del atractivo “anzuelo” y doloroso “gancho” de las tentaciones pecaminosas, para que podamos aprender de los errores de otros, en vez de experimentarlos nosotros mismos. La experiencia es un gran maestro, pero cuando se trata de aprender del pecado, es un duro y terrible maestro. Es mucho mejor aprender de los errores ajenos. Hay tantos personajes bíblicos de quiénes aprender, tanto modelos positivos como negativos, que con frecuencia proceden de la misma persona en diferentes etapas de su vida. Por ejemplo, David, en su victoria al gigante Goliat, nos enseña que Dios es más grande que cualquier cosa a la que quiera que nos enfrentemos (1 Samuel 17). David, al ceder a la tentación y cometer adulterio con Betsabé, nos revela el largo alcance y las terribles consecuencias que puede acarrearnos un “momento de placer” (2 Samuel 11).


La Biblia es un libro que no es sólo para leerse. Es un libro para estudiarse, a fin de poder ser aplicado. De otra manera, es como tragarse el bocado de comida sin masticarlo y después escupirlo de nuevo... sin ningún valor nutricional aprovechado. La Biblia es la Palabra de Dios. Como tal, es tan necesaria como las leyes de la naturaleza. No podemos ignorarla, pero lo hacemos para nuestro propio mal, así como lo sería si ignoramos la ley de la gravedad. No puede ser lo suficientemente enfatizada, la importancia que tiene la Biblia en nuestras vidas. El estudiar la Biblia puede compararse al extraer oro de una mina. Si hacemos un pequeño esfuerzo y sólo “cernimos los guijarros en el arroyo”, sólo encontraremos un poco de polvo de oro. Pero si nos esforzamos en realmente “excavar en ella”, la recompensa será de acuerdo a nuestro gran esfuerzo.


               ¿Qué dice la biblia respecto a vencer la concupiscencia?


La mayoría de las palabras en la biblia que se traducen como "concupiscencia" significan "un deseo apasionado". Un fuerte deseo puede ser bueno o malo, dependiendo del objetivo de ese deseo y el motivo detrás de él. Dios creó el corazón humano con la capacidad para un deseo apasionado con el propósito de que lo anhelemos a él y a su justicia (Salmo 42:1-2; 73:25). Sin embargo, el concepto de "concupiscencia" generalmente ahora es asociado con un apasionado deseo por algo que Dios ha prohibido, y se ve la palabra como sinónimo de deseo sexual o materialista.


Santiago 1:14-15 nos da la progresión natural del deseo o la concupiscencia desenfrenada: "sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte".


Según este pasaje, el deseo o la concupiscencia pecaminosa comienzan con un deseo perverso. No es pecado el ser tentado por el mal. Jesús fue tentado (Mateo 4:1). El pecado comienza cuando el deseo perverso "nos arrastra" de donde nuestros corazones necesitan estar. Cuando un deseo perverso se presenta, tenemos una elección. Podemos rechazarlo como lo hizo Jesús, y centrarnos nuevamente en el camino que Dios ha puesto delante nuestro (Mateo 4:10), o podemos entretenerlo. Como alguien dijo una vez, "no puedo evitar que las aves vuelen sobre mi cabeza, pero si puedo evitar que hagan nido en ella". Cuando la tentación nos atrae, debemos recordar que no estamos indefensos. Podemos optar por ceder o resistir.


La razón por la que somos "arrastrados" por la tentación es que somos "seducidos". Esa palabra en griego se refiere a cebo, como en un anzuelo. Cuando un pez ve a la lombriz moviéndose, es atraído por ella y se sujeta. Una vez que el anzuelo está listo, se puede "arrastrar". Cuando nos encontramos con la tentación, debemos rechazar inmediatamente como José lo hizo cuando fue tentado por la esposa de Potifar (Génesis 39:11-12). La duda abre la puerta a la tentación. El nombre que Romanos 13:14 le da a esa duda es "proveer para los deseos de la carne". Así como los incautos peces, nos agarramos del pensamiento tentador, creyendo que nos deleitará y saciará. Saboreamos la fantasía, imaginamos escenarios nuevos y pecaminosos, y entretenemos la idea de que Dios no ha provisto todo lo que necesitamos para la felicidad (Génesis 3:2-4). Esto es absurdo. Segunda Timoteo 2:22 dice, "Huye también de las pasiones juveniles. …". "Huir" significa despegar inmediatamente. José no se quedó ahí considerando sus opciones. Él reconoció la tentación sexual y corrió. Cuando dudamos, hacemos provisión para la carne y le damos la oportunidad de elegir el mal. A menudo, nos vemos abrumados por su poder. Sansón era un hombre fuerte físicamente, pero no era compatible con su propia concupiscencia (Jueces 16:1).


El siguiente paso en la progresión hacia abajo de la tentación, según Santiago 1, es que "la concupiscencia concibe". El deseo o concupiscencia comienza como una semilla, un pensamiento repleto de deseo equivocados. Si permitimos que las semillas de la concupiscencia germinen, ellos crecerán en algo más grande, más poderoso, más difícil de desarraigar. La tentación se convierte en pecado cuando se permite que germine. El deseo adopta vida propia y se convierte en concupiscencia. Jesús dejó claro que la concupiscencia es pecado, incluso si físicamente no lo llevamos a cabo (Mateo 5:27-28). Nuestros corazones son el campo de Dios, y cuando permitimos que la maldad crezca allí, profanamos su templo (1 Corintios 3:16; 6:19).


Los malos deseos asedian a cada ser humano. El décimo mandamiento prohíbe la codicia, lo que significa el deseo por algo que no es nuestro (Deuteronomio 5:21; Romanos 13:9). El corazón humano está buscando constantemente complacerse a sí mismo, y la concupiscencia comienza cuando descubre algo o alguien y cree que lo va a satisfacer.


Sólo cuando nuestros corazones están dedicados a la gloria de Dios podemos vencer los deseos intrusos y conquistar la concupiscencia. Cuando nos rendimos al Señor, nos damos cuenta que nuestras necesidades son suplidas en una relación con él. Debemos "llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo" (2 Corintios 10:5). Debemos permitir que el Espíritu Santo mantenga nuestros pensamientos donde él quiere que estén. Es de mucha ayuda el orar diariamente las palabras del Salmo 19:14 "Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Oh Jehová, roca mía, y redentor mío". Cuando el deseo de nuestro corazón es agradar a Dios más que a nosotros mismos, podemos mantener a raya a la concupiscencia.


                                       Las Escrituras y La Oración

 Un cristiano que no ora es simplemente una contradicción. Como el niño que nace muerto es un niño muerto, un creyente profeso que no ora está desprovisto de vida espiritual. La oración es el respirar de la nueva naturaleza del creyente, como la Palabra de Dios es su alimento. Cuando el Señor dijo al discípulo de Damasco que Saulo de Tarso se había convertido de veras, le dijo: "He aquí, Saulo ora" (Hechos 9: 11). En muchas ocasiones el altivo fariseo había doblado sus rodillas ante Dios y había cumplido sus «devociones», pero esta vez era la primera vez que "oraba". Esta importante distinción debe ser subrayada en este día de fórmulas sin poder (2ª Timoteo 3:5). Aquellos que se contentan con dirigirse a Dios de modo formal no le conocen; porque "el espíritu de gracia, el de suplicación" (Zacarías 12: 10), no se separan nunca. Dios no tiene hijos en su familia regenerada que sean mudos. "¿No vengará Dios a sus escogidos que claman a El de noche y de día?" (Lucas 18:7). Sí, «claman» a El, no meramente «rezan» sus oraciones.

Pero es probable que el lector se sorprenda cuando siga leyendo que el autor cree que, probablemente, el propio pueblo de Dios ¡peca más en sus esfuerzos para orar que en relación con ningún otro objetivo en que se ocupa! ¡Qué hipocresía hay en la oración, cuando debería haber sinceridad! ¡Qué exigencias tan presuntuosas, cuando debería haber sumisión! ¡Qué formalismo, cuando tendría que haber corazones quebrantados! ¡Cuán poco sentimos realmente los pecados que confesamos, y qué poco sentido de la profunda necesidad de su misericordia! E incluso cuando Dios consiente en librarnos de estos pecados, hasta cierto punto, qué frialdad en el corazón, qué incredulidad, cuánta voluntad propia y autocomplacencia. Los que no tienen perceptividad para estas cosas son extraños al espíritu de la santidad.

Ahora bien, la Palabra de Dios debería dirigirnos en oración. Por desgracia, cuán a menudo hacemos que nuestra inclinación carnal sea la que dirige nuestras peticiones. Las Sagradas Escrituras nos han sido dadas para que "el hombre de Dios sea enteramente apto, bien pertrechado para toda buena obra" (2ª Timoteo 3:17). Como que debemos "orar en el Espíritu" (Judas 20), se sigue que nuestras oraciones tienen que estar de acuerdo considerando que El es el autor de ellas. Se sigue también que según la medida en que la Palabra de Cristo mora en nosotros en "abundancia" (Colosenses 3:16), o escasamente, más (o menos) estarán nuestras peticiones en armonía con la mente del Espíritu, porque «de la abundancia del corazón habla la boca» (Mateo 12:34). En la medida en que atesoramos la Palabra de Dios en nuestro corazón, y ésta limpia, moldea y gobierna nuestro hombre interior, serán nuestras oraciones aceptables a la vista de Dios. Entonces podemos decir, como dijo David en otro sentido: "Todo es tuyo y de lo recibido de tu mano te damos" (1ª Crónicas 29:14).

Así que la pureza y el poder de nuestra vida de oración son otro índice por el cual podemos decidir la extensión de los beneficios que sacamos de la lectura y estudio de las Escrituras. Si nuestro estudio de la Biblia, bajo la bendición del Espíritu, no nos resarce del pecado de la falta de oración, revelándonos el lugar que la oración debe ocupar en nuestra vida diaria, y en realidad no nos lleva a pasar más tiempo en el lugar secreto con el Altísimo; si no nos enseña cómo orar de modo más aceptable a Dios, cómo hacer nuestras sus promesas y reclamarlas, cómo apropiarnos sus preceptos y hacer de ellos nuestras peticiones, entonces, no sólo no nos ha servido para enriquecer el alma el tiempo que hemos pasado leyendo y meditando la Palabra, sino que el mismo conocimiento que hemos adquirido de la letra, servirá para nuestra condenación en el día venidero. "Sed hacedores de la Palabra, no solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos" (Santiago 1:22). Se aplica a sus amonestaciones a la oración y a todo lo demás. Veamos ahora siete diferentes criterios.

1. Nos beneficiamos de las Escrituras cuando nos ayudan a comprender la importancia profunda de la oración. Es de temer que muchos lectores de la Biblia de hoy (y aun estudiosos) no tienen convicciones profundas de que una vida de oración definida es absolutamente necesaria para andar y comunicar con Dios, como lo es para la liberación del poder del pecado, las seducciones del mundo o los asaltos de Satán. Si esta convicción realmente poseyera sus corazones, ¿no pasarían más tiempo con el rostro delante de Dios? Es inútil, si no peor, replicar: "Hay una gran cantidad de obligaciones que tengo que cumplir y ocupan el tiempo que usaría para la oración, a pesar de que me gustaría hacerla". Pero, queda el hecho que cada uno de nosotros pone tiempo aparte para lo que consideramos es imperativo. ¿Quién vive una vida más activa que la que vivió nuestro Salvador? A pesar de ello encontró mucho tiempo para la oración. Si verdaderamente deseamos ser intercesores y hacer súplicas ante Dios y usamos en ello todo el tiempo disponible que tenemos ahora, El ordenará las cosas de modo que tendremos más tiempo.

La falta de convicción positiva en la profunda importancia de la oración se evidencia claramente en la vida corporativa de los cristianos profesos. Dios ha dicho sencillamente: "Mi casa será llamada casa de oración" (Mateo 21:13). Notemos: no "casa de predicación o de cánticos", sino de oración. Sin embargo, en la gran mayoría de las iglesias, incluso dentro de la ortodoxia, el ministerio de la oración ha pasado a ser negligible. Hay todavía campañas evangelísticas, Convenciones de enseñanza de la Biblia, pero cuán raramente se oye de dos semanas puestas aparte para oraciones especiales. Y ¿qué beneficio proporcionan estas "Convenciones de la Biblia" a las iglesias si su vida de oración no es reforzada? Pero, cuando el Espíritu de Dios aplica con poder en nuestros corazones palabras como: "Velad y orad, para que no entréis en tentación" (Marcos 14: 38); "En toda suplicación y ruego y acción de gracias sean notorias vuestras peticiones delante de Dios" (Filipenses 4:6); "Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias" (Colosenses 4:2), entonces nos beneficiamos de las Escrituras.

2. Nos beneficiamos de las Escrituras cuando nos hacen sentir que no sabemos bastante cómo orar. «No sabéis pedir como conviene» (Romanos 8:26). ¡Cuán pocos cristianos creen esto verdaderamente! La idea más común es que la gente sabe bastante bien lo que debe pedir, sólo que son descuidados o son malos, y dejan de orar por lo que saben bien que es su deber. Pero, este concepto discrepa por completo de la declaración inspirada de Romanos 8:26. Hay que observar que observar que esta afirmación que humilla a la carne, no se hace sobre los hombres en general, sino de los santos de Dios en particular, entre los cuales el apóstol no vacila en incluirse el mismo: "No sabemos lo que hemos de pedir como conviene". Si ésta es la condición del hombre regenerado, mucho peor será la de no regenerado. Con todo, una cosa es leer y asentir mentalmente lo que dice el versículo, y otra tener una comprensión de experiencia, porque para que el corazón sienta lo que Dios requiere de nosotros. El mismo debe obrarlo en nosotros y por medio de nosotros.

Digo mis oraciones con frecuencia,

Pero, ¿oro en verdad?

Y van los deseos de mi corazón,

¿Conforme a las palabras?

Lo mismo serviría arrodillarme

Y adorar a una piedra,

Que ofrecer a Dios como plegaria

Nada más que palabras,

Y labios que se mueven.

Ya hace muchos años que mí madre me hizo aprender de memoria estas líneas -la cual ya "está presente ahora en el Señor", pero su mensaje, vivo todavía, me martillea la mente. El cristiano no puede orar a menos que el Espíritu Santo se lo haga posible, lo mismo que no puede crear un mundo. Esto ha de ser así, porque la oración real es una necesidad sentida que ha sido despertada en nosotros por el Espíritu, de modo que pedimos a Dios, en el nombre de Cristo, aquello que está de acuerdo con su santa voluntad. "Y ésta es la confianza que tenemos ante él, que si pedirnos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye" (1ª Juan 5:14). Pero, el pedir algo que no es conforme a la voluntad de Dios no es orar, sino atrevimiento. Es verdad que Dios nos revela su voluntad, y la podemos conocer a través de su Palabra, sin embargo, no es de la manera que un libro de cocina nos da recetas culinarias para la preparación de platos. Las Escrituras frecuentemente enumeran principios que requieren un continuo ejercicio del corazón y ayuda divina para que veamos su aplicación a los diferentes casos y circunstancias. De modo que nos beneficiamos de las Escrituras cuando aprendemos en ellas nuestra profunda necesidad de clamar "Señor, enséñanos a orar" (Lucas 11: 1) y nos vemos constreñidos a pedirle a El espíritu de oración.

3. Nos beneficiamos de las Escrituras cuando nos damos más cuenta de nuestra necesidad de la ayuda del Espíritu. Primero, que nos haga conocer nuestras verdaderas necesidades. Tomemos, por ejemplo, nuestras necesidades materiales. Con cuánta frecuencia nos hallamos en una situación externa difícil; las cosas nos oprimen, y deseamos ser librados de estas tribulaciones y dificultades. Sin duda, pensamos que aquí sabemos «qué» es lo que tenemos que pedir. De ninguna manera y, al contrario, la verdad es que a pesar de nuestros deseos de alivio, somos tan ignorantes, nuestro discernimiento está tan embotado, que (incluso cuando se trata de una conciencia acostumbrada) no sabemos qué clase de sumisión a su agrado Dios puede requerir, o cómo podemos santificar estas aflicciones para nuestro bien interior. Por tanto, Dios considera las peticiones de muchos que claman pidiendo ayuda sobre cosas externas «aullidos», y no clamar a El con el corazón (ver Oseas 7:14). "Porque ¿quién sabe lo que es bueno para el hombre en la vida?" (Eclesiastés 6:12). Ah, la sabiduría celestial es necesaria para enseñarnos sobre nuestras necesidades» temporales, a fin de hacer de ellas un asunto de oración según la mente de Dios.

Quizá puedan añadirse unas pocas palabras a lo que ya se ha dicho. Podemos pedir sobre cosas temporales escrituralmente (Mateo 6:11, etc.), pero con una triple limitación. Primero, de modo incidental y no de modo primario, porque no son éstas las cosas de las que se preocupan los cristianos de modo principal (Mateo 6:33). Las cosas que deben buscarse primero y sobre todo, son las cosas celestiales y eternas (Colosenses 3:l), mucho más importantes y valiosas que las temporales. Segundo, de modo subordinado, como medio para un fin. El buscar cosas materiales de Dios no ha de ser a fin de conseguir satisfacción, sino como una ayuda para agradarle más. Tercero, de modo sumiso, no imperioso, porque esto sería el pecado de presunción. Además, no sabemos si el que se nos concediera gracia sobre algo temporal contribuiría realmente a nuestro bienestar supremo (Salmo 106:18) y por tanto debemos dejarle a Dios que decida.

Tenemos necesidades interiores también, además de las exteriores. Algunas pueden ser discernidas a la luz de la conciencia, tales como la culpa y la impureza del pecado, los pecados contra la luz y la naturaleza y la simple letra de la ley. Sin embargo, el conocimiento que tenemos de nosotros mismos por medio de la conciencia es tan oscuro y confuso que, aparte del Espíritu, no somos capaces de descubrir la verdadera fuente de purificación. Las cosas sobre las cuales los creyentes tienen que tratar primariamente con Dios en sus súplicas son el esta y la disposición de su alma, o sea espiritual. Por eso, David no estaba satisfecho con confesar las transgresiones que conocía y su pecado original (Salmo 51:1-5), sino que dándose cuenta de que no puede entender bien sus propios errores, desea ser limpiado de los "errores ocultos" (Salmo 19:12); pero le pide también a Dios que emprenda una búsqueda de su corazón para encontrar lo que pueda escapársele (Salmo 139:23,24), sabiendo que Dios requiere principalmente "verdad en lo íntimo" (Salmo 51: 6). Así que en vista de (1ª Corintios 2:10-12, deberíamos buscar la ayuda del Espíritu para que podamos pedir de modo aceptable a Dios.

4. Estamos beneficiándonos de las Escrituras cuando el Espíritu nos enseña el recto propósito de la oración. Dios ha establecido la ordenanza de la oración por lo menos con un triple designio. Primero, que el Dios Trino sea honrado, porque la oración es un acto de adoración, rendición de homenaje; al Padre como Dador, en el nombre del Hijo por medio del cual únicamente podemos acercarnos a El, a través del poder que nos impulsa. y dirige del Espíritu Santo. Segundo: para humillar nuestros corazones, porque la oración está ordenada para traernos a un lugar de dependencia, para desarrollar en nosotros un sentimiento de nuestra insignificancia, al admitir que sin el Señor no podernos hacer nada, y que somos como mendigos pidiendo todo lo que somos y tenemos. Pero, cuán débilmente se cumple esto (si es que :se cumple) en nosotros, hasta que el Espíritu nos lleva de la mano, quita nuestro orgullo, y da a Dios el verdadero lugar en nuestros corazones y pensamientos. Tercero, como un medio de obtener para nosotros mismos las cosas buenas que pedimos.

Es de temer que una de las principales razones por las que muchas oraciones quedan sin contestar es que tenemos un objetivo equivocado o sin valor.

Nuestro Salvador dice: «Pedid y recibiréis» (Mateo 7:7); pero Santiago afirma de algunos que «Pedís y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites». (Santiago 43). El orar pidiendo algo, pero no de modo expreso con miras a aquello para lo cual Dios lo ha designado, es «pedir mal»; y por tanto sin propósito eficaz. Toda la confianza que tenemos en nuestra propia sabiduría e integridad, si se nos deja proseguir nuestros objetivos nunca se ajustará a la voluntad de Dios. Hasta que el Espíritu restringe a la carne en nosotros, nuestros afectos propios naturales desordenados interfieren con nuestras súplicas, á las hacen inservibles. "Todo lo que hacéis, hace lo para la gloria de Dios" (1ª Corintios 10:31), sin embargo, nadie excepto el Espíritu puede hacer que nos subordinemos en nuestros deseos a la gloria de Dios.

5. Nos beneficiamos de las Escrituras cuando nos enseñan a reclamar las promesas de Dios. La oración debe ser hecha con fe (Romanos 10: 14), de lo contrario Dios no la escuchará. Ahora bien, la fe tiene respeto a las promesas de Dios (Hebreos 4:1; Romanos 4:21); si, por tanto, no comprendemos qué es lo que Dios ha prometido, no podemos orar. «Las cosas secretas pertenecen a Jehová, nuestro Dios» (Deuteronomio 29:29), pero la declaración de su voluntad y la revelación de su gracia nos pertenecen, y son nuestra regla. No hay nada que podamos necesitar que Dios no se haya comprometido a proporcionárnoslo, si bien de tal forma y bajo tales limitaciones que aseguren que será para nuestro bien y nos serán útiles. Por otra parte, nada hay que Dios haya prometido, que no tengamos necesidad de ello, o que de una manera u otra no nos afecte como miembros del cuerpo místico de Cristo. Por ello, cuanto mejor estemos familiarizados con las promesas divinas, y cuanto más comprendamos sus bondades, gracia y misericordia preparadas y propuestas en ellas, mejor equipados estamos para orar de modo aceptable.

Algunas de las promesas de Dios son generales más bien que específicas; algunas son condicionales, otras incondicionales, algunas se cumplen en esta vida, otras en la vida venidera. Tampoco podemos nosotros discernir por nuestra cuenta qué promesa es más apropiada para nuestro caso particular y la situación presente, o cómo apropiarla por fe y reclamarla rectamente de Dios. Por tanto, se nos dice de modo explícito: "Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoce las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha otorgado gratuitamente." (1ª Corintios 2:11,12). Si alguien contestara: si se requiere tanto para que una oración sea aceptable, si no podemos presentar peticiones a Dios con menos molestia de la que se indica, habrá pocos que quieran persistir durante algún tiempo en este deber, lo único que podríamos decirle es que esta persona no tiene la menor idea de lo que es orar ni parece tener interés en saberlo.

6. Nos beneficiamos de las Escrituras cuando nos llevan a una completa sumisión a Dios. Como se dijo antes, uno de los propósitos divinos al establecer la oración como una ordenanza es para ayudarnos a sentirnos humildes. Esto se muestra exteriormente cuando doblamos las rodillas ante el Señor. La oración es un reconocimiento de nuestra impotencia, un mirar a Dios de quien esperamos ayuda. Es admitir su suficiencia para suplir nuestra necesidad. Es el hacer conocidas nuestras "peticiones" (Filipenses 4:6) a Dios; pero peticiones es algo muy distinto de "requerimientos""El trono de la gracia no existe para que nosotros podamos acudir a él para obtener satisfacciones de nuestras pasiones" (Wm. Gurnall). Hemos de presentar nuestro caso delante de Dios, pero dejar que su sabiduría superior prescriba la forma de decidirlo. No debe haber intentos de imposición, ni podemos "reclamar" nada de Dios, porque somos como mendigos dependientes de su misericordia. En todas nuestras peticiones debemos añadir: "Sin embargo, hágase tu voluntad, no la mía".

Pero, ¿no puede la fe presentar a Dios sus promesas y esperar una respuesta? Ciertamente; pero debe ser la respuesta de Dios. Pablo pidió a Dios que le quitara la espina de la carne tres veces; pero en vez de hacerlo el Señor le dio gracia para sobrellevarla (2ª Corintios 12). Muchas de las promesas de Dios son generales, en vez de personales. Ha prometido pastores, maestros Y evangelistas a su Iglesia, y con todo hay muchos grupos de creyentes que languidecen por falta de ellos. Algunas de las promesas de Dios son indefinidas y generales en vez de absolutas y universales: como por ejemplo, en Efesios 6:2,3. Dios no se ha obligado a dar nada de modo específico, a conceder la cosa particular que pedimos, incluso cuando pedimos con fe. Además, El se reserva el derecho de decidir el momento y sazón para concedernos sus misericordias. "Buscad a Jehová todos los humildes de la tierra, los que pusisteis por obra sus ordenanzas; buscad la justicia, buscad la mansedumbre; quizá quedaréis resguardados en el día del enojo de Jehová." (Sofonías 2:3). Por el hecho de que "quizá" Dios me conceda una misericordia temporal determinada, es mi deber presentarme ante El y pedirla, sin embargo, debo estar sumiso a su voluntad para la concesión de la misma.

7. Estamos beneficiándonos de las Escrituras cuando la oración se vuelve un gozo real y profundo. El mero "decir nuestras oraciones" cada mañana y noche es una tarea pesada, un deber que debe ser cumplido que nos hace dar un suspiro de alivio cuando hemos terminado. Pero el presentarnos realmente ante la presencia de Dios, para contemplar la gloriosa luz de su faz, para estar en comunión con El en el propiciatorio, es un anticipo de la bienaventuranza eterna que nos aguarda en el cielo. Quien es bendecido con esta experiencia dice con el salmista: "El acercarme a Dios es el bien". (Salmo 73:8.) Sí, bien para el corazón, porque le da paz; bien para la fe, porque la fortalece; bien para el alma, porque la bendice. Es la falta de esta comunión del alma con Dios que se halla a la raíz de la falta de respuesta a nuestras oraciones: "Pon asimismo tu delicia en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón." (Salmo 37:4.)

¿Qué es lo que, bajo la bendición del Espíritu, produce este gozo en la oración? Primero, es el deleite del corazón en Dios como el Objeto de la oración, y particularmente el reconocer y comprender que Dios es nuestro Padre. Así que, cuando los discípulos pidieron al Señor Jesús que les enseñara a orar, dijo: "Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos." Y luego: "Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, o sea, Padre!" (Gálatas 4:6), que incluye un deleite filial, santo en Dios, como los hijos tienen deleite en sus padres cuando se dirigen con afecto a ellos. Y de nuevo, en Efesios 2:18, se nos dice para fortalecer la fe y consuelo de nuestros corazones: "Porque por medio de él los unos y los otros tenemos acceso por un mismo Espíritu al Padre." ¡Qué paz, qué seguridad, qué libertad da esto al alma: saber que nos acercamos a nuestro Padre!

Segundo. El gozo en la oración es incrementado porque el corazón capta el alma y contempla a Dios en el trono de gracia: una vista o perspectiva, no por imaginación de la carne, sino por iluminación espiritual, porque es por fe que "vemos al Invisible" (Hebreos 11:27); la fe es "la evidencia de las cosas que no se ven" (Hebreos 11: l), hace evidente y presente su objeto propio a los ojos de los que creen. Esta visión de Dios en su "trono" tiene que conmover el alma. Por tanto se nos exhorta: "Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro" (Hebreos 4:16).

Tercero. Del versículo anterior sacamos también que la libertad y el deleite en la oración son estimulados por ver que, Dios, por medio de Jesucristo, está dispuesto a dispensarnos gracia y misericordia a los pecadores suplicantes. No tenemos que vencer ninguna resistencia suya. Dios está más dispuesto a dar que nosotros a recibir. Así se le presenta en Isaías 30:18: "Con todo esto, Jehová aguardará para otorgaros su gracia." Sí, Dios aguardará a que le busquemos; aguardará a que los fieles echen mano de su disposición para bendecir. Su oído está siempre atento al clamor del justo. Por tanto "acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe" (Hebreos 10:22); «sean presentadas vuestras peticiones delante de Dios, mediante oración y ruego con acción de gracias y la paz de Dios, que sobrepasa a todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús» (Filipenses 4:6, 7).

                                                      ESTUDIO DETALLADO

Nuestros estudios se han referido hasta ahora de modo principal, a la Biblia como conjunto, y a algunas amplias proporciones y temas de la misma. Hemos de esforzarnos en ver el paisaje en conjunto y tener amplias perspectivas. Pero la Biblia tiene que ser estudiada también con detalle. No sólo hemos de considerar el bosque; hemos de ocuparnos de árboles particulares, y continuando el símil, de las ramas, las ramitas y las hojas. El estudio más minucioso posible de la Palabra de Dios va a demostrarse que es útil en extremo.

Es evidente que sólo podemos indicar el método y dar unas pocas ilustraciones. El campo es vasto y va a dar suficiente para la vida más larga dedicada al estudio.

EL ESTUDIO DE LA BIBLIA LIBRO POR LIBRO.

Este método consiste en estudiar cada libro de la Biblia por separado, analizando su contenido a luz de las circunstancias históricas en que fue escrito y las características personales de su autor.

El primer paso en este método es escoger el libro no es tarea fácil como parece, por la razón que los libros son de diferentes tamaños, es aconsejable disponer de un tiempo considerable ya que nos puede llevar horas y hasta varias semanas.

Algunos libros son cortos y llenos de exhortaciones prácticas, como las cartas paulinas, mientras que otros son largos y complicados en su contenido como las profecías de Ezequiel o Daniel. Lo más conveniente para empezar será elegir un libro corto, cuyo mensaje sea instructivo práctico y sencillo.

El siguiente paso consistirá en leer el libro de una sola sentada, o en una sola vez, en un principio nos interesa leer el texto en su totalidad, a fin de obtener una impresión de su:

1.- Estilo.

2.- Mensaje.

3.- Desarrollo.

4.- Conclusiones.

Deseamos una perspectiva como aquel que sube un edificio y contemplar la ciudad completa.

No será suficiente leer el libro en esta forma rápida y superficial solo una vez, hay que leerlo tres, cinco, ocho, diez veces más. Esta lectura repetida no es inútil perdida de tiempo, pues constituye la piedra angular para la comprensión cabal del libro.

Leerlo constantemente descubriremos la organización de su contenido y el desarrollo del pensamiento del autor. Al mismo tiempo es importante ir anotando las observaciones sobresalientes tales como:

1.- ¿Quién escribió el libro?

2.- ¿A quién lo escribió?

3.- ¿Cuándo se escribió?

4.- ¿En dónde?

5.- ¿De qué trata en términos generales?

6.- ¿A qué conclusión llega?

Hay libros que no especifican quién lo escribió, omiten el nombre de las personas a quienes se escribieron, olvidan dónde fueron escritos.

El siguiente paso consiste en darle un título a cada capítulo, en una sola frase de su contenido, al terminar, podemos asignar un sólo título a todo el libro y escoger un versículo que sintetice su mensaje.

Si el estudiante no tiene mucha experiencia en la formulación de bosquejos, no se debe desanimar y mucho menos claudicar, al comentario, estudiamos porque queremos aprender y para aprender es necesario trabajar.

Aún cuando en un capítulo anterior señalamos el valor de los libros de consulta, es conveniente insistir que en la práctica de este método no se debe emplear tales ayudas, pues el estudiante se defraudaría a sí mismo. El valor de este método consiste en exigirle al estudiante que descubra por si solo que otros posiblemente que hayan descubierto, pero que ellos también lo hicieron de esfuerzo propio.

EL ESTUDIO DE LA BIBLIA POR CAPITULOS.

El primer paso consiste en leerlo varias veces el capítulo. A continuación es necesario estudiar el contexto. En algunos casos, la lectura de unos cuantos versículos del capítulo anterior, y otros pocos del capítulo que sigue, será suficiente para colocarnos en las circunstancias de que se está hablando.

Ejemplo de esto sería: El capítulo 18 de Mateo que principia diciendo: "En aquellos tiempos" para saber cuáles eran aquellos tiempos, hay que leer algunos versículos del capítulo anterior.

En seguida precedemos a dividir el capítulo en párrafos, después realizar un cuidadoso examen de las secciones en que hemos dividido el capítulo.

¿Qué lugares se mencionan?

¿Qué personas se nombran?

¿Qué doctrinas se formula, explicando o presentan?

¿De qué divisiones de tiempo se habla?

(Horas del día, meses, años, estaciones del año, etc.).

¿Qué objetos se mencionan?

Teniendo ya a la mano todo el material extraído del capítulo bajo análisis, nos corresponde decir:

(Cuál es su enseñanza central, expresar en una corta oración lo que se enseña y buscar la manera de aplicaciones esa enseñanza a nuestra vida diaria).

EL ESTUDIO DE LA BIBLIA POR PARRAFOS.

Un párrafo es sólo una sección de un segmento mayor que para enriquecer nuestro acervo bíblico, debemos dominar las partes y también el todo. La Biblia no está escrita a pedazos, con pensamientos desorganizados, desparramados por todas partes, a través de sus páginas. El estudio de la Biblia por párrafos es particularmente indicado cuando se trata de preparar sermones, o clases ya que generalmente en esos casos se pretende analizar únicamente alguna porción de un capítulo, habiéndose decidido que párrafos deseamos estudiar, procedamos a poner en práctica algunos de los principios de trabajo ya mencionados.

1.- LA LECTURA REPETIDA DEL PASAJE.

Esto nos ayudará a observar los detalles que no logramos captar en la lectura inicial. Los personajes, lugares, cosas, tiempos, doctrinas o temas que en cada versículo se mencionan, de estas enseñanzas y elementos surgirá la enseñanza del párrafo y el fruto de nuestro estudio.

2.- EL ANALISIS CUIDADOSO DEL CONTEXTO.

Es preciso estudiar detenidamente los párrafos anteriores al pasaje, y los que siguen.

Terminando lo anterior, estamos listos para lanzarnos al estudio del párrafo elegido, enseguida se debe elaborar un resumen general del contenido del párrafo en nuestras propias palabras.

En segundo lugar, extraeremos las ideas principales del pasaje; el propósito de entresacar estas ideas, claves es captar lo verdaderamente importante de entre todo lo que aquí se esta diciendo.

La tercera fase del trabajo consiste en bosquejar el párrafo entero, es decir concretar el contenido del pasaje.

En cuarto paso, reside en hacer una lista de las enseñanzas generales que el párrafo contiene, la idea es dejar que la Biblia hable por si misma. Las enseñanzas deben surgir del texto bíblico con claridad, sin que nos entreguemos a largas y complejas reflexiones.

"Negamos, por último, al momento de realizar las aplicaciones personales".

Tómese en cuenta que hablamos de aplicaciones para Nuestra vida por eso las denominamos personales.

Finalmente, no es necesario entenderlo todo, por que no estamos estudiando la Biblia solamente para aprenderla, sino para vivirla, que vivamos de acuerdo con la luz que Dios nos da, de tal manera entonces que lo que usted llegue a entender de la Biblia, será mucho más importante que lo que no entiende.

ESTUDIO DE LA BIBLIA POR VERSÍCULOS.

Esta clase de estudio es apropiada particularmente en relación con la lectura devocional de la Biblia.

Algunos predicadores es especializan en esta clase de estudios, pues lo consideran el más práctico para la predicación, y en ocasiones, quién estudia la Biblia por capítulos o por párrafos, termina por dedicar una porción de su tiempo al examen minucioso de un solo versículo.

Como en los métodos sugeridos anteriormente: 

EL PRIMER PASO, consistirá en la lectura repetida del versículo.

Al iniciar nuestro trabajo con la Biblia abierta, nos interesa formalizarnos primeramente con el contexto.

EN SEGUNDO PASO, efectuamos la observación, esta la dividimos en tres partes:

A.- De Palabras claves cuya importancia se deriva de su significado.

B.- Estructura gramatical, observando la función de cada término.

C.- De la atmósfera que prevalece en el versículo.

COMO TERCER PASO: Se debe estudiar el mismo versículo en distintas versiones, con el fin de ampliar nuestra comprensión de las palabras en el versículo.

EL CUARTO PASO: Será formular un bosquejo del contenido del versículo, el bosquejo nos dará un cuadro completo de lo que el versículo tiene que decir.

EN QUINTO PASO: Se debe elaborar una lista de enseñanzas del versículo, en los términos más claros y sencillos que se puedan.

EL SEXTO Y ÚLTIMO PASO Del estudio del versículo consiste en las aplicaciones personales.

A modo de ilustración veamos algunos versículos:

1.- Versículos del Antiguo Testamento

a).- Versículos separados

Salmo 65:4; Cuatro estadios de la experiencia cristiana: "escogido, atraído, habitar, ser saciado". Consideremos cada una de éstos en la forma como se ilustra en el Nuevo Testamento.

Salmo 81:10. Nótese aquí:

1).- El fundamento de la fe. "Yo soy Jehová tu Dios"

2).- El estímulo de la fe. "Que te hice... de Egipto"

3).- La posibilidad de la fe. "Abre tu boca"

4).- La satisfacción de la fe. "Yo la llenaré"

b).- Versículos sucesivos

Salmo 25:67: Tres "acordarse" sucesivos.

Salmo 30: Siete "Tú has"

Salmo 3656: Cuatro cosas respecto a Dios; vv. 89; cuatro cosas que el creyente piensa de Dios: "abundancia", "torrente", "fuente", "luz".

Isaías 6:5811: Entonces dije: confesión, consagración, comunión.

c).- Versículos contrastados

Salmo 23:2 y 3: Pastorear y guiar de Dios

Salmo 24:4 y 25:1: "llevar y levantar"

Salmo 26:1 y 11: "Integridad"

Salmo 26:5 y 8: "aborrecer", "amar"

El estudio de estos versículos de esta forma puede proseguirse en cada parte del Antiguo Testamento, pero el espacio nos impide dar más ejemplos. Vayamos ahora a

2.- Versículos del Nuevo Testamento:

a).- Versículos separados

Filipenses 419: Descubrir los siete aspectos de la gracia:

1).- escasez,

2).- la fuente,

3).- la certeza,

4).- la extensión,

5).- los medios,

6).- el depositario,

7).- la proporción

Mateo 25:21: Servicio:

1).- relación,

2).- carácter,

3).- alabanza,

4).- premio

b).- Versículos sucesivos

Colosenses 1:2728: Nuestro mensaje, nuestros métodos, nuestro motivo Romanos 5:

Dos aspectos de la justificación (1 y 9),

Tres causas de jactancia (2311),.

Dos aspectos de la salvación (910),

Cuatro "reinos" (141721), cuatro "mucho más" (9101517)

c).- Versículos contrastados:

Marcos 13:91320: "Por causa de mí", "por causa de mi nombre", "en atención a los escogidos"

Lucas 3:224:1: "El Espíritu Santo descendiendo y llenando"

Lucas 3:224:3: "Hijo de Dios"

Hechos 13:49: "Enviados", y "llenados". Nuestra autoridad y nuestra capacidad en el servicio.

Éstos representan unos pocos ejemplos de la inagotable cantera que tenemos a disposición para este método de estudio.

ESTUDIO DE LA BIBLIA POR PALABRAS.

Éste es uno de los estudios más deleitosos y provechosos, y nos capacita para ver la variedad, proporción y equilibrio de las verdades de la Palabra de Dios. Para este estudio se necesita una cosa: una concordancia buena. Tiene que ser buena de veras para que pueda ser útil. Con esto queremos decir exacta y completa. Las concordancias que se suelen incluir en las Biblias para "maestros" no son realmente útiles porque tienen que omitir mucho. La concordancia genuina incluye todas las referencias. Es mejor aún si se da el equivalente de la palabra en el hebreo y el griego de origen. Así vemos en Juan 15, donde la palabra griega es traducida por "habitar", "morar", "permanecer", "continuar". Por tanto es evidente que los estudios de palabras correctos requieren una guía apropiada.

PRIMER PASO: Su etimología o sea su significado y a la vez investigar su origen, aquí es necesario tener un diccionario bíblico o un léxico griego-español, hebreo-español, después se debe de elaborar una lista de sus sinónimos y antónimos en las Escrituras.

SINONIMO "PALABRA AMEN" 1. Afección, 2. Cariño, 3. Afecto. Etc.

ANTONIMO LO CONTRARIO 1. Odio, 2. Desprecio, 3. Aversión.

EL SEGUNDO PASO, es investigar el uso de la palabra en el libro que estamos leyendo. Ejemplo: Evangelio según San Juan (palabra amén).

EL TERCER PASO: Será averiguar el uso que de la palabra se hace en toda la Biblia, esto comprende tanto la observación de sus variaciones y derivados como la primera ocasión que la palabra se usa en las Escrituras y finalmente. ENSEÑANZAS Y APLICACIONES.

PALABRAS Y FRASES DEL ANTIGUO TESTAMENTO.

Consideremos las palabras meditar y meditación y clasifiquemos los textos por:

1.- los objetivos.

2.- los tiempos.

3.- los métodos.

4.- los resultados de la meditación.

Veamos en 1 Crónicas y el Salmo 71, y pongamos juntos los siete "continuamente".

Estúdiese el Salmo 86, en relación con los "por" y "para" referidos al creyente y a Dios.

Recopilar las ocasiones en que ocurre "bendito" y "bienaventurado" en los Salmos, y ver la plenitud de estas Bienaventuranzas del Antiguo Testamento.

Véase Josué 23, con sus veintitrés ocasiones de "el Señor tu Dios".

Estudiar las siete cosas que en Esdras 7 se nos dice que pertenecen a Dios.

Recopilar las referencias a "estate quieto" y nótese la llamada a pensar, ver y oír.

LAS PALABRAS Y FRASES DEL NUEVO TESTAMENTO.

Hállese "todo lo que hacéis o hagáis" en las Epístolas.

Considérense las seis ocasiones en que leemos de "gozo lleno", o "cumplido" en los escritos de Juan (Evangelio y Epístolas).

Nótese la fuerza del «también» en Lucas 16:1, enlazando la parábola con las del capítulo 15, y haciendo de ella una aplicación a los discípulos.

Nótense las tres referencias a "inefable", los cinco o seis usos de "gracias sean dadas a Dios", en Pablo; las cuatro referencias en la primera Epístola de Juan a la "confianza" u "osadía", refiriéndose al presente y al futuro.

Veamos los usos de "adopción", de "regeneración", o "vida" (en el evangelio de Juan especialmente. Los "vence" del Apocalipsis; las cosas preciosas de las Epístolas de Pedro; los aspectos de "creer" en el Evangelio de Juan, y palabras como "abundancia", "riquezas", "permanecer", "conocer". Todas ellas son indicaciones de la riqueza de la enseñanza relacionada con las palabras. Son pequeñas muestras de un plan de estudio que deberíamos adoptar con frecuencia.



                                         LOS LIBROS DEL NUEVO TESTAMENTO

Si el conocimiento de los libros del Antiguo Testamento es importante, lo es mucho más conocer a fondo los del Nuevo. Ya hemos dado una mirada, a vista de pájaro, del Nuevo Testamento. Vamos ahora a considerar algunos de los libros con mayor detalle, dando unos pocos análisis como muestra de lo que se puede hacer con todos los libros.

MATEO.

Cada uno de los cuatro evangelios tiene su carácter y su propósito distintivos: los cuatro hablan de un sólo Cristo; son cuatro cuadros de un solo Maestro, cuatro retratos de un solo Señor. En cada evangelio hay que preguntar dos cosas: ¿Puedo descubrir su propósito? ¿Puedo hallar el plan sobre el cual es llevado a cabo este propósito? Consideremos el propósito de Mateo, tal como se revela en el capítulo. En el versículo 1 tenemos tres nombres íntimamente asociados: Jesús, David, Abraham. Al instante nos damos cuenta de la clave. Es un libro relacionado con los judíos. Al leerlo llegamos al versículo 22 donde la expresión "para que se cumpliese" nos da ahora la indicación. Es Un libro que relaciona a Jesús con el Antiguo Testamento. Esta frase y la expresión paralela «como está escrito» (2:5) se encuentra repetidas veces en Mateo, y deben ser notadas. El propósito, pues, es presentar a Jesús como el Mesías, El salvador de los judíos, el cumplimiento del Antiguo Testamento. Pero ¿cómo se cumple el propósito? ¿Hay algún plan en el libro? Hay marcas de una estructuración cuidadosa. Miremos en 4:17: "A partir de entonces", y en 16:21 "Desde entonces" (la misma frase en griego). estas dos expresiones dividen al evangelio en sus partes. Hasta 4:17, todo es introductorio; luego en 4:17 tenemos el relato del principio del ministerio. Notemos cuidadosamente que en esta sección (4:17-16:20) no tenemos ninguna referencia a la muerte; sólo las instrucciones generales del Señor y milagros. Pero en 16:21 hay una nueva frase. A partir de entonces Jesús empieza a revelar sus próxima muerte, los milagros son menos, y la revelación de la pasión se hace mas prominente. Así que tenemos nuestro análisis principal del evangelio

1.- Introducción hacia el ministerio 1:1-4:16.

2.- Principio del ministerio 4:17-16:20

3.- Ultima fase del ministerio 16:21-26-2

4.- Muerte y resurrección 26:3-28:20

Este es el plan general. Si damos una mirada más de cerca al libro hallamos una frase en forma casi idéntica en cinco lugares del evangelio. Véase 7:2811:113:5319:126:1. Estas frases se hallan cada una de ellas al concluir una sección de enseñanza, y podemos ver al instante que el evangelio de Mateo da una parte prominente a la enseñanza de nuestro Señor Si se estudian las cinco grandes secciones observaremos que representan un aspecto quíntuplo y un orden de enseñanza lleno de profundo interés, una quíntuplo proclamación del Reino. Esto debe ser estudiado cuidadosamente Es un rasgo especial del primer evangelio.

Luego, cuando seguimos leyendo podemos ver que los milagros suelen estar agrupados, así en el capítulo 8, aunque, en general, podemos decir que en Mateo se hace énfasis en las palabras de Jesús, no en sus obras.

Una vez más leemos este evangelio y notamos la frase «el reino de los cielos», que se encuentra por lo menos treinta y siete veces, y ni una en Marcos y Lucas, donde se habla del "Reino de Dios". Aquí hay otra indicación de nuestro Señor de fundar su reino. Así se nos hace ver por todo el, la grandeza y la gloria del Rey mesiánico en sus palabras y obras, hasta que al final del evangelio viene la proclamación de "todo poder" y la seguridad de su presencia perpetua.

MARCOS.

Una vez que nos preguntamos sobre el propósito y vemos que se nos sugiere en el primer capítulo, en los primeros versículos. Aquí no hay nada de genealogías, ni datos de la infancia, sino que se nos introduce de modo abrupto en la vida y obra activa del Hijo de Dios. Al ir leyendo, esta impresión se va profundizando. Muy poco sobre la enseñanza de nuestro Señor, pero mucho sobre el servicio activo. Incluso así el plan general del evangelio está marcado por su contenido de modo muy semejante al de Mateo.

1.- Introducción al ministerio 1:1-4

2.- Primera fase del ministerio. 1:15-9:50

3.- Fase final del ministerio. 10:1-13:37

4.- Muerte y resurrección. 14:1-16:20

A la luz del énfasis que se hace en la actividad de nuestro Señor hemos de notar la frecuencia del uso de la palabra "inmediatamente" o sus equivalentes. Luego, como el secreto de esta actividad, nótese que ningún evangelio da tanta prominencia a los períodos de descanso o retiro de nuestro Señor de esta obra evangelizadora. Véase 1:35 y búsquense los otros.

LUCAS.

Pasamos ahora al tercer evangelio y nos encontramos con un prefacio que afirma el propósito general del autor, pero no nos dice nada sobre su punto de vista. El primer capítulo, sin embargo, respira un espíritu muy humano y de simpatía. Sentimos que nos hallamos en medio de personas que viven vidas hermosas, y tenemos vistas de corazones y de hogares llenos de "dulzura y de luz". Así es también el capítulo 2, y al leer el capítulo 3, nos parece recoger una pista en la diferencia en la genealogía, comparándola con la de Mateo. Allí se termina en Abraham. Aquí se llega a Adán. Ésta es nuestra clave. El tercer evangelio es el evangelio de nuestro Señor para la humanidad, tierno, amoroso, y nos lo pinta como el Hijo del hombre más bien que como el Hijo de David; y a medida que leemos con esta clave hallamos ilustración tras ilustración de este espíritu en la selección de los materiales. Algunas de las parábolas y gran parte de la enseñanza es así. Lucas es el evangelio del amor y la gracia para los descastados, los sufrientes, el samaritano, el pródigo. Leámoslo cuidadosamente y busquemos este punto a lo largo del mismo.

El material es ordenado conforme al mismo modo general de los evangelios precedentes:

1.- Introducción al ministerio. Capítulo 1-3

2.- Primera fase del ministerio. 41-950

3.- Fase final del ministerio. 9:51-19:48

4.- Muerte y resurrección. 20:1-24:53

Estos tres son los llamados "evangelios sinópticos", porque dan una sinopsis, o sea un bosquejo casi idéntico del ministerio de nuestro Señor. Están estructurados bajo el mismo plan general, lo cual es evidente a pesar de las características peculiares de cada uno.

Aquí estamos interesados en dominar cada evangelio por separado. Luego vamos a considerarlos en sus relaciones mutuas.

JUAN.

El cuarto evangelio completa el cuadro cuádruplo de nuestro Señor. El propósito de este evangelio se afirma de modo claro en 20:31. Este versículo debería ser estudiado cuidadosamente. El evangelio tiene un propósito "se ha escrito para que" y este propósito es doble: llevar a la creencia en el Jesús histórico como Mesías e Hijo de Dios, y conducir, por medio de esta creencia, a la posesión de la vida. Considerando las siete palabras usadas en el versículo: Creer; Jesucristo; Hijo de Dios; tener; vida; en su nombre. Sobre ellas se edifica el evangelio. Ellas forman su sustancia.

Pero ¿tiene el evangelio un plan? Sin duda, porque su propósito es expresado mediante el plan. Este plan es la presentación de Cristo en aquellos aspectos que estimulan la fe. Estos materiales están seleccionados claramente y lo revelan.

Con todo, junto a esto hay el hecho evidente que no todos le reciben, y así el evangelio revela una creciente incredulidad, que culmina en su rechazo y en la crucifixión. Esta incredulidad se explica por la enraizada pecaminosidad del hombre y su consiguiente separación de Dios. Así estos tres elementos corren paralelos por el evangelio; revelación, recepción, rechazo. Se hallan en el prólogo; y se entretejen en cada capítulo.

Con esta doble clave de la creencia y la incredulidad, podemos ahora considerar el plan, y observemos cuán íntimamente se adhiere al propósito.

1.- Prologo, 1:1-18. Versículos 1-4, revelación; 5-11, rechazo; 12-18, recepción

2.- Revelación del Mesías 1:19-6:71. Los comienzos de la fe y la incredulidad

3.- Conflicto y desarrollo de la incredulidad en una hospitalidad activa junto al aumento en la fe, 7-12

4.- Desarrollo de la fe, 13-17

5.- Culminación de la incredulidad, 18-19

6.- Victoria de la fe, 20

7.- Epílogo, 21

De modo que, en el fundamento de las manifestaciones de Jesucristo, se presentan dos factores morales decisivos, de fe y de incredulidad. Vale la pena notar que el prólogo contiene un sumario de todo el evangelio.

1.- Capítulo 1:1-4, revelación = capítulo 1:19. Capítulo 6

2.- Capítulo 1:5-11, rechazo = capítulo 7. Capítulo 12

3.- Capítulo 1:12-18, recepción = capítulo 13. Capítulo 21

Hay una indicación significativa de este contraste entre fe y falta de fe en la fase "los suyos", que en 1:11 se refiere a la incredulidad, y en 13:1 a la creencia. Éstas son prácticamente las dos grandes secciones del evangelio.

Podemos notar también en el plan anterior, una estructura séptuple, y ver cómo la primera división contesta a la séptima, la segunda a la sexta, y la tercera a la quinta, dejando la central (Capítulos 13:17) como la almendra o núcleo dominante de todo el propósito: el crecimiento de la fe.

A partir de este bosquejo es posible y necesario entrar en un estudio detallado, y cuanto más minuciosa sea la consideración, más claramente se verán las glorias que revela este evangelio. Todo se hallará que sirve al propósito y forma parte del plan. Por este medio se puede obtener un conocimiento y fondo del contenido, y también un conocimiento del pensamiento en orden y continuidad. Esto será mucho más ventajoso que una mera serie o recuerdo de los capítulos aunque se titulen con los sucesos ocurridos en ellos. Una ayuda así puede ser útil y todo el que desee hacerla puede pensar en una cumbre con dos caminos uno hacia arriba y, en el otro lado, uno hacia abajo. Luego, tomando el capítulo central (capítulo 11) como la cumbre (el mayor milagro) es posible dirigirse hacia atrás, los diez primeros, o hacia el final, los diez últimos, para comprender mejor el contenido. Pero es básico también captar el orden del pensamiento y del contenido, y así seguir el maravilloso relato que da Juan de su Maestro y el nuestro.

Hemos entrado en más detalles en este evangelio debido a su gran importancia, pero nuestro interés es estimular las ideas, así que instamos a la lectura concienzuda del evangelio. Es necesario releerlo con frecuencia (podría llevarse en el bolsillo) y seguir hasta la gran culminación y la mayor confesión de fe: "Señor mío y Dios mío."

LOS HECHOS.

Para los obreros cristianos en particular este libro es del máximo valor, v debería hacerse de él un estudio cuidadoso y a conciencia. Se halla entre los evangelios y las epístolas y es el eslabón de enlace entre ellos. Es a la vez la explicación necesaria de los evangelios y la base requerida para las epístolas.

Su conexión con los evangelios es íntima e importante, especialmente con el de Lucas. Esto se puede ver en los dos relatos de los "cuarenta días" en Lucas 24 y Hechos 1, el primero de los cuales está escrito desde el punto de vista del término de la vida terrenal y el otro desde el del comienzo de la vida celestial de nuestro Señor.

¿Cual es el propósito de los Hechos? Estúdiese cuidadosamente 1:1-2. El "tratado anterior" es un relato de lo que Jesús empezó a hacer y enseñar antes de su ascensión. El libro presente es un relato de lo que siguió haciendo y enseñando después de sus ascensión. Así que el libro realmente es un relato de los "Hechos del Señor ascendido". El es el verdadero obrero (1:242:333:164:10); y el Espíritu Santo es el poder real (1:2 y otros pasajes). Luego nótese la obra descrita. "Haciendo y enseñando." Es un libro de hechos y palabras, acciones e instrucción. Nótese el orden y véase Lucas 24:19 y Hechos 7:22. Considérese también el énfasis en la palabra empezó. Este libro es también una historia de comienzos, los comienzos de la Iglesia en localizaciones particulares, las primeras muertas de los varios métodos de la obra cristiana. Este es el propósito, y el libro debe estudiarse teniendo esto a la vista, si lo hemos de hacer nuestro con precisión.

Pero ¿tiene también un plan este libro? ¿Es posible seguir el propósito en la forma como se realiza? Veamos en capítulo 1:8, y nótense tres grandes hechos: 1) El propósito ha de ser realizado por medio de una cierta clase de personas: "Me seréis testigos.» 2) Y por medio de progreso en un cierto orden: En Jerusalén, Samaria, lo último de la tierra." Esto no es sólo geográfico sino también espiritual. Jerusalén significa las personas que tienen una religión verdadera en forma falsa o imperfecta. Samaria representa una mezcla de verdadero y falso: "Lo último de la tierra indica las religiones falsas o la ausencia de religión." 3) Este propósito ha de ser realizado por medio de un poder especial ("el Espíritu Santo"). Todo el libro está escrito sobre estas líneas.

Ahora bien, analicemos el libro, y considerémoslo desde más de un punto de vista. Considerémoslo:

1.- Según la extensión histórica (hacia fuera):

a).- Iglesia de Jerusalén. 1:1-7:60

b).- Iglesia de Palestina. 8:1-12:25

c).- Iglesia de los gentiles. 13:1-28:31

2.- Según la expansión espiritual (hacia dentro):

a).- Comienzo claro. 1:1-8:3

b).- Experiencias profundizantes 8:4-12:25

c).- Progreso asombroso 13:1-21:16

d).- Freno aparente. 21:17-28:31

3.- Según el esfuerzo personal (los dos hombres alrededor de los cuales gira la historia):

a).- Pedro 1-12, en cinco secciones (hallarlas), y termina con su encarcelamiento y liberación

b).- Pablo 13-28, en cinco secciones (búsquense), terminando con su encarcelamiento (¿y libertad?)

De nuevo insistimos en la necesidad de un estudio de estos dos libros, Juan y Hechos. Por ello hemos dado un bosquejo más detallado. Ellos suministrarán a la mente y al corazón abundancia de luz, gracia y poder, enriquecimiento y equipando para el servicio de Dios.

Completamos nuestra consideración del estudio del Nuevo Testamento por libros, dando algunas sugerencias sobre el estudio de las Epístolas. Esta sección del Nuevo Testamento es apropiada para el método que estamos considerando, pues las Epístolas tienen en su mayor parte un propósito definido y es fácil analizarlo.

ROMANOS.

La primera Epístola del Nuevo Testamento en el orden en que las tenemos en nuestras versiones es en algunos aspectos la mayor de todas ellas. la clave de su significado se halla en 1:17. El evangelio se dice que es el poder de Dios para salvación (v. 16), porque en él se revela la justicia de Dios (v. 17). El tema de la Epístola es "la justicia de Dios", y toda ella está construida sobre esta idea. Leámosla en una sesión si es posible pensando en esta idea. Luego hay que leerla de nuevo, y aún una tercera vez, notando cuidadosamente la impresión general que hace. Luego consideremos el siguiente análisis Buscar si es correcto. Mejorar, modificar o alterar si es necesario.

Introducción personal. 1:1-15

1.- La justicia requerida por Dios a causa del pecado. 1:16-3:2.

2.- La justicia provista por Dios en Cristo. 3:21-26

3.- La justicia recibida por la fe. 3:27-30

4.- La justicia vista con anticipación e ilustrada en el Antiguo Testamento. 4:1-25

5.- La justicia realizada en la experiencia personal. 5-8

6.- La justicia rechazada por los judíos satisfechos de sí mismos. 9-11.

7.- La justicia manifestada en la vida diaria. 12:1-15:13

Terminación personal. 15:36-16:27

Se ve pues que casi cada aspecto de la justicia es discutido e ilustrado en la Epístola. Notemos también que "la justicia de Dios" incluye dos elementos: su justicia personal, esto es la justicia de su carácter, revelada en Cristo; y la justicia concedida, esto es, la justicia de su gracia impartida en Cristo. Vemos esto en el gran pasaje de 3:26; "A fin de que Él sea justo [personal] y el que justifica [concedida]." En otros pasajes se hace énfasis en la una o la otra, según el contexto. Todo cristiano debería asegurarse de entender tanto como le sea posible esta Epístola a los Romanos. Es una educación para la mente, el corazón, la conciencia y el alma.

GALATAS.

El obispo Lightfoot dice que Gálatas es un bosquejo de Romanos, el cual es el cuadro terminado. La simple división consiste de tres partes de dos capítulos cada una:

1.- Personal. 1 y 2

2.- Doctrinal. 3 y 4

3.- Práctica. 5 y 6

Hay pocas epístolas más intensas en sentimientos y expresión. Procede el mismo corazón de un pastor fiel, que teme la pérdida del rebano; el rebaño querido por él, que fue recogido en su primer viaje misionero (Hechos 1314).

EFESIOS.

Una cumbre de revelación, Efesios revela los propósitos últimos y sublimes de Dios en Cristo y en la Iglesia. Como es corriente en Pablo, la gran división es doctrina (1-3) y práctica (4-6), la última sigue como corolario inevitable de la primera. La doctrina más alta es el motivo de poder para el deber más humilde. La nota clave se halla en 1:3 y toda la Epístola ilustra y elabora este versículo.

1 TESALONICENSES.

Aquí tenemos una de las Epístolas más simples (y probablemente de las primeras) entre los escritos paulinos. Consiste en dos partes.

1.- personal que termina con una oración (1-3),

2.- práctica, que termina con una oración (4-5).

HEBREOS.

Otra de las grandes Epístolas, Hebreos es una carta y un tratado. Considérese su tema en 1:1-4, la revelación completa y final de Dios en la persona divina y la obra sacerdotal de su Hijo:

1.- La gloria de la Persona. 1:4-4:13

2.- La gloria del sacerdocio 4:14-10:18

3.- La apropiación personal y la aplicación práctica. 10:19-12:29

Cada una de estas secciones está dividida y subdividida en el curso de la discusión. Puede verse un plan detallado en la obra de Murray "El Lugar Santísimo." Pero antes y de modo especial hay que hacer nuestro el contenido de la Epístola.

La Epístola trata su tema a la luz del Antiguo Testamento, y muestra la superioridad de nuestro Señor con respecto a los hombres y el ritual del Antiguo Pacto. La palabra "mejor" es la nota clave, y se halla unas once veces, en tanto que la "idea" se halla en cada capítulo.

1 PEDRO.

En vez de un análisis, una palabra clave es a veces de mayor ayuda. Lo es aquí, y la palabra es "sufrir". La epístola está escrita para animar a los cristianos que sufren y se les anima a resistir por medio de la idea de los sufrimientos de Cristo y la gloria venidera.

1 JUAN.

Esta es una de las Epístolas más difíciles de analizar, aunque hay una clara unidad de pensamiento a lo largo de la misma. El propósito es triple. 42:1 y 5:13; y estos tres hilos son esenciales en toda la Epístola. El último texto (5:13) la enlaza con el Evangelio como su continuación (20:31). La idea es que los que tienen vida por creer el evangelio deben conocerla (la Epístola, y seguir creyendo). Esta seguridad tiene tres pruebas: obediencia, amor a los hermanos y posesión del Espíritu. La obediencia se discute en 1:5-2:6; el amor en 2:7-3:24; y el Espíritu en 3:24-5:12.

Estos ejemplos de libros del Nuevo Testamento serán suficientes para ilustrar la necesidad y el valor de este modo de estudio. Hemos evitado dar muchos detalles, porque esto anularía nuestro objetivo, que es estimular a un estudio de primera mano todas las ayudas del mundo no pueden sustituirlo y quizá puede estorbarlo.

                   ¿Qué significa ser un cristiano nacido de nuevo?

¿Qué significa ser un cristiano nacido de nuevo? El pasaje clásico de la Biblia que responde a esta pregunta es el de Juan 3:1-21. El Señor Jesucristo está hablando con Nicodemo, un fariseo prominente y miembro del Sanedrín (el consejo gobernante de los judíos). Había venido a Jesús de noche para hacerle algunas preguntas.


 Mientras Jesús hablaba con Nicodemo, Él dijo "...De cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios". Nicodemo le dijo, "¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?" Jesús contestó, "De cierto te digo, que el que no naciere del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo..." (Juan 3:3-7).


La frase "nacido de nuevo" literalmente significa "nacido de arriba". Nicodemo tenía una necesidad verdadera. Él necesitaba un cambio de corazón – una transformación espiritual. El nuevo nacimiento, el nacer de nuevo, es un acto de Dios por el cual la vida eterna es impartida a la persona que cree (2 Corintios 5:17Tito 3:51 Pedro 1:31 Juan 2:293:94:72:1-418). Juan 1:1213 indican que "el nacer de nuevo" también transmite la idea de "volverse hijo de Dios" al confiar en el nombre de Jesucristo.

La pregunta viene de manera lógica, "¿Por qué una persona necesita nacer de nuevo?". El apóstol Pablo en Efesios 2:1 dice, "Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados...". A los Romanos en Romanos 3:23, el apóstol escribió, "Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios". (Romanos 3:23). Los pecadores están espiritualmente "muertos"; cuando reciben vida espiritual a través de la fe en Cristo, la biblia lo compara con un nuevo nacimiento. Sólo aquellos que han nacido de nuevo tienen sus pecados perdonados y tienen una relación con Dios .

¿Cómo ocurre eso? Efesios 2:8,9 declara , "Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe". Cuando uno es "salvo", él (o ella) ha nacido de nuevo, ha sido renovado espiritualmente, y ahora es hijo de Dios por el derecho de este nuevo nacimiento. Confiar en Jesucristo, en Aquel quien pagó el castigo del pecado al morir en la cruz, es lo que significa "nacer de nuevo" espiritualmente. "De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es..." (2 Corintios 5:17).

Si nunca ha confiado en el Señor Jesucristo como su Salvador, ¿consideraría usted dar lugar al Espíritu Santo mientras Él le habla a su corazón? Usted necesita nacer de nuevo. ¿Haría usted la oración de arrepentimiento para así volverse hoy una nueva creación en Cristo? "Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios". (Juan 1:12-13)

Si usted desea aceptar a Jesucristo como su Salvador y nacer de nuevo, aquí está una oración modelo. Recuerde, hacer esta oración o cualquier otra, no va a salvarlo. Es solamente el confiar en Jesucristo lo que le puede librar del pecado. Esta oración es simplemente una manera de expresar a Dios su fe en Él, y agradecerle por proveerle su salvación. "Dios, sé que he pecado contra ti y merezco el castigo. Pero Jesucristo tomó el castigo que yo merecía, de manera que a través de la fe en Él yo pueda ser perdonado. Me aparto de mi pecado y pongo mi confianza en Ti para la salvación. ¡Gracias por Tu maravillosa gracia y perdón – el don de la vida eterna! En el nombre de Jesús, ¡Amén!"

               
                  MUI INPORTANTES INFORMACION DOCTRINAL BIBLICA

El día de Pentecostés, Pedro dijo a la multitud: "Entonces Pedro les dijo: "Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo" (Hechos 2:38). Su mandato con respecto al bautismo era que se hiciera "en el nombre de Jesucristo". Antes, Jesús había dicho a Sus discípulos que bautizaran a los discípulos "en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo" (Mateo 28:19). La diferencia en las palabras ha llevado a muchos a preguntarse, "¿Cuál es la fórmula correcta? ¿Debemos bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; o debemos bautizar sólo en el nombre de Jesús?"

Una explicación apunta al hecho de que el Padre, el Hijo y el Espíritu son "tres en uno". Ser bautizado en el nombre de una persona de la Divinidad es lo mismo que ser bautizado en el nombre de los tres. Sin embargo, hay una explicación más probable, donde se tiene en cuenta la audiencia para cada orden.

Cuando Jesús dio la Gran Comisión, estaba enviando a Sus seguidores a todo el mundo para hacer discípulos "a todas las naciones" (Mateo 28:19). En el mundo pagano, se encontrarían con aquellos que no sabían absolutamente nada acerca del Único Dios Verdadero, personas idólatras que estaban "sin esperanza y sin Dios en el mundo" (Efesios 2:12). Al predicar el evangelio a tales personas, los apóstoles tendrían que incluir necesariamente la enseñanza de cómo es Dios, incluyendo Su naturaleza triuna. (Fíjense con qué información básica comienza Pablo su discurso a los atenienses en Hechos 17). Aquellos que recibieron el evangelio y fueron bautizados se convertirían a un sistema religioso completamente diferente y aceptarían una nueva comprensión de quién es Dios.

Por el contrario, Pedro hablaba en el día de Pentecostés a los fieles judíos que ya tenían una comprensión de Dios Padre y del Espíritu de Dios. La parte de la ecuación que les faltaba era Jesús, el Hijo de Dios, y sin Jesús, no podían ser salvos (Hechos 4:12). Al presentar el evangelio a los judíos, Pedro les ordena que se bauticen en el nombre de Jesús, es decir, que ejerzan la fe en Aquel a quien habían crucificado. Habían confesado el Padre y el Espíritu, pero necesitaban confesar al Hijo. Los que recibieron el evangelio ese día se dedicaron al señorío de Jesús. Ya no lo rechazaban, sino que lo reconocían como su Mesías y la única esperanza de salvación.

Probablemente deberíamos considerar que la fórmula estándar para el bautismo cristiano es en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. El énfasis de Pedro en el nombre de Jesús es comprensible, dado que estaba hablando con los mismos judíos que antes habían rechazado y negado a Jesús como su Mesías.

El mensaje del evangelio sigue cambiando vidas hoy en día. Aquellos que ponen su fe en Jesucristo todavía reciben el don del Espíritu Santo de parte del Padre. Y el bautismo en agua sigue siendo el método ordenado por Dios para hacer una profesión pública de nuestra fe, identificándonos con la muerte, sepultura y resurrección de Cristo.

                                            LA DOCTRINA DE LA FE 

Los estatutos de la fe son las declaraciones resumidas de las creencias fundamentales que tienen los individuos, las iglesias o los ministerios. Establecen las verdades esenciales que guían cada área de creencia y práctica. A veces a los estatutos de fe se les denomina declaración doctrinal, declaración de fe o declaración de creencia. Los creyentes a través de los tiempos han elaborado estas declaraciones que con frecuencia se han memorizado en forma de credos. Uno de los primeros estatutos de fe fue establecido en Deuteronomio 6:4-7: "Oye, Israel: el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes". Esto es conocido por los judíos como el "shema", y es el fundamento de todos los mandamientos de Dios. Establece la unidad de Dios, la supremacía de Dios, y la prioridad de servir a Dios. Los Diez Mandamientos son otra parte de esos primeros artículos de fe.

Un credo cristiano antiguo se describe en 1 Corintios 15:1-4. "Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano. Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras". Este artículo de fe declara lo esencial para la fe salvadora en Cristo. Declaraciones como esta establecen un punto en común alrededor del cual la gente puede reunirse y tener unidad en la fe (1 Corintios 1:10).

En la iglesia primitiva, el desarrollo de los credos y artículos de fe fue a menudo impulsado por el surgimiento de falsos maestros. Las simples declaraciones de fe carecen de detalles, y como resultado, admiten una enorme discrepancia en su aplicación. A medida que aparecían enseñanzas y prácticas cuestionables, los líderes de las iglesias se reunían para escudriñar las Escrituras y exponer las verdaderas creencias, u ortodoxas, de la iglesia. Este proceso se ve en Hechos 15:1-29, cuando algunos maestros dijeron que los gentiles tenían que ser circuncidados para ser salvos. Los apóstoles y los ancianos de Jerusalén se reunieron para discutir el tema, y escribieron una carta para informar a las iglesias que el cumplimiento de la Ley de Moisés no era necesario para la salvación. El Credo de los Apóstoles, el Credo Niceno y otros similares fueron creados como respuesta a desafíos similares contra las creencias ortodoxas.

Hoy en día, la mayoría de los artículos de fe están dispuestos en orden temático, enumerando las áreas primarias de la doctrina con los detalles relevantes a continuación. Algunos de los temas clave que suelen incluirse en los artículos de fe cristiana son: Bibliología — Doctrina de la Biblia; Teología — Doctrina de Dios; Antropología — Doctrina del Hombre; Hamartiología — Doctrina del Pecado; Cristología — Doctrina de Cristo; Soteriología — Doctrina de la Salvación; Neumatología — Doctrina del Espíritu Santo; Eclesiología — Doctrina de la Iglesia; Escatología — Doctrina de las Cosas Futuras. Dentro de cada una de estas categorías hay muchas subcategorías, y las iglesias varían significativamente en sus creencias para cada área. A veces los artículos de fe están escritos en forma muy simple, permitiendo un amplio espectro de creencias específicas, y otras veces los artículos son muy detallados, para reducir el alcance de las creencias y prácticas aceptadas.

La historia de la Iglesia nos ha enseñado que cuanto más abiertos y generales sean los artículos de fe, mayores serán las probabilidades de que aparezcan falsas enseñanzas y de que se afiancen. La historia también nos ha enseñado que no importa lo que digan los artículos de fe, éstos son esencialmente inútiles a menos que las iglesias y las personas los conozcan y los sigan. En el pasado, era común que los creyentes memorizaran los catecismos y credos, dándoles una base sólida para examinar nuevas ideas. Hoy en día, la tendencia que prevalece parece ser la apertura o la ignorancia con respecto a la doctrina. La mayoría de los cristianos difícilmente pueden expresar lo que creen con alguna profundidad, y el resultado es un mosaico de creencias que a veces son contradictorias. La Palabra de Dios nos dice "examinadlo todo; retened lo bueno" (1 Tesalonicenses 5:21). Esto significa examinar las cosas en busca de la solidez, con el fin de saber si se reciben o se rechazan. Esto es lo que condujo a los grandes credos y artículos de fe en el pasado, y es lo que nos ayudará a saber lo que creemos y por qué lo creemos hoy en día.

                                  LAS 95 TESIS DE MARTIN LUTERO

En 1517, un sacerdote y profesor de teología alemán llamado Martín Lutero escribió las "95 tesis". Sus ideas revolucionarias sirvieron de catalizador para la eventual ruptura con la Iglesia católica y fueron posteriormente decisivas para la formación del movimiento conocido como la Reforma Protestante. Lutero escribió sus radicales "95 tesis" para expresar su constante preocupación por la corrupción de la Iglesia. Básicamente, sus Tesis pedían una reforma total de la Iglesia Católica y desafiaban a otros eruditos para debatir con él sobre cuestiones de política eclesiástica.


Uno de los principales asuntos que preocupaban a Lutero era la venta de "indulgencias" por parte de los representantes de la Iglesia como forma de eximirles de la obligación de hacer penitencia por sus pecados. La Iglesia también exigía indulgencias para limitar la cantidad de tiempo que el ser querido de quien las compraba tendría que pasar en el Purgatorio. "Cuando la moneda cae en la caja, el alma sale volando [del purgatorio]". Lutero sentía que estos representantes de la iglesia estaban enseñando a la gente que podían literalmente comprar su camino al reino de Dios o comprar el favor de Dios. Su creencia era que el papado se había deteriorado al punto que la gente estaba siendo llevada a creer en doctrinas hechas por el hombre. Lutero creía que el Papa tenía el poder de limitar o eliminar las penitencias impuestas por el clero, pero no tenía el poder de provocar el arrepentimiento interior que conduce a la salvación. Sólo Dios podía hacerlo. De acuerdo con las Tesis, las indulgencias son positivamente dañinas, ya que inducen una falsa seguridad de paz, y hacen que quien las recibe descuide el verdadero arrepentimiento.

Lutero publicó sus "95 Tesis" siendo plenamente consciente de que se enfrentaba a la excomunión e incluso a la muerte por protestar contra las tradiciones y creencias de la Iglesia Católica. Hacerlo se consideraba una herejía contra Dios. Las "95 Tesis" de Lutero fueron muy solicitadas por el pueblo y pronto se tradujeron al alemán para que el pueblo las leyera. Posteriormente, la imprenta permitió una amplia distribución de las Tesis, provocando en el pueblo un mayor desencanto con las costumbres de la Iglesia católica.

En 1521, el Papa León X excomulgó a Lutero de la Iglesia Católica y lo declaró hereje. Lutero fue tan despreciado por la iglesia que se emitió una orden de muerte, autorizando a cualquiera para que lo matara. Sin embargo, el príncipe Federico de Sajonia, firme defensor de Lutero, le dio protección. Escondido en uno de los castillos de Federico, Lutero comenzó a elaborar una traducción de la Biblia al idioma alemán. Diez años más tarde la completó finalmente.

Fue en 1529, unos 12 años después de que Lutero clavara sus Tesis en la puerta de la iglesia, cuando la palabra "protestante" se convirtió en un término popular para describir a quienes apoyaban las protestas de Lutero contra la Iglesia. Estos opositores a la Iglesia declaraban su lealtad a Dios y protestaban por cualquier lealtad o compromiso con el emperador. Desde entonces, el nombre de "protestante" se aplicó a todos los que defendían la reforma de la Iglesia. Lutero murió en 1546 con sus revolucionarias Tesis formando la base de lo que hoy se conoce como la Reforma Protestante.

A continuación, presentamos el texto completo de las 95 Tesis de Martín Lutero:

Por amor a la verdad y en el afán de sacarla a luz, se discutirán en Wittenberg las siguientes proposiciones bajo la presidencia del R. P. Martín Lutero, Maestro en Artes y en Sagrada Escritura y Profesor Ordinario de esta última disciplina en esa localidad. Por tal razón, ruega que los que no puedan estar presentes y debatir oralmente con nosotros, lo hagan, aunque ausentes, por escrito. En el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén

1. Cuando nuestro Señor y Maestro Jesucristo dijo: “Haced penitencia…”, ha querido que toda la vida de los creyentes fuera penitencia.

2. Este término no puede entenderse en el sentido de la penitencia sacramental (es decir, de aquella relacionada con la confesión y satisfacción) que se celebra por el ministerio de los sacerdotes.

3. Sin embargo, el vocablo no apunta solamente a una penitencia interior; antes bien, una penitencia interna es nula si no obra exteriormente diversas mortificaciones de la carne.

4. En consecuencia, subsiste la pena mientras perdura el odio al propio yo (es decir, la verdadera penitencia interior), lo que significa que ella continúa hasta la entrada en el reino de los cielos.

5. El Papa no quiere ni puede remitir culpa alguna, salvo aquella que él ha impuesto, sea por su arbitrio, sea por conformidad a los cánones.

6. El Papa no puede remitir culpa alguna, sino declarando y testimoniando que ha sido remitida por Dios, o remitiéndola con certeza en los casos que se ha reservado. Si éstos fuesen menospreciados, la culpa subsistirá íntegramente.

7. De ningún modo Dios remite la culpa a nadie, sin que al mismo tiempo lo humille y lo someta en todas las cosas al sacerdote, su vicario.

8. Los cánones penitenciales han sido impuestos únicamente a los vivientes y nada debe ser impuesto a los moribundos basándose en los cánones.

9. Por ello, el Espíritu Santo nos beneficia en la persona del Papa, quien en sus decretos siempre hace una excepción en caso de muerte y de necesidad.

10. Mal y torpemente proceden los sacerdotes que reservan a los moribundos penas canónicas en el purgatorio.

11. Este abuso de cambiar la pena canónica por la pena del purgatorio parece haber surgido cuando los obispos dormían.

12. Antiguamente las penas canónicas no se imponían después sino antes de la absolución, como prueba de verdadero arrepentimiento y aflicción.

13. Los moribundos pagan todas las penas con su muerte, ya están muertos para los cánones, y tienen derecho a la exención de los mismos.

14. La salud o el amor espiritual imperfecto en el moribundo trae necesariamente consigo un gran temor; y cuanto menos es este amor, mayor es el temor que trae.

15. Este temor y horror son suficientes por sí solos (por no hablar de otras cosas) para constituir la pena del purgatorio, puesto que están muy cerca del horror de la desesperación.

16. Al parecer, el infierno, el purgatorio y el cielo difieren entre sí como la desesperación, la cuasi desesperación y la seguridad de la salvación.

17. Parece como si en el Purgatorio aumentara el amor en las almas, como disminuye el miedo en ellas.

18. No parece probarse ni con argumentos ni con la Sagrada Escritura que estén fuera del estado de mérito y demérito, o aumento de amor.

19. Tampoco parece probarse esto, que todos ellos estén seguros y confiados de su salvación, aunque podamos estar muy seguros de ella.

20. Por tanto, el Papa, al hablar de la remisión perfecta de todas las penas, no quiere decir que se perdonen todas las penas en general, sino solamente el de aquellas que él mismo impuso.

21. Por lo tanto, se equivocan los predicadores de indulgencias que dicen que, por la indulgencia del Papa, un hombre puede quedar exento de todas las penas, y salvarse.

22. De modo que el Papa no remite pena alguna a las almas del purgatorio que, según los cánones, ellas debían haber pagado en esta vida.

23. Si a alguien se le puede conceder en todo sentido una remisión de todas las penas, es seguro que ello solamente puede otorgarse a los más perfectos, es decir, muy pocos.

24. Por esta razón, la mayor parte de la gente es necesariamente engañada por esa indiscriminada y jactanciosa promesa de la liberación de las penas.

25. El poder que el Papa tiene universalmente sobre el purgatorio, cualquier obispo o cura lo posee en particular sobre su diócesis o parroquia.

26. Muy bien procede el Papa al dar la remisión a las almas del purgatorio, no en virtud del poder de las llaves (que no posee), sino por vía de la intercesión.

27. Mera doctrina humana predican aquellos que aseveran que tan pronto suena la moneda que se echa en la caja, el alma sale volando.

28. Cierto es que, cuando al tintinear, la moneda cae en la caja, el lucro y la avaricia pueden ir en aumento, más la intercesión de la Iglesia depende sólo de la voluntad de Dios.

29. Y quién sabe, también, si todas esas almas del Purgatorio desean ser redimidas, como se dice que ocurrió con San Severino y San Pascual.

30. Nadie está seguro de haberse arrepentido lo suficiente; mucho menos puede estar seguro de haber recibido la perfecta remisión de los pecados.

31. Cuán raro es el hombre verdaderamente penitente, tan raro como el que en verdad adquiere indulgencias; es decir, que el tal es rarísimo.

32. En el camino de la condenación eterna están ellos y sus maestros, los que creen que están seguros de su salvación por medio de las indulgencias.

33. Hemos de cuidarnos mucho de aquellos que afirman que las indulgencias del Papa son el inestimable don divino por el cual el hombre es reconciliado con Dios.

34. Pues aquellas gracias de perdón sólo se refieren a las penas de la satisfacción sacramental, las cuales han sido establecidas por los hombres.

35. Predica como un pagano aquel que enseña que los que van a librar las almas del purgatorio o a comprar indulgencias no necesitan arrepentimiento y contrición.

36. Todo cristiano que siente sincero arrepentimiento y contrición por sus pecados, tiene perfecta remisión de penas y culpas aun sin cartas de indulgencia.

37. Cualquier cristiano verdadero, sea que esté vivo o muerto, tiene participación en todos lo bienes de Cristo y de la Iglesia; esta participación le ha sido concedida por Dios, aun sin cartas de indulgencias.

38. No obstante, la remisión y la participación otorgadas por el Papa no han de menospreciarse en manera alguna, porque, como ya he dicho, constituyen un anuncio de la remisión divina.

39. Es sumamente difícil, incluso para los teólogos más sutiles, alabar al mismo tiempo ante el pueblo la gran riqueza de la indulgencia y la verdad de la contrición absoluta.

40. El verdadero arrepentimiento y la contrición buscan y aman el castigo; mientras que la abundante indulgencia exime de él, y hace que los hombres lo odien, o al menos les da ocasión de hacerlo.

41. Las indulgencias del Papa deben predicarse con cautela para que el pueblo no crea equivocadamente que deban ser preferidas a las demás buenas obras de caridad.

42. Debe enseñarse a los cristianos que no es la intención del Papa, en manera alguna, que la compra de indulgencias se compare con las obras de misericordia.

43. Hay que instruir a los cristianos que aquel que socorre al pobre o ayuda al indigente, realiza una obra mayor que si comprase indulgencias.

44. Porque, por el ejercicio de la caridad, ésta aumenta y el hombre se hace mejor, mientras que por medio de la indulgencia no se hace mejor, sino sólo más libre del castigo.

45. Debe enseñarse a los cristianos que el que ve a un indigente y, sin prestarle atención, da su dinero para comprar indulgencias, lo que obtiene en verdad no son las indulgencias papales, sino la indignación de Dios.

46. Debe enseñarse a los cristianos que, a menos que sean suficientemente ricos, es su deber guardar lo necesario para el uso de sus hogares, y de ninguna manera desperdiciarlo en indulgencias.

47. Debe enseñarse a los cristianos que la compra de indulgencias es opcional y no es obligatoria.

48. Se debe enseñar a los cristianos que el Papa, al vender indulgencias, tiene más necesidad y más deseo de una oración devota para sí mismo que del dinero.

49. Hay que enseñar a los cristianos que las indulgencias papales son útiles si en ellas no ponen su confianza, pero muy nocivas si, a causa de ellas, pierden el temor de Dios.

50. Hay que enseñar a los cristianos, que, si el Papa conociera los modos y las acciones de los predicadores de indulgencias, preferiría que la catedral de San Pedro se redujese a cenizas antes que construirla con la piel, la carne y los huesos de sus ovejas.

51. Se debe enseñar a los cristianos que el Papa, como es su obligación, también está dispuesto a dar de su propio dinero a muchísimos de aquellos a los cuales los pregoneros de indulgencias sonsacaron el dinero aun cuando para ello tuviera que vender la basílica de San Pedro, si fuera menester.

52. Vana es la confianza en la salvación por medio de una carta de indulgencias, aunque el comisario y hasta el mismo Papa pusieran su misma alma como prenda.

53. Son enemigos de Cristo y del Papa los que, para predicar indulgencias, ordenan suspender por completo la predicación de la palabra de Dios en otras iglesias.

54. Mal se hace a la palabra de Dios si en un mismo sermón se dedica tanto o más tiempo a las indulgencias que a la palabra del Evangelio.

55. La opinión del Papa no puede ser otra que ésta:- Si una indulgencia -que es lo más bajo- se celebra con una campana, una procesión y ceremonias, entonces el Evangelio -que es lo más alto- debe celebrarse con cien campanas, cien procesiones y cien ceremonias.

56. Los tesoros de la iglesia, de donde el Papa distribuye las indulgencias, no son ni suficientemente mencionados ni conocidos entre el pueblo de Dios.

57. Es evidente que no se trata de tesoros temporales, pues éstos no se gastan a la ligera, sino que son acumulados por muchos de los predicadores.

58. Tampoco son los méritos de Cristo y de los santos, porque éstos siempre obran, sin la intervención del Papa, la gracia del hombre interior y la cruz, la muerte y el infierno del hombre exterior.

59. San Lorenzo llamó a los pobres de la comunidad los tesoros de la comunidad y de la Iglesia, pero entendió la palabra en el sentido de su época.

60. No hablamos exageradamente si afirmamos que las llaves de la iglesia (otorgadas por el mérito de Cristo) constituyen ese tesoro.

61. Pues está claro que el poder del Papa es suficiente para la remisión de las penas y el perdón en los casos reservados.

62. El derecho y el verdadero tesoro de la Iglesia es el santísimo Evangelio de la gloria y de la gracia de Dios.

63. Este tesoro, sin embargo, es muy odiado, puesto que hace que los primeros sean postreros.

64. En cambio, el tesoro de las indulgencias, con razón, es sumamente grato, porque hace que los postreros sean primeros.

65. Por ello, los tesoros del evangelio son redes con las cuales en otros tiempos se pescaban a hombres poseedores de bienes.

66. Los tesoros de las indulgencias son redes con las cuales ahora se pescan las riquezas de los hombres.

67. Esas indulgencias, que los predicadores proclaman como grandes misericordias, son en verdad grandes misericordias, por cuanto promueven la ganancia.

68. Y, sin embargo, son de lo más pequeño comparadas con la gracia de Dios y con la devoción de la Cruz.

69. Los obispos y curas han de observar de cerca que los comisarios de los indultos apostólicos (es decir, papales) sean recibidos con toda reverencia.

70. Pero aún más deben observar atentamente que éstos no prediquen sus propios caprichos sino lo que el Papa ha ordenado.

71. El que hable contra la verdad de los perdones apostólicos, sea anatema y maldito.

72. Pero bendito sea el que se mantiene en guardia contra las palabras necias e insolentes del predicador de las indulgencias.

73. Así como el Papa deshonra y excomulga justamente a los que utilizan cualquier tipo de artimañas para hacer daño al tráfico de indulgencias.

74. Tanto más es su intención de deshonrar y excomulgar a los que, con el pretexto de las indulgencias, se valen de maquinaciones para hacer daño al santo amor y a la verdad.

75. Es un disparate pensar que las indulgencias del Papa sean tan eficaces como para que puedan absolver, para hablar de algo imposible, a un hombre que haya violado a la madre de Dios.

76. Afirmamos, por el contrario, que el indulto papista no puede quitar el menor de los pecados habituales, con respecto a la culpabilidad del mismo.

77. Afirmar que, si San Pedro fuese Papa hoy, no podría conceder mayores misericordias, constituye una blasfemia contra San Pedro y el Papa.

78. Afirmamos, por el contrario, que tanto éste como cualquier otro Papa tiene mayores misericordias que mostrar: a saber, el Evangelio, los poderes espirituales, los dones de sanidad, etc. (1.Cor.XII).

79. Blasfema contra Dios quien dice que la cruz con los brazos del Papa, puesta solemnemente en alto, tiene tanto poder como la Cruz de Cristo.

80. Aquellos obispos, curas y teólogos, que permiten que se pronuncien tales discursos entre el pueblo, tendrán un día que responder por ello.

81. Esos sermones impúdicos sobre las indulgencias hacen difícil, incluso para los doctos, proteger el honor y la dignidad del Papa contra las calumnias, o en todo caso contra las preguntas indiscretas de los laicos.

82. Por ejemplo: - ¿Por qué el Papa no libera a todas las almas al mismo tiempo del Purgatorio por amor santísimo y a causa de la más amarga angustia de esas almas -lo cual sería la más justa de todas las razones si él redime un número infinito de almas a causa del muy miserable dinero para la construcción de la catedral de San Pedro, siendo éste el más insignificante de los motivos?

83. O también: - ¿Por qué continúan las misas por los difuntos, y por qué el Papa no devuelve o permite que se retiren los fondos que se establecieron por el bien de los difuntos, ya que ahora es incorrecto orar por los que ya se han salvado?

84. De nuevo: - ¿Qué es esta nueva santidad de Dios y del Papa que, por causa del dinero, permiten a los malvados y al enemigo de Dios salvar un alma piadosa, fiel a Dios, y, sin embargo, no quieren salvar esa alma piadosa y querida sin pagar, por amor, y a causa de su gran angustia?

85. De nuevo: - ¿Por qué los cánones de la penitencia, hace tiempo abrogados y muertos en sí mismos, porque no se usan, se siguen pagando con dinero mediante la concesión de indultos, como si todavía estuvieran vigentes y vivos?

86. De nuevo: - ¿Por qué el Papa no construye la catedral de San Pedro con su propio dinero - ya que su riqueza es ahora mayor que la de Craso, - en lugar de hacerlo con el dinero de los pobres cristianos?

87. De nuevo: -¿Por qué el Papa condona o da a los que, por la perfecta penitencia, tienen ya derecho a la remisión y al perdón pleno?

88. De nuevo: -¿Que bien mayor podría hacerse a la iglesia si el Papa, como lo hace ahora una vez, concediese estas remisiones y este perdón cien veces al día a cada uno de los creyentes?

89. Si el Papa busca con su perdón la salvación de las almas, más que el dinero, ¿por qué anula las cartas de indulgencia concedidas hace tiempo, y las declara sin efecto, si son igualmente eficaces?

90. Reprimir por la fuerza estas preguntas tan reveladoras de los laicos, y no resolverlas diciendo la verdad, es exponer a la Iglesia y al Papa al ridículo del enemigo y hacer desgraciado al pueblo cristiano.

91. Por tanto, si se predicaran los indultos según la intención y opinión del Papa, todas esas objeciones se resolverían con facilidad o más bien no existirían.

92. Que se vayan, pues todos aquellos profetas que dicen al pueblo de Cristo: “Paz, paz”; y no hay paz.

93. Pero benditos sean todos aquellos profetas que dicen a la comunidad de Cristo: "La cruz, la cruz", y no hay cruz.

94. Hay que exhortar a los cristianos a que se esfuercen por seguir a Cristo, que es su cabeza, mediante la cruz, la muerte y el infierno,

95. Y así esperar con confianza entrar en el Cielo a través de muchas desgracias, antes que en una falsa seguridad.

PROFETAS DE LA BIBLIA 


Un profeta en la Biblia era alguien que revelaba los mensajes que Dios enviaba a otros. Algunos, como Moisés, escuchaban directamente de Dios y transmitían las palabras por escrito o de forma oral. Otros, como José y Daniel, interpretaban los sueños y/o visiones de otras personas. Los mensajes podían ser profecías del futuro, mensajes para el que los escuchaba o advertencias para otros. La vida de un profeta de Dios nunca fue fácil (ver Hechos 7:52). A continuación, se presenta una lista de profetas que se encuentran en la Biblia:

Profetas en el Antiguo Testamento

• Noé: Noé fue un profeta en el sentido de que Dios le habló sobre el futuro y posiblemente predicó el juicio contra otros. Génesis 7:1-4; 8:16-17, 21-22; y 9:1-16 registran momentos en los que Dios le habló directamente a Noé. Algunas veces se interpreta Hebreos 11:7 como que Dios le dijo a Noé que predicara contra la gente malvada que vivía a su alrededor, aunque las palabras "por esa fe condenó al mundo" puede también significar que la fe de Noé fue un ejemplo de cómo deberían haber actuado y una prueba de que la fe era posible.

• Abraham: Dios habló con Abraham varias veces. Muchas de sus conversaciones fueron de instrucción, aunque Dios también le dio a Abraham visiones del futuro. De hecho, en su primer encuentro, Dios comenzó diciéndole a Abram que dejara su país y viajara a un nuevo lugar (Génesis 12:1) y luego pasó directamente a una bendición que se duplicó como si fuera una profecía del futuro (Génesis 12:2-3).

• Jacob: En Génesis 28:10-22, Jacob tuvo su sueño de la escalera al cielo y una reiteración de la promesa de Dios a su padre Abraham. En Génesis 49, Jacob dio una profecía precisa sobre el futuro de los descendientes de sus hijos.

• José: En nuestra primera presentación de José, en Génesis 37:3-11, él contó dos sueños que había tenido: profecías de que un día gobernaría sobre sus hermanos y padres. Sus sueños indignaron tanto a sus hermanos que le vendieron como esclavo, lo que le llevó a ocupar una posición política tan elevada que tuvieron que acudir a él para que les diera de comer, cumpliendo así su sueño. Sin embargo, antes de llegar a esa posición, José interpretó los sueños del copero y del panadero del Faraón (Génesis 40) y luego el propio sueño del Faraón (Génesis 41:1-40).

• Moisés: Gran parte de Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio están llenos de mensajes de Dios a Moisés y por medio de él. Comienzan en el Éxodo 3, cuando Dios llamó a Moisés desde la zarza ardiente para que volviera a Egipto a pronunciar un juicio contra el faraón y rescatara a los israelitas. Las profecías de Moisés incluyen no solo reproches contra los israelitas, sino también predicciones sobre el futuro. Dios habló más a Moisés que a cualquier otro en la Biblia.

• Aarón: Cuando Moisés se quejó de que no era un buen orador en público, Dios hizo que su hermano, Aarón, fuera su portavoz. En Éxodo 7:1-7, Aarón comenzó su misión como profeta de Dios, reprendiendo y dando advertencias a los demás.

• María: En Éxodo 15:20 la hermana de Moisés, María, aparece como profeta. No sabemos específicamente qué mensaje le dio Dios, aparte del cántico que entona en el versículo 21. En Números 12, sin embargo, observamos que ni el juicio de ella ni el de Aarón estuvieron respaldados por lo que Dios les dijo.

• Los setenta ancianos de Israel: Aunque Dios había provisto a los israelitas de maná y agua, ellos exigieron también carne. Dios prometió complacerlos. Durante los preparativos, Moisés ordenó a los setenta ancianos que acudieran a la tienda de reunión, y el Espíritu Santo los invistió temporalmente con la capacidad de profetizar (Números 11:25).

• Eldad y Medad: Eldad y Medad eran dos de los setenta ancianos, pero por una razón desconocida se quedaron en el campamento y no fueron a la tienda de reunión. De todos modos, el Espíritu Santo los encontró y profetizaron por poco tiempo (Números 11:26).

• Balaam: Balaam tiene la particularidad de ser un verdadero profeta que además era un hombre malvado. El rey de Moab trató de sobornarlo para que maldijera a Israel. Balaam lo intentó, pero su temor a Dios, su integridad como profeta y su obstinada asna vencieron su codicia (Números 22-24). Hay una advertencia sobre el pecado de Balaam en Judas 1:11.

• Eliú: Los tres amigos de Job, que no le apoyaban, son muy conocidos, aunque hacia la mitad de sus consejos llegó Eliú. Su largo mensaje (Job 32-35) condenó a los otros tres amigos, confrontó a Job sobre su falta de confianza en Dios y les recordó a todos que Dios es justo.

• Josué: Cuando Moisés murió, Josué tomó el mando de la campaña de los israelitas hacia la Tierra Prometida. En Josué 1:1-9, Dios le dio ánimos para la dura tarea que tenía por delante y una promesa de éxito. También le advirtió que debía obedecer la ley que Dios le había dado a Moisés.

• Débora: Débora es la única mujer juez de Israel de la que se tiene constancia, y Jueces 4:4 dice que también era profetisa. En Jueces 4:6-7, Débora transmitió o hizo cumplir el mensaje de Dios al comandante militar Barak; en Jueces 4:9, comunicó una profecía de acontecimientos futuros.

• Gedeón: Gedeón fue uno de los profetas menos dispuestos de la Biblia. A lo largo de Jueces 6-8, Dios guió a Gedeón para que tomara un pequeño ejército y destruyera a los opresores madianitas y amalecitas. No está claro si Gedeón fue el profeta que transmitió la promesa de Dios en Jueces 6:8-10.

• Samuel: Samuel recibió su primer mensaje de Dios en 1 Samuel 3:4 cuando era un niño de corta edad. Pasó su vida como mensajero de Dios; dos de sus actos más significativos fueron ungir a Saúl (1 Samuel 9) y a David (1 Samuel 1:13) para ser rey. Las palabras que Samuel dirigió a Saúl sobre la sabiduría de Dios prácticamente no fueron escuchadas, y Samuel incluso regresó de la tumba para anunciar el castigo de Dios por la desobediencia de Saúl (1 Samuel 28:15-19).

• Una compañía de profetas: Poco después de la unción de Saúl como rey, éste se encontró con setenta profetas y se unió a ellos (1 Samuel 10:10).

• El rey Saúl: Samuel le dio a Saúl instrucciones específicas justo después de que Samuel lo ungiera para ser rey. Haciendo caso a las indicaciones de Samuel, Saúl se reunió con un grupo de profetas y profetizó con ellos (1 Samuel 10:10).

• Gad: Mientras eran perseguidos por Saúl, David y un grupo de seguidores se escondieron en una fortaleza. El profeta Gad le envió una palabra de Dios sobre lo que debía hacer después ( 1 Samuel 22:5).

• Natán: Natán parece haber sido la primera persona con quien David se comunicaba para recibir las palabras de Dios. En 2 Samuel 7:4-17, Natán le dijo a David que Salomón construiría el templo. En 2 Samuel 12:1-15, Natán reprendió a David por cometer adulterio con Betsabé y matar a su marido.

• David: En la época de los reyes, Dios acostumbraba a hablar al rey por medio de profetas, y no directamente como lo había hecho con Abraham, Moisés, Josué, Débora y Gedeón. Sin embargo, David debió recibir algún tipo de mensaje de Dios, ya que muchos de sus salmos profetizan la venida de Jesús (Salmo 8; 22; 110).

• Asaf: Asaf fue uno de los líderes de adoración designados por el rey David. Era un levita y un gran escritor: gran parte de los salmos fueron escritos por él o por quienes él inspiró. Sus canciones se cantaban junto con las de David en la época de Ezequías (2 Crónicas 29:30).

• Músicos del tabernáculo: Primera de Crónicas 25:1-7 enumera los músicos a los que David encomendó la tarea de tocar frente al tabernáculo y los identifica como profetas. Entre ellos están Hemán, nieto de Samuel, Jedutún y Asaf, además de sus hijos.

• Escritores de los salmos: Muchos de los salmos, aparte de los que se consideran que fueron escritos por David, se refieren a la venida de Cristo, incluyendo los salmos 2, 18, 89 (de Etán el ezraíta), 132 y muchos otros.

• Rey Salomón: En 1 Reyes 3, Dios le preguntó a Salomón en un sueño si había algo que le gustaría recibir de Él. Salomón eligió la sabiduría.

• Agur: Agur, el hijo de Jequé, lo citan como el autor de Proverbios 30. No se sabe nada más sobre él.

• Ahías: Desafortunadamente, Salomón no siempre usó su sabiduría. Se casó con muchas mujeres y se dejó llevar por la adoración de sus dioses. En 1 Reyes 11:29-39, Ahías le dijo a Jeroboam que él tomaría el mando de diez de las tribus de Israel después de la muerte de Salomón. Varios años después, Ahías le dijo a la esposa de Jeroboam que, a causa de su pecado contra Dios, no sólo moriría su hijo, sino que todo el linaje de Jeroboam sería cortado (1 Reyes 14:1-18).

• Iddo: El profeta Iddo se menciona varias veces, y al menos un pasaje sugiere que en algún momento tuvo su propio libro, pero no hay mucho registro de él en la Biblia. Iddo predijo el ascenso de Jeroboam (2 Crónicas 9:29) y escribió un registro de Roboam (2 Crónicas 12:15) y de Abías (2 Crónicas 13:17).

• Semaías: Después de que las diez tribus del norte siguieran a Jeroboam, el hijo de Salomón, Roboam, preparó a las tribus del sur para la batalla. Dios envió a Semaías para decirles que regresaran a casa (1 Reyes 12:22).

• Azarías: En la Biblia se mencionan a varios Azarías, incluyendo a un longevo rey de Judá (2 Reyes 15), pero sólo a uno se le llama específicamente profeta. Él dio la advertencia que Dios hizo al rey Asa, alentándole a librar a la nación de Judá de los ídolos (2 Crónicas 15:1-7).

• Hanani: Aunque el rey Asa confiaba en Dios, también sobornó al rey de Siria para que rompiera su pacto con el rey Baasa de Israel. Hanani le dijo a Asa que Dios habría destruido al rey de Siria por él si hubiera seguido al Señor. En respuesta, Asa puso a Hanani en el calabozo y descargó su ira contra algunos de su pueblo (2 Crónicas 16:7-10).

• Jehú: El profeta Jehú vivió en la época del rey Baasa y era hijo de Hanani. Jehú anunció el juicio de Dios contra Baasa, diciendo que, a causa de su pecado, los perros y las aves se comerían los cuerpos de su familia (1 Reyes 16:1-7).

• Elías: Elías fue probablemente el profeta más relevante que no escribió su propio libro. Proclamó la palabra de Dios en el reino del norte de Israel en la época del malvado rey Acab. Fue él quien se aseguró de que una viuda siempre tuviera aceite y harina (1 Reyes 17:8-16), resucitó al hijo de esa misma viuda de entre los muertos (1 Reyes 17:17-24), tuvo un enfrentamiento con los sacerdotes de Baal en el Monte Carmelo (1 Reyes 18:17-40), y la voz apacible de Dios lo fortaleció en su agotamiento y depresión (2 Reyes 2:1-11). Al final de su vida, un carro de fuego lo llevó al cielo, y su manto cayó en manos de Eliseo que fue su sucesor (2 Reyes 2:1-12).

• Profeta sin nombre: Cuando el reino del norte de Israel se vio amenazado por Siria, este profeta aseguró al rey Acab que Israel triunfaría con la ayuda de Dios. Acab triunfó, dos veces. Pero dejó vivir a Ben-adad, el rey de Siria. Otro profeta, o tal vez el mismo, se disfrazó de soldado herido y profetizó contra Acab por no matar a Ben-adad (1 Reyes 20).

• Micaías: Por alguna razón, el buen rey de Judá, Josafat, se llevaba bastante bien con el malvado rey de Israel, Acab. Acab invitó a Josafat a luchar con él contra Ramot de Galaad, y Josafat aceptó, pero no sin antes buscar un profeta para pedir la guía de Dios. Acab tenía cuatrocientos falsos profetas que les decían que Dios estaba con ellos, pero Josafat insistió en un profeta que realmente oyera de Dios. Acab conocía a uno, pero se resistía a llamarlo, ya que nunca tenía nada bueno que decir. Micaías reveló que Dios había enviado un espíritu mentiroso a los cuatrocientos profetas para atraer a Acab a su muerte. De todos modos, Acab fue a la batalla y fue alcanzado y muerto por una flecha que cayó al azar (1 Reyes 22:13-28).

• Jahaziel: Cuando se vio amenazado por los moabitas y los amonitas, el rey Josafat tomó la inusual iniciativa de ayunar y convocar a todo Judá para pedir ayuda a Dios. Dios respondió por medio de Jahaziel, quien profetizó que Judá destruiría a sus enemigos e incluso dio consejos sobre cómo llevar a cabo la derrota (2 Crónicas 20:1-23).

• Eliezer: El siempre sabio Josafat se unió al malvado rey Ocozías de Israel para construir unos barcos. Eliezer se enfrentó a Josafat, diciendo que, por haberse unido a Ocozías, Dios destruiría lo que había hecho. Los barcos naufragaron antes de llegar a su destino (2 Crónicas 20:35-37).

• Profetas desconocidos: En la época de Elías y Eliseo vivieron varios profetas, que pertenecían a la escuela de los profetas. No se sabe nada de estos profetas, salvo que algunos vivían en Betel (2 Reyes 2:3) y otros en Jericó (2 Reyes 2:5), y que todos ellos fastidiaban a Eliseo recordándole que la partida de Elías era inminente.

• Eliseo: Eliseo fue el sucesor de Elías y el segundo profeta más importante del que no hay libro. Pasó siete u ocho años como aprendiz de Elías antes de que éste fuera llevado al cielo. Luego ayudó a erradicar la adoración a Baal (2 Reyes 10:28), devolvió la vida al hijo de una viuda (2 Reyes 4:18-37) y sanó la lepra de Naamán (2 Reyes 5). El poder y la autoridad que Dios le otorgó fueron tan grandes que, cuando arrojaron a un muerto a la tumba de Eliseo, el hombre volvió a la vida (2 Reyes 13:2-21).

• El sacerdote Zacarías: Cuando el rey Joás era un bebé, su abuela parricida, Atalía, lo escondió y lo crió el sacerdote Joiada hasta que los sacerdotes pudieron arreglar la muerte de la reina. Joás empezó siendo un buen rey, pero, como muchos otros, llegó a depender demasiado de sí mismo. Tras la muerte de Joiada, Joás se dejó llevar rápidamente por la adoración de ídolos. Cuando el hijo de Joiada, Zacarías, se enfrentó a Joás y al pueblo, el rey ordenó que lo apedrearan (2 Crónicas 24:20-22).

• Jonás: Jonás es más conocido por el libro que lleva su nombre y por su gran renuencia a ir a Nínive. También fue profeta en Israel en la época de Jeroboam II. Aunque el rey era tan malvado como cualquier otro, Dios aún no quería que Israel fuera destruido. Envió a Jonás a Jeroboam y lo llevó a restaurar una frontera contra sus enemigos (2 Reyes 14:23-27).

• Joel: Después de que las cosechas de Judá fueran arrasadas por una nube de langostas, Joel comparó la devastación con lo que Dios haría si el pueblo no volvía a Él. Joel también profetizó el derramamiento del Espíritu Santo en Pentecostés (Joel 2:28; cf. Hechos 2:16-21).

• Amós: Amós era un pastor de Judea al que se le encargó profetizar contra Israel. Sus advertencias fueron ignoradas, lo que llevó a Israel al cautiverio por parte de Asiria poco tiempo después.

• Oseas: Con frecuencia, Dios exigía mucho a sus profetas, y Oseas fue un excelente ejemplo. Para ilustrar la infidelidad del reino del norte de Israel, Dios hizo que Oseas se casara con una prostituta que siguió siendo infiel después de casarse. Con el fin de mostrar el deseo de Dios de perdonar a Su pueblo, le dijo a Oseas que aceptara de nuevo a Gomer. Además del mensaje a Israel de la fidelidad de Dios, Oseas incluye una profecía de que los gentiles un día seguirían a Dios (Oseas 2:23).

• Isaías: Isaías ostenta el récord de ser el profeta que más se menciona en el Nuevo Testamento. Fue consejero del rey Ezequías de Judá, pero también tuvo que caminar descalzo y desnudo durante tres años como profecía contra Egipto y Cus. Su libro contiene profecías sobre Jesús y Juan el Bautista, y Jesús utilizó Isaías 61:1-2 para comenzar Su ministerio en Nazaret. Es posible que Isaías también fuera sacerdote (Isaías 6:4).

• Miqueas: Miqueas fue profeta durante los reinados de Jotam, Acaz y Ezequías de Judá. Su mensaje incluía la condena del pecado y la promesa de la llegada del Mesías. Su libro contiene la única mención de Belén como lugar donde nacería el Mesías.

• Obed: Aunque los reyes de Judá eran por lo general mejores que los de Israel, todavía había algunos que adoraban a los ídolos e incluso sacrificaban a sus hijos. Cuando Acaz lo hizo, Dios trajo a los sirios para castigarlos. Los sirios mataron al menos a 120.000 personas y se llevaron a 200.000 cautivos. El profeta Obed, por orden de Dios, los detuvo, diciéndoles a los invasores que ya habían ido demasiado lejos y que debían liberar a los cautivos y devolver el botín, cosa que hicieron (2 Crónicas 28:1-15).

• Sofonías: Sofonías fue otro profeta que advirtió a Judá sobre su inminente perdición. Condenó su idolatría en sus acciones y en sus corazones. Pero también transmitió la promesa de Dios de que un remanente regresaría.

• Nahum: Ciento cincuenta años después de Jonás, a Nínive se le acabaron las segundas oportunidades. Nahum prometió que los días de Asiria estaban contados y que Judá sería liberada de su amenaza.

• Hulda: Hulda fue una de las pocas mujeres consideradas profetisas en la Biblia. Cuando el sacerdote Hilcías encontró el Libro de la Ley en el templo y se lo llevó al rey Josías, el rey se dirigió a Hulda para saber qué debían hacer. Ella aseguró que el rechazo de Judá a Dios significaba que la nación sería destruida, pero a causa del arrepentimiento de Josías no sería en su tiempo (2 Reyes 22:8-20).

• Jeremías: Jeremías fue uno de los últimos profetas del Reino de Judá y con impotencia observó cómo los babilonios lo destruían. Conocido como "el profeta llorón" por el efecto que tuvieron sus palabras de Dios, Jeremías también dio al pueblo una palabra de esperanza de que volverían del cautiverio en 70 años. Sus consejos de someterse al juicio de Dios fueron ignorados, y finalmente fue llevado a Egipto con el remanente de la familia real (2 Reyes 25:26). Jeremías también escribió el libro de las Lamentaciones, que es un lamento por la caída de Jerusalén.

• Urías: Jeremías no estaba completamente solo en su ingrato trabajo. Urías también profetizó contra el mal de Judá. Fue perseguido y asesinado por el rey Joacim (Jeremías 26:20-23).

• Habacuc: Habacuc abarcó mucho en un libro tan corto. Profetizó la caída de Asiria, el exilio de Babilonia y la futura victoria de los persas. Sus profecías se revelaron en el contexto de una conversación con Dios, en la que Habacuc le hizo preguntas a Dios y éste le respondió.

• Abdías: Al igual que Jonás, el profeta Abdías tenía un mensaje para una nación distinta de Israel o Judá. Profetizó contra Edom, los descendientes del hermano de Jacob, Esaú. Edom desapareció efectivamente después de su expulsión de Petra en el siglo V a.C.

• Daniel: Daniel fue uno de los primeros judíos en ser llevado al exilio en Babilonia. Como parte de la casa real, Daniel fue entrenado para ser un funcionario en Babilonia. Nabucodonosor, el rey, descubrió que Daniel no sólo era inteligente, sino que también podía interpretar sueños. Daniel sirvió a varias generaciones de líderes, incluyendo a Belsasar, quien vio la escritura en la pared, y a Darío, quien se horrorizó al descubrir que había sido engañado para enviar a Daniel al foso de los leones. En las visiones y encuentros angelicales de Daniel 7-12, Daniel reveló más sobre el fin de los tiempos que cualquier otro libro, aparte del Apocalipsis.

• Ezequiel: El libro de profecías de Ezequiel parece algo psicodélico, con sus extrañas visiones. Ezequiel fue un sacerdote exiliado a Babilonia en la segunda oleada de deportaciones y transmitió el juicio de Dios al pueblo rebelde. También hizo varias profecías sobre el futuro, entre ellas la venida de Jesús, la Nueva Jerusalén (Ezequiel 48:30-35) y el reino milenial (Ezequiel 44). Ezequiel fue uno de los pocos profetas que divulgó diligentemente el mensaje de Dios, sin importar la oposición con la que se encontrara, aunque puede que esto se debiera a que Dios le dijo que si no profetizaba sería responsable de las almas de aquellos a los que no advirtiera (Ezequiel 33).

• Hageo: Hageo trabajó con Zacarías y Zorobabel para que los judíos que habían regresado del exilio volvieran al camino. Específicamente, llamó al pueblo a considerar seriamente sus prioridades y a reconstruir el templo.

• El profeta Zacarías: El hijo de Berequías, junto con el profeta Hageo, animó a los judíos a terminar la reconstrucción del templo de Jerusalén después del cautiverio babilónico. Durante una serie de ocho visiones interrelacionadas, Zacarías recibió un mensaje de gran alcance sobre el plan de Dios para los israelitas. En el transcurso, habló ampliamente sobre el Mesías a quien seguirían personas de todo el mundo.

• Malaquías: Fue el último profeta que profetizó en Israel hasta que un ángel visitó a Zacarías, el padre de Juan el Bautista. Como tal, el mensaje de Malaquías era un llamado a la obediencia y una promesa del Mesías venidero. Después de este mensaje de Malaquías, hubo 400 años de silencio por parte de Dios.

Profetas en el Nuevo Testamento

• Zacarías, padre de Juan el Bautista: Zacarías era sacerdote y fue elegido para encender el incienso en el templo. Mientras estaba adentro, un ángel se le apareció y le dijo que su anciana esposa quedaría embarazada e iba a tener un hijo. Debían ponerle el nombre de Juan, y él haría que los corazones del pueblo volvieran a Dios (Lucas 1:8-23). Zacarías también profetizó después del nacimiento de Juan (Lucas 1:67-79).

• María: A María, una virgen desposada, le dijo Gabriel que quedaría embarazada del Mesías (Lucas 1:26-28). Su profecía se encuentra en Lucas 1:46-55.

• José: José recibió el mensaje de un ángel de que María estaba embarazada del Mesías (Mateo 1:20).

• Elisabet: Mientras María estaba embarazada de Jesús, visitó a su prima Elisabet, que estaba embarazada de Juan el Bautista. Cuando se encontraron, Elisabet fue llena del Espíritu Santo y proclamó que el hijo de María era el Mesías (Lucas 1:41-45).

• Simeón: A Simeón, un anciano justo, Dios le había prometido que vería al Mesías antes de morir. Cuando José y María llegaron al templo con el niño Jesús, Simeón supo inmediatamente quién era y advirtió a María que sufriría (Lucas 2:22-35).

• Ana: Ana era una profetisa anciana que pasaba sus días adorando en el templo. También ella sabía que el niño Jesús era el tan esperado Mesías (Lucas 2:36-38).

• Juan el Bautista: El Espíritu Santo actuó poderosamente sobre Juan, y el profeta pasó su vida exhortando a la gente a confesar sus pecados, a volverse a Dios y a seguir a Jesús (Juan 1:19-28).

• Felipe: El evangelista Felipe fue uno de los primeros creyentes con una misión. Un ángel le dijo a Felipe que fuera a un lugar desierto donde encontraría a un funcionario de la corte etíope montado en su carro. Felipe le dio testimonio, y el funcionario aceptó a Cristo y se bautizó (Hechos 8:26-40).

• Pablo: Pablo fue un profeta, no sólo por las palabras proféticas y contundentes que escribió en sus cartas, sino también por sus profecías sobre el final de los tiempos. Sus cartas a los tesalonicenses, en particular, dan información sobre el rapto (1 Tesalonicenses 4:13-18), el juicio venidero (2 Tesalonicenses 1:5-12) y el Anticristo (2 Tesalonicenses 2:1-11).

• Pedro: Pedro tuvo la ventaja de pasar mucho tiempo con Jesús durante Su ministerio de tres años, pero también escuchó del cielo después de la ascensión. Después de que el rey Herodes matara a Santiago, el hermano de Juan, encarceló a Pedro. Un ángel se acercó a Pedro, le habló y le ayudó a escapar (Hechos 12:6-12). En 2 Pedro 3, el apóstol y profeta predice acontecimientos relacionados con el Día del Señor.

• Bernabé, Lucio de Cirene, Manaén y Simón el que se llamaba Niger: Estos cuatro hombres son identificados como profetas en Hechos 13:1.

• Judas Barsabás y Silas: Judas y Silas son identificados como profetas en Hechos 15:30-33.

• Las cuatro hijas de Felipe: A estas mujeres se les identifica como profetas en Hechos 21:7-8.

• Agabo: Agabo, un profeta de la iglesia primitiva, tuvo la nada envidiable tarea de predecir el futuro encarcelamiento de Pablo (Hechos 21:10-11).

• Juan: El apóstol Juan, hermano de Jacobo, es quizás el profeta más reconocido del Nuevo Testamento. Su libro Apocalipsis está lleno de amonestaciones a las iglesias y profecías sobre el final de los tiempos.

• Dos testigos: Los últimos profetas prometidos son los dos testigos, que aparecerán durante la tribulación. Realizarán señales y profetizarán en Jerusalén durante 1.260 días, los asesinarán y luego volverán a la vida (Apocalipsis 11:3-12).

Falsos profetas

• Sedequías: Sedequías, hijo de Quenaana, parece haber sido el líder de los cuatrocientos falsos profetas que incitaron a Acab y a Josafat a la guerra contra Ramot de Galaad. Resultó que todos ellos tenían un espíritu mentiroso enviado por Dios con el propósito de provocar la muerte de Acab (1 Reyes 22:1-12).

• Hananías: Los años que condujeron al cautiverio en Babilonia fueron tiempos aterradores para los judíos incrédulos, y no ayudó el hecho de que Jeremías siguiera diciéndoles que se sometieran a los babilonios y confiaran en que Dios los devolvería del exilio. Profetas como Ananías contradecían públicamente las profecías de Jeremías y negaban que Dios estuviera enojado con Su pueblo (Jeremías 28).

• Acab y Sedequías: En su carta a los exiliados de Babilonia, Jeremías los animó con su prometido regreso a Judá y predijo grandes dificultades para los que se quedaron en Jerusalén. Reprendió especialmente a Acab, hijo de Colaías, y a Sedequías, hijo de Maasías, que profetizaban falsamente en nombre de Dios (Jeremías 29:15-23).

• Semaías y Noadías: Aunque Artajerjes había dicho a los exiliados que habían regresado a Jerusalén que podían reconstruir los muros de la ciudad, sus vecinos se oponían a sus esfuerzos y los amenazaban. Nehemías llegó de Babilonia con provisiones y el impulso de terminar los muros. Semaías intentó engañar a Nehemías para que se escondiera en el templo. No está claro qué hicieron Noadías y los otros profetas, pero Nehemías confió en Dios y no cayó en sus trampas (Nehemías 6:9-14).

• Simón el mago: Simón había sido un mago en Samaria cuando llegó el evangelio. Simón confesó que aceptaba a Cristo, pero también quería participar del poder de los apóstoles. Cuando Pedro le reprendió, pidió a los apóstoles que oraran por él (Hechos 8:9-24).

• Elimas (también conocido como Barjesús): Bernabé y Pablo se encontraron con el falso profeta judío Elimas en Chipre. Elimas intentó distraer al procónsul del mensaje de Pablo y Bernabé, pero Pablo lo maldijo con una ceguera y el procónsul creyó (Hechos 12:4-12).

• Una muchacha con espíritu de adivinación: Pablo y Silas se alojaban en casa de Lidia en Filipos cuando les salió al encuentro una joven esclava que estaba poseída por un espíritu de adivinación. La esclava los siguió durante varios días, anunciando quiénes eran. Pablo se cansó de sus indeseables profecías y finalmente le dijo al espíritu que la dejara. Lo hizo, y los dueños de la muchacha hicieron que Pablo y Silas fueran encarcelados por arruinar su negocio de adivinación (Hechos 16:16-24).

• Jezabel: En la reprensión de Jesús a la iglesia de Tiatira, condenó que aceptaran a "esa mujer Jezabel, que se dice profetisa" y que estaba llevando al pueblo de Dios a la inmoralidad sexual y a la idolatría (Apocalipsis 2:20-23).

• El Falso Profeta: Así como muchos de los reyes de Judá e Israel tenían profetas específicos que les daban la guía de Dios, el Anticristo en los últimos tiempos tendrá un falso profeta. Su labor consistirá en atraer al mundo para que adore al Anticristo, y podrá realizar grandes milagros para extraviar al mundo (Apocalipsis 13:11-15; 16:13; 19:20; 20:10).

 

                                       Marco histórico de la estancia en Egipto

1. Cronología del Éxodo

Tras analizar la historicidad de los relatos patriarcales, estudiaremos ahora la historicidad de los relatos relacionados con la entrada y salida de Egipto.

El Génesis se refiere al hecho de que tras el vagabundeo de las los patriarcas por los bosques y pastizales del Canaán se asentaron en Egipto donde residieron durante varias generaciones. El hermoso ciclo de tradiciones sobre José y sus hermanos ambienta este descenso de las tribus israelitas al país de Egipto con motivo de una gran hambruna que se extendió por todo el ámbito del Creciente fértil. Esta estancia de los hebreos en Egipto debería situarse entre los siglos XVII al XIII antes de Cristo.

según una cronología que nos dice que los hebreos estuvieron cuatrocientos años en Egipto, la presencia de los hebreos en Egipto debería situarse entre los siglos XVII al XIII antes de Cristo (Gn 15,13; Ex 12, 40-41).

Según estas mismas tradiciones la presencia de los hebreos en Egipto habría atravesado por dos etapas radicalmente distintas. Una primera en la que gozaron del favor real del Faraón, de quien José había sido el primer ministro. Y una segunda etapa en la que "se levantó un rey nuevo que no había conocido a José" (Ex 1,8), y entonces el pueblo hebreo comenzó a experimentar la opresión y la discriminación racial y religiosa. "Estuvimos en Egipto como esclavos del Faraón, sacándonos el Señor de allí con mano poderosa" (Dt 6,21).

¿Qué nos dice la historia profana sobre esta época? El descenso del pueblo hebreo a Egipto podría situarse muy bien durante los siglos XVII o XVI. En esta época, según el historiador Manetón, Egipto estaba invadido por los hiksos, o pueblos pastores semitas, primos hermanos de los hebreos, que establecieron su capital en Avaris (Tell ed.Daba). Su hegemonía en Egipto puede coincidir con la dinastía XV, de los siglos XVII-XVI.

Es verosímil pensar que durante el dominio hikso los clanes patriarcales hubieran podido asentarse en Egipto con todo tipo de facilidades al amparo de los faraones reinantes. Algunos hiksos llevan los nombres de Jacob y Hur. El asentamiento en Goshen, en el delta, y la proximidad al palacio del faraón (Gn 45,10; 46,28-29) es más verosímil en la época de los hiksos, cuando la capital estaba en Avaris, en el delta. Algunos nombres egipcios tales como Moisés y Pinjás abonan la estancia de al menos una parte de los hebreos en Egipto.

La situación básica descrita en el libro del Éxodo es la inmigración de clanes semitas procedentes de Canaán y asentados en las regiones del borde oriental del delta.  Esta situación es perfectamente verosímil y está bien documentada en lo hallazgos arqueológicos. La vida de los cananeos estaba sometida a los ciclos de lluvia y sequía, y en los períodos secos, tenían que refugiarse en Egipto, donde las crecidas del Nilo eran estables y seguras. En la tumba de los Beni Hassan podemos ver los retratos de algunos de estos semitas que venían a Egipto buscando grano

Con todo, como ya vimos no hay que pensar que todos los clanes estuvieron en Egipto, sino que estaban ya previamente asentados en Canaán y se federaron a los recién llegados. Probablemente el núcleo de los procedentes de Egipto sería el de los clanes de la "casa de José", y también la tribu de Leví.

2.- Historicidad del Éxodo y la alianza    

Estudiaremos en esta sección los resultados de la crítica histórica sobre los sucesos que culminan en la entrada en Canaán de las tribus procedentes de Egipto

    -esclavitud. No se puede dudar que una parte de los antepasados de Israel estuvo en Egipto en esclavitud. Una tradición vergonzosa como ésta no puede ser fruto de una invención. Muchos nombres de levitas son nombres egipcios. Nos consta que los egipcios habían empleado a esclavos hapiru semitas en las construcciones faraónicas.

    -éxodo: tampoco se puede negar que la salida de estos esclavos se realizó en medio de hechos extraños y admirables que dejaron una profunda huella en la conciencia colectiva. Aun aceptando que la versión actual está muy magnificada según las leyes de la épica, en el origen debió haber algún acontecimiento "providencial" que es la condición de posibilidad de que se generase esa tradición. El éxodo es el centro de la confesión del pueblo hebreo. No puede ser todo una leyenda.

    Es verdad que en las crónicas egipcias no hay ningún documento que confirme el hecho, pero eso no es de extrañar. Los egipcios no nos cuentan sus derrotas en sus documentos, y además en cualquier caso aquella derrota debió ser para ellos apenas un pequeño incidente, apenas digno de mención. Es más que dudoso que la propia persona del faraón capitanease el destacamento egipcio que persiguió a los egipcios fugitivos.

    -peregrinación y Sinaí: Durante la marcha por el desierto se dio una experiencia religiosa que marcaría definitivamente la vida del pueblo. Las estructuras básicas de la identidad religiosa de Israel cuajaron en el desierto.

Un hecho tan decisivo y trascendental debió haber tenido un tiempo fuerte: lo que llamamos la experiencia del Sinaí, o acta fundacional de la alianza. No es posible determinar dónde estaba ese monte. Tampoco es posible seguir el mapa de la marcha del pueblo. Puede ser que distintas tribus viajasen por caminos distintos. En la Biblia se mezclan distintos itinerarios y no es posible secuenciar un itinerario único. Además los años del desierto no hay que concebirlos como un "viaje". Ese camino se puede cubrir en pocas semanas. Es más bien un género de vida, de itinerancia el que representan esos 40 años, más bien que un viaje lineal de un punto hacia otro. Parece además que gran parte de este tiempo lo pasaron junto al oasis de Qadesh Barnea.

Además hay indicios que nos hacen pensar que hubo itinerarios distintos. Un grupo parece haber salido de Egipto por el Norte, y seguir la costa mediterránea para internarse en Canaán por el Sur, en lo que habría de ser después el territorio de Judá. Sería un grupo de hijos de "Lía", y según parece salieron de Egipto expulsados, y no huyendo.

El otro grupo, el que sale por el este de Egipto van huyendo del faraón y evitan las rutas flanqueadas por las fortalezas egipcias. Sería este grupo el que cruzó el Mar Rojo y atravesó el Sinaí llegando a Canaán a través de las estepas de Moab por el este. Este sería el grupo de Moisés y Aarón, que habría tenido la experiencia de la alianza en el Sinaí.

No cabe duda razonable sobre la existencia de Moisés. Los sucesos del éxodo y el Sinaí postulan una gran personalidad carismática. Todas las grandes religiones han tenido un fundador personal y no son fruto de experiencias colectivas anónimas. Recordemos el Islam, el Budismo o el Cristianismo.

Lo mismo debemos pensar del Yahvismo, que en su conjunto representa una de las más sublimes intuiciones religiosas de la historia. Casi a priori tenemos que postular que debió existir un Moisés.

Hay que reconocer que el libro del Éxodo ha simplificado y a su vez magnificado los recuerdos. El número de israelitas en Egipto nunca pudo haber sido tan numeroso como nos cuenta Ex 12,37 (600.000 combatientes, que con mujeres y niños darían una cifra de dos millones). ¿Cómo una población tan grande podía haber sido atendida sólo por dos parteras Sifrá y Puá? (Ex 1,15). Además si seguimos la cronología corta -cuatro generaciones', ¿cómo es posible que las 70 personas que han bajado a Egipto se hayan convertido en tan poco tiempo en 2 millones? La tradición de cifras elevadas puede provenir de una era muy posterior, quizás de los censos de Salomón, cuando el pueblo hebreo tuvo su época de máximo esplendor.

Lo más lógico es pensar que los israelitas en Egipto fueron sólo unos pocos miles, a los que se irían quizás agregando otros clanes hermanos durante el recorrido por el desierto o después de su entrada en Canaán, hasta formar en tiempo de Josué la confederación tribal (Jos 24).

En cuanto a la opresión sufrida, está también descrita en términos épicos, así como el relato de las plagas que culminarán en el permiso definitivo para que el pueblo salga de Egipto. Algunos han intentado dar explicaciones científicas a las plagas. Velikovsky propuso una explicación cósmica de un cometa que entró dos veces en contacto con la tierra provocando fenómenos que explicarían las plagas y la teofanía del Sinaí: el polvo rojo que coloreó el agua del Nilo, provocó úlceras, tinieblas, temblores de tierra, movimientos de agua...

Otra explicación es geológica y piensa en la erupción del volcán Santorín que habría provocado fuertes mareas en el Mar de los Juncos. Otra explicación es naturalista y se apoya en la serie de fenómenos que suceden en Egipto con motivo de las crecidas del Nilo en los meses de julio y agosto.

Sin negar que pudiera haber hechos extraños y coincidencias que impactaron profundamente la conciencia del pueblo hebreo en el momento clave de su liberación, preferimos ver en las plagas un género literario que transmite un mensaje teológico: la liberación de Egipto sólo puede explicarse mediante una intervención especial de Dios en favor de su pueblo. Dios libera al oprimido y castiga al opresor cuando éste se niega a convertirse. La acción divina puede tener sus mediaciones naturales en la astronomía, la geología, la historia, la sociología... Pero es sólo la religión la que nos da una lectura teológica de estos acontecimientos más o menos extraños o maravillosos, como signos de una actuación divina salvífica.

B. La fe del primitivo Israel

1.- Fechación de la alianza

Se ha debatido también mucho hasta qué punto la alianza pertenece a la época del desierto, o es una proyección al pasado de hechos que tuvieron lugar ya en época de la monarquía. Ciertamente en la Torah confluyen tradiciones muy antiguas con otras de la época del asentamiento en Canaán (Código de la Alianza), e incluso de la monarquía (código deuteronómico).

La pregunta es si al menos la intuición fundamental de la alianza puede ser datada en el tiempo del desierto. Mendenhall, basándose en la semejanza de la alianza sinaítica con los tratados de alianza hititas, defendió que esta alianza debería ser contemporánea o poco posterior a los hititas, lo cual nos llevaría a situarla en el s. XIII, la época del desierto, y no más tarde en la época de la monarquía. Otros niegan que exista tanta semejanza con los tratados hititas, o mantienen que este modelo de alianza pervivió muchos siglos y pudo haber ejercido su influencia en Israel más tarde, en tiempos del Deuteronomio. Según esto la semejanza con los tratados hititas no nos serviría para datar la alianza del Sinaí en fecha temprana. Pero por otra parte hay que reconocer que la literatura profética anterior al Deuteronomio se refiere ya a la religión israelita como religión de alianza, implicando que este concepto estaba ya plenamente asimilado y no puede ser un desarrollo tardío.

Otro argumento a favor de la antigüedad de la alianza es que supone la condición de posibilidad de la confederación tribal de los primeros años del asentamiento, y de la existencia de Israel y una mínima coherencia. Además las tradiciones recogidas en las fuentes yahvista y elohista tienen que ser lógicamente anteriores a la redacción de estas fuentes. Por tanto no podemos datar la alianza en el tiempo del Deuteronomio, sino que su núcleo central tiene que ser muy anterior.

2.- Características del primer Yahvismo 

Para distinguir las características del primer Yahvismo habría que estudiar los textos que se consideran los más antiguos de todos en la literatura bíblica. Entre ellos:

    Canto de Débora: Jc 5

    Bendición de Jacob: Gn 49

    Canto de María: Ex 15,1-8

    Bendición de Moisés: Dt 23

    Salmos 29 y 68

En estos textos aparece que en la religión fundada por Moisés, el Dios de la alianza es YHWH. Un Dios sin imagen, sin familia, sin localización geográfica, con un nombre impronunciable. El Yahvismo conserva la estructura de la religión patriarcal: elección, promesa, alianza. Es Dios quien elige a los hebreos y hace con ellos su pacto. Ambas partes se comprometen a cumplir su parte en el pacto con fidelidad. El atributo principal de YHWH es su fidelidad a las promesas.

Se ha discutido mucho si el monoteísmo de Moisés fue un monoteísmo en sentido estricto o un henoteísmo. Depende de lo que se entienda por monoteísmo. En la religión mosaica Dios es creador (YHWH significa "el que hace existir"). No tiene familia. vive solo. Su poder alcanza no sólo al pueblo de Israel sino al mundo entero. Los israelitas sólo le pueden dar culto a él.

Los hebreos admitían la existencia de otros dioses menores. Pero admitir su existencia no significa creer en ellos. Más bien se burlaban de su debilidad para defender a los suyos. Y esta relación burlesca mal puede ser llamada "fe". Israel sólo cree en Dios.

Otra característica típica de la religión de Israel es lo que pudiéramos llamar "monoteísmo moral". YHWH, al contrario que otros dioses, no exige de los suyos actos de culto principalmente, sino una vida ética. No le satisfacen los holocaustos de quien daña a su prójimo. Esta es quizá la intuición más original y sublime de la religión de Moisés. De los diez mandamientos, siete hacen referencia a obligaciones éticas para con los otros hombres.

                                          RESUMEN DE ISRAEL

1. Ramesés Israel fue sacado de Egipto (Éx. 12; Núm. 33:5).
2. Sucot Después que los hebreos partieron de éste, que fue su primer campamento, Jehová los guió desde una columna de nube de día y desde una columna de fuego de noche (Éx. 13:20–22).
3. Pi-hahirot Israel cruzó el Mar Rojo (Éx. 14; Núm. 33:8).
4. Mara El Señor sanó las aguas de Mara (Éx. 15:23–26).
5. Elim Israel acampó junto a las doce fuentes de aguas (Éx. 15:27).
6. Desierto de Sin El Señor mandó maná y codornices para alimentar a Israel (Éx. 16).
7. Refidim Israel luchó contra Amalec (Éx. 17:8–16).
8. Monte Sinaí (monte Horeb o Jebel Musa) El Señor reveló los Diez Mandamientos (Éx. 19–20).
9. Desierto de Sinaí Israel construyó el tabernáculo (Éx. 25–30).
10. Campamentos en el desierto Se llamó a setenta ancianos para ayudar a Moisés en el gobierno del pueblo (Núm. 11:16–17).
11. Ezión-geber Israel atravesó pacíficamente las tierras de Esaú y de Amón (Deut. 2).
12. Cades-barnea Moisés envió espías a la tierra prometida; Israel se rebeló y no pudo entrar en la tierra; Cades sirvió de campamento principal para Israel durante muchos años (Núm. 13:1–3, 17–33; 14; 32:8; Deut. 2:14).
13. Desierto oriental Israel evitó entrar en conflicto con Edom y Moab (Núm. 20:14–21; 22–24).
14. Río Arnón Israel destruyó a los amorreos que lucharon contra él (Deut. 2:24–37).
15. Monte Nebo Moisés contempló la tierra prometida (Deut. 34:1–4) y pronunció sus tres últimos discursos (Deut. 1–32).
16. Llanura de Moab Jehová dijo a Israel que dividiera la tierra y echara a sus habitantes (Núm. 33:50–56).
17. Río Jordán Israel cruzó el río Jordán sobre tierra seca. Cerca de Gilgal se colocaron piedras del lecho del río Jordán en conmemoración de la división de sus aguas (Josué 3–5:1).

18. Jericó Los hijos de Israel tomaron la ciudad y la destruyeron (Josué 6).

Maestros de la escuela dominical quiere que cada estudiante reciba a Cristo, y desarrolle una relación personal con él. Si esto no es el deseo del maestro, no debe estar enseñando. Pero, ¿qué es la evangelización de la niñez?

La evangelización de la niñez tiene significados diferentes a personas diferentes. Para algunos, quiere decir que los niños tendrán una experiencia específica cuando ellos acepten a Cristo. Para otros, quiere decir que los niños aprenden que la fe es la única manera de vida, y crecer como cristiano de una edad muy joven.

En la Biblia, leemos que Saulo tuvo una experiencia de conversión muy fuerte. Dios le llamó con una luz y una voz del cielo. Para algunas personas, su conversión es semejante -- una experiencia distinta y memorable. Pero, otras personas no tienen una experiencia fuerte. Su conversión es más un proceso.

En la Biblia, leemos que Timoteo creció como un cristiano desde una edad muy joven. Su madre Eunice y su abuela Loida le enseñaron la fe. Pablo escribió (en 1Timoteo 1:5 y 2Timoteo 3:14-15) qué, "Desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús." La experiencia de Timoteo es más semejante a las experiencias de algunas personas.

En la Biblia, vemos dos tipos de conversión: una experiencia y un proceso. Hoy, cuando estamos hablando de evangelización de la niñez, no diremos que hay una manera exacta. Pero, hay principios básicos que podemos aprender y usar cuando estemos trabajando con los niños.

Primeramente, vamos a preguntar:

A. ¿POR QUÉ DEBEMOS EVANGELIZAR A LOS NIÑOS?

1. Todo el Mundo Es Pecaminoso, Incluyendo los Niños.
Romanos 3:23 dice, "por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios."

Aunque los niños muy pequeños no pueden entender que son pecadores; en algún tiempo ellos se dan cuenta que sus acciones son contrarias a lo que Dios quiere para ellos. En este tiempo, son responsables por sus pecados.

2. Podemos Ver en la Biblia Que los Niños Son Responsables por Sus Pecados.

Mateo 18:10-11 En este pasaje se puede ver que los niños pueden perderse.

En Mateo 18:14 dice: "no es la voluntad de vuestro Padre... que se pierda uno de estos pequeños." Este versículo muestra que los niños pueden perderse. No podemos excusar a los niños diciendo, "están demasiados pequeños." Si los niños pueden perderse, tenemos la responsabilidad de evangelizarles.

Los niños necesitan oír que Jesús les ama, que él murió para salvarlos, y que él puede cambiar sus vidas.

Un buen entrenamiento cristiano debe guiar al niño al arrepentimiento de sus pecados, pidiendo a Dios perdón, y creencia en Jesús como su Salvador personal.

Pero, también, pueden creer - Mateo 18:6

3. Una Advertencia - Mateo 18:6

¿Qué importancia da a lo que hacemos con los niños?

Los niños son impresionables - siguen ejemplos y adquieren actitudes.
Están mirándonos. ¿Qué estamos presentándoles?
¿Pueden ver el gozo de Jesús en nuestra enseñanza?
¿Pueden ver que damos importancia en la manera que hemos preparado?
¿Qué es la actitud que los niños tienen hacia la Escuela Dominical? ¿Por qué?

4. Valores y Morales

Debemos evangelizar a los niños porque ellos necesitan desarrollar valores morales cuando son pequeños, para que puedan tener suficiente fuerza para resistir las influencias negativas del mundo. Antes de desarrollar valores de los medios de comunicación como la televisión, y de sus amigos, debemos impartir los valores de Cristo. Entonces, cuando están mayores, tendrán fuerza para resistir las tentaciones e influencias del mundo.
Proverbios 22:6 - la promesa
Deuteronomio 11:19-20 Debemos comenzar cuando son niños

B. ¿CUÁNDO ESTÁN LISTOS LOS NIÑOS?

No hay una edad específica cuando los niños pueden entender la salvación. Muchos cristianos famosos, como John Wesley, fueron salvados antes de tener 6 años. No hay una edad demasiado corta. Aun cuando no entiende completamente, el niño muy pequeño puede responder a Dios.

Miriam Hall escribió:..."en cualquier tiempo en la vida de un niño, el Espíritu Santo puede hablar con el niño, revela el amor de Dios, ayudándole a experimentar pena por sus pecados, y ayudándole a entender que significa el dar su vida a Jesús. Sin embargo, es vano esperar que cada niño en cada clase deba recibir a Cristo. Unos están listos, y otros no."

1. Antes de convertirse, hay varias condiciones que podemos ver en un niño listo para la salvación:

a. Debe tener un concepto de Dios. Debe entender que Dios le ama y que Dios quiere su amor a cambio. Los adultos y los niños necesitan aprender que salvación es una relación entre Dios e ellos.

b. Debe saber la diferencia entre lo correcto y lo malo, y tiene que poder experimentar pena al hacer el mal. El sentido de culpa para pecados debe ser que ha pecado contra Dios, no solamente contra la autoridad de sus padres.

c. Debe tener una comprensión básica de qué hizo Jesús para su salvación, y qué significa confiar en el Señor.

d. Debe tener la habilidad de hacer una elección racional.

e. Debe ser motivado por el Espíritu Santo.

Sabemos que 86% de los que reciben a Cristo, le reciben antes de tener 15 años.

Con estos porcentajes, podemos ver que los ministerios con la niñez son extremadamente importantes. Debemos preguntar si los ministerios con la niñez tienen un lugar de importancia en nuestra iglesia.

2. Las esencias de Salvación:

Antes de recibir a Cristo, los niños necesitan aprender conceptos básicos. El profesor u obrero en la iglesia o la escuela cristiana debe enfocar su enseñanza a la edad y habilidades y capacidades de sus estudiantes. Estas verdades son esenciales para la salvación:

a. El niño necesita saber que es un pecador. (Romanos 3:23). Para entender esto, el niño necesita saber qué es pecado. Explíquelo claramente: pecado es desobediencia, pecado es mentira, pecado es defraudar, pecado es robar, etc. La razón porque son pecados es porque Dios dijo no hacerlos. Pecado es violar las reglas de Dios, y los pecados excluyen de la familia de Dios.

b. El niño debe entender que el pecado desagrada a Dios y lleva al castigo. Romanos 6:23 dice que "la paga del pecado es muerte." Asegúrese usted que el niño entiende que "muerte" aquí no es la muerte del cuerpo, sino del alma - la parte de nosotros que seguirá viva después de morir nuestro cuerpo, será separado de Dios para siempre.

c. Dios ama al niño y no quiere que muera por sus pecados. El niño debe entender que Jesús murió por nuestros pecados e hizo lo posible para juntarnos con la familia de Dios. Esto quiere decir "nacer otra vez". Es como nacer en la familia de Dios. Romanos 6:23 y Juan 3:16 y 17 dicen que "la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro." No se puede ganar una dádiva. Dios no nos forzará a aceptar esta dádiva. La podemos tener si la queremos.

d. El niño necesita entender que Jesús es el único que puede salvarle. Jesús nunca pecó. Era la única persona a vivir sin pecados, por eso él es el único que puede salvarnos de nuestros pecados. "Ser bueno" no puede salvarnos. Sólo Cristo es quien llevó el castigo que nosotros merecíamos.

e. Para tener sus pecados perdonados, el niño necesita creer esas cuatro cosas, y responder al amor de Dios. Tiene que recibir a Jesús como su Salvador. Esto quiere decir juntar la familia de Dios.


"Mas a todos los que le recibieron a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios." Juan 1:12

3. El proceso de recibir a Cristo incluye:

a. Arrepentimiento.
Tiene que arrepentirse. Eso quiere decir que él tiene convicción de sus pecados y dice a Dios que va a cambiar. (Arrepentimiento en la casa con sus padres puede ayudar al niño a entender el arrepentimiento con Dios.)

b. Confesión.
El niño tiene que confesar, o hablar con Dios sobre las cosas malas que ha hecho.

c. Perdón. Tiene que pedir perdón a Dios. El niño necesita entender que después de recibir a Cristo, cuando él peca, sólo necesita confesar sus pecados, porque "Dios es fiel y justo para perdonar nuestras pecados, y limpiarnos de toda maldad." (1 Juan 1:9). Muchos niños no entienden que no se necesita recibir a Cristo muchas veces.

4. Cómo se puede invitar a los niños a recibir a Cristo.

Los maestros de la escuela dominical tienen la responsabilidad de presentar Cristo y el plan de salvación a sus estudiantes.

Busque usted oportunidades apropiadas para compartir el plan de salvación en vez de presentar sólo el plan cada semana. Por supuesto, todas las lecciones presentarán más del amor de Dios, y algo de sus deseos para nosotros. Hable sobre la relación personal del estudiante con Cristo cuando hay algo en la lección relatado a uno de los conceptos básicos que hemos visto antes.

Podría sugerir que los estudiantes hablen con usted después de la clase cuando tienen preguntas de la salvación.

5. Después de Recibir a Cristo

Cuando dice una persona "sí" a Cristo, no es el fin de nuestra responsabilidad. Necesitamos continuar el trabajo con los niños. Debemos tomar algunas medidas para desarrollar la fe del estudiante.

a. Dé a él o ella una Biblia. Explique la importancia e leer la Biblia, y sugiera una parte puede leer inmediatamente, como Juan o Marcos.

b. Escriba versículos, y los números de las páginas de los versículos usó usted a explicar la salvación. Sugiera que los versículos sean leídos más tarde.

c. Discuta las emociones -- ahora y en el futuro. Cada persona tiene una reacción emocional diferente con la experiencia de conversión. Algunas están muy emocionadas, pero cuando este sentido disminuye en el futuro, pueden estar confundidos. Hable sobre la presencia de Cristo en nuestras vidas que es indiferente a las emociones que tenemos.

d. Ofrezca a ir con el estudiante a compartir su decisión con alguien. Si es necesario, sugiera una persona con quien el estudiante puede compartir -- posiblemente su madre o padre, el pastor, un amigo, o alguien otro.

Es de suma importancia que el niño haga su decisión por Cristo a esa edad, ya que su corazón está tierno hacia Dios y no se ha metido en los vicios y el crimen; todavía no se ha endurecido su corazón. Es más fácil ganar a un niño para Cristo que a un adulto. Mateo 19:14 dice: "Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos."

C. ACTIVIDADES

1. Evangelismo en la iglesia.
La iglesia debiera ser el lugar donde más se predica el evangelio y donde más personas se entregan a Cristo. Pero esto no siempre es verdad, y Dios tiene que usar campañas especiales y otros esfuerzos cuando la iglesia no está ganando almas para Cristo. ¿Cómo se puede evangelizar al niño en la iglesia? Veamos algunas sugerencias prácticas.

a. Lecciones de la Escuela Dominical que enfaticen la Salvación. De vez en cuando debe haber lecciones que se presten para hacer una invitación para recibir a Cristo. Si no aparece este énfasis en el material didáctico que se está usando, el maestro tendrá que adaptar alguna lección para este fin.

b. Reuniones o clases especiales para presentar el evangelio. Con el fin evangelístico se podrán programas de vez en cuando, una campaña evangelística para niños, en horarios adecuados. Deber alcanzarse a todos los niños de la vecindad que no conocen a Cristo. Puede haber música especial, y un evangelista, pero todo deber ir de acuerdo con la mentalidad de los niños.

c. Ministración personal del maestro a sus alumnos. El maestro debe saber quiénes de los niños de su clase han hecho su decisión personal de entregarse a Cristo y también quienes no lo han hecho todavía. El maestro debe buscar una oportunidad para conversar con cada uno sobre la salvación a nivel personal.

2. Evangelismo en los hogares.
Ya que muchos niños inconversos no llegan hasta la iglesia, debemos proveer y buscar otros medios para llevarles el Evangelio glorioso de Cristo, quien ama tanto a los niños. En los hogares de cristianos se puede reunir niños para ministrarles. A continuación veremos algunas maneras de lograrlo.

a. Clases Semanales de Biblia. Puede ser una clase similar a la clase de la Escuela Dominical, solamente que habrá una variedad de edades y habrá una situación más informal. Puede ser una tarde o un sábado por la mañana cuando los niños de la vecindad no tienen que ir a la escuela y podrá acudir a la clase bíblica. Entre dos madres cristianas podrán dirigir y enseñar la clase.

b. Series de 5 días. Este es un esfuerzo especial de evangelismo del niño en el hogar. Son cinco días seguidos donde se imparten lecciones bíblicas con el énfasis en la salvación de los niños. Podrá ser todas las tardes de una semana o lo que más convenga, como por ejemplo de lunes a viernes. Es muy efectivo este medio de evangelismo para los niños.

c. Aprovechando un momento especial. Aprovechar un cumpleaños, una fiesta. Cualquier oportunidad es buena para enseñar al niño acerca de Cristo. Junto con una piñata se podrá planificar una lección visualizada y una invitación a los niños para recibir al Señor Jesucristo en sus vidas.

3. Evangelismo al aire libre.

El evangelismo del niño al aire libre abarca otra área que tiene muchas posibilidades para desarrollarla. Puede realizarse en cualquier lugar en el que se junten niños para jugar, por ejemplo en la calle o un parque. Es una buena oportunidad para llevarle allí el mensaje del evangelio.

a. En los parques. Los niños pasan a veces tardes enteras jugando en los parques o plazas, con su bicicleta, la pelota y otros juegos pequeños. Con mucha alegría estos niños se acercarán a escuchar una historia visualizada y aprender cantos sencillos de Jesús.

b. En lotes vacíos. Los varones, sobre todo se juntan para jugar fútbol en campos libres o terrenos desocupados. Luego de un partido se podrá repartir folletos infantiles o se podrá tener una clase similar a la que señalamos en los parques.

c. En una esquina. Hay barrios donde casi no hay parques y los niños juegan en la calle. Se podrá tener clases para ellos usando una esquina donde no hay tanto tránsito de vehículos.

 
  
  
 


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Reclutamiento y desarrollo de obreros



 

Lea Mateo 9:35-38.

¿Qué observa en ese pasaje que se relacione con la educación cristiana?

No se puede alcanzar a las masas sin líderes. Se nos pide que oremos por líderes.

Quiero que dediquemos un tiempo a tratar el reclutamiento y desarrollo de líderes para su iglesia. Todos sabemos que se necesitan líderes para los diversos programas de la iglesia. La declaración de Jesús a sus discípulos todavía tiene validez hoy: “A la verdad la mies es mucha, pero los obreros pocos”. Jesús les dio a ellos y a nosotros instrucciones de orar para que el Señor envíe obreros a recoger la cosecha.

Objetivos de aprendizaje

Al final de esta lección, los participantes podrán

• Escribir una lista de temas sobre el reclutamiento y desarrollo de líderes.

• Elaborar un plan de desarrollo de reclutamiento de líderes.

• Exhibir una carga más profunda por el desarrollo y cuidado de desarrollo de liderazgo.

Ideas claves del reclutamiento de personas para ministerio y liderazgo

Enfóquese en personas, no en programas

No sólo estamos tratando de organizar buenos programas de modo que la gente sean instrumentos del programa. La educación cristiana tiene que ver con personas. Con frecuencia, cuando enfocamos sólo en programas, tenemos blancos que llenar y sólo ponemos nombres en ellos. Cuando llenamos todas las posiciones, termina nuestra labor. Más bien tenemos que enfocarnos en la persona correcta para la posición correcta.

Ore —Pida que Dios le dirija hacia la persona indicada

Una de las responsabilidades primordiales de su comité de educación es orar por alguien que dirija los diversos ministerios. ¿A quién le piden que dirija la Escuela Bíblica de Vacaciones, etc.?

1. Oramos a Dios para que nos dé sabiduría a fin de seleccionar a la persona correcta.

El liderazgo en la iglesia es una posición importante que requiere no sólo destrezas de liderazgo sino también un corazón dispuesto a servir. Recuerde el pasaje mencionado: “No todos deben desear ser maestros”. Muchas personas desearían ser líderes de la iglesia sólo porque les gusta estar al mando y tener el poder, pero el liderazgo que necesitamos en la iglesia implica servicio. Son líderes, pero dirigen al servir

2. Oramos que dios hable a la gente por su Espíritu sobre ser líderes incluso antes de que hablemos con ellos.

Oramos para que Dios plante la semilla en su vida que germinará en ellos para llegar a ser líderes. Piense en su propia experiencia. La mayoría no dijeron: “Cuando sea grande voy a ser líder de una iglesia cristiana”. Dios plantó una semilla en su corazón, la cual estaba allí antes de que alguien hablara con usted. Eso es parte de la gracia que nos precede. Cuando reclute personal, recuerde que el Espíritu Santo ya ha obrado antes que usted.

El ejemplo de Eduardo: Cuando comencé como líder en la iglesia, tenía la responsabilidad de buscar obreros para que ministraran. Muy pronto me sentí desanimado. Le pedía a alguien que enseñara la escuela dominical a lo que ellos me preguntaban qué tenían que hacer. Les contestaba que se trataba de enseñar una clase de escuela dominical, y casi todos decían que no. De 10 personas una me decía que sí. Entonces entendí que tenía que ser directo y claro en la forma en que los abordaba. Tuve que elaborar un plan para pedirles su ayuda.

Ayude a los líderes actuales a tener éxito

Los líderes presente que están haciendo buena labor simbolizan lo que le pide a otros que hagan. Si están cansados y desalentados, sería como pedirle a alguien que se subiera a un bote que se está hundiendo. Si todos están cansados y abrumados, ¿por qué voy yo a firmar o comprometerme para cansarme y abrumarme también? Debemos estimular a la gente que ya está trabajando. Hemos de ayudarles a realizar mejor su labor de modo que sean ejemplos para los nuevos reclutas.

¿Cómo demostramos nuestro interés por nuestros líderes presentes? Debemos cerciorarnos de que cuentan con lo que necesitan para su labor: material adecuado, apoyo emocional, visión. Antes de comenzar a reclutar, no olvide estimular a su personal presente. De otra manera, sólo multiplicará sus problemas.

Cuando Dios le dirija a hablarle a alguien, debe estar listo para decirle qué desea de ella o él.

Sea específico sobre las responsabilidades de esa posición. El Manual de la Iglesia dice que se le pide a la gente que sirva por un año, y después por otro más, etc. Esto significa que si alguien ha estado ministrando en alguna posición por 11 años, 11 veces ha sido electo a esa posición.

Escriba una descripción de trabajo detallada.

Cuando comencé a escribir expectativas, pensaba que la gente tendría temor, pero descubrí que cuando veían sus responsabilidades bosquejadas en papel y tinta, era diferente. El propósito de escribirlas no es para controlarlos, sino para darles un cuadro más completo de su labor. Un buen lugar para comenzar es la oficina del que ocupa al presente esa posición. Si ya no está disponible, por lo menos han quedado archivos. Una buena descripción de trabajo también es muy útil en caso de problemas.

Ejemplo de Eduardo: Mi esposa, Nancy, tenía la nueva responsabilidad de buscar obreros en la iglesia para trabajar con niños pequeños. Debía buscar a 6 personas. La dama anterior dijo que eso era imposible. Nancy le preguntó qué y cómo lo había hecho. Dijo que había estado en el atrio del templo al terminar cada culto solicitando ayuda para ministrar a los niños a las personas conforme salían del culto. Nancy siguió el mismo plan y en dos semanas completó el número de ayudantes. La diferencia fue la actitud, la dama anterior lo hacía como si estuviera mendigando. Nancy presentó la labor como una responsabilidad muy importante, tan importante que por eso estaba solicitando ayuda. Era la misma iglesia y la misma gente, pero la diferencia fue la forma de abordar a la gente.

Hable con todos personalmente.

En lugar de anunciar públicamente en la iglesia que se necesitan obreros para la escuela dominical, siempre he creído que es mejor hacerlo personalmente. Recuerde, hemos de pedirle a Dios que nos guíe sobre lo que debemos decir. Les diremos lo que implica el puesto y por qué nos estamos dirigiendo a ellos. Hemos visto algo en su vida y hemos sentido que serían buenos maestros de escuela dominical. Debemos mostrarles sus responsabilidades específicas paso a paso. Debemos darles la oportunidad de hacernos preguntas, las cuales hemos de contestar antes de que decidan. Sea claro y específico, con todo lo que implica, incluyendo tiempo de reuniones, capacitación, etc.

Dé a la persona tiempo para pensar, orar y observar antes de contestar.

Cuando les presente un plan, no espere una respuesta inmediata. Pídales que observen alguna posición similar a la que les está pidiendo que acepten. Invítelos a una reunión. Por ejemplo, que visiten el grupo de jóvenes. Pídales que oren y pídale a sus amistades en la iglesia que oren por ellos también. La gente ministrará con la misma seriedad con la que los ha reclutado. Si les dice que el puesto no es importante ni requiere mucho esfuerzo, ¿cree que considerarán importante su oferta? Permítame preguntarle: ¿Acaso hay puestos en la iglesia que no sean importantes? La labor de arreglar el templo o limpiarlo es muy importante y también vale la pena orar por ello.

Pida una decisión.

Después que hayan tenido tiempo suficiente para observar y orar contáctelos de nuevo para pedirles una decisión. Si es afirmativa, puede comenzar a prepararlos para esa responsabilidad. Si es negativa, no les ruegue. Confíe en que el Espíritu Santo le dirigirá hacia otra persona dispuesta.

Repaso

Repasemos esta sección. Necesitamos un plan por el que podamos pedir a la gente que sirva en posiciones de responsabilidad. Necesitamos escribir las expectativas de esa responsabilidad. Entonces debemos hablar a alguien personalmente acerca de esa posición. Si dicen que sí, las desarrollaremos como líderes. Si no, sigamos buscando.

Muestra de descripción de trabajo

Auspicio de grupo juvenil—Niñas de secundaria

Expectativas de funciones

1. Asistir a la reunión de jóvenes de media semana.

2. Asistir a todas las actividades en que participan niñas de secundaria.

3. Asista al retiro de otoño o de primavera cada año. Puede asistir a los dos si puede.

4. Estar por lo menos 15 minutos antes de cada actividad para actuar como ujier, ayudar con los preparativos y para charlar con las niñas.

5. Dirigir a un grupo pequeño una vez por semana con 6-8 niñas.

6. Ser pastor de estas niñas, llamarles cuando se ausenten, mantenerse en contacto con lo que está sucediendo en su vida y orar por ellas a diario.

7. Asistir a la reunión mensual de obreros de jóvenes el domingo por la noche después del culto en la casa pastoral.

8. Mantener su comunión personal con el Señor a diario, asistir fielmente al culto de adoración, y responder ante y discipular a un grupo pequeño de sus compañeros.

Recursos

1. Los materiales y capacitación se suplirán en las reuniones de grupos pequeños.

2. La biblioteca de obreros entre los jóvenes está disponible para usted.

3. El pastor puede ser llamado bajo cualquier situación y a cualquier hora. Su teléfono en su casa es 123-4567.

4. La iglesia pagará su viaje a la conferencia anual de obreros entre los jóvenes. Se celebrará en marzo 5-6 en este año.

Su compromiso es solo por un año de __________ hasta _________.

Desarrollo de líderes

Hablemos acerca del desarrollo de obreros después que han aceptado la responsabilidad. He aquí tres ideas principales.

Dios nos provee las destrezas y habilidades para realizar la obra de la iglesia.

Estamos ayudando a la obra del Espíritu Santo al proveer recursos y capacitar a la gente para el ministerio. Les estamos ayudando a descubrir lo que Dios desea que hagan y dándoles los recursos para ello. ¿Qué les debemos proveer?

Instrucción apropiada sobre cómo hacer lo que estamos pidiendo que haga

Esa instrucción puede venir en muchas formas: un libro, un taller o seminario, o pedirles que nos ayuden a enseñar o ministrar hasta que estén listos. ¿Recuerda cuando hablamos del alcance del aprendizaje y usamos el ejemplo de la enseñanza? Dijimos: “Si desea ser maestro, venga y observe cómo enseño. Entonces ayúdeme a enseñar. Le ayudaré a enseñar. Ahora enseñe usted”. Algunos de ustedes han aprendido a ser pastores al estar en compañía de un pastor. Provea oportunidades de aprender lo que usted necesita que aprendan. Muchas de las cosas que hemos usado en esta clase pueden usarse de otras maneras. Puede usarlas en la iglesia local con sus líderes. No tiene que enseñar todo el curso. Puede enseñar algunas partes según se necesite. Cuando reclute a líderes, debe capacitarlos como líderes. Estas son las cosas que puede enseñarles.

Recursos —como materiales de enseñanza, dinero, suficiente personal para enseñar

No es justo pedirle a alguien que dirija la iglesia infantil con 25 niños y sin nadie que le ayude. Es como pedirle a alguien que cave una fosa con una taza y no con pico y pala.  

Un fuerte sentir de dirección y supervisión

Este es un punto muy importante que deseo que recuerden: La supervisión no tiene el propósito de controlar, sino de ayudar a que la gente realice mejor su labor.

Limite la primera asignación de una persona hasta que tenga tiempo para obtener una visión de lo que le estamos pidiendo que haga

Necesitamos recordar que la gente ministra de la misma forma en que ha visto a otros ministrar. Debemos estar conscientes de su nivel de experiencia y comprender que quizá no tengan las destrezas o la perspectiva correcta para hacer lo que queremos que hagan al principio. Pueden comenzar como maestros suplentes o pasar por un período bajo un mentor antes de asumir responsabilidad total.

Provea aliento y afirmación consistentes

Como pastor, ¿ora usted cada domingo por las personas que trabajan en su iglesia? ¿Acaso los visita el domingo en la mañana mientras que se preparan y les dice: “Estoy orando para que Dios le use hoy”? Los maestros necesitan saber que alguien cree que lo que están haciendo es muy especial. Como pastor, quizá no sea capaz de hacer lo mismo con cada maestro cada domingo, pero puede visitar a uno. Quizá de vez en cuando en el culto de adoración, pida que todos los obreros pasen al frente para dar a la congregación la oportunidad de agradecerles por su labor y orar dando gracias por ellos y para que Dios los fortalezca en su ministerio.

Con esto se logran dos objetivos. Les dice a los obreros que son importantes. Planta la semilla en la mente de la congregación de que quizá algún día ellos también sean llamados por Dios a ministrar de alguna manera. Esto es muy, pero muy importante y debe hacerse por lo menos una vez al año.

Sería muy útil que reuniera a sus líderes y les ofreciera una comida especial para ellos. Organicen una celebración. No tiene que ser de lujo. Se sentirán apreciados y desearán seguir ministrando. Es el modelo acondicionador del que hemos hablado en el pasado. A todos nos gusta sentirnos apreciados. Siempre es muy fácil hacer que otros le ayuden si demuestra interés por su personal presente. Periódicamente analice la confianza y destrezas de cada líder en cuanto a las tareas asignadas a ellos. Ajuste su tipo de liderazgo como sea necesario.

Periódicamente evalúe los niveles, destrezas y confianza de un líder para cada una de las áreas que le ha asignado usted

Es importante reconocer cuatro diferentes estilos de liderazgo que necesita una persona al madurar en sus habilidades y disposición para una tarea.

Cuando una persona no está dispuesta a realizar una tarea y no puede, sencillamente le decimos qué hacer. Este es el primer estilo de liderazgo: decirles qué hacer. Puesto que creemos que Dios llama a la gente a ministrar y reparte dones para el ministerio, este estilo raramente se encuentra en nuestros ministerios de la iglesia. Podemos decirle a una persona lo que esperamos de él o ella, pero nuestro estilo de liderazgo no debe concretarse a dar órdenes. Recuerde que estamos para servir a nuestros líderes y no para ejercer poderío sobre ellos.

Cuando una persona está dispuesta, pero no es capaz de realizar una tarea, la capacitamos en lo que esperamos que haga. Este es el segundo estilo de liderazgo: capacitación.

Cuando una persona puede, pero no tiene confianza en sí misma, cambia la situación de nuevo. En este caso tenemos que participar junto con ellos hasta que se sientan con la confianza en ellos mismos para la tarea. Este estilo de liderazgo es “participación”. Cuando una persona puede y tiene confianza (disposición) le delegamos la tarea. Pueden realizarla sin nuestra presencia o ayuda. Este estilo de liderazgo es “delegación”.

Estos son los cuatro estilos de liderazgo que usamos con los que se preparan para un ministerio: damos órdenes, capacitación, participación, y delegación. Las áreas intermedias son lo que la mayoría necesita cuando se preparan para un ministerio nuevo. Los líderes nuevos necesitan que su líder los capacite y participe con ellos. Sin embargo, si no planificamos intencionalmente para estas cosas, a la mayoría de los líderes se les hace fácil dar órdenes o simplemente delegar. Estamos por encima de la gente como halcones o los dejamos totalmente a su suerte.

¿Qué sucede cuando estoy dispuesto a hacer algo, pero alguien sigue dándome órdenes? La situación puede ser desmoralizadora.

¿Qué sucede cuando estoy dispuesto a hacer algo pero no sé cómo y se me lanza a hacerlo sin ayuda alguna?

Quizá me desanime y fracase aunque sea totalmente innecesario. Un poco de capacitación podría salvar la situación.

Me ha sido muy útil charlar con alguien que está iniciándose en una nueva posición sobre las tareas de la descripción de trabajo usando estas cuatro categorías. Podemos llegar a un acuerdo sobre cómo lograr el propósito de modo que lleguemos al punto de delegarle absolutamente la tarea.

Resumen

Cuando una persona ha dicho sí, tenemos la responsabilidad de ayudarle a hacer bien su labor. Tenemos que proveerle la instrucción correcta, recursos, supervisión, con la clara advertencia de que la supervisión no significa control. Luego debemos recordar que enseñarán o ministrarán de la misma forma en que se les enseñó, por lo que se debe limitar sus participación al principio. Luego tenemos que ofrecerles aliento consistente y aprecio por lo que hacen. Si tratamos bien a los que están trabajando, será más fácil que otros también se alisten para ayudar.

Repaso

A manera de repaso, consulte los objetivos de aprendizaje que incluimos al principio de esta lección. ¿Puede usted ahora...

• Escribir una lista de temas sobre el reclutamiento y desarrollo de líderes?

• Elaborar un plan de desarrollo de reclutamiento de líderes?

• Exhibir una carga más profunda por el desarrollo y cuidado de desarrollo de liderazgo?

Asignación de tarea

Descripción del obrero de educación cristiana ideal. ¿Qué incluiría en un plan de desarrollo de obreros de EC?

Resumen final

Prepare esta dramatización: El superintendente de escuela dominical saluda a Juan después del culto.

Superintendente de la escuela dominical:

Hola, Juan. Te he estado observando en la iglesia. De veras te gusta hablar con los niños y ellos te responden muy bien. Me gustaría charlar contigo el jueves por la noche sobre algunas formas en que quizá nos puedas ayudar mientras que usas tus dones y ministres a nuestros jóvenes.

Tengo algunas ideas que me gustaría presentarte. En unas dos semanas celebraremos un taller de capacitación para maestros, el cual sería una buena oportunidad para que hables con algunos voluntarios sobre cómo enseñan su clase de escuela dominical.

 Estructuras y programas de educación cristiana en la iglesia local


La iglesia como familia adoptiva para proveer formación

Quiero que comencemos hablando acerca de las estructuras o programas de EC. Así como en tiempos del Antiguo Testamento, la estructura más poderosa para la EC es la familia. Más y más en sus iglesias los niños crecerán en hogares cristianos. La familia y la iglesia se asociarán para educar a los niños en la fe. El líder cristiana y el maestro de la iglesia pueden también asociarse para ayudar a los padres de familia a comprender cómo ellos también pueden ser maestros en su casa. No tienen un aula, pero toda su familia son sus alumnos. Si hacen de Cristo el centro de su hogar, los niños también pondrán al Señor en el centro de su vida. Los niños pueden aprender a orar en la casa. Piense en la diferencia del tiempo que pasan en la casa y el que pasan en la iglesia. Debemos ayudar a los padres a ser cristianos en la forma en que interactúan con sus hijos. Ayúdeles a desarrollar hábitos de lectura de la Biblia y de oración en su casa.

Si deseamos ayudar a las familias a llegar a ser centros de ED, debe ser intencional. La mayoría no sabemos cómo hacerlo naturalmente. Tenemos que descubrir la forma de hacerlo a propósito. Cuando las generaciones de una familia se reúnen en una casa y todos son cristianos, el modelo es muy poderoso.

No todos tienen el privilegio de pertenecer a un hogar cristiano, por lo que no es un error decir que la iglesia es la familia de Dios. La iglesia se convierte en nuestra familia adoptiva. Por ejemplo, ¿quiénes son las tías y los tíos y abuelos que llenaran las funciones de edificación en la vida de mis hijos? ¡Los miembros de nuestra iglesia! Todos ellos contribuyen a la vida de nuestros hijos de una manera en que los abuelos no pueden hacerlo. No sólo los programas de la iglesia forman la fe en nosotros sino también la vida de la familia. Cuando trabajan juntos, es mejor. Nunca permita que los programas de la iglesia estén tan ocupados de modo que no le dejen lugar para la familia. Pero tampoco permita que la familia esté tan ocupada de nodo que le dé tiempo para la iglesia.

Programas y estructuras de EC en la iglesia local

Veremos ahora diferentes tipos de programas de EC dentro de la iglesia local. No pretendo que al darles esta lista crea que los pondrán en efecto todos en su iglesia local. Sencillamente quiero decir que deberán implementar algunos programas aparte del culto de adoración. Antes de pasar a la lista, veamos tres funciones que cumplen todos estos grupos.

Funciones de programas de Educación Cristiana

1. Educación

Hemos discutido la función de la educación extensamente. Las otras dos funciones son responsabilidad y pertenencia.

2. Responsabilidad

Guarde un registro de la asistencia y de los nombres de los que asisten —no para castigarlos si faltan, sino para saber quién estuvo presente y quién faltó. El maestro tiene la responsabilidad de llamar o contactar a aquellos que faltaron y hacerles saber que los extrañaron. Si estaban enfermos, puede orar por ellos. Es difícil que un pastor esté al tanto de todos los miembros de la iglesia. Cada maestro de escuela dominical se convierte en pastor de su grupo o clase.

3. Pertenencia

Todos queremos experimentar un sentir de pertenencia cuando vamos a la iglesia o a reunirnos con un grupo. Quizá asistamos dos o tres veces, pero tenemos ese sentir, no regresaremos porque no nos sentimos bien allí. Y recuerde que la razón por la que tenemos la iglesia no es necesariamente para darles una experiencia de escuela dominical. No les pedimos que asistan sólo para orar y obtener energía espiritual. Les pedimos que asistan y formen parte de nuestra iglesia de modo que pertenezcan a nuestra familia, de la comunidad de la fe, que experimenten un nuevo estilo de vida. Así que queremos que simplemente asistan el domingo, sino que tengan un sentir de pertenencia. La escuela dominical les ayuda a obtener ese sentir. Se integran a un grupo como de 7 a 16 personas que saben su nombre y cuando no están allí.

Al comenzar a pensar en las estructuras educacionales de su iglesia, recuerde estas tres funciones la educación cristiana. Si éstas no se realizan en la escuela dominical, deberá realizarlas en alguna otra parte.

Programas de Educación Cristiana

• Escuela dominical

La escuela dominical se lleva a cabo en diversos horarios. A veces antes del culto de adoración, en otras y en varios lugares el domingo por la noche. Es difícil cuando se alquila espacio, pero al hacer planes de un edificio permanente, incluya lugar para la educación cristiana.

Divida sus niños y adolescentes en grupos intencionalmente y con base en buena información La escuela dominical es una forma organizada en la que cada nivel de edad estudia la Biblia en su etapa apropiada.

Mientras más niños tengan, más podrá dividirlos en diversas etapas. Si tiene 30 de edades 5-12, puede dividirlos en grupos de 5-6, 7-9, 10-12 porque cada grupo tiene diferentes habilidades, destrezas y períodos de atención, pero si sólo tienen cinco niños no pueden tener tres diferentes clases.

Lo mismo se aplica a los adolescentes. Ellos tienen necesidades singulares. No se les puede mezclar con los niños ni los adultos para propósitos de EC.

Los adultos también necesitan la escuela dominical. En algunas iglesias con poco espacio, pueden tener dos o tres grupos a la vez en el santuario. No es lo ideal, pero es mejor que nada.

• Estudios bíblicos

Estos casi siempre se llevan a cabo en casas. Sirve a veces como escuela dominical para adultos. Es un buen sistema de contacto y de promover el sentir de pertenencia. ¿Ve cómo se cumplen todas estas funciones? Cuando piense en ser líder de un estudio bíblico, recuerde que su responsabilidad va más allá de enseñar la Biblia simplemente. Le lleva a ser pastor laico. Muchas personas irán primero a un grupo de estudio bíblico que a la iglesia misma. Si podemos hacerlos sentir bienvenidos en el estudio bíblico también se sentirán a gusto en la iglesia.

Puede ahora ver cómo cada programa de EC tiene más de un aspecto. Tiene un currículo explícito y otro secreto.

• Grupos pequeños especializados

Por ejemplo, un grupo que se reúne para planear la dirección de la música en la iglesia. Este grupo tiene identidad. Cuando se reúnen no sólo cantan, sino que están aprendiendo teología, a dirigir, a crecer como cristianos. Tiene más de una función.

¿Cuáles grupos especializados tienen en su iglesia? Como líder debe reconocer la calidad de la EC incluso en un grupo como ministerios de compasión. Puede sentarse con este grupo y decir: “¿Qué estamos aprendiendo sobre lo que significa ser cristiano?” Me refiero a ser intencional. Aunque mi título sea director de música, también soy maestro.

• Grupos especiales de acuerdo con la edad o el sexo

El más obvio es por lo general el grupo de jóvenes. Ellos experimentan una fuerte necesidad de relaciones y pertenencia. Son muy activos y desean que su grupo esté lejos de sus padres. La calidad de vida de los dirigentes juveniles debe ser muy importante.

En las actividades de cada grupo de jóvenes, muchos aprenden el significado de ser cristiano. Con frecuencia para muchos adolescentes el grupo juvenil de la iglesia se convierte en los compañeros más importantes en su vida. Por eso en un grupo juvenil nos ocupamos en mucho más que una simple clase. Ésta es sólo una parte de lo que debe hacer el grupo. A veces es más importante celebrar actividades en conjunto. Cada actividad de grupo juvenil es espiritual, no porque oramos y presentamos un momento devocional, sino porque es la reunión de la comunidad cristiana y las relaciones son diferentes de las del mundo.  

Debemos estar conscientes de que los años juveniles son importantes para ayudarles a desarrollar buenas relaciones. Aun cuando el grupo sea sólo de tres, los líderes debemos tratarlos con toda seriedad. Las experiencias de campamentos juveniles también son muy importantes. Piense en organizar un grupo para varones y otro para señoritas, otro de oración, de adultos maduros, de la tercera edad. Etc.

Piense en desarrollar un grupo para mujeres y otro para hombres, un grupo de oración, adultos de la tercera edad o cualquier tipo de reunión de grupo pequeño que pueda fortalecer a los jóvenes cristianos de su iglesia. Estos grupos especiales pueden ser un medio importante para tratar asuntos específicos. ¿Cuáles tres funciones desarrollará este grupo? (educación, responsabilidad y pertenencia).

El líder de un grupo pequeño hará mucho más que simplemente enseñar.

A propósito, cuando esté enseñando información, la repetición es un buen método.

• Seminarios o talleres especiales

Estos por lo general son breves, de una mañana o de una tarde. No es un grupo, sino un evento de una sola vez. Pueden tratar temas especiales en talleres como la familia o el matrimonio, evangelización o enseñanza. Puede incluso planificarlos para dos o tres años. Puede haber también un taller sobre mayordomía.

• Programas de temporada

Aquí estamos hablando de escuela bíblica de vacaciones, campamentos, eventos que se adapten a la cultura de su comunidad.

¿Qué tipo de educación cristiana podemos proveer a los niños cuando tienen mucho tiempo en sus manos?

Estos tipos de programa añaden otro elemento a los tres propósitos. Con frecuencia se celebran campamentos y escuelas vacacionales para evangelización e invitar a niños nuevos a la iglesia. Esto es cierto en todo el mundo. Es muy importante guardar nombres y direcciones para darles seguimiento a los niños que asistan al campamento y a la escuela bíblica de vacaciones.  

Puede enviar una carta o tarjeta a los padres agradeciéndoles por permitir que asistieran sus hijos y explicándoles qué hicieron. Agradézcales por confiar en usted e invítelos a regresar cuando lo deseen. Los archivos y organización son muy importantes para que se pueda comunicar con la gente. Una de las características de un culto es que no dirán lo que hacen en sus reuniones. Por otro lado, necesitamos estar muy dispuestos. Cuando celebremos eventos de temporada con propósito de evangelización, necesitamos estar tan dispuestos como sea posible. No debemos dejar de comunicarnos con los padres de los niños.

Recuerde cuando hablamos de identidad en la adolescencia y de la importancia de que en esa edad decidan aceptar a Cristo como su Salvador. El campamento juvenil es muy importante para ellos.

¿Cuáles programas y estructuras funcionarán mejor para su iglesia? Tiene que organizar su educación cristiana intencionalmente. Tiene que proveer a su pueblo la forma de crecer en la fe y darles educaciones, responsabilidad y un lugar al que sientan que pertenecen.

Cuando examinamos los programas de la iglesia, queremos pensar en equilibrio

Cinco funciones de una iglesia

• Adoración

• Educación

• Compañerismo

• Servicio—ministerios de compasión, cuidado de huérfanos y viudas en la iglesia, los pensionados.

• Evangelismo

En su iglesia local, ¿cuentan con estas cinco funciones? No me refiero a dar tiempo igual y energía a cada uno, sino a que la persona se envuelva en las cinco.

¿Estamos equilibrando la participación? ¿Estamos haciendo todo lo posible y a nuestro alcance?

Pueden tener iglesias que se enfoquen en adoración y compañerismo pero no evangelismo. Otras dan mucho tiempo a la educación, pero nada al servicio.

Incluso en los grupos dentro de una iglesia tenemos que pensar en el buen equilibrio.

¿Hay equilibrio en el grupo juvenil? ¿Celebran reuniones de adoración? ¿Están siendo llamados a servir y a evangelizar? Podemos hacer las mismas cinco preguntas sobre nuestro ministerio entre los niños.

Tres grupos en la iglesia

Quiero que consideren la iglesia como una colección de tres grupos diferentes.

• El grupo esencial—el grupo que está en el centro, que están siempre disponibles con el deseo de ser líderes de la iglesia y crecer en la fe.

• Congregación—los que están siempre en el culto de adoración o sólo parte del mismo; no son líderes; son seguidores sin compromiso y necesitan aliento para involucrarse.

• Mundo de influencia—estas son personas que nunca han asistido a su iglesia. Son las que están bajo la influencia de la congregación y del grupo esencial.

¿Entiende a estos tres grupos? Cada iglesia los tiene. Debemos recordarlos siempre que organicemos programas. No cada programa tiene que ser para todos. Algún tipo de educación quizá sea sólo para el grupo esencial, como un taller para maestros de

escuela dominical. Un programa de varones para orar a las 5:00 am no será para todos los hombres en la iglesia. No se espera que asistan todos los que asisten a la iglesia, pero sí un buen número del grupo esencial que se reúna para orar.

Algunas cosas que planifiquen serán sólo para el grupo esencial, pero si sólo se planifica para ese grupo, ¿cómo aprenderá el resto de la congregación? Planifique algunos programas básicos para la congregación. ¿Quiere dejarlos en ese nivel? No,

queremos que maduren de modo que formen parte del grupo esencial. No queremos que estén dependiendo de la leche espiritual en su vida, sino que pasen al alimento sólido.

¿Qué tiene en mente para los que están en su esfera de influencia? ¿Qué está haciendo por ellos? ¿Tiene programas educacionales que atraigan a los inconversos?

¿Qué de clases de inglés o de deportes? ¿De qué otras maneras pueden ejercer influencia en la comunidad? Se puede ministrar intencionalmente a toda la congregación. Por eso con frecuencia planeamos programas para todos.

La gente que está en nuestra esfera de influencia asistirá a cualquier evento de la iglesia si establecen relación con las personas con quienes asisten. Quizá hasta asistan a un grupo de estudio bíblico a un culto de oración matutino si son muy amigos de la persona que los ha invitado. Siempre debe estar listo para que asista alguien de su esfera de influencia, pero también preparar un programa de evangelización para ellos.

¿Quiénes componen la audiencia objetivo de los ministerios de compasión de su iglesia? ¿Es el grupo esencial o los de su esfera de influencia? En ministerios de compasión se debe tener a los tres grupos en mente, pero debe comprender que también son tres diferentes propósitos. En el caso del grupo esencial el ministerio de compasión se preocupa por lo físico. En el de los de su esfera de influencia, se trata de una forma de demostrar el amor de Cristo. No les pedimos que se conviertan a Cristo antes de demostrarles el amor de Cristo.

Tenemos un principio de equilibrio y las cinco funciones de la iglesia así como de los tres grupos que componen la iglesia. Lo que les he dado es más bien una forma de evaluación de su propia iglesia. Pueden preguntar: ¿Está nuestra iglesia equilibrada? ¿Toman en cuenta nuestros programas estos tres grupos?

Análisis de un programa de iglesia local

Evaluación de la iglesia: Escriba una lista de los diferentes tipos de grupos (educación o servicio) que se pueden encontrar en su iglesia.

Analice dónde se encuentran las fallas en su iglesia. ¿Cuáles programas son diseñados específicamente para el grupo esencial? ¿Cuáles para la congregación? ¿Cuáles para el mundo de influencia?

Con base en su análisis sugiera un nuevo ministerio o programa para un grupo que la iglesia no esté atendiendo o no lo esté atendiendo bien.

las siete copas del Libro de Apocalipsis

Los siete sellos, trompetas y copas descritos en el libro de Apocalipsis representan los juicios finales de Dios que se derraman en un mundo incrédulo en los últimos tiempos. Algunos han tratado de argumentar que los juicios que se mencionan en el libro son cosas que tuvieron lugar durante la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. o que han tenido lugar a lo largo de toda la historia humana.

Sin embargo, estos argumentos no se sostienen bajo la evidencia bíblica e histórica, que apunta a un cumplimiento futuro. Ireneo, que vivió en el siglo II, escribe en su obra Contra las herejías. (5.30.3), que "Juan [el autor de Apocalipsis] recibió la Revelación en nuestro propio tiempo, hacia el final del reinado de Domiciano". El reinado de Domiciano terminó en el año 96 d. C., por lo que la mayoría de los eruditos bíblicos datan Apocalipsis a mediados de los años 90 d. C., dos décadas después de la caída de Jerusalén a manos de los romanos en el año 70 d. C.

Además, al comienzo de la visión de Juan, se le dice específicamente que las cosas que verá sucederán en el futuro: "Escribe, pues, lo que has visto, lo que sucede ahora y lo que sucederá después." (Apocalipsis 1:19, énfasis agregado). Siendo estas cosas verdaderas, el caso de lo que se llama la interpretación "futurista" del libro de Apocalipsis descansa en un terreno sólido.

Los juicios de los sellos, las trompetas y las copas se presentan en los capítulos 6, 8 y 15 de Apocalipsis. Cada juicio se divide en siete actos distintos que traen destrucción a la tierra y a los que están vivos en ese momento. El número siete en la Biblia a menudo se refiere a la perfección y/o integridad, y el hecho de que hay tres categorías de juicios (tal vez correspondientes a la Trinidad) puede indicar que son juicios del Dios trino y representan su ira completa e integra sobre un mundo rebelde.

Los juicios comienzan con los juicios de los sellos, introducidos por primera vez en el capítulo 5 de Apocalipsis: "En la mano derecha del que estaba sentado en el trono vi un rollo escrito por ambos lados y sellado con siete sellos. También vi a un ángel poderoso que proclamaba a gran voz: «¿Quién es digno de romper los sellos y de abrir el rollo?» Pero ni en el cielo ni en la tierra, ni debajo de la tierra, hubo nadie capaz de abrirlo ni de examinar su contenido. Y lloraba yo mucho porque no se había encontrado a nadie que fuera digno de abrir el rollo ni de examinar su contenido. Uno de los ancianos me dijo: «¡Deja de llorar, que ya el León de la tribu de Judá, la Raíz de David, ha vencido! Él sí puede abrir el rollo y sus siete sellos»." (Apocalipsis 5: 1–5).

Dios el Padre sostiene en su mano derecha (la mano derecha que simboliza la autoridad) un libro, que en el primer siglo habría sido un rollo hecho de una especie de papiro enrollado por ambos lados y cerrado con siete sellos. El pergamino tiene escritura tanto en el interior como en el exterior, lo cual era típico de los contratos en el Medio Oriente. El interior de estos rollos contenía los detalles del contrato, y en el exterior estaba escrito un resumen del contrato. Solo el propietario de la propiedad u objetos de valor estaba legalmente autorizado para romper los sellos adheridos al rollo.

Esto es lo que se comunica en Apocalipsis 5. A Jesucristo, el León de la tribu de Judá, se le presenta con Su herencia, que es la tierra y todo lo que contiene: "Pídeme, y como herencia te entregaré las naciones; ¡tuyos serán los confines de la tierra! "(Salmo 2: 8). Su propiedad ha sido usurpada y robada por Satanás, y el contenido del documento no contiene cuál es la herencia, sino cómo Cristo recuperará lo que es legítimamente suyo.

Los primeros seis juicios de los sellos se desatan en el capítulo 6 de Apocalipsis y se componen de lo siguiente:

• Primer sello (verss. 1-2): al Anticristo se le deja suelto en el mundo

• Segundo sello (verss. 3-4) - comienzan las guerras y se pierde la paz

• Tercer sello (verss. 5-6) - estalla la hambruna

• Cuarto sello (verss. 7-8) - el resultado final de la guerra y el hambre, que es la muerte

• Quinto sello (verss. 9-11) - persecución del pueblo de Dios, lo que trae más de la venganza de Dios sobre el mundo, pero no hasta que su maldad se haya llenado con la muerte del último mártir

• Sexto sello (verss. 12-17) - un gran terremoto junto con otras turbulencias celestiales.

Los juicios del sello también se describen en el discurso de Jesús en el Monte de los Olivos, que se encuentran en Mateo 24. Los primeros cuatro se mencionan en los verss. 1-7; el quinto en vers. 9; y el sexto en los verss. 7 y 29.

La ruptura del séptimo sello ocurre en Apocalipsis 8 y marca la segunda ola de juicios, los juicios de trompeta: "Cuando el Cordero rompió el séptimo sello, hubo silencio en el cielo como por media hora. Y vi a los siete ángeles que están de pie delante de Dios, a los cuales se les dieron siete trompetas. [...] Los siete ángeles que tenían las siete trompetas se dispusieron a tocarlas." (Apocalipsis 8: 1-26).

Las primeras seis trompetas se componen de los siguientes juicios:

• Primera trompeta (vers. 7) - un tercio de la tierra, árboles y hierba se queman

• Segunda trompeta (verss. 8-9) - un tercio de las criaturas marinas mueren y las naves son destruidas

• Tercera trompeta (verss. 10-11) - un tercio de las aguas son contaminadas y muchos mueren

• Cuarta trompeta (vers. 12) - un tercio del sol, la luna y las estrellas se oscurecen

• Quinta trompeta (verss. 9: 1-11) - Langostas / demonios son liberados para atormentar a las personas

• Sexta trompeta (verss. 9: 13-19) - Cuatro demonios atados son liberados para matar a un tercio de la humanidad con un ejército.

El sonido de la séptima trompeta proclama la pronta venida de Cristo y marca el comienzo de la última serie de juicios, los juicios de las copas: "Vi en el cielo otra señal grande y maravillosa: siete ángeles con las siete plagas, que son las últimas, pues con ellas se consumará la ira de Dios. [...] Uno de los cuatro seres vivientes dio a cada uno de los siete ángeles una copa de oro llena del furor de Dios, quien vive por los siglos de los siglos." (Apocalipsis 15: 17).

Mientras que muchos de los juicios de las trompetas afectan a un tercio de su objetivo, los juicios de las copas son más completos en su efecto:

• Primera copa (vers. 16: 2): llagas horribles en aquellos con la marca de la bestia

• Segunda copa (vers. 16: 3) - Todo en el mar muere

• Tercera copa (verss. 16: 4-7) - Todas las aguas se contaminan

• Cuarta copa (verss. 16: 8-9) - El sol quema y abrasa a las personas

• Quinta copa (verss. 16: 10-11) - Trae oscuridad total sobre el reino del Anticristo

• Sexta copa (verss. 16: 12-16) - El Éufrates se seca; vienen los reyes de Oriente, y se prepara la escena para la batalla de Armagedón

• Séptima copa (verss. 16: 17-21) – Se produce un gran terremoto; caen ciudades de naciones; ocurre una gran tormenta de granizo

Los juicios de los sellos, las trompetas y las copas de Apocalipsis enseñan un par de verdades importantes. Primero, los tiempos finales de Dios y la ira eterna son inevitables. El fin de los tiempos no puede ser detenido por nadie ni por nada: "Desde los tiempos antiguos, yo soy. No hay quien pueda librar de mi mano. Lo que yo hago, nadie puede desbaratarlo." (Isaías 43:13).

Segundo, hay una manera de escapar de la ira de Dios antes de que venga. Pablo escribe en Romanos: "Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús" (cf. Romanos 8: 1). Los creyentes no enfrentarán el juicio, porque sus pecados fueron juzgados cuando Jesús murió en su lugar en la cruz (véase 2 Corintios 5:211 Pedro 2:24).

Siendo este el caso, todos harían bien en escuchar y actuar de acuerdo con lo que Juan dice a sus lectores cuando comienza a escribir el libro de Apocalipsis: "Dichoso el que lee y dichosos los que escuchan las palabras de este mensaje profético y hacen caso de lo que aquí está escrito, porque el tiempo de su cumplimiento está cerca." (Apocalipsis 1:3).

            LOS HUEVOS DEL 2024 INCERTADOS EN LA IGLESIAS

                                         ESTO ES BIBLICO?

Aunque millones suponen que estas costumbres son cristianas, en ninguna parte de la Biblia vemos que fueron practicadas por la Iglesia que Jesús fundó. Si la Pascua y sus tradiciones no provienen de las Sagradas Escrituras, ¿dónde se originaron?


En realidad surgieron del antiguo paganismo. La palabra inglesa Easter (Pascua) deriva del término inglés antiguo Eostre u Ostara, el nombre de la diosa de la primavera, el amanecer y la fertilidad.


Más de mil años antes del nacimiento de Jesucristo, los pueblos paganos se deleitaban con festivales en honor a esta y a otras diosas y dioses paganos que incluían rituales sexuales, e incluso orgías. Estas fiestas tenían lugar en torno al equinoccio de primavera, cuando los rayos del sol infundían calor y vida a la Tierra tras el frío y la oscuridad del invierno.


La Pascua Florida y sus costumbres tienen raíces paganas

En las culturas paganas, los huevos a menudo simbolizaban la fertilidad y la reproducción. Por ejemplo, se dice que los antiguos druidas de Gran Bretaña y la Galia (la actual Francia), teñían huevos y los enterraban en los campos recién arados a finales del invierno para fomentar la fertilidad y la prosperidad. En cuanto al conejo de Pascua, en tiempos antiguos estos mamíferos eran valorados como símbolo de abundante descendencia por su capacidad de reproducirse rápidamente. Además, el servicio religioso al amanecer de Pascua Florida tiene sus raíces en el ritual pagano de postrarse ante el sol naciente (véase Ezequiel 8:16).


¿Cómo se infiltraron la Pascua Florida y sus costumbres en el cristianismo tradicional? Debido a que surgieron maestros equivocados y dispuestos a transar la verdad que se adueñaron de los rituales paganos de primavera y los vincularon engañosamente a la resurrección de Cristo (Mateo 24:4-5; Colosenses 2:8; Deuteronomio 12:30-32).


El Diccionario Expositivo de Palabras del Antiguo y Nuevo Testamento de Vine afirma que "la fiesta pagana [Easter] se introdujo en la apóstata religión occidental bajo la guisa [es decir, disfrazada] de ‘pascua’, como parte del intento de adaptar las fiestas paganas en el seno de la cristiandad" ("Pascua", 3:141, Libros CLIE, 1984, énfasis nuestro en todo este recuadro).


Jesús y sus discípulos observaron la Pascua bíblica

Jesús, sus discípulos y la Iglesia primitiva del Nuevo Testamento nunca observaron la Pascua Florida ni sus rituales. Por el contrario, guardaron indefectiblemente la Pascua bíblica y los días santos de la Biblia.


La Pascua, una ocasión anual solemne y sagrada en el antiguo Israel, conmemoraba cómo Dios redimió y liberó milagrosamente al pueblo de la esclavitud en Egipto. En la primera noche de Pascua en Egipto, en cada hogar israelita sacrificaron un cordero, lo asaron y lo comieron. Untaron su sangre en el dintel y los postes de las puertas de sus viviendas como señal de la protección de Dios contra la plaga de la muerte de los primogénitos enviada como castigo sobre Egipto (Éxodo 12:12-13).


Los corderos sacrificados en esa noche simbolizaban a Jesucristo como el futuro "Cordero de Dios que quita el pecado del mundo" (Juan 1:29). Cristo cumplió esto al ofrecerse voluntariamente como sacrificio y derramar su sangre para que los individuos arrepentidos pudieran librarse de la muerte eterna y espiritual (Mateo 26:28; Romanos 5:20).


En la primera Pascua del Nuevo Testamento, él utilizó los símbolos del pan sin levadura y el vino para representar su cuerpo sin pecado y su sangre, que fueron sacrificados para limpiar a quienes se arrepienten de sus pecados y reconciliarlos con Dios (Lucas 22:19; Efesios 1:7). Como explicó el apóstol Pablo en 1 Corintios 5:7, el sacrificio del cordero representaba a Jesús mismo: "Porque ciertamente Cristo, nuestra Pascua, fue sacrificado por nosotros".


Jesús celebró la Pascua durante toda su vida (Lucas 2:41-43; Juan 2:13; Mateo 26:17-19). Y unos 25 años después de su muerte y resurrección, los apóstoles y otros miembros de su Iglesia seguían guardando fielmente la Pascua (Hechos 20:6; 1 Corintios 5:6-8).


Rechace la Pascua Florida y observe la Pascua y los días santos de Dios

Dios le dijo al pueblo del antiguo Israel que observara la Fiesta de los Panes sin Levadura de siete días junto con la Pascua, como un recordatorio de que él los había liberado de la esclavitud egipcia (Levítico 23:5-8). Esto es un símbolo de la liberación de la esclavitud espiritual por el pecado que reciben las personas arrepentidas, como resultado del sacrificio de Cristo.


El pan sin levadura es un símbolo de la vida sin pecado de Jesús, que los verdaderos cristianos deben esforzarse por imitar. Como "pan de vida", Jesús está en el centro mismo de esta fiesta, al igual que en todos los días santos anuales de Dios (Juan 6:35; Colosenses 2:17). Él observó personalmente esta fiesta, al igual que los apóstoles y toda la Iglesia primitiva (Hechos 20:6; 1 Corintios 5:6-8).


Por último, la verdad es que la Pascua Florida es un sustituto engañoso de la Pascua bíblica y debe rechazarse de plano. En su lugar, todos los verdaderos cristianos deben celebrar la Pascua y la Fiesta de los Panes sin Levadura de siete días en esta época del año (Lucas 22:19; Levítico 23:6-8).


                  

LA SANTA CENA  USTED ESTA EN CONDICIONES DE TOMARLA?

24 y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. 
25 Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre;  haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí. 
26 Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y
bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.
27 De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. 
28 Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. 
29 Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí. 
30 Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen. 
31 Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados;
32 mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo. 

 

                                        Pompeyo en Jerusalén

Como ya recordamos, en el año 63 a.C. Pompeyo había tomado Jerusalén, sometiendo la Judea a Roma; destronó a Aristóbulo II y nombró gobernador a Antípatro y sumo sacerdote a Hircano II. Pompeyo aprovechó para recortar el territorio judío, liberando del yugo judío a muchos de los pueblos y ciudades que habían sido conquistados y judaizados a la fuerza por los asmoneos. A raíz de estos recortes territoriales se creó la confederación de diez ciudades libres que recibieron el nombre de Decápolis. Otras ciudades griegas en la costa desde Rafia hasta Dor recibieron también la independencia y se constituyeron como polis autónomas. Del reino asmoneo sólo quedaba Judea, Galilea, Idumea y Perea.

El año 55, el legado de Siria Gabinio, después de haber aplastado la insurrección de Alejandro II, hijo de Aristóbulo II, dividió Palestina en cinco distritos (sinedrios): Jerusalén, Gazara, Amathus, Jericó y Séforis

Pero en el 40 a.C. Antígono, hijo del depuesto Aristóbulo II, conquistó Jerusalén con la ayuda de los partos, cortó las orejas a su tío Hircano II para que ya nunca pudiera volver a ser sumo sacerdote y consiguió reinar durante tres años, derrotando a los hijos de Antípatro, Herodes y Fasael, que apoyaban a Hircano II. Fasael se suicidó en prisión y su hermano huyó a Roma, para pedir ayuda al César.

Eran los años de las violentas guerras civiles en Roma que enfrentaron a Julio César con Casio y Bruto, y posteriormente a Marco Antonio con Octavio Augusto. Herodes tuvo poca vista y tomó partido siempre por aquél que había de resultar perdedor, pero sin embargo siempre tuvo la habilidad de ganarse al vencedor y conquistar su favor, con lo que consiguió perpetuarse en el cargo y recibir de Roma más y más regiones hasta recuperar en gran parte el territorio que perteneció a los judíos en la época asmonea, antes de la llegada de Pompeyo.

Con el apoyo de los romanos, Herodes regreso de Roma y se impuso en Jerusalén derrotando a Antígono. Desde Jerusalén gobernará como etnarca desde el año 36 a.C. hasta el año de su muerte, el 4 a.C. Es importante, pues, para entender el Nuevo Testamento, hacerse cargo de la situación que atravesaba el pueblo judío en la época en que vino al mundo Jesús: un pueblo dividido, agotado por los enfrentamientos internos y humillado por las ocupaciones externas, y, para colmo, bajo el dominio de Herodes, un advenedizo idumeo impuesto por Roma.

Herodes mostró su agradecimiento a Roma construyendo o reconstruyendo una serie de ciudades, de tipo helenístico y con nombre romano, en las que se estableció una población mixta de judíos y gentiles. Sus hijos continuaron esta política, y así surgieron ciudades como Cesarea Marítima, Sebaste (sobre las ruinas de la antigua Samaría, destruida por Juan Hircano), Séforis, Tiberíades, Cesarea de Filipo...

De entre sus construcciones hay que destacar la de Cesarea del Mar, que llegó a ser una de las grandes metrópolis del Mediterráneo, dotada de un gigantesco puerto artificial. La ciudad contaba con todas las instalaciones propia de una ciudad romana, teatro, anfiteatro, termas, acueductos, hipódromos... Construyó también en ella un magnífico palacio, lejos de las intrigas religiosas de Jerusalén. Es en esta Cesarea donde tendrá lugar medio siglo más tarde el episodio de Cornelio y el Pentecostés de los gentiles.

Buscando congraciarse con los judíos, Herodes se casó con Mariamme, una princesa de la familia asmonea, nieta de los dos hermanos que habían peleado por el trono en los tiempos de Pompeyo. Siguiendo una política de construcciones faraónicas reconstruyó y amplió el templo de Jerusalén. De sus varias esposas tuvo numerosa descendencia, lo que favorecía las intrigas por la sucesión al trono.

Herodes vivió toda su vida obsesionado con la posibilidad de un golpe de estado, y reaccionó ejecutando rápidamente a cualquier persona que le causara la más mínima sospecha. Hizo ejecutar a su cuñado, el joven Aristóbulo III, hermano de Mariamme, que ejercía el sumo sacerdocio. Pocos días después de que este oficiase en el Yom Kippur atrayendo la simpatía del pueblo, mandó que lo ahogasen en la piscina del palacio de Jericó.

Más tarde hizo ejecutar a su esposa Mariamme por celos y entre sus víctimas se contaron también algunos de sus propios hijos, especialmente los dos que tuvo con la asmonea Mariamme, Alejandro III y Aristóbulo IV. Sólo unos días antes de su propia muerte hizo ejecutar a Antípatro, otro de sus hijos. Cuentan de Augusto que una vez hizo un juego de palabras en griego, donde las palabras “cerdo” e “hijo” son muy parecidas y afirmó que él se sentiría más seguro en la corte de Herodes siendo un cerdo que siendo su hijo.

A esta tensión política se unía la conflictividad social y económica (empobrecimiento de los campesinos, excesivos gastos en construcciones y en mantenimiento del ejército), que producía frecuentes revueltas, violentamente reprimidas.

Tras la muerte de Herodes, acompañada por disturbios populares (4 a.C.), el reino (siempre dependiente de Roma se dividió entre sus tres hijos. Arquelao fue etnarca de Judea, Samaria e Idumea, hasta que en el año 6 d.C. los romanos, cansados de su brutalidad, lo depusieron y pasaron a gobernar directamente la región: hasta el año 41 d.C. se sucedieron una serie de gobernadores romanos, de los que el más conocido es Poncio Pilato. Los gobernadores residían en la ciudad de Cesarea del Mar, y sólo acudían a Jerusalén con motivo de las fiestas importantes para garantizar el orden.

En Cesarea, cerca del palacio de Herodes, que luego fue usado por los gobernadores romanos, ha aparecido una interesante inscripción en la que se menciona a Poncio Pilato.

El hermano de Arquelao, Herodes Antipas, fue tetrarca de Galilea y Perea hasta su destierro en el año 39 d.C. La tetrarquía de Antipas estuvo formada por la Galilea y Perea en la Transjordania. Antipas quiso dotar a sus territorios de una capital y la instaló primero en Séforis, reconstruyéndola y embelleciéndola, y años más tarde en Tiberíades, a orillas del lago.

Filipo, por último, hermanastro de los anteriores, fue tetrarca de Batanea, Traconítide, Gaulanítide, Iturea, Panias y Auranítide hasta su muerte en el año 34 d.C. Su tetrarquía comenzaba al otro lado del Jordán, en Betsaida Julias, que él refundó de nuevo como ciudad helenística. Pero su verdadera capital estuvo en Banias (Cesarea de Filipo) a los pies del Hermón. En los tres años después de su muerte esos territorios pasaron a depender de la provincia romana de Siria, para ser confiados después, en tiempo de Calígula a Agripa I, nieto de Herodes el Grande y Mariamme. 

B. Situación política y cultural

 Nuestra familiaridad con los escritos judíos, y el influjo moderno de la ideología sionista, nos ha hecho pensar que Palestina fue la tierra de los judíos, que, expulsados de allí, tienen ahora todo el derecho de volver a ocupar la tierra que les pertenece por herencia. En esta visión simplista de las cosas hay mucho de ideología que no soporta la confrontación con los datos de la historia.

La Tierra Santa no ha sido prácticamente nunca un país exclusivamente judío. Sólo en brevísimos períodos de la historia estuvo todo el territorio bajo una autoridad judía (unos 300 años en la época de los reyes, y unos 50 años en la época de los Macabeos). Toda la llanura costera desde el Carmelo hasta Egipto prácticamente nunca ha pertenecido a ningún estado judío. E incluso en los períodos de mayor expansionismo israelita el territorio no estuvo nunca habitado exclusivamente por judíos.

Volviendo a la época que estamos historiando ahora, el elemento israelita no era sino una de las muchas culturas presentes en el país. Con los judíos convivían los samaritanos en amplias zonas, y sobre todo los griegos de las ciudades helenísticas en la costa, a orillas del lago de Genesaret, en el valle del Harod, y aun en la misma Judea. Recordemos Antípatris, Escitópolis, Ptolemaida, Dora, Cesarea del Mar, Cesarea de Filipo, Tiberíades, Sebaste, Apolonia, Fasael y la ciudades de la antigua pentápolis filistea…

Esta población griega consideraba a los gobernadores romanos sus defensores frente al imperialismo judío. Efectivamente Pompeyo es el que les había liberado del duro yugo de los asmoneos. Ya hemos mencionado cómo Pompeyo al conquistar Jerusalén estableció una confederación de ciudades griegas autónomas conocidas como la Decápolis y la sustrajo a la autoridad de los judíos de Jerusalén. Lo mismo hizo con las ciudades griegas de la costa y de otras regiones.

Los habitantes de estas ciudades hablaban el griego koiné que se había convertido en la lingua franca de todo el Próximo y Medio Oriente. Mantuvieron una continua confrontación con la población judía por la que se sentían amenazados. Al inicio de la sublevación contra Roma, los habitantes griegos de Judea y Galilea realizaron una radical limpieza étnica de sus ciudades asesinando a miles de judíos.

Pero, a parte de estos ciudadanos griegos paganos, tenemos que considerar también a muchos judíos, sobre todo los más ricos y cultos, que se encontraban fuertemente helenizados y eran bilingües. Pensemos por ejemplo en los judíos de Séforis, la primera capital de Antipas, a cinco kilómetros de Nazaret, o en Betsaida donde Andrés y Felipe llevaban nombres griegos. Muchos identifican a estos judíos helenizados de la Galilea con el partido de “los herodianos” que aparece diversas veces en los evangelios. Probablemente este grupo empezó a tomar consistencia durante el largo reinado de Herodes el Grande, y más tarde se mantuvo fiel a su dinastía.

El latín apenas tuvo influjo en la zona, y se mantuvo como la lengua de los gobernadores y funcionarios romanos y de los oficiales del ejército, los cuales hablaban también el griego. Recordamos cómo el letrero sobre la cruz de Jesús estaba escrito en hebreo, en griego y en latín.

Los zelotas eran fanáticos partidarios de un estado judío independiente y tras la expulsión de las legiones romanas se proponían también expulsar a todos los habitantes griegos practicando una política de limpieza étnica radical. Por eso cuando comenzó la gran revuelta en el año 66, los griegos que habitaban en el territorio se volcaron totalmente a favor de los romanos y exterminaron a los judíos que vivían dentro de sus ciudades o en sus alrededores.

Por supuesto no negamos que el elemento judío fuera también importante. Contaban con una gran ciudad, Jerusalén, mayoritariamente judía, y otras pequeñas ciudades y poblados, organizados en toparquías. Durante la época romana muchas ciudades eran mixtas y contaban con importantes núcleos de población griega y judía. No nos es posible dar números ni siquiera aproximados sobre el porcentaje relativo de una y otra población.

La religión judía quería evitar a toda costa la asimilación dentro de la cultura griega que era mucho más potente y tenía una gran fuerza seductora. De aquí que se insistiese cada vez más en los preceptos de la ley que ayudan a mantener al judío separado del gentil, como son todos los preceptos relativos a la pureza ritual, a las comidas puras e impuras. Los judíos ortodoxos evitaban entrar en casa de los paganos y tener cualquier tipo de relaciones de amistad con ellos. En Jerusalén se han descubierto las ruinas de palacios de sumos sacerdotes, fuertemente helenizados, y que sin embargo mantenían su preocupación por la pureza ritual, como muestra la abundancia de piscinas rituales (miqve) en los sótanos de las casas.

El judaísmo del segundo templo muestra un carácter pluralista. Conocemos tendencias tan distintas y enfrentadas como los saduceos, los fariseos, los herodianos, los esenios, los bautistas, los zelotas. Estos hábitos pluralistas posibilitaron el que los primeros judíos creyentes en Jesús pudiesen ser aceptados como una secta más, la de los nazarenos, bastante próximos a los fariseos.

Efectivamente, salvo esporádicos momentos de tensión como el que llevó a la lapidación de Esteban, los judeocristianos seguían acudiendo a las sinagogas y dando culto en el Templo de Jerusalén. La misma lapidación de Esteban hay que considerarla como un acto puntual de linchamiento más bien que como una persecución sistemática. De hecho fueron sólo los cristianos helenistas los que tuvieron problemas, mientras que los judeocristianos de lengua aramea parece ser que no sufrieron tan graves interferencias.

En los documentos qumranitas conocemos la espiritualidad de los miembros del Yahad y vemos cómo podían considerarse el verdadero Israel escatológico, a pesar de ser una mínima fracción numérica de la totalidad del pueblo. Este será más también el mismo espíritu de los judeocristianos, que aun después de haber sido separados del Israel oficial, seguían considerándose el Israel legítimo, a pesar de no ser sino una mínima fracción del pueblo judío y de haber sido oficialmente excomulgados de la sinagoga.

Pero todas estas sectas serán excomulgadas sólo después de la destrucción de Jerusalén, cuando los rabinos en Jamnia reconstituyeron un judaísmo nuevo que cerró filas en torno a un tipo de judaísmo más bien heredero de los fariseos. Es entonces cuando se consumará el cisma entre la Iglesia judeocristiana y la sinagoga, ya en los años 80. Los textos del evangelio de Juan y de Mateo están ya reflejando este momento en que la escisión se ha consumado. 

Una de las grandes tareas de los rabinos en Jamnia es oficializar el canon de la Biblia hebrea discutiendo algunos de los flecos que aún ofrecían alguna duda. Para esta época romana ya están escritos todos los libros del Antiguo Testamento.

C. La caída de Jerusalén

Herodes Agripa, nieto de Herodes el Grande, llegó a unificar, con el apoyo de Roma, todo el territorio de su abuelo, y fue nombrado por los romanos rey de Batanea en el año 37, de Galilea y Perea en el 40, y cónsul de Judea en el 41. Sólo alcanzó a reinar tres años. En este lapso de tiempo se reconstituyó el reino de Herodes el Grande casi en su totalidad, despertando grandes expectativas en los elementos más nacionalistas. Pero la apariencia de autonomía que daba el reinado de Agripa era engañosa. Agripa no era sino una marioneta en manos de los romanos, y su gobierno no fue muy distinto de la administración romana directa por medio de gobernadores. Los Hechos de los Apóstoles nos han dejado una imagen muy negativa de Agripa, como el clásico tirano lleno de soberbia y perseguidor de los creyentes. Durante su brevísimo reino la Iglesia de Jerusalén sufrió una dura persecución en la que Pedro fue encarcelado y Santiago Zebedeo fue decapitado (Hch 12,1-3). La muerte de Agripa, roído de gusanos, está narrada en el género literario propio de la muerte de los tiranos (Hch 12.20-23).

A su muerte, en el año 44, Palestina pasó a estar de nuevo bajo el mando directo de los prefectos romanos. En esta segunda etapa de gobierno romano directo se sucedieron varios prefectos (Fado, Tiberio Alejandro, Cumano, Félix, Festo, Albino y Gesio Floro). Flavio Josefo denuncia su corrupción y revela la miseria con la  que el pueblo se iba empobreciendo cada vez más.

El hijo de Agripa I, Herodes Agripa II, era todavía muy joven a la muerte de su padre, y los romanos no quisieron que heredase todo el gran reino que su padre había ido juntando en torno a sí. Los romanos se limitaron a asignarle sólo algunos de los territorios en el nordeste del país, que habían pertenecido a la tetrarquía de Filipo.

Agripa II pasaba por ser un judío religioso, y en varias ocasiones los romanos le pidieron que actuara de árbitro en sus conflictos con los sumos sacerdotes, delegando en él la autoridad para nombrar al sumo sacerdote en Jerusalén. Los Hechos de los Apóstoles nos narran un incidente en que el procurador Festo invitó a Agripa II a que intervenga en el juicio de Pablo aprovechando su paso por Cesarea (Hch 25,13-26,32). En el tiempo de la gran revuelta Agripa II se mantuvo fiel a los romanos y cooperó con ellos en el sometimiento de los zelotes. Hace pocos años los arqueólogos han descubierto su magnífico palacio en Cesarea de Filipo, y nuevos templos paganos en lo que pudiéramos llamar la “acrópolis” de Cesarea, donde al antiguo templo de Pan se añadieron el templo a Augusto construido por Herodes el Grande, y nuevos templos, a Zeus, a Némesis, a las cabras danzantes…

En tiempo de Cumano (48 – 52) hubo fuertes tensiones entre judíos y samaritanos, que se agudizaron bajo su sucesor Félix (53 – 58); es en este tiempo cuando surge el movimiento de los sicarios (terrorismo urbano). Con el procurador Festo (58 – 62) hay una cierta tranquilidad. Aprovechando la muerte repentina de este, las autoridades judías saduceas asesinan a Santiago, “el hermano del Señor”, presidente de la Iglesia de Jerusalén. Una vez más no debemos ver este asesinato como una prueba de una excomunión general de los cristianos. Fue solo la secta de los saduceos la que promovió este crimen, mientras que, según Flavio Josefo, los fariseos se indignaron ante este asesinato y presentaron una reclamación formal ante el siguiente gobernador Albino. Este hecho nos parece muy significativo a la hora de ver cómo precisamente la secta de los fariseos era la que tenía mayor afinidad con los primeros judeocristianos.

Probablemente es entonces cuando la comunidad cristiana se trasladó a Pella, en la Decápolis, aunque otros historiadores sitúan este éxodo tres o cuatro años más tarde, después del comienzo de la gran insurrección contra Roma. Esta huida de la comunidad judeocristiana salvó a muchos de los primeros cristianos de los horrores de la guerra. Los evangelios insisten mucho en que este consejo de huir de la ciudad había sido ya dado por Jesús mismo en su sermón escatológico.

Bajo el mando de Gesio Floro la crisis llegó ya a extremos insostenibles. Un conflicto entre griegos y judíos en Cesarea Marítima dio lugar a una serie de revueltas, que provocaron la intervención armada de los romanos en Jerusalén, y como consecuencia estalló la revuelta de los zelotes. Los rebeldes se adueñaron de Jerusalén, que durante cuatro años fue asediada por los romanos, hasta su toma y destrucción en el año 70. Los zelotes se hicieron fuertes en Masada, donde resistieron todavía tres años más.

Pese a la derrota, no desaparecieron del todo las esperanzas judías de reconstruir el templo (reconstrucción prohibida por Trajano). En el año 116 hubo una insurrección de los judíos de la diáspora, y entre los años 132 y 135 se produce una nueva revuelta, dirigida por Bar Kojba. El emperador Adriano responde de una manera fulminante: arrasa Jerusalén, fundando sobre ella una colonia romana (Aelia Capitolina), a la que prohíbe acercarse a los judíos, y adopta una serie de medidas fuertemente antisemitas (prohibición de la circuncisión, del shabbat y de la enseñanza de la Torah).

Como había ocurrido ya en el 587 a.C., la segunda caída de Jerusalén dio lugar a una seria crisis interna, debido no sólo a la destrucción causada por la guerra sino sobre todo al enfrentamiento entre los propios judíos, entre los radicales zelotes y los moderados partidarios de negociar con Roma (La destrucción fue tan grande que los romanos al tomar la ciudad se encontraron prácticamente con un cementerio).

El año 70 marca una fuerte ruptura en el interior del judaísmo. Al ser destruido el templo, desaparece el sacerdocio (cuyo prestigio, por otra parte, había caído en picado desde la época asmonea), y la espiritualidad judía va a girar desde ahora en torno a la lectura de la Torah hecha en las sinagogas. Dos años antes de la destrucción de la ciudad, Yohanan ben Zakkai, un rabino opuesto a la revuelta de los zelotes, había logrado huir de Jerusalén con algunos de sus discípulos; se asentaron en Jamnia, que va a convertirse, a partir del año 70, en el centro director del judaísmo mundial.

El judaísmo de Jamnia mostró una gran plasticidad para adaptar la religión judía a las nuevas circunstancias de la diáspora. Toda esta tarea fundacional del judaísmo nuevo se prolongó durante más de 100 años, hasta culminar en la redacción de los seis libros de la Misná, que incorporan la ley oral, y fueron publicados en Séforis hacia el año 200 por el patriarca judío Yehudah haNasí.

Sin embargo, no con eso cesó la actividad de los rabinos, que se prolongó en una segunda etapa, la de los amoraítas, que culminará en la doble redacción del Talmud dos siglos más tarde, el Talmud de Jerusalén y el de Babilonia.

                                                 La crisis filistea

 


Al mismo tiempo que las tribus israelitas se establecían en el país de Canaán en las montañas, otros invasores, los filisteos, se establecían en la costa mediterránea y formaban una pentápolis de ciudades en el territorio de las villas de Gaza, Asdod, Gat, Ecrón y Ascalón.

Como ya vimos, las invasiones de los pueblos del Mar desestabilizaron toda la zona del Medio Oriente. Por una parte pusieron fin al imperio hitita en Asia Menor, tal como se refleja en los ciclos de leyendas relativos a la guerra de Troya. Por otra parte pusieron fin al esplendor del Imperio Nuevo egipcio, que perderá su influjo y hegemonía en la tierra de Canaán. Esta desestabilización es la que marca el final de la Edad del Bronce y el inicio del Hierro.

Hoy día sabemos de la existencia de otros pueblos del Mar distintos de los filisteos, que también se asentaron en Canaán. Así por ejemplo, tenemos constancia de los teucros (Tjeker) mencionados en el papiro de Wen Amón que aparecen asentados en la costa norte, junto a Dor. Quizás los pueblos del Mar que han dejado huellas en Beisán no sean filisteos, sino sardos. En cualquier caso nos referiremos a los filisteos englobando a todos los otros restos de pueblos del Mar asentados en Canaán a finales del siglo XIII y principio del XII.

Provenían de la isla de Creta (Kaftor: Am 9,7; Dt 2,23). Se les identifica con los Pelasgos = Pelestins (las consonantes g y t son intercambiables en griego). Los filisteos tienen un origen indoeuropeo, y hablaban un dialecto protogriego. Eran de talla más alta que los semitas y tenían costumbres completamente diversas. No se circuncidaban, lo cual resultaba extraño en una zona donde todos los otros pueblos practicaban la circuncisión. Por eso van a ser conocidos como "los incircuncisos". Lo mismo que sucedía con los indios de América que guardaban como trofeo de guerra las cabelleras de los blancos, el trofeo de guerra de los israelitas serán los prepucios de los filisteos (1 Sm 18,27).

Introdujeron en la zona la industria del hierro, lo cual les dará una superioridad técnica en la batalla. Guardaron celosamente el monopolio de la industria del hierro y el acceso a las regiones mineras, lo cual les daba la ventaja en la batalla (Sm 13, 19-20). Llevaban coraza y casco (las palabras hebreas que designan estas armas son evidentemente extranjeras: (koba, shirion). Los hebreos llevaron estas armas solamente a partir del reinado de Ajab.

La práctica de los combates singulares es una de las contribuciones culturales filisteas que podemos ver en el combate entre Goliat y David (1 Sm 17,8-9), y nos recuerda las páginas de la Ilíada.

 Parece ser que al principio los filisteos no intentaron adentrarse en la montaña ocupada por los israelitas, pero si hubo continuos enfrentamientos en la Shefela o tierra intermedia. La tribu que sufrió más a sus manos fue la de Dan que habitaba en el valle de Sorec, justo en la frontera filistea. El libro de los Jueces nos habla de esta confrontación (Jc 13-16). Al final los danitas tuvieron que abandonar el territorio para buscar otro en el norte, al pie del monte Hermón (Jc 18), donde fundaron un santuario que llegará a ser muy importante después del cisma samaritano.

A mitad del siglo XI los filisteos comienzan a hacer sentir el peso de su superioridad y van conquistando todo el país de una forma permanente. Los primeros conflictos entre filisteos e israelitas nos los cuenta ya la historia de Sansón, pero estas relaciones se van a deteriorar aún más, hasta llegar a una lucha a muerte por la plena posesión del país de Canaán.

Es en este momento cuando el sistema político hebreo, la confederación tribal se muestra incapaz de hacer frente a este desafío. Cuando se trataba de enfrentarse con los ataques esporádicos de la tribus del desierto, el sistema funcionó razonablemente bien, como podemos ver en los relatos de Gedeón (Jc 7), o cuando se trataba de frenar las aspiraciones expansionistas de un determinado rey de una ciudad cananea, tal como sucede en el relato de Débora (Jc 4).

Pero ahora se trata de enfrentarse a un plan sistemático de conquista del país. Al sistema tribal hebreo le falta coherencia para resolver esta crisis. No existe un ejército profesional permanente. No hay un verdadero sentido de solidaridad. Cada tribu se preocupa sólo de defender su pequeño territorio, pero les falta una visión global del problema, y la capacidad de dar una solución de gran envergadura a la crisis filistea.

Las excavaciones arqueológicas revelan la profundidad de la ocupación filistea. Incluso en ciudades tan alejadas de la costa como Beisán es posible encontrar huellas de ocupación de los pueblos del Mar. La instituciones israelitas se vinieron abajo estrepitosamente.

En esta fase de la expansión filistea, Judá parece haber estado pacíficamente sometida a la hegemonía filistea, y no haberse unido a sus hermanos del Norte su resistencia contra el invasor. El control filisteo sobre los territorios nuevos se ejercía por medio de “guarniciones” asentadas en lugares como Guibeá, o Belén. Los primeros intentos de rebelión israelita consistirán en el ataque a estos destacamentos filisteos.

2.- Diversas tendencias en las fuentes 

¿Cómo puede un pueblo tener un rey y seguir reconociendo la realeza de YHWH? El nacimiento de la realeza fue muy conflictivo en Israel desde el punto de vista ideológico. Había resistencias a asimilarse a los otros pueblos de la región que tenían reyes. La monarquía ponía en peligro la soberanía de Dios, como podía bien verse en los países vecinos donde el rey llegaba a ser adorado como dios.

Los israelitas tenían hasta entonces una constitución patriarcal, donde los Ancianos gozaban de la misma autoridad que el padre de familia, pero ampliada a todo el clan. Una corriente dentro de la tradición israelita se enfrenta abiertamente contra la monarquía. Otra tendencia verá la monarquía como una nueva etapa en la historia de salvación (2 Sm 7), que aporta la promesa de un rey Mesías.

En el relato de 1 Sm 8-12 se combinan fuentes y tradiciones diferentes, no sólo desde el punto de vista literario o lingüístico, sino incluso ideológico. Una de estas tradiciones revela una actitud crítica contra la monarquía. Para el autor de esta fuente la iniciativa de instaurar la monarquía vino del pueblo y no de Dios (8,4-22). Otra fuente en cambio considera la realeza como don e iniciativa divinos (9, 11).

La corriente opuesta al rey responde al juicio negativo dado sobre la realeza al final del primer templo. Los reyes son considerados responsables de haber dejado que Israel se resbalase hacia la desobediencia, y son los últimos responsables de la destrucción del Reino a manos de los babilonios.

3. La Historia deuteronomista 

El libro de Samuel (un libro en la Biblia hebraica y dos en la griega) contiene el relato del nacimiento de la monarquía en Israel y pertenece a lo que desde Martin Noth  se ha dado en llamar la historia deuteronomista, es decir, una historia de Israel compuesta desde el punto de vista de la teología del Deuteronomio.

Dicha historia deuteronomista abarca los libros que en  la Biblia Hebrea se conocen como “profetas anteriores”, es decir: Josué, Jueces, Samuel (1y 2) y Reyes (1 y 2). Las relaciones de pensamiento y vocabulario entre el Deuteronomio y estos cuatro libros se deja reconocer fácilmente. Aunque el último redactor de la obra deuteronomista es postexílico, sin embargo es claro que esta obra incorpora fuentes anteriores, elaborando tradiciones orales y documentos escritos que pertenecen a distintas épocas y autores. Inclusive esta historia no fue editada una sola vez, sino que hay huellas de diversas ediciones sucesivas.

La historia deuteronomista es la obra de una "Escuela deuteronomista", en el mismo sentido en que hablamos de una "Escuela sacerdotal", o de una "Escuela de Isaías". Es frecuente que diversos escritos que se extienden a veces durante varios siglos se atribuyan todos al fundador de la escuela. En el caso de la escuela de Isaías, el conjunto de los oráculos se atribuye a un profeta del siglo VIII, aunque muchos de ellos pertenecen al siglo VII y VI.

En el caso de la escuela sacerdotal que redacta sus textos en la obra postexílica, podemos ver el influjo del profeta Ezequiel. Para la escuela deuteronomista algunos subrayan muchos vínculos comunes con el pensamiento y el lenguaje del profeta Oseas, el profeta del amor de Dios.

4. Samuel ¿sacerdote, profeta, vidente?

El hombre providencial de la crisis filistea será Samuel, una de las figuras de primera importancia en la historia de Israel. Es él quien jugó el papel más importante en el advenimiento de la monarquía. Pero ¿quién era Samuel? La Biblia nos le presenta a la vez como sacerdote habilitado para ofrecer el sacrificio (1 Sm 15), como "vidente" (9-10), como profeta (3,19-21) y como juez (7). No ha podido jugar todos estos papeles al mismo tiempo y es difícil decir cuáles de ellos ha ejercido.

Ha sido a la vez el hombre de la tradición y el hombre del futuro. Hombre providencial que tuvo la intuición de que el régimen político de la confederación tenía que cambiar si es que querían hacer frente a la crisis filistea.

De niño se había educado en el santuario de Siló, junto al sumo sacerdote Elí. Allí el niño Samuel fue testigo de todas las aspiraciones y las contradicciones del antiguo régimen. La historia deuteronomista ha subrayado el final de una época en la muerte de Elí y de sus hijos, y el final de Siló como templo relacionado con el arca. Esto abrirá la puerta a nuevos desarrollos en los que el arca estará ligada a David, a Jerusalén y al sacerdocio sadoquita. Samuel es el eslabón entre estas dos galaxias.

Efectivamente Samuel escogió primeramente a Saúl como rey, pero cuando esta obertura de la monarquía acabó en un completo desastre, no se aferró a su primera opción, y fue flexible para cambiar y recomenzar de nuevo con David.  

B. Saúl, una primera intentativa

1.- La subida al trono de Saúl    

Hay tres relatos sobre la subida de Saúl al trono:

1 Sm 11, 1-11.15: la elección se hace echando a suertes. Saúl confirma la elección mediante su victoria sobre Najas y los amonitas.

1 Sm 8,4-22; 10,17-27: la iniciativa viene del pueblo que pide un rey. Samuel se muestra contrario a la idea. Es la fuente antimonárquica.

1 Sm 9,1 - 10,16: el relato de las asnas perdidas. En este caso, la iniciativa parece venir de Dios.

El más antiguo de estos relatos parece ser el primero. La elección de Saúl sigue la misma línea de las designaciones carismáticas de los jueces anteriores. Cuando la villa de Yabés de Galaad es atacada por los amonitas (1 Sm 11), Saúl toma la iniciativa y envía mensajes a "todo el territorio de Israel". Junta a las tribus en torno a su persona y consigue la victoria.

En la historia de los jueces anteriores su vocación se terminaba tras la victoria. Esta vez Saúl recibe la unción real y es proclamado rey de una forma permanente. Después de haber asegurado la frontera oriental donde los amonitas habían intentado aprovecharse de la extrema debilidad de Israel se vuelve contra el verdadero enemigo, los Filisteos y su proyecto de conquista global.

En Guibeá, en pleno territorio de Benjamín había un destacamento filisteo. y una estela que simbolizaba esta ocupación. Cuando Jonatán, el hijo de Saúl, abatió esta estela, los filisteos comprendieron que eso significaba la rebelión de los hebreos (1 Sm 13,3). Los filisteos se juntaron para combatir contra Israel. Saúl los venció en la batalla de Mikmás (1 Sm 13-14), y fueron rechazados hacia su territorio.

Al principio de su reinado el territorio bajo el dominio de Saúl debió ser bastante pequeño. Probablemente Benjamín, Efraím y Galaad. El acceso a Judá estaba interrumpido por Jebus todavía en manos de los cananeos y gran parte del país estaba en manos de los filisteos.

La victoria de Saúl en Mikmás liberó la Shefela hasta Ayalón, prácticamente toda la región de colinas hasta la región de Gat. Saúl puso su capital en Guibeá, que en adelante será llamada Guibeá de Saúl. Probablemente coincide con las excavaciones de Tel el Ful, donde se han encontrado restos de una fortaleza israelita de finales del siglo XI.

Saúl establecerá su corte en el palacio de Guibeá, en el territorio de la tribu de Benjamín, que era su propia tribu. Todavía seguimos moviéndonos en el ámbito de la preponderancia de la "Casa de José" durante todo la época de la formación del Estado.

2.- Luces y sombras del reinado de Saúl

Saúl "estaba en la flor de su edad y era hermoso. Nadie entre los israelitas era tan bello como él. De hombros para arriba sobrepasaba a todos en estatura" (1 Sm 9,2). Tenía un verdadero carisma para guiar al pueblo pero tenía serios problemas sicológicos, probablemente un carácter maníaco depresivo que le hacía pasar por fases de exaltación y depresión. "El espíritu del Señor se había retirado de Saúl y un mal espíritu proveniente de YHWH le causaba terrores" (1 Sm 6,14). Pronto estos defectos se hicieron evidentes a todos. Su propia falta de seguridad personal le lleva a enfrentarse a Samuel, que le había designado.  Samuel le retiró su confianza, quizás porque vio que Saúl no aceptaba ser una marioneta en sus manos.

En ese momento comienza a brillar en la corte del rey la estrella de David, que se había presentado como un joven de gran talento y aspiraciones. Sus éxitos en la guerra provocaron los celos de Saúl, y David tuvo que huir para salvar su vida.

Saúl se transforma en un personaje de tragedia en un descenso fatídico que le llevará hasta el abismo, fomentando una melancolía morbosa, la animosidad contra David, y la conciencia de estar en una posición inestable. Acaba por alienarse las fuerzas vivas de la nación. Se enfrenta sucesivamente con Samuel (1 Sm 15,24-31), David (1 Sm 20), los sacerdotes (1 Sm 22, 6-19), el ejército (1 Sm 14,45). Estas querellas internas le llevan a abandonar la gran empresa nacional que es la cruzada contra los filisteos.

Estos libraron la batalla decisiva contra Saúl en los montes de Gelboé, al norte de la Samaría actual, y allí perdió Saúl el reino y la vida hacia el año 1010 a.C., después de haber visto caer a sus tres hijos. Una flecha le atravesó el vientre; para no caer en manos de los filisteos, tomó la espada y se arrojó encima. Los filisteos le cortaron la cabeza y colgaron su cuerpo y el de sus hijos de los muros de Beisán (1 Sm 31).

Este cuadro sombrío y deprimente del primer rey de Israel tiene valor de signo. Cuando Jerusalén fue más tarde asediada por los babilonios, el último rey, Sedecías, fue a encontrarse con su adversario Jeremías que le había anunciado la ruina de su reino, y le puso la misma pregunta que Saúl había puesto a la nigromante de Endor. La respuesta que recibió fue la misma que recibió Saúl. El destino de la monarquía israelita estaba ya prefigurado en su primer representante.

C. El reino de David

1.- La subida de David al trono

Hay también versiones diferentes sobre la manera cómo David apareció en la corte de Saúl por vez primera. Según 1 Sm 16,14-23 su presencia fue solicitada a causa de sus aptitudes musicales. En 1 Sm 17,12-30 es la victoria sobre Goliat la que le abre el camino hacia la corte real. Según 1 Sm 16,1-13, fue todo una iniciativa de Samuel que escogió carismáticamente al hijo de Jesé de entre sus hermanos. Encontramos la huella de fuentes diversas que han sido utilizadas por el redactor deuteronomista. Sin embargo el influjo del Deuteronomio es aquí menos evidente que en Jueces o Reyes.

Una de las fuentes que se ha podido identificar es el "Relato de la subida de David al trono” (1Sm 16,1 - 2 Sm 7). Esta obra se ha solido fechar durante el esplendor cultural de la época de Salomón. Según esta opinión habría sido el comienzo de la historiografía como género literario en Israel.  Hoy día hay quienes la sitúan en época posterior, en el siglo VIII o VII. Aunque muestra una admiración evidente por la persona de David, y ciertos rasgos tendenciosos, no es una historia "ad maiorem Regis gloriam", como las narraciones egipcias, tan serviles y aduladoras

David llega a la corte de Saúl en Guibeá. Pronto cautiva a todos con su encanto. Es joven, rubio, "de buen aspecto y bella hechura (1 Sm 16,12). Tiene a la vez rasgos fuertemente masculinos par la guerra y la política, y rasgos femeninos como la música, la poesía, la ternura, las lágrimas el amor excesivo hacia sus hijos a quienes mimó y malcrió. Tenía una personalidad seductora, y pronto su encanto sedujo no sólo al rey, sino a la hija del rey, Mikal que será su esposa (1 Sm 18,17-26) y al hijo del rey, Jonatán que será su mejor amigo (Sobre la amistad de David y Jonatán, ver mi artículo: "El amigo fiel no tiene precio", Sal Terrae, 89 (2001) 782-784).

El éxito militar de David va a suscitar la envidia de Saúl, que cambia su cariño del principio por ira y rencor. Una vez más fueron las mujeres con su admiración por David y cantando y danzando en su honor, las que despertarán los celos de Saúl. "Todos en Israel y Judá amaban a David, pero Saúl lo temía" (1 Sm 18,6-16). Tras resultar sospechoso, David tuvo que huir y se constituyó en jefe de una banda guerrillera en el desierto de Judá, al sur de Hebrón (1 Sm 22-24). Alrededor de él se congregan otros fugitivos a quienes el gobierno de Saúl había maltratado, justa o injustamente. Comienza así en el sentido más literal su "travesía del desierto". David lleva una vida de aventurero y bandolero, seguido por un puñado de proscritos. Consigue dar varios golpes de audacia, y varias veces escapa milagrosamente de la muerte.

Su situación se hizo tan precaria que se tuvo que pasar con su puñado de hombres al servicio del rey filisteo de Gat (1 Sm 27-30). El rey Aquis le confió el territorio simeonita para asegurar un cierto orden frente a los amalecitas, otras tribus vecinas de la región en guerra con los filisteos. David se atrajo la simpatía de los clanes meridionales de la tribu de Judá. Aunque estuvo al servicio de los filisteos como mercenario, la Biblia subraya que nunca atacó a sus propios hermanos israelitas (1 Sm 27,8-12).

Después del desastre de Gelboé, en el que Saúl murió y sus tropas se dispersaron, David fue proclamado rey por la tribu de Judá. La unción tuvo lugar en Hebrón (2 Sm 2,1-4). Mientras tanto en el norte el general Abner, el hombre fuerte de Israel había congregado las tropas dispersas y había pasado a la Transjordania para nombrar allí como rey a un hijo de Saúl, Ishbaal. Este reinó sólo dos años, porque sus propios oficiales le juzgaron incapaz. Finalmente, después de los asesinatos de Ishbaal y de Abner, la corona de Israel fue también ofrecida a David, ya rey de Judá, que era la única persona capaz de resolver aquella situación caótica. Así David llegó a ser a la vez rey de Judá y de Israel hacia el año 1.000 a.C. Se tratará con todo de una monarquía dualista, un Reino unido: David es rey sobre Israel y sobre Judá (2 Sm 5,5). Pero es un reino expuesto a tensiones y luchas intestinas que tenían que acabar tarde o temprano en un cisma.

2.- El imperio de David

Decíamos que siete años después de su unción en Hebrón, David se convierte en rey de todo Israel. Su primer problema fue dotarse de una capital. ¿Dónde? Elegir Hebrón o Belén equivaldría dar a la tribu de Judá una preponderancia que no había tenido nunca y suscitar los celos y el odio de las tribus del norte. Pero establecer la capital en el norte, significaba traicionar a sus compatriotas de Judá que le habían sido fieles en las horas difíciles. Además en el norte no sería sino un rehén en manos de los israelitas de Efraím y sus grupos de presión. Fue entonces cuando decidió conquistar Jerusalén que hasta entonces había estado en manos de los jebuseos.

La ciudad jebusea ha sido hallada en las excavaciones arqueológicas. La fortaleza se encontraba en la colina oriental, limitada al este por el valle del Cedrón y al oeste por el valle del Tiropeon. Al fondo de la pendiente oriental se encuentra la fuente del Gihon. Los jebuseos tenían acceso al agua desde el interior de la muralla por medio de importantes obras de ingeniería. La fortaleza era verdaderamente inexpugnable. El rey jebuseo alardeaba de que incluso hasta los ciegos y los cojos podrían rechazar fácilmente a los asaltantes (2 Sm 5,6).

Para David el sitio era ideal. Exactamente la frontera entre Judá y Benjamín. La ciudad no pertenecía al sistema tribal, ya nadie podría pensar que una tribu había sido especialmente favorecida. Jerusalén, fuera de los reclamos tribales, será "su" ciudad persona, la ciudad de David (2 Sm 5,9), la dote personal de la dinastía davídica donde podrá establecer su poder personal, su gobierno central, la administración y un ejército profesional que le será siempre fiel. Allí se rodea de símbolos de prestigio típicamente orientales, el palacio, el harén con numerosas esposas y concubinas (1 Cr 3,1-9), la guardia pretoriana de los "treinta" y los "tres" (1 Cr 11, 26-47). Centraliza en la nueva capital el poder administrativo, dotando a Israel de una burocracia y un equipo de funcionarios (1 Cr 27), y pone al frente del ejército al astuto general Joab, su pariente y su incondicional servidor.

3.- Las guerras expansionistas

Y comienzan aquí las grandes aventuras militares de David. Primero se vuelve contra los filisteos y consigue una gran victoria junto a las aguas del valle de Refaim, junto a Jerusalén (1 Sm 5,17-25). A partir de ese momento los filisteos ya nunca serán una amenaza contra Israel y quedarán como estado vasallo. Pero no se contenta con eso. Aprovechándose del eclipse temporal de las grandes potencias de Egipto y Mesopotamia, se crea un pequeño imperio en Siria y Palestina.

Las últimas ciudades cananeas son conquistadas. Moab (2 Sm 8,2) y Edom (1 Sm 8,14) se convierten en vasallos de David y le rinden tributo. Después de la toma de Rabbat Amón, se ciñe la corona de los amonitas (2 Sm 12,26-31).

Interviene también en las querellas de los pequeños estados arameos y extiende su protección al reino de Hamat (2 Sm 8,8-11). La esfera de influencia de David, según el relato bíblico, se extendió desde Egipto hasta el Éufrates. Fue el momento de máximo esplendor de la historia de Israel.

4.- La teología política de David

Pero la obra más duradera de David fue unificar el conglomerado amorfo de las tribus en torno a no tanto a su persona cuanto en torno a un proyecto político y religioso. El arca era el símbolo más significativo de la israelidad de Israel. Quizás la iniciativa más importante de todo su reino fue trasladar el arca a Jerusalén. Así vincula la nueva realidad política a las antiguas instituciones. El traslado del arca estuvo rodeado de gestos rituales y de un desbordamiento de alegría (2 Sm 6,1-23). Asume así el pasado de Israel, los años de pobreza, de servidumbre, de itinerancia. La función real y la administración del reino son la prolongación de antiguas promesas hechas a los antepasados de Israel, pero en un marco completamente nuevo.

Y estas promesas de Dios a Moisés y a los patriarcas no van a quedar vinculadas sólo a su persona, sino a su dinastía, "la casa de David". Las promesas genéricas que Dios hizo a Israel son canalizadas ahora a través de David y sus descendientes. El rey Mesías del futuro será un descendiente de David. Las expectativas del pueblo se ven así condicionadas por la mediación de los reyes davídicos. La fidelidad a la alianza hecha con el Señor equivale a la fidelidad a la casa de David.

2 Sm 7 es el capítulo más importante en la historia de la monarquía. David quería construir una casa (templo) para el Señor, pero Dios le hace ver por la mediación del profeta Natán que no son esos sus planes. No es David quien va a construir una casa para el Señor, porque YHWH no es un dios que pueda quedar encerrado en una casa. Es Dios quien va a construir una casa (dinastía) a David. La realeza se perpetuará sin fin en la casa de David. La historia de Dios con su pueblo en adelante estará vinculada a una familia determinada.

David es el prototipo del futuro Mesías. Esta teología mesiánica que encontramos en oráculo de Natán, será desarrollada en los salmos reales (2, 45, 89, 110...), y en los oráculos proféticos de Isaías (el libro de Emmanuel: Is 7-11) o de Ezequiel (Ez 34). Siempre habrá un rey davídico en el trono de Jerusalén. Esta dinastía no será jamás rechazada como fue la de David. Nunca los enemigos podrán prevalecer contra Israel mientras haya un rey davídico sentado en el trono de Jerusalén. Esta teología davídica dará una gran estabilidad al reino de Judá. De hecho durante toda la etapa del primer templo no hubo en Jerusalén ningún cambio de dinastía, mientras que en el norte se sucedían continuamente los golpes de estado.

5.- David y sus hijos

Los últimos años del reinado de David estuvieron oscurecidos por guerras continuas. La revuelta de sus hijos, sobre todo de Absalón, será el banderín de enganche de todo el descontento que había Judá y en su antigua capital Hebrón, desde que David la abandonó para poner su capital en Jerusalén.

Absalón es también un hombre hermoso, como David al tiempo de su juventud. Hace matar a su hermano Amón (2 Sm 13). Pero el rey se muestra débil hacia ese hijo, como lo había sido con todos sus hijos, y le da una segunda oportunidad (2 Sm 14, 28-33). Absalón prepara una conspiración y se hace proclamar rey en Hebrón. David huye de Jerusalén y se refugia en el desierto hasta que su general Joab finalmente puede aplastar la rebelión (2 Sm 15-19).

La segunda gran crisis será la revuelta de Sheba (2 Sm 20), que explotará el descontento de las tribus del Norte, que habían perdido la hegemonía que habían tenido al tiempo de la confederación tribal. Estas revueltas nos muestran lo frágiles que eran los lazos forjados entre las tribus de Israel, y nos hacen ver las semillas del cisma futuro.

Para la historia de este período descubrimos en la historia deuteronómica la presencia de una fuente de una calidad extraordinaria desde el punto de vista literario. Se la llama con el nombre de "Historia de la sucesión al trono" y engloba los capítulos 2 Sm 9-20 y 1 R 1-2.

El autor del relato ha descrito con una lucidez cruel el desencadenamiento de las pasiones y las envidias de hijos y madres, junto con la debilidad del padre. Los sucesos se desenvuelven durante la ancianidad de un rey que se va a ver manipulado fácilmente por su entorno.

Algunos piensan que tanto la “Historia de la subida de David al trono” como la “Historia de su sucesión”, son partes de un relato único. Dicho relato se centraría en la historia del arca desde su captura por los filisteos hasta su entronización en el nuevo templo construido por Salomón. Este relato se habría escrito con una finalidad apologética y debería ser datado en el siglo X, y no en la época del redactor deuteronomista.

D. Salomón en el trono de David

1.- Salomón administrador

Era el décimo hijo de David, el cuarto nacido en Jerusalén. Hijo de Betsabé, cuyo adulterio había dado tanto que hablar, había asistido en la sombra a las rivalidades entre sus hermanos mayores. El reino de Salomón nos es conocido por dos fuentes: el libro de los Reyes (1 R 1,28-11,43) y el libro de las Crónicas (1 Cr 29,21-30; 2 Cr 1,1-9,31). En el libro de las Crónicas Salomón se ha hecho perdonar sus pecados gracias a la construcción del templo y el Cronista subrayará sólo los aspectos positivos del reino en el campo del culto y la liturgia. En cambio la historia deuteronomista se muestra mucho más crítica, aunque también cierre un poco los ojos sobre los aspectos más negativos del reinado

Su reino comenzó con un baño de sangre. Su hermano Adonías y el general Joab fueron pasados por las armas, y sus partidarios debieron sufrir una purga (1 R 2).

Beneficiándose de las victorias y la política tan hábil de su padre, Salomón no tuvo que combatir en sus fronteras. La guerra fue sustituida por la diplomacia. Los matrimonios con princesas extranjeras confirmaban los pactos políticos con sus países respectivos. Se casó incluso con la hija del Faraón (1 Re 3,1). La Biblia nos dice que “amó a muchas mujeres” (1 R 11,1). Llegó a tener 700 esposas y 300 concubinas. ¿Es posible “amar” a 1.000 mujeres a la vez. Pero en realidad el harén oriental tiene poco que ver con el amor. Es su símbolo de estatus social y de prestigio. Un monarca que quería hacerse respetar debía tener un harén muy numeroso.

La paz que caracteriza su reinado le permite consagrar sus esfuerzos a otras tareas: creación de una administración unitaria que rompe el cuadro de las tribus e imita los métodos de los grandes imperios (1Re 4,1 - 5,8); trabajos considerables que embellecen la capital y la dotan de un palacio y un templo suntuoso. La alianza con el rey de Tiro le abre el comercio marítimo (1 Re 4,15-26); arma una flota mercante en el puerto de Esion Geber, cerca de Eilat, en las orillas del mar Rojo. Del Líbano trae madera para la construcción del templo. Con África comerciaba el oro, la plata, el marfil y el ébano (1 R 9,26-28; 10,11-13,22). La cantidad de metales preciosos traídos por Salomón es asombrosa: 420 talentos, que equivalen a 15.000 kilogramos.

Controló las rutas de las caravanas, sobre todo la "via maris", imponiendo sus peajes (1 R 10,15). Creó un cinturón de villas fortificadas, que podemos ver todavía en los estratos arqueológicos de esta época en Jasor, Meguido y Gézer (1 Re 9,19). Reunió un gran número de caballos y de carros –1.400 carros y 12.000 caballos-, y construyó gigan-tescas caballerizas para albergarlos (1 R 10,28-29).

2.- La religión y la literatura

La realización más importante de Salomón fue la construcción del Templo de Jerusalén durante siete años. El arquitecto principal fue un ingeniero de Tiro (1R 6). El templo se inspiraba en los templos cananeos de tres recintos: el vestíbulo (ulam), el santo (hekal) y el sancta sanctorum (debir), una cámara oscura separada del hekal por el velo. En el lugar donde en los templos cananeos se encontraba el ídolo, encontramos en Jerusalén el arca de la alianza, con el propiciatorio y los querubines de oro, el lugar donde Dios encuentra su reposo. "Dios se sienta sobre los querubines" (Sal 80,2).

Esta actividad de construcción en el templo y en el palacio real llevó a un florecimiento de las artes durante su reinado. El rey Salomón ha pasado a la historia como el rey sabio por excelencia. Compone proverbios, cantos, fábulas sobre animales y plantas (2 Sm 5,9-14). Israel acoge la sabiduría prestada de Egipto. Enseguida hablaremos del comienzo de los géneros literarios que estarán más tarde presentes en la Biblia, el género sapiencial, la lírica, la historiografía.

3.- Las sombras del reino de Salomón

A pesar de estas manifestaciones brillantes, algunas grietas empiezan a notarse en el edificio. Salomón no tuvo el valor de su padre. Durante su reinado, Hadad, un hijo del rey de Edom destronado por David, se instaló de nuevo en su país (1 R 11,14-22). Razin funda en Damasco un reino arameo que pronto se convertirá en el primer rival de Israel (1 R 11,23-25).

La acogida y asimilación del patrimonio cultural extranjero condujo también a serios conflictos. Las princesas extranjeras introdujeron en Jerusalén los cultos de los dioses de sus países de origen, y Salomón mismo se vio arrastrado a esos cultos.

Para la construcción del templo y de las otras obras faraónicas, además de numerosos técnicos extranjeros, Salomón debió recurrir al trabajo forzado; impuso las levas no sólo a esclavos y extranjeros, sino aun a los israelitas. Millares de israelitas participaban en las brigadas de trabajo: 30.000 transportaban los materiales de construcción, 70.000 los cargaban, y 80.000 picaban piedra en las canteras. Esta multitudinaria mano de obra era dirigida por 3.000 capataces.

Esta obra sólo podía ser llevada a cabo gracias a una organización compleja. De todo ello surgió un aparato de estado muy organizado y centralizado, que chocaba directamente con la antigua situación tradicional de las tribus y su organización patriarcal. Los funcionarios constituían una nueva clase social. Por primera vez hubo en Israel dos clases sociales enfrentadas.

Quizás cuando el Yahvista describe la torre de Babel, o la opresión del pueblo en Egipto, podemos ver ahí una crítica velada de las estructuras grandiosas que estaban presentes en Israel en tiempo de Salomón.

Fue necesario importar muchos materiales de construcción. Jiram, rey de Tiro, tenía el monopolio de la madera. Salomón tenía que pagar anualmente 8 toneladas de trigo y 8.000 litros de aceite de primera calidad (1 R 5,25). Al final de la construcción la deuda externa era tan grande que Salomón tuvo que dar a Jiram 20 ciudades israelitas de la Galilea a cuenta del pago (1 R 9,11).

La lujosa corte salomónica se financiaba también desde el bolsillo del modesto contribuyente. Cada día consumía 12 toneladas de trigo especial y 24 toneladas de harina común, lo cual supone anualmente 4.380 tonelada se harina especial y 8.760 tonelada de harina común. El consumo diario de carne era de diez bueyes cebados, 20 bueyes alimentados con pastos y cien ovejas.

La complicada administración salomónica se encargaba de recaudar los impuestos que recaían sobre todo sobre los territorios del Norte. Aunque la crítica bíblica principalmente sobre la idolatría de Salomón y los templos de sus mujeres, hay sin duda una crítica velada a estos sistemas grandiosos salomónicos, tan lejanos de la simplicidad y austeridad de las antiguas tribus.

“YHWH se enojó contra Salomón por haber desviado su corazón de YHWH, Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces, y le había dado instrucciones sobre esta cuestión, que no marchara en pos de otros dioses…  Por haber actuado así y no haber guardado mi alianza y las leyes que te ordené, voy a arrancar el reino de tus manos y lo daré q un siervo tuyo. Pero no lo haré en vida tuya, en atención a David tu padre. Lo arrancaré de mano de tu hijo. Tampoco arrancaré todo el reino; daré una tribu a tu hijo, en atención a David, mi siervo, y a Jerusalén que he elegido (1 R 11,9-13).

Como premonición de lo que iba a suceder tras la muerte de Salomón, el general Jeroboán se rebeló contra el rey. Notemos que Jeroboán es un efraimita, la tribu que más había perdido cuando se desplazó el centro de gravedad del país hacia el sur. Y el profeta que será su mentor espiritual es Ajías de Siló (1 R 26-40). Podemos ver estos dos nombres la alusión a viejos resentimientos de las tribus del norte contra la monarquía judaíta, que desembocarán en el cisma durante el reinado del sucesor de Salomón.

4.- La literatura bíblica en toda esta época

Con el establecimiento de la monarquía en Israel se hizo más necesario que nunca el uso de la escritura en la administración, el comercio, la corte… Desde este momento podemos hablar con seguridad de la existencia de escritos, y no sólo de tradiciones orales, aunque éstos no coincidan exactamente con los libros actuales de la Biblia y estén abiertos a sucesivas redacciones corregidas y aumentadas. La necesidad de justificar ideológicamente la monarquía davídica y sus instituciones debió llevar a redactar las tradiciones antiguas de los padres, de modo que sirvieran como aglutinante ideológico. Algunos asignan a esta época de los comienzos de la monarquía la fuente J (yahvista) que recoge las antiguas tradiciones de las tribus del Sur, aunque cada vez son más los que la fechan más tarde en el siglo VIII y VII.

Von Rad es el que más ha hecho hincapié en valorar esta época de Ilustración salomónica, como cuna de la literatura de Israel. En la corte se crean escuelas para la formación de los escribas y funcionarios reales. Por supuesto que estos primeros escritos no gozan todavía de un status canónico de “Escritura”, pero comienzan a ser el germen de futuros desarrollos.

Veamos algunos de los ámbitos en los que esta literatura comienza a generarse y transmitirse:

En el marco del clan familiar siguen cultivándose las tradiciones orales: sagas, leyendas, relatos sobre el éxodo... A este ámbito familiar probablemente pueden remitirse textos como el cántico de María (Ex 15, 21) o el “cántico de los pozos” (Nm 21, 17-18).

En los lugares de culto, especialmente el templo de Jerusalén, se transmiten leyendas, rituales, oráculos (como la bendición de Balaam en Nm 24)... Quizás en este ámbito se redacta el documento yahvista (que incluye el “decálogo”), y tal vez alguno de los salmos más primitivos.

En ámbitos carismáticos vinculados a figuras religiosas (como Samuel) ajenas al mundo del sacerdocio hereditario, nacieron probablemente textos como el cántico de Débora (Jc 5), la historia del Arca (relato bastante unitario tal como se nos ha conservado, en 1 Sm 4, 1 – 7, 1), o las “florecillas” de Samuel, y quizá otras obras, desconocidos para nosotros pero mencionadas en la Biblia, como el Libro de las guerras de YHWH (Nm 21, 14) o el Libro del Justo (Jos 10, 13; 2 Sm 1, 18).

En la corte se lleva a cabo una codificación de proverbios (que mucho más tarde será atribuida a Salomón), se confeccionan listas de funcionarios (como las que tenemos en 2 Sm 20, 23-26 o en 1 Re 4, 1-19) y se redacta el relato novelesco unificado de la ascensión de David al trono, su reinado y su sucesión.

Como conclusión, podemos decir que en esta etapa de la historia del pueblo judío no existía aún ninguno de los libros que hoy conocemos como bíblicos. Sin duda había una búsqueda de la palabra de Dios y una experiencia de ésta; incluso tal vez algunos textos suscitaban cierta veneración religiosa, pero claramente no se tenía el sentido de una “Palabra de Dios” recogida por escrito y proclamada como tal. No hay todavía Escritura canónica.

Incluso podría haber tradiciones diferentes sobre Jacob y sobre Israel, que en la redacción bíblica aparecen como un solo personaje. Al fusionarse las tribus que detentaban a uno u otro como epónimos, se fusionaron también los dos nombres en un solo personaje. Los relatos sobre la estancia de Abrahán en Hebrón pueden considerarse como un precedente legitimador del reinado de David, que tuvo su primera sede en esa ciudad. Los manejos de Rebeca para dar la primogenitura a su hijo Jacob, pueden ser un modo de legitimar el hecho de que Betsabé intrigó también para que el trono fuese a Salomón, a pesar de no ser el primogénito.

Los que atribuyen estos escritos a una época postexílica, piensan que tratan de justificar los reclamos territoriales de los judíos en Hebrón y el sur de la montaña de Judea que cuando el exilio había sido ocupado por los edomitas (idumeos),

Las hipótesis minimalistas recientes, a las que venimos aludiendo continuamente, ponen en cuestión este florecimiento literario de la corte de Salomón, y retrasan mucho la aparición de los primeros escritos bíblicos. Uno de los argumentos que más utilizan es la absoluta falta de inscripciones anteriores al siglo VII en todas las muchas excavaciones que se vienen haciendo en Jerusalén. Esta ausencia total de inscripciones escritas de este período contrasta con el número creciente de inscripciones que se van encontrando a partir de finales del siglo VIII. Parece como si de repente, en la época de Ezequías la sociedad israelita se hubiese alfabetizado de golpe.

Ahora bien, aunque puede que antes de la alfabetización generalizada se hayan dado tradiciones orales y géneros literarios orales, sin embargo hay que suponer que el desarrollo de la literatura requiere una alfabetización previa, y mal podríamos hablar de un esplendor literario en la corte de Salomón en el siglo X, si para entonces el país no estaba aún alfabetizado y la escritura era sólo un instrumento en las manos de unos pocos escribas de la cancillería real de Jerusalén o de Samaría. Todo esto viene a poner un signo de interrogación en cuanto hemos dicho anteriormente sobre el esplendor literario de la corte de Salomón. Mal puede florecer la literatura cuando todavía no hay un público de lectores. Aunque Jerusalén se va configurando como el principal lugar de culto judío, existían todavía en Israel santuarios muy diversos. Los más antiguos (Siquén, Betel, Mambré, Beersheba, Penuel) son de origen cananeo; otros surgen en la época del éxodo (la tienda de la reunión, el arca de la Alianza) y aun después (Guilgal, Siló, Mispá, Dan, Ramá). Por su parte, Jerusalén será un lugar de culto asociado al Arca de la Alianza, sobre todo después de la construcción del templo por Salomón. Este culto al principio convivió con el de otros altares y templos dedicados también a YHWH, como es el caso del templo de Arad, descubierto por los arqueólogos. Sin embargo el templo de Jerusalén fue cobrando cada vez más importancia, hasta convertirse, en época de Josías, en único lugar de culto. Aun así, todavía surgieron santuarios nuevos como Elefantina, Garizín o Leontópolis, pero siempre tuvieron la sombra de sospecha de heterodoxia.

Junto con los lugares de culto, vamos a mencionar el origen de las fiestas judías. Tres de ellas son muy primitivas, de origen cananeo y de carácter agrario, vinculadas después a acontecimientos religiosos: la Pascua o Ácimos (primera siega, levadura nueva, sacrificio de los corderos), la fiesta de las Semanas (ofrenda de las primicias de la cosecha,) y la fiesta de las Tiendas (fiesta de la vendimia). Estas tres fiestas comienzan teniendo un significado agrario en cuanto que están asociadas a los ciclos de la siembra y recolección, pero posteriormente asumen a la vez un significado histórico, en cuanto que son relacionadas con acontecimientos fundacionales de Israel. La fiesta de los Ácimos de sabor agrícola se ligará al sacrificio del cordero, de sabor más nomádico y pastoril, y se ligará al recuerdo de la Pascua y la salida de Egipto. La fiesta de las Semanas y la ofrenda de las cosechas se ligará muy tardíamente con el don de la Ley en el monte Sinaí. La fiesta de las Tiendas, para pedir las primeras lluvias antes de la siembra, se relacionará con los años de peregrinación en el desierto. En cuanto al shabbat, aunque es una institución antigua, no adquirió su fuerza como signo de identidad del pueblo hasta la época del destierro en Babilonia. Las otras fiestas tales como Hanuká y Yom Kippur son también posteriores.

¿Cuáles son las razones válidas para no asistir a la iglesia?


Muchas personas tienen una idea incorrecta o anti bíblica respecto a la asistencia a la iglesia. Lo que algunas personas sienten acerca de la asistencia a la iglesia, llega al punto del legalismo; deben asistir cada vez que hay algún servicio o reunión, o corren el riesgo de exponerse a la ira de Dios. Algunas personas experimentan sentimientos de culpa cuando por cualquier motivo no pueden asistir a un servicio dominical. Lamentablemente, algunas iglesias fomentan este sentimiento de culpa, colocando mucha presión sobre las personas. Mientras que la indiferencia hacia la iglesia o el no querer asistir de manera voluntaria, puede indicar un problema en la salud espiritual de alguien, es importante entender que la calidad de la relación que una persona tenga con Dios, no se determina por la frecuencia con que asiste a la iglesia. El amor de Dios por Sus hijos no se basa en el número de veces que asisten a reuniones formales.

No hay duda que los cristianos, los seguidores de Jesucristo, deben asistir a la iglesia. El deseo de cada cristiano debe ser el de adorar con toda la iglesia (Efesios 5:19-20), teniendo comunión y animando a otros cristianos (1 Tesalonicenses 5:11) y siendo enseñados en la Palabra de Dios (2 Timoteo 3:16-17). La fe viene por escuchar la Palabra de Dios (Romanos 10:17). Congregarse con otros creyentes es un mandamiento (Hebreos 10:24-25); en realidad nos necesitamos mutuamente. Así como Dios ama a un dador alegre (2 Corintios 9:7), de igual manera Él se complace con una iglesia que verdaderamente se goza asistiendo.

La asistencia a la iglesia debería ser una de las prioridades en la vida cristiana. Es importante estar comprometidos con la iglesia local. Entonces, ¿cuáles son las razones válidas para no asistir a la iglesia? Es imposible dar una lista que le funcione a todos. Por supuesto, es aceptable no asistir cuando hay un motivo de enfermedad. Pero en otros ámbitos, el problema se reduce a una actitud y motivación. Si la motivación que alguien tiene para no ir a la iglesia es para servir mejor al Señor en otros sitios, para suplir verdaderas necesidades, o para cumplir con una responsabilidad dada por Dios, entonces no hay nada malo con dejar de asistir a un servicio de la iglesia. Por ejemplo, un policía que esté de turno, no puede ignorar una llamada simplemente para que tome el asiento acostumbrado en la iglesia. Pero si la motivación para no ir a la iglesia es satisfacer los deseos de la carne, para ir en busca de fines egoístas, o simplemente para evitar la comunión con otros creyentes, entonces hay un problema.

Se debe analizar cada situación de manera personal y honesta. ¿Es aceptable dejar de ir a la iglesia en algún momento por asistir a un evento deportivo? Sí, dependiendo de la motivación y de la actitud. ¿Y qué pasa si nos vamos a la iglesia porque estamos en vacaciones? De nuevo, depende de la motivación y de la actitud. Queremos evitar el legalismo; no somos salvos por asistir a la iglesia, sino por la gracia. Por otra parte, un cristiano debería anhelar ir a la iglesia para aprender acerca de la grandeza del don de la salvación dado por Dios, para aprender a ser más como Cristo, y para tener oportunidades para ministrar a otros.

Al examinar nuestros motivos para no ir a la iglesia, también debemos examinar nuestros motivos para saber la razón por la que asistimos. ¿Asistimos para vernos espirituales? ¿Para hacer posibles contactos de negocios?, o ¿asistimos debido a la idea legalista que dice que entre más veces entremos por las puertas de una iglesia, Dios va a estar más complacido con nosotros? Es cierto que hay muchas personas que asisten a la iglesia regularmente, pero no tienen una buena relación con el Señor. Si para usted el asistir a la iglesia implica solamente el quedarse sentado aburrido y no prestar atención a la alabanza y a la predica, y luego salir inmediatamente después de que el servicio termina, podemos decir entonces que usted no asistió a la iglesia, ya que no se benefició en nada y tampoco aportó en lo absoluto.

Nos gustaría ir a la iglesia para poder tener comunión con otros que también han experimentado la maravillosa gracia de Jesucristo. En lo posible debemos asistir a la iglesia, porque reconocemos la importancia de escuchar la Palabra de Dios, aplicándola a nuestras vidas y compartiéndola con otros. Debemos asistir a la iglesia, no para acumular puntos de bonificación espiritual, sino porque amamos a Dios, a Su pueblo y a Su Palabra. Cada cristiano debe tratar de asistir a la iglesia regularmente. Por otra parte, el no ir a la iglesia por una razón justificable, en ningún sentido es pecado o algo que debería provocar sentimientos de culpa.

Cuando no va (no atiendes) a la iglesia, ¿extraña (tiene un anhelo) ir? Si la respuesta es sí, esa es una señal de que tiene una buena conexión con la iglesia. Si la respuesta es no, esa es una señal de que necesita reevaluar su elección de iglesia y / o participación en la iglesia. Dios conoce nuestros corazones. Dios no se impresiona con una persona simplemente porque va a todas las reuniones. El deseo de Dios es edificarnos en Cristo, y Su método en esta época involucra a la iglesia local.

                ¿Por qué hay tantas Denominaciones cristianas?

Para responder a esta pregunta, primero debemos diferenciar entre las denominaciones dentro del cuerpo de Cristo y las sectas no cristianas y religiones falsas. Los presbiterianos y los luteranos son ejemplos de denominaciones cristianas. Los mormones y los testigos de Jehová son ejemplos de sectas (grupos que afirman ser cristianos pero niegan uno o más de los principios esenciales de la fe cristiana). El islam y el budismo son religiones completamente distintas.

El surgimiento de las denominaciones dentro de la fe cristiana se remonta a la Reforma Protestante, el movimiento de "reforma" de la Iglesia Católica Romana durante el siglo XVI, del que surgirían cuatro grandes divisiones o tradiciones del protestantismo: Luterana, Reformada, Anabaptista y Anglicana. De estas cuatro surgieron otras denominaciones con el paso de los siglos.

La denominación luterana recibió su nombre de Martín Lutero y se basaba en sus enseñanzas. Los metodistas recibieron su nombre porque su fundador, John Wesley, era famoso por idear "métodos" para el crecimiento espiritual. Los presbiterianos tomaron su nombre de su visión del liderazgo eclesiástico: la palabra griega para anciano es presbyteros. Los bautistas recibieron su nombre porque siempre han hecho hincapié en la importancia del bautismo. Cada denominación tiene una doctrina ligeramente diferente o énfasis diferente de los demás, tales como el método de bautismo, que la cena del Señor esté disponible para todos o sólo para aquellos que su testimonio puede ser verificado por los líderes de la iglesia, la soberanía de Dios frente al libre albedrío en el asunto de la salvación, el futuro de Israel y de la iglesia, el rapto pre-tribulación versus post-tribulación, la existencia de los dones de "señales" en la era moderna, y así sucesivamente. El tema de estas divisiones nunca es Cristo como Señor y Salvador, sino las sinceras diferencias de opinión de personas piadosas, aunque imperfectas, tratando de honrar a Dios y mantener la pureza doctrinal de acuerdo con sus conciencias y la interpretación de Su Palabra.

Las denominaciones hoy en día son muchas y diferentes. Las "principales" denominaciones originales antes mencionadas han dado lugar a numerosas ramificaciones, como las Asambleas de Dios, la Alianza Cristiana y Misionera, los Nazarenos, los Evangélicos Libres, las iglesias bíblicas independientes y otras. Algunas denominaciones enfatizan ligeras diferencias doctrinales, pero lo más habitual es que simplemente ofrezcan diferentes estilos de adoración para adaptarse a los distintos gustos y preferencias de los cristianos. Sin embargo, no debemos equivocarnos: como creyentes, debemos estar de acuerdo en lo esencial de la fe, pero más allá de eso hay una gran libertad en la forma en que los cristianos deben adorar en un entorno corporativo. Esta libertad es la causa de que haya tantos "sabores" diferentes de cristianismo. Una iglesia presbiteriana en Uganda tendrá un estilo de adoración muy diferente al de una iglesia presbiteriana en Colorado, aunque su posición doctrinal será, en su mayor parte, la misma. La diversidad es buena, pero no la desunión. Si dos iglesias discrepan doctrinalmente, puede que sea necesario debatir y dialogar sobre la Palabra. Esta forma de "hierro con hierro se aguza" (Proverbios 27:17) es beneficiosa para todos. No obstante, si discrepan en el estilo y la forma, está bien que permanezcan separadas. Ahora bien, esta separación no elimina la responsabilidad que tienen los cristianos de amarse unos a otros (1 Juan 4:11-12) y, en última instancia, estar unidos como uno solo en Cristo (Juan 17:21-22).

Las desventajas de las denominaciones cristianas:
Al parecer, existen al menos dos problemas importantes con el denominacionalismo. En primer lugar, en ninguna parte de las Escrituras hay un mandato para las denominaciones; por el contrario, el mandato es para estar unidos y relacionados. Así, el segundo problema es que la historia nos dice que el denominacionalismo es el resultado de, o causado por, el conflicto y la confrontación que conduce a la división y la separación. Jesús nos dijo que una casa dividida contra sí misma no puede permanecer en pie. Este principio general puede y debe aplicarse a la Iglesia. Encontramos un ejemplo de esto en la iglesia de Corinto que estaba luchando con problemas de división y separación. Había quienes pensaban que debían seguir a Pablo y quienes pensaban que debían seguir la enseñanza de Apolos, 1 Corintios 1:12, "Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo".

Esto por sí solo debería decirte lo que Pablo pensaba de las denominaciones o de cualquier otra cosa que separe y divida el cuerpo. Pero veamos más allá; en el versículo 13, Pablo hace preguntas muy agudas, "¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo?". Esto deja claro lo que siente Pablo. Él (Pablo) no es el Cristo. Él no es el crucificado, y su mensaje nunca ha sido uno que divide a la iglesia o que llevaría a alguien a adorar a Pablo en lugar de a Cristo. Obviamente, de acuerdo con Pablo, solo hay una iglesia y un cuerpo de creyentes y cualquier cosa que sea diferente debilita y destruye la iglesia (ver verso 17). Él refuerza este punto en 3:4 al decir que cualquiera que diga que es de Pablo o de Apolos es carnal.

Algunos de los problemas a los que nos enfrentamos hoy en día al observar el denominacionalismo y su historia más reciente:
1. Las denominaciones se basan en desacuerdos sobre cómo interpretar las Escrituras. Un ejemplo sería el significado y propósito del bautismo. ¿Es el bautismo un requisito para la salvación o es un símbolo del proceso de salvación? Hay denominaciones que defienden ambos puntos de vista. De hecho, el bautismo -su significado, su modo, quién puede recibirlo, etc. - ha sido un tema central en la separación de iglesias y la formación de nuevas denominaciones.
2. Los desacuerdos sobre la interpretación de las Escrituras se toman como algo personal y se convierten en puntos de disputa. Esto lleva a discusiones que pueden y han hecho mucho para destruir el testimonio de la iglesia.
3. La iglesia debería ser capaz de resolver sus diferencias dentro del cuerpo, pero una vez más, la historia nos dice que esto no sucede. Hoy en día los medios de comunicación utilizan nuestras diferencias en contra nuestra para demostrar que no estamos unidos en pensamiento o propósito.
4. El hombre utiliza las denominaciones por interés propio. Hay denominaciones hoy que están en un estado de autodestrucción ya que están siendo llevadas a la apostasía por aquellos que están promoviendo sus agendas personales.
5. El valor de la unidad se encuentra en la capacidad de unir nuestros dones y recursos para promover el Reino en un mundo perdido. Esto va en contra de las divisiones causadas por el denominacionalismo.

¿Qué debe hacer un creyente? ¿Debemos ignorar las denominaciones? ¿Deberíamos simplemente no ir a la iglesia y adorar por nuestra cuenta en casa? La respuesta a ambas preguntas es no. Lo que debemos buscar es una congregación de creyentes donde se predique el Evangelio de Cristo, donde cada persona pueda tener una relación personal con el Señor, donde pueda participar en ministerios bíblicos que difundan el Evangelio y glorifiquen a Dios. La iglesia es importante, y todos los creyentes necesitan pertenecer a un cuerpo que se ajuste a los requisitos anteriormente mencionados. Necesitamos relaciones que sólo se pueden encontrar en el cuerpo de creyentes, necesitamos el apoyo que sólo la iglesia puede ofrecer, y necesitamos servir a Dios tanto en comunidad como individualmente. Escoge una iglesia teniendo en cuenta la relación que tiene con Cristo y lo bien que sirve a la comunidad. Escoge una iglesia donde el pastor predique el Evangelio sin miedo y donde se le anime a hacerlo. Como creyentes, hay ciertas doctrinas básicas que debemos creer, pero más allá de eso hay libertad sobre cómo podemos servir y adorar; es esta libertad la única buena razón para las denominaciones. Esto es diversidad y no desunión. La primera nos permite ser individuos en Cristo; la segunda divide y destruye.

          ¿Cuál fue la primera iglesia, la original?

La habilidad para trazar los antecedentes de una iglesia hasta “la primera iglesia” a través de la sucesión apostólica, es un argumento usado por un número de diferentes iglesias para asegurar que su iglesia es la “verdadera iglesia” La Iglesia Católica Romana, hace esta afirmación. La Iglesia Griega Ortodoxa, hace esta afirmación. Algunas denominaciones Protestantes hacen esta afirmación. Algunos de los cultos “Cristianos” hacen esta afirmación. ¿Cómo sabemos cuál iglesia está en lo correcto? La respuesta bíblica es que - ¡eso no importa!

La primera iglesia, su crecimiento, doctrina y prácticas, fueron registradas para nosotros en el Nuevo Testamento. Jesús, al igual que Sus apóstoles, advirtieron que se levantarían falsos maestros, y ciertamente así parece haber sido, de acuerdo a algunas epístolas del Nuevo Testamento; que estos apóstoles tuvieron que luchar desde el principio contra los falsos maestros. En ninguna parte de la Escritura se menciona que el tener la ascendencia apostólica, o ser capaces de rastrear las raíces de procedencia hasta la “primera iglesia”, sea el método para probar ser la iglesia verdadera. Lo que sí lo es son las repetidas comparaciones entre lo que los falsos maestros enseñan y lo que la primera iglesia creía, tal como se registra en la Escritura. El que una iglesia sea la “verdadera iglesia” o no, se determina comparando sus enseñanzas y prácticas con las de la iglesia del Nuevo Testamento, como se lee en la Escritura.

Por ejemplo, en Hechos 20:17-38, el apóstol Pablo tuvo la oportunidad de hablar a los líderes de la iglesia en la gran ciudad de Efeso, cara a cara y por última vez. En ese pasaje, él les dice que los falsos maestros no solo vendrán entre ellos, sino que vendrán DE ellos. (vv. 29-30). Pablo no declara la enseñanza de que deberán de seguir a la “primera” iglesia organizada como salvaguarda para la verdad. Más bien los encomienda a la salvaguarda de “Dios y a la palabra de Su gracia” (v. 32). Por lo tanto, la verdad debe ser determinada mediante la dependencia de Dios y “la palabra de Su gracia” (p. ej. Escritura, ver Juan 10:35).

Esta dependencia de la Palabra de Dios, más que el seguir a ciertos individuos “fundadores” es visto nuevamente en Gálatas 1:8-9, en donde Pablo declara: “Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.” Por lo tanto, la base para determinar la verdad o el error no descansa aún sobre QUIEN es el que la enseña, “si aun nosotros o un ángel del cielo,” sino de si es el mismo evangelio que ellos ya habían recibido – y este evangelio está registrado en la Escritura.

Otro ejemplo de esta dependencia de la Palabra de Dios se encuentra en 2 Pedro. En esta epístola, el apóstol Pedro está luchando contra los falsos maestros. Al hacerlo, Pedro comienza por mencionar que tenemos la “palabra profética más segura” para depender más de ella, que aún del escuchar la voz de Dios desde el cielo, como sucedió en la transfiguración de Jesús (2 Pedro 1:16-21) Esta “palabra más segura” es la Palabra escrita de Dios. Más tarde, Pedro nuevamente les dice que sean cuidadosos “para que tengáis memoria de las palabras que antes han sido dichas por los santos profetas, y del mandamiento del Señor y Salvador dado por vuestros apóstoles.” (2 Pedro 3:2) Ambas palabras, de los santos profetas y de los mandamientos que Jesús dio a los apóstoles, están registradas en la Escritura.

¿Cómo determinamos si una iglesia está enseñando la doctrina correcta o no? La única norma infalible que la Escritura dice que tenemos, es la Biblia (Isaías 8:20; 2 Timoteo 3:15-17; Mateo 5:18; Juan 10:35; Isaías 40:8; 1 Pedro 1:25; Gálatas 1:6-9). La tradición forma parte de cada iglesia, y esa tradición debe ser comparada con la Palabra de Dios, para que no vaya contra la verdad (Marcos 7:1-13). Mientras que es verdad que los cultos y algunas veces las iglesias ortodoxas tuercen la interpretación de la Escritura para dar soporte a sus prácticas; no obstante, la Escritura, cuando es vista en su contexto y estudiada fielmente, es capaz de guiarnos a la verdad.

La “primera iglesia” es la iglesia que está registrada en el Nuevo Testamento, especialmente en el Libro de Los Hechos y las Epístolas de Pablo. La iglesia del Nuevo Testamento es la “iglesia original” y la “iglesia verdadera”. Podemos saber esto porque está descrito en gran detalle en la Escritura. La iglesia, como está registrado en el Nuevo Testamento, es el modelo y cimiento de Dios para Su iglesia. Sobre estas bases, examinemos la católica romana que asegura ser la “primera iglesia.” En ninguna parte del Nuevo Testamento encontrarás a la “iglesia verdadera” haciendo alguna de las siguientes cosas: orando a María, orando a los santos, venerando a María, sometiéndose a un Papa, teniendo un sacerdocio selecto, bautizando a infantes, observando las ordenanzas del bautismo y la Cena del Señor como sacramentos, o pasando una autoridad apostólica a los sucesores de los apóstoles. Todos estos son elementos centrales de la fe católica romana. Si la mayor parte de los elementos medulares de la Iglesia Católica Romana no fueron practicados por la Iglesia del Nuevo Testamento (la primera iglesia y la iglesia verdadera), ¿cómo entonces puede la Iglesia Católica Romana ser la primera iglesia? Un estudio del Nuevo Testamento, revelará claramente que la Iglesia Católica Romana no es la misma iglesia que la iglesia que está descrita en el Nuevo Testamento.

El Nuevo Testamento registra la historia de la iglesia desde aproximadamente el año 30 al año 90 d.C. Durante los siglos II, III y IV, la historia registra muchas doctrinas y prácticas católicas romanas entre los primeros cristianos. ¿No es lógico que los primeros cristianos comprendieran mejor el mensaje de los apóstoles? Si, es lógico, pero hay un problema. Los cristianos del II, II y IV siglos no fueron los primeros cristianos. Nuevamente, el Nuevo Testamento registra la doctrina y práctica de los primeros cristianos... y, el Nuevo Testamento no enseña el catolicismo romano. ¿Cuál es la explicación del por qué en los siglos II, II y IV, la iglesia comenzó a exhibir signos del catolicismo romano?

La respuesta es simple – durante los siglos II, II y IV (y siguientes), la iglesia no tenía completo el Nuevo Testamento. Las iglesias tenían porciones del Nuevo Testamento, pero el Nuevo Testamento (y la Biblia completa) no estuvieron comúnmente disponibles, hasta después de la invención de la imprenta en el 1440 d.C. La iglesia primitiva hizo lo mejor que pudo para pasar las enseñanzas de los apóstoles a través de la tradición oral, y a través de la extremadamente limitada disponibilidad de la Palabra en su forma escrita. Al mismo tiempo, es fácil ver cómo la falsa doctrina pudo incorporarse a la iglesia que solo tenía acceso al Libro de Gálatas, por ejemplo. Es muy interesante notar que la Reforma Protestante surgió poco después de la invención de la imprenta y la traducción de la Biblia a los lenguajes comunes de la gente. Una vez que la gente comenzó a estudiar la Biblia por ellos mismos, se hizo muy claro cuánto se había apartado la Iglesia Católica Romana de la iglesia que está descrita en el Nuevo Testamento.

La Escritura nunca menciona el usar el “cuál iglesia vino primero” como la base para determinar cuál es la iglesia “verdadera”. Lo que si enseña es que uno debe usar la Escritura como el factor determinante para saber cuál iglesia es la verdadera y si es fiel a la primera iglesia. Es especialmente importante comparar la Escritura con la enseñanza de la iglesia en aquellos puntos centrales, tales como la total deidad y humanidad de Cristo, la expiación por el pecado a través de Su sangre en el Calvario, la salvación del pecado por gracia a través de la fe, y la infalibilidad de las Escrituras. La “primera iglesia” y “la iglesia verdadera” está registrada en al Nuevo Testamento. Esa es la iglesia que todas las iglesias deben seguir, imitar y tomar como modelo a seguir.



         ¿Qué significa que tu sí sea sí y tu no sea no?

Jesús dijo: "Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede" (Mateo 5:37). El contexto de este versículo está relacionado con los juramentos. Veamos el contexto más amplio del sermón de Jesús:

Mateo 5 forma parte del Sermón del Monte. En esta sección, Jesús habla de algunos de los principios fundamentales de ciertas leyes del Antiguo Testamento. Existen algunos casos en los que una persona puede cumplir con la letra de la ley y, sin embargo, ser culpable de violar el principio. Los fariseos y los maestros fueron expertos en cumplir la letra de la ley, pero Jesús advirtió a los que lo escuchaban que, si su justicia no superaba a la de los fariseos y los maestros de la ley, no entrarían en el reino de los cielos (Mateo 5:20). Tal declaración debió escandalizar a Sus oyentes, ya que los fariseos y los escribas se consideraban ejemplos de obediencia. Jesús explica que la obediencia en sí misma no es suficiente si se quebranta el espíritu de la ley.

En Mateo 5:21-22, Jesús enseña que no es suficiente el ser "aparentemente" inocente de asesinato ya que uno puede tener pensamientos y actitudes de asesinato sin cometer el crimen. En Mateo 5:27-28, Jesús dice que no es suficiente ser "aparentemente" inocente de adulterio porque una simple mirada de lujuria destruye la pureza de los pensamientos. En Mateo 5:31-32, Jesús enseña que divorciarse de una esposa sin ningún motivo, aunque se presenten los "documentos necesarios", puede que no sea un divorcio válido a los ojos de Dios.

En Mateo 5:33-37, siguiendo el mismo patrón, Jesús toca el tema de decir la verdad. Jesús le dice a la gente que no rompan sus juramentos. Un juramento era una promesa para hacer o no hacer algo, invocando a Dios como testigo y como el único que podía juzgar si se rompía la promesa. Era común que la gente hiciera juramentos con el fin de aumentar su seriedad y veracidad. A veces juraban por algo menor que Dios, como el "cielo". El objetivo del juramento menor era permitir un poco de flexibilidad a la hora de romper el juramento—como el nombre de Dios no había sido invocado, pensaban, el romper el juramento no era tan malo. En este caso, el juramento era hecho por una persona que no tenía miedo de romperlo, lo que hacía que el juramento fuera engañoso. En vez de variar el "nivel de sinceridad" de los juramentos, Jesús dice que simplemente hay que decir "Sí" o "No" y hablar en serio. La invocación del nombre de Dios es una simple formalidad. Tu palabra debe ser tu promesa. Jesús dice que, con o sin juramento, simplemente digas lo que quieres decir y lo cumplas.

Aquí está el contexto completo: "Además habéis oído que fue dicho a los antiguos: No perjurarás, sino cumplirás al Señor tus juramentos. Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello. Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede" (Mateo 5:33-37).

En Mateo 5:34, Jesús dice: "No juréis en ninguna manera". Algunos interpretan esto como que un cristiano nunca debe hacer un juramento por ninguna razón, como, por ejemplo, para testificar en un tribunal. Un testigo "jura" levantando su mano derecha (y a veces colocando la otra mano sobre una Biblia) y prometiendo "decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad". Sin embargo, el objetivo de las enseñanzas de Jesús no es que jurar de esta manera sea malo. Hacer un juramento sin sentido para dejar un vacío legal y tener la opción de romperlo sí está mal. Si se requiere un juramento en el cumplimiento de un requisito cívico, el cristiano no debería tener ningún problema en hacerlo. La correcta aplicación del principio de Jesús de "que tu sí sea sí" es que el cristiano debe ser sincero en cualquier circunstancia.




                                          LA PASCUA   

                        

Acababa de triunfar en esta lucha cuando por entre las ramas de los olivos vio moverse a la luz de la luna la turba de sus enemigos, que venían bajando por la ladera opuesta, con el fin de arrestarlo. El traidor estaba a la cabeza de ellos. El conocía bien este sitio tan favorito de su Maestro, y probablemente esperaba hallarlo allí dormido. Por este motivo había escogido para su negro intento la media noche. Esta hora convenía tam­bién a los que lo enviaban, porque temían el estado exaltado de los forasteros galileos que llenaban la ciudad. Por otra parte sabían cuánto horror causaría a sus amigos si habiendo terminado el juicio durante la noche, lo podían presentar al despertarse el pueblo por la mañana, como un criminal ya sentenciado y en manos de los que habían de ejecutar la ley.

Habían traído linternas y antorchas, pensando que podrían hallar a su víctima escondido en alguna cueva o que tendrían que perseguirlo por entre el bosque. Pero él salió a encontrarlos a la entrada del huerto, y ellos temblaron cobardemente ante su mirada majestuosa y sus asoladoras palabras. El se entregó voluntariamente y lo condujeron otra vez a la ciudad. Probablemente era cerca de la media noche, y las horas restantes de la noche y de la madrugada fueron ocupadas con los procedimien­tos legales que debían observar antes de que pudieran satisfacer su sed de venganza.

El juicio doble; motivo de esto

Hubo dos juicios: uno eclesiástico y otro civil, en cada uno de los cuales hubo tres grados. Aquel se ve­rificó primero ante Anas, luego ante Caifás, y una comisión irregular del Concilio Sanedrín y finalmente ante una sesión formal de esta corte; el juicio civil se verificó, primero ante Pilato, luego ante Herodes, y por fin ante Pilato otra vez.

La razón de este juicio doble era la situación política del país. Judea, como ya se ha explicado, estaba sujeta directamente al imperio romano. Formaba parte de la provincia de Siria, y era gobernada por un oficial romano que residía en Cesárea. Pero no era la política de Roma despojar de todas las formas de gobierno propio a los países que había subyugado. Aunque regía con manos de hierro, recolectando tributos con severidad, supri­miendo con prontitud toda señal de rebelión y haciendo efectiva su autoridad suprema en las grandes ocasiones, concedía sin embargo a los conquistados, tanto como podía, las insignias de su antiguo poder.

Era especialmente tolerante en materia de religión. En Palestina permitía al Concilio Sanedrín, corte supre­ma eclesiástica de los judíos, juzgar todas las causas religiosas. Solamente si la sentencia era de pena capital, su ejecución no podía verificarse sin que la causa fue­se revisada por el gobernador. Cuando un reo era senten­ciado a la pena capital por el tribunal eclesiástico judío, debía ser enviado a Cesárea y procesado ante la corte civil, a menos que el gobernador estuviera por acaso, en ese tiempo en Jerusalén. El crimen de que fue acusado Jesús correspondía naturalmente a la corte eclesiástica. Esta corte le sentenció a la última pena. Pero no tenía el poder para ejecutarla. Debía entregarlo al tribunal del gobernador, que estaba en ese tiempo en la capital, pues era su costumbre visitada en la Pascua.

El juicio eclesiástico

Jesús fue conducido primero al palacio de Anas. Este era un anciano de setenta años, que había sido sumo sa­cerdote veinte años antes, y aún conservaba el título, como lo hacían cinco de sus hijos que le habían sucedido, aunque su yerno Caifás era el sumo sacerdote actual. Su edad, su inteligencia y la influencia de su familia le daban una inmensa importancia social y era en la realidad aunque no en la forma, cabeza del Concilio

Sanedrín. No juzgó a Jesús, pero quiso verlo y hacerle algunas preguntas, de modo que pronto fue llevado del palacio de Anas al de Caifás,que probablemente formaba parte del mismo grupo de edificios oficiales.

Caifás, como actual sumo sacerdote, era presidente del Concilio Sanedrín ante el cual Jesús fue juzgado. Una se­sión legal de esta corte no podía verificarse antes de que saliera el sol, quizá cerca de las seis. Pero muchos de sus miembros estaban ya presentes, atraídos por su interés en el juicio. Estaban ansiosos de emprender su trabajo, tanto para satisfacer su propio odio contra él, como para evitar que el pueblo interviniera en los procedimientos. Por esto resolvieron tener una sesión irregular, en la cual pudiera prepararse la acusación, las pruebas y lo demás, de modo que cuando llegara la hora legal de abrir las puertas, no hubiera más que hacer que repetir las formalidades necesarias y llevarlo al gobernador. Así se hizo; y mientras Jerusalén dormía, estos "jueces celosos" se apresuraron a poner por obra sus negros designios.

No comenzaron como podría haberse esperado, con una exposición clara del crimen de que le acusaban. En verdad, les hubiera sido difícil hacerlo así porque estaban muy divididos entre sí mismos. Muchas de las cosas de la vida de Jesús que los fariseos consideraban como crimi­nales eran vistas por los saduceos con indiferencia; y otros de sus actos tales como la purificación del templo, que habían causado enojo entre los saduceos, agradaban a los fariseos.

El sumo sacerdote comenzó por preguntarle acerca de sus discípulos y su doctrina, evidentemente con el pro­pósito de descubrir si había enseñado algunos principios revolucionarios que pudieran formar la base de una acu­sación ante el gobernador. Pero Jesús rechazó la insinuación, afirmando con indignación que siempre había hablado abiertamente ante todo el mundo, y exi­giendo que indicaran y probaran cualquier mal que él hubiera hecho. Esta réplica poco común indujo a uno de los sirvientes de la corte a herirle en el rostro con una bofetada, acto que según parece, la corte no reprimió, y que demostraba qué clase de "justicia" podía él esperar de parte de sus jueces.

Después se intentó presentar testigos contra Jesús, y varios se presentaron repitiendo afirmaciones que decían haber oído de él, de las cuales se esperaba poder formar una acusación. Pero esto no dio resultado alguno. Los testigos no concordaban entre sí; y cuando por fin, se logró que dos se unieran en una relación torcida de algo que él había dicho al principio de su ministerio, la cual parecía tener algún carácter criminal, resultó ser tan insuficiente que hubiera sido absurdo presentarse con eso ante el gobernador como la base de una grave acusación.

Ellos estaban resueltos a que él había de morir; pero parecía que la presa se les escapaba de las manos. Jesús contemplaba todo en absoluto silencio, mientras los testimonios contradictorios de los testigos se destruían mutuamente. Tranquilamente tomó su posición natural de superioridad sobre sus jueces. Lo comprendían; y por fin el presidente, en un rapto de ira e irritación, se levantó y le mandó que hablase. ¿Por qué habló el pre­sidente en voz tan alta y penetrante? El espectáculo humillante que se estaba verificando en el tribunal y la dignidad silenciosa de Jesús comenzaban a turbar las conciencias aun de estos hombres así congregados al amparo de la noche.

La causa se había perdido por completo, cuando Caifás se levantó de su asiento y con una solemnidad teatral le hizo esta pregunta: " ¡Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios!". Fue una pregunta hecha simplemente con el fin de que se recriminara a sí mismo. Pero él, que había guardado silencio cuando bien podía haber hablado, ahora habló cuando podía haber guardado silencio. Con gran solemnidad contestó afirmativamente que sí, que él era el Mesías y el Hijo de Dios. Nada más necesitaron sus jueces. Por unanimidad lo declararon culpable de blas­femia y digno de muerte.

Todo el juicio se había conducido con precipitación y con total desatención a las debidas formalidades de un cuerpo judicial. Todo era dictado por el deseo de descu­brir alguna criminalidad y no de hacer justicia. Las mismas personas eran a la vez acusadores y jueces. Ni se pensó en presentar testigos a favor de la defensa. Aunque los jueces actuaban, sin duda, en conciencia al dar el fallo, su decisión era la de espíritus cerrados desde mucho antes contra la verdad y poseídos de las pasiones más amargas y vengativas.

El juicio se consideró como terminado ya, siendo una mera formalidad los procedimientos legales después de la salida del sol, que se concluirían en pocos momentos. Por consiguiente, Jesús fue entregado como reo senten­ciado, a la crueldad de sus carceleros y del gentío.

Siguió una escena sobre la cual quisiéramos correr un velo. Estalló sobre él una brutalidad oriental de ultrajes tal que hiela la sangre. Parece que los mismos miembros del Concilio Sanedrín tomaron parte en ella. Este hom­bre que los había confundido, disminuido su autoridad y expuesto su hipocresía, era para ellos muy odioso. Aun la frialdad de los saduceos podía Hervir con bas­tante calor, una vez que se excitara. El fanatismo fari­saico inventó nuevas crueldades. Le dieron de bofetadas, le escupieron, y cubriéndole el rostro y mofándose de sus dones proféticos le mandaban profetizar quién le había herido, mientras le golpeaban cada uno a su turno. Pero no nos detendremos en contemplar una escena tan vergonzosa para la naturaleza humana.

El juicio civil

Probablemente fue entre las seis y las siete de la ma­ñana cuando llevaron a Jesús, atado de cadenas, a la residencia del gobernador. ¡Qué espectáculo! ¡Los sacerdotes, maestros y jueces de la nación judaica conduciendo a su Mesías, para pedirle a un gentil que le diera la muerte! Era la hora del suicidio de la nación. ¡Esto era todo lo que había resultado de la elección que Dios había hecho de ellos, tomándolos sobre alas de águilas, y sosteniéndolos todos los días de la antigüedad, enviándoles profetas y libertadores, redimiéndolos de Egipto y de Babilonia, y haciendo que su divina gloria por muchos siglos pasase delante de sus ojos! Parecía estar burlada la misma Providencia. Pero Dios no puede ser burlado. Sus designios marchan a través de todo el hilo de la historia con paso irresistible, sin atender a la voluntad del hombre; y aun esta hora trágica, en que la nación judaica convertía los beneficios divinos en objeto de irrisión, estaba destinada a demostrar las profundida­des de su amor y de su sabiduría.

El hombre ante cuyo tribunal iba Jesús a aparecer era Pondo Piloto, gobernador de Judea desde hacía seis años. Era el tipo de un romano, no de los sencillos del tiempo antiguo, sino de los del tiempo del imperio; un hombre cuya alma carecía por completo de la antigua justicia romana, pero amante de los placeres, imperioso y corrompido. Aborrecía a los judíos a quienes goberna­ba, y en momentos de cólera derramaba libremente la sangre de ellos. Los judíos correspondían con pasión a su aborrecimiento, y lo acusaban de todo crimen, mala administración, crueldad y robo. Visitaba a Jerusalén con la menor frecuencia posible; porque en verdad, para una persona acostumbrada a los placeres de Roma, con sus teatros, baños, juegos y alegre sociedad, Jerusalén, con su religiosidad y el espíritu revoltoso de sus habi­tantes, era una residencia triste. Cuando la visitaba, habitaba en el magnífico palacio de Heredes el Grande, pues era costumbre común que los oficiales enviados por Roma a los países conquistados ocuparan los palacios de los soberanos depuestos.

Por la ancha avenida que conducía al frente del edificio, atravesando un magnífico parque, arreglado con calles, estanques y árboles de todas clases, los miembros del Concilio Sanedrín y la multitud que se había ido uniendo a la procesión a su paso por las calles, condu­jeron a Jesús. El tribunal estaba al aire libre, sobre un embaldosado de mosaico, al frente de aquella porción del palacio que unía sus dos colosales alas.

Las autoridades judaicas esperaban que Pilato acepta­ra la decisión de ellos como suya propia, y que sin entrar en los pormenores del asunto pronunciara la sentencia que deseaban. Los gobernadores de las provincias hacían esto con frecuencia, especialmente en asuntos de reli­gión, los que, como extranjeros, no era de esperarse que entendiesen. Por esto, cuando él preguntó cuál era el cri­men de Jesús, ellos respondieron: "Si este no fuera malhechor, no te lo habríamos entregado". Pero él no es­taba en disposición de hacer concesiones, y les dijo que si él no juzgaba al criminal, ellos tendrían que contentar­se con aplicarle el castigo que la ley les permitía.

Parece que él sabía algo de Jesús. "Sabía que por envidia lo habían entregado". Es seguro que estaba informado de la procesión triunfal del domingo; y el he­cho de que Jesús no hiciera uso de aquella demostración para realizar algún fin político, puede haberle convencido de que no era peligroso bajo este punto de vista. El sueño de su esposa puede indicar que Jesús había sido objeto de conversación en el palacio; y quizá el hombre de sociedad y su esposa hayan sentido que su tedio por la visita a Jerusalén había disminuido con la historia del entusiasta y joven aldeano que desafiaba a los fanáti­cos sacerdotes.

Forzados, contra lo que esperaban, a hacer cargos for­males, las autoridades judaicas arrojaron una andanada de acusaciones, de entre las cuales sobresalían estas tres: que pervertía la nación, que prohibía pagar el tributo romano y que se había establecido como rey. En el Concilio Sanedrín ellos lo habían condenado por blas­femia; pero tal acusación habría sido tratada por Pilato, como ellos bien sabían, de la misma manera que fue tratada después por el gobernador romano, Galión, cuan­do los judíos de Corinto la presentaron contra Pablo. Por eso tuvieron que inventar nuevas acusaciones, las cuales presentaran a Jesús como peligroso al gobierno. Es humillante pensar que al hacerlo así, no sólo llegaron a la más grosera hipocresía, sino hasta a falsedades deli­beradas; porque ¿de qué otro modo podemos calificar la segunda acusación, cuando recordamos la respuesta que él dio a esta misma pregunta el martes anterior?

Pilato comprendía su pretendido celo por la auto­ridad romana. Conocía el valor de esta vehemente ansiedad de que el tributo romano fuese pagado. Levan­tándose de su asiento para escapar de los gritos fanáticos de la turba, condujo a Jesús al interior del palacio con el objeto de interrogarlo. Aunque no lo sabía, era para él un momento solemne. ¡Qué suerte tan terrible era la suya que le conducía a ese lugar y en tal tiempo! Había centenares de oficiales romanos esparcidos por el impe­rio, que regían su vida por los mismos principios que normaban la de él. ¿Por qué le tocó a él venir a aplicar estos principios a este caso?

Pilato no tenía ni la más remota idea de los resultados que estaba determinando. El reo puede haberle parecido un poco más interesante y su causa más difícil que las de otros; pero era solamente uno de los centenares que pa­saban diariamente por sus manos. vNo era posible que le ocurriera que, aunque él parecía ser el juez, tanto él como el sistema que representaba comparecían ante el juicio de Uno cuya perfección juzgaba y descubría el carácter de todo hombre y sistema que se aproximaba a él. Le preguntó acerca de las acusaciones hechas en su contra, informándose especialmente de si era verdad que pretendía ser rey. Jesús respondió que no había susten­tado tal pretensión en un sentido político, sino solamente en el terreno espiritual, como Rey de la verdad.

Esta respuesta habría conmovido a cualquiera de aquellos espíritus más nobles del paganismo que pasaban su vida en busca de la verdad; y fue dada tal vez para ver si en el espíritu de Pilato había respuesta a tal sugestión. Pero éste no abrigaba tal pasión por la verdad, y pasó adelante con una risa de desprecio. Sin embargo, estaba convencido de que detrás de ese rostro puro, pacífico y melancólico no había nada de demagogo o revoluciona­rio mesiánico y volviendo al tribunal, dijo a los acusadores que lo había absuelto.

Este anuncio fue recibido con gritos de ira contraria­da, y con la reiteración en alta voz de las acusaciones en contra de Jesús. Era aquel un espectáculo enteramente judaico. Muchas veces esta chusma fanática había venci­do los deseos y decisiones de sus gobernantes extranjeros, solamente por sus clamores y pertinacia. Pilato debía haberlo librado y protegido inmediatamente. Pero él era un verdadero hijo del sistema en que había sido educado; la política de conveniencias y estratagemas. En medio de los gritos que herían sus oídos tuvo el gusto de oír uno que le brindaba una excusa para deshacerse de todo el negocio. Ellos gritaban que Jesús había excitado al pueblo "por todo el país, comenzando desde Galilea, hasta este lugar". Esto le recordó que Herodes, goberna­dor de Galilea, estaba en la ciudad y que podía excusarse de tan dificultoso asunto enviándoselo a él, pues era un procedimiento común de la ley romana transferir un prisionero del tribunal en que era arrestado al del terri­torio en que residía. Por esto lo mandó en manos de los soldados de su guardia y acompañado por los infatiga­bles acusadores, al palacio de Herodes.

Hallaron a este principillo, que había venido a Jerusalén para asistir a la fiesta, en medio de su pequeña corte de aduladores y alegres compañeros, y rodeado de los guardias que mantenía en imitación de sus amos extranjeros. Mucho se alegró al ver a Jesús, cuya fama había sonado por tanto tiempo en todo el territorio que él gobernaba. Era el tipo de un príncipe oriental; tenía un solo pensamiento en su vida: su propio placer y diver­sión. Fue a la Pascua solamente para distraerse. La venida de Jesús parecía prometerle una nueva sensación, cosa de la cual él y su corte tenían a menudo necesidad urgente; esperaba ver a Jesús hacer algún milagro.

Era un hombre completamente incapaz de tomar en serio cosa alguna, y aun pasó por alto el negocio por el que los judíos estaban tan preocupados, y comenzó a proferir un diluvio de preguntas y observaciones sin dar lugar a la respuesta. Pero al fin se cansó, y entonces esperó la contestación de Jesús. Pero esperó en vano, pues Jesús no se dignó dirigirle una sola palabra de ninguna clase.

Herodes había olvidado el asesinato del Bautista, pues en su alma sin carácter toda impresión era como escrita en el agua; pero Jesús no lo había olvidado. Comprendía que Herodes debía avergonzarse al ver en su presencia al amigo del Bautista. No se humillaría ni aun hablando a un hombre capaz de tratarlo como un simple operador de milagros que podía comprar el favor de su juez exhi­biendo su habilidad; miraba con tristeza y vergüenza a aquel que había abusado tanto de sí mismo que ya no le quedaba ni conciencia ni virilidad. Pero Herodes era incapaz de sentir la fuerza aniquiladora del desdén de aquel silencio. El y sus hombres de guerra tuvieron en nada a Jesús. Echaron sobre sus hombros una túnica blanca a imitación de la que usaban en Roma los candidatos que aspiraban a algún cargo, para indicar que era candidato al trono de los judíos, pero tan ridículo que era inútil tratarlo sino con desprecio, y lo mandó volver a Pilato. En ese traje volvió Jesús sus cansados pa­sos al tribunal del romano.

Entonces siguió de parte de Pilato una serie de proce­dimientos que hicieron de su persona el tipo del contemporizador, para ser exhibido a los siglos bajo la luz de Cristo que todo lo revela. Era evidentemente su deber, cuando Cristo volvió de Herodes, pronunciar des­de luego el fallo de absolución. Pero en vez de hacerlo así, echó mano a la política y, forzado de un paso falso a otro, fue por fin despeñado al precipicio de una com­pleta traición a la justicia.

La ejecución de aquel monstruoso propósito fue sin embargo interrumpida por un incidente que parecía ofrecer a Pilato una vez más, un medio de escaparse de la dificultad. Era costumbre del gobernador romano, en la mañana de la Pascua, poner en libertad cualesquiera de los presos que el pueblo deseara. Era un privilegio alta­mente apreciado por los habitantes de Jerusalén, porque siempre había en la cárcel una abundancia de presos, a quienes la multitud consideraba como héroes, por haberse rebelado contra el aborrecido yugo extranjero. En este momento del juicio de Jesús la turba de la ciudad, desbordándose de las calles y callejuelas a la manera de los orientales, llegó como un torrente por toda la avenida, hasta frente del palacio, pidiendo a gri­tos su prerrogativa anual.

Por esta vez la petición agradó a Pilato, porque vio en ella una manera de escaparse de su desagradable posi­ción. Pero esto resultó ser un lazo en que estaba metiendo el cuello. Ofreció a la turba la vida de Jesús. Por un momento ésta quedó indecisa. Pero ellos tenían un favorito, un caudillo distinguido contra la dominación romana. Además empezó inmediatamente a correr por todos los oídos una voz que acudía a todo motivo de persuasión con el objeto de inducirles a que no aceptaran a Jesús. En lugar del celo que una hora antes habían mostrado tener para con la ley y el orden, los miembros del Concilio Sanedrín no tuvieron escrú­pulo en ponerse del lado del campeón de la revuelta, y tuvieron muy buen éxito en envenenar la mente del pueblo, que comenzó a clamar a favor de su propio héroe Barrabás. "¿Qué, pues, haré con Jesús? ", pregun­tó Pilato, esperando que la respuesta de ellos fuera: "Dánoslo también". Pero él se equivocaba; las autorida­des judaicas habían ejecutado con éxito su trabajo. De miles de pechos resonó el grito: " ¡Sea crucificado!". Ta­les sacerdotes, tal pueblo: la nación ratificaba lo que sus sus gobernantes decían. Completamente confundido, Poncio Pilato preguntó con enojo: "¿Por qué? ¿Qué mal les ha hecho?". Pero él había puesto la decisión en sus manos, y ellos gritaron: "¡Fuera con él! ¡Crucifícale, crucifícale! ".

Pilato no pensaba todavía en sacrificar la justicia por completo. Todavía tenía un recurso en reserva, pero entre tanto mandó a azotar a Jesús; el acostumbrado preliminar de la crucifixión. Los soldados lo llevaron al cuartel vecino, y allí satisficieron sus instintos crueles con los sufrimientos de Jesús. No podemos describir la vergüenza, y el dolor de este repugnante castigo, ¡Qué sería para él, con su honor y amor a la naturaleza humana, el ser maltratado por aquellos hombres groseros y ver tan de cerca la más extrema crueldad de la natura­leza humana!

Los soldados se daban gusto en esta obra, y agregaban el insulto a la crueldad. Cuando acabaron de azotar­le, le hicieron sentar, pusieron sobre sus hombros un manto de grana en burlesca imitación de la púrpura real y un pedazo de caña en las manos como cetro; y tejiendo algunas ramas espinosas de una zarza cercana y dándole la apariencia grosera de una corona, clavaron las pun­zantes espinas sobre sus sienes. Entonces, pasando por delante de él, cada uno por turno hincaba la rodilla, mientras al mismo tiempo escupían su semblante y to­mando de su mano la caña, le herían en la cabeza y en el rostro.

Al fin, habiendo saciado su crueldad, lo condujeron nuevamente al tribunal, llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Al ver la mofa de los soldados las multitudes lanzaron gritos y carcajadas insensatas. Pilato, con semblante burlesco, empujó adelante a Jesús, para que las miradas de todos se concentraran en él, y exclamó: " ¡He aquí el hombre! " Quería decir que seguramente no era necesario hacer más con él; que no valía la pena ocuparse de él. ¿Acaso podría uno tan quebrantado y tan miserable hacer algún daño?

¡Cuan poco entendía sus propias palabras! Aquel " ¡Ecce Homo! " resuena todavía por todo el mundo y atrae las miradas de todas las generaciones a aquel rostro maltratado. Y contemplándolo, la vergüenza desaparece; se ha quitado de él para caer sobre Pilato mismo, sobre los soldados, los sacerdotes y la multitud. La deslum­brante gloria ha destruido el último resto de ignominia, y ha tachonado la corona de espinas con centenares de puntos de deslumbrante brillantez.

Pero Pilato estaba igualmente equivocado en su concepto del pueblo que gobernaba, cuando supuso que la vista de la miseria y debilidad de Jesús satisfaría la sed de venganza. La objeción que ellos habían hecho siempre contra él había sido que uno tan pobre y sin ambición quisiera ser el Mesías; y la vista de él ahora, azotado y escarnecido por el soldado extranjero pero todavía queriendo ser rey, hizo que su ira rayara en locu­ra. Ahora más que nunca, gritaron: " ¡Crucifícale!"

Ahora también por fin dejaron escapar la acusación verdadera, la que hacía mucho que tenía lacerando sus corazones y que ya no podían soportar por más tiempo: "Nosotros tenemos una ley", gritaron, "y según nuestra ley debe morir, porque se hizo Hijo de Dios".

Estas palabras tocaron en el corazón de Pilato una fibra en la cual ellos no pensaron. En las antiguas tradiciones de su tierra natal había muchas leyendas de hijos de los dioses que en tiempos pasados habían vivido sobre la tierra de modo tan humilde que no se podían distinguir del común de los hombres. Era peligroso tener que ver con ellos, pues un mal que se les hiciera atraería sobre el ofensor la ira de los dioses padres.

La fe en estos antiguos mitos había desaparecido desde hacía mucho tiempo, porque no se veían en la tierra hombres tan distintos de sus semejantes que hiciera necesaria semejante explicación. Mas en Jesús, Pilato había visto algo inexplicable que le había llenado de un terror indefinido. Y ahora las palabras de la multitud: "El se hizo Hijo de Dios...", cayeron como un rayo. Hicieron volver de lo más escondido de su memoria las antiguas y olvidadas historias de su niñez, y revivieron el terror pagano, que forma el tema de algunos de los más grandes dramas griegos, de cometer inadvertidamente un crimen que desatara la venganza tremenda de los cielos. Su mente pagana razonaba de este modo: ¿No podría Jesús ser el Hijo del Jehová de los hebreos, como Castor y Pólux lo fueron de Júpiter? Apresuradamente lo hizo entrar otra vez al palacio y mirándole con nuevo pavor y curiosidad, le preguntó: "¿De dónde eres tú?"

Pero Jesús no le respondió ni una palabra. Pilato no le había escuchado cuando Jesús deseaba explicarle todo; había ultrajado su propio sentimiento de justicia por la flagelación; y si un hombre vuelve la espalda a Cristo cuando él habla, la hora vendrá en que preguntará y no recibirá respuesta. El orgulloso gobernador estaba sorprendido e irritado a la vez, y preguntó: "¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo potestad para crucifi­carte, y que tengo potestad para soltarte? ". A lo que Jesús respondió, con la indescriptible dignidad de que la brutal vergüenza de su tortura no le había hecho perder nada: "Ninguna potestad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba".

Pilato se había jactado del poder que tenía para hacer lo que quisiera con el prisionero; pero era en realidad muy débil. Volvió de su entrevista privada con la deter­minación de ponerlo en libertad inmediatamente. Los judíos vieron esta resolución pintada en su semblante y esto les hizo sacar su última arma, la que tenían en reserva desde el principio; amenazaron acusarle ante el emperador. Esto fue el significado del alarido con que interrumpieron sus primeras palabras: "Si a éste sueltas, no eres amigo de César". Esto había estado en la mente tanto de ellos como de Pilato en todo el curso del juicio. Esto era lo que le había hecho estar tan indeciso.

No había otra cosa que un gobernador romano temiera tanto como que fuese enviada por sus súbditos semejante queja. En este tiempo era especialmente peli­groso; porque ocupaba el trono imperial un sombrío y desconfiado tirano, que se complacía en degradar a sus propios servidores, y que se encendería en un momento a la insinuación de que uno de sus subordinados favorecía a un aspirante al poder real. Pilato comprendía demasia­do bien que su administración no podía resistir a una inspección, pues había sido cruel y corrompido en extre­mo. Nada puede estorbar tan absolutamente a un hombre en hacer el bien que quiere, como el mal que ha practicado en su vida pasada. Esta fue la tentación que rindió por fin a Pilato, precisamente cuando se había resuelto a obedecer a su conciencia. El no era un héroe que siguiera sus convicciones a toda costa. Era entera­mente mundano, y vio que tenía que entregar a Jesús a la voluntad de ellos.

Sin embargo, él era preso no sólo de la ira por su completa derrota, sino también de un poderoso temor religioso. Pidiendo agua, se lavó las manos en presencia de la multitud, y exclamó: "Soy inocente de la sangre de este justo". Se lavó las manos cuando debía haberlas usado. El agua no lava tan fácilmente la sangre. Pero la turba, en triunfo completo, hizo mofa de sus escrúpulos llenando el aire con sus vociferaciones de: "Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos".

Pilato sintió vivamente el insulto, y volviendo contra ellos su enojo, quiso tener también su triunfo. Echó a Jesús delante de modo que todos lo vieran, comenzó a burlarse de ellos, pretendiendo considerarlo como verda­deramente su Rey, y preguntó: "¿A vuestro rey he de crucificar?". Ahora tocó a ellos su turno para sentir el a-guijón de la mofa y gritaron: " ¡No tenemos más rey que César!". ¡Qué confesión en boca de los judíos! Era re­nunciar a la libertad y la historia de la nación. Pilato les tomó la palabra y entregó inmediatamente a Jesús para que lo crucificaran.


                                             . Las Escrituras y el pecado


   Hay una razón muy seria para creer que gran parte de la lectura de la Biblia y de los estudios bíblicos de los últimos años ha sido de muy poco provecho espiritual para aquellos que han realizado la lectura y los estudios. Pero, aún voy a decir más; mucho me temo que en muchos casos, todo ello ha resultado más bien en una maldición que en una bendición. Este es un lenguaje duro, me hago cargo; sin embargo no creo que sea más duro, de lo que requiere el caso. Los dones divinos son mal usados, y se abusa de la misericordia divina. Que esto es verdad lo prueba la escasez de los frutos cosechados. Incluso el hombre natural emprende el estudio de las Escrituras (y lo hace con frecuencia) con el mismo entusiasmo y placer con que podría estudiar las ciencias. Cuando se trata de este caso, su caudal de conocimiento incrementa, pero, lo mismo ocurre con su orgullo. Como el químico ocupado en hacer experimentos interesantes, el intelectual que escudriña la Palabra se entusiasma cuando hace algún descubrimiento en ella; pero, el gozo de este último no es más espiritual de lo que sería el del químico y sus experimentos. Repitámoslo; del mismo modo que los éxitos del químico, generalmente, aumentan su sentimiento de importancia propia y hacen que mire con cierto desdén a otros más ignorantes que él, por desgracia, ocurre esto también con los que han investigado cronología bíblica, tipos, profecía y otros temas semejantes.

La Palabra de Dios puede ser estudiada por muchos motivos. Algunos la leen para satisfacer su orgullo literario. En algunos círculos ha llegado a ser respetable y popular el obtener un conocimiento general del contenido de la Biblia simplemente porque se considera como un defecto en la educación el ser ignorante de la misma. Algunos la leen para satisfacer su sentimiento de curiosidad, como podrían leer otro libro de nota. Otros la leen para satisfacer su orgullo sectario. Consideran que es un deber el estar bien versados en las doctrinas particulares de su propia denominación y por ello buscan asiduamente textos base en apoyo de "sus doctrinas". Aun otros la leen con el propósito de poder discutir con éxito con aquellos que difieren de ellos. Pero, en todos estos casos no hay ningún pensamiento sobre Dios, no hay anhelo de edificación espiritual y por tanto no hay beneficio real para el alma.

¿En qué consiste pues el beneficiarse verdaderamente de la Palabra? ¿No nos da 2ª Timoteo 3:16, 17 una respuesta clara a esta pregunta? Leemos allí: "Toda escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir. para instruir en justicia: a fin de que el hombre de Dios sea enteramente apto, bien pertrechado para toda buena obra." Obsérvese lo que aquí se omite: la Santa Escritura nos es dada, no para la gratificación intelectual o la especulación carnal, sino para pertrecharnos para «toda buena obra», y para enseñarnos, corregirnos, instruirnos. Esforcémonos en ampliar esto con la ayuda de otros pasajes.

1. Un individuo se beneficia espiritualmente, cuando la Palabra le redarguye o convence de pecado. Esta es su primera misión: revelar nuestra corrupción, exponer nuestra bajeza, hacer notoria nuestra maldad. La vida moral de un hombre puede ser irreprochable, sus tratos con los demás impecables, pero cuando el Espíritu Santo aplica la Palabra a su corazón y a su conciencia, abriendo sus ojos cegados por el pecado para ver su relación y actitud hacia Dios, exclama: "¡Ay de mí, que estoy muerto!" Es así que toda alma verdaderamente salvada es llevada a comprender su necesidad de Cristo. "Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos" (Lucas 5:31). Sin embargo no es hasta que el Espíritu aplica la Palabra con poder divino que el individuo comprende y siente que está enfermo, enfermo de muerte.

Esta convicción que le hace comprender que la destrucción que el pecado ha realizado en la constitución humana, no se restringe a la experiencia inicial que precede inmediatamente a la conversión. Cada vez que Dios bendice su Palabra en mi corazón, me hace sentir cuán lejos estoy, cuán corto me quedo del standard que ha sido puesto delante de mí. "Sed santos en toda vuestra manera de vivir" (1ª Pedro 1: 15). Aquí, pues, se aplica la primera prueba: cuando leo las historias de los fracasos deplorables que se encuentran en las Escrituras, ¿me hace comprender cuán tristemente soy como uno de ellos? Cuando leo sobre la vida perfecta v bendita de Cristo, ¿no me hace reconocer cuán lamentablemente soy distinto de El?

2. Un individuo se beneficia espiritualmente, cuando la Biblia le hace sentir triste por su pecado. Del oyente como el terreno pedregoso se nos dice que "oye la palabra y al momento la recibe con gozo; pero no tiene raíz en sí mismo" (Mateo 13:20, 21); pero de aquellos que fueron convictos de pecado bajo la predicación de Pedro se nos dice que "se compungieron de corazón" (Hechos 2:37). El mismo contraste existe hoy. Muchos escuchan un sermón florido, o un mensaje sobre "la verdad dispensacional" que despliega poderes de oratoria o exhibe la habilidad intelectual del predicador, pero que, en general, contiene poco material aplicable a escudriñar la conciencia. Se recibe con aprobación, pero la conciencia no es humillada delante de Dios o llevada a una comunión más íntima con El por medio del mensaje. Pero cuando un fiel siervo de Dios (que por la gracia no está procurando adquirir reputación por su "brillantez") hace que la enseñanza de la Escritura refleje sobre el carácter y la conducta, exponiendo los tristes fallos de incluso los mejores en el pueblo de Dios, y aunque muchos oyentes desprecien al que da el mensaje, el que es verdaderamente regenerado estará agradecido por el mensaje que le hace gemir delante de Dios y exclamar: "Miserable hombre de mí." Lo mismo ocurre en la lectura privada de la Palabra. Cuando el Espíritu Santo la aplica de tal manera que me hace ver y sentir la corrupción interna es cuando soy realmente bendecido.

¡Qué palabras se hallan en Jeremías 31:19!: "Me castigué a mí mismo; me avergoncé y me confundí." ¿Tienes alguna idea, querido lector, de una experiencia semejante? ¿Te produce el estudio de la Palabra un arrepentimiento así y te conduce a humillarte delante de Dios? ¿Te redarguye de pecado de tal manera que eres llevado a un arrepentimiento diario delante de El? El cordero pascua tenía que ser comido con "hierbas amargas" (Exodo 12:8); y del mismo modo, a los que nos alimentamos de la Palabra, el Santo Espíritu nos la hace "amarga" antes de que se vuelva dulce al paladar. Nótese el orden en Apocalipsis 10:9: "Y me fui hacia el ángel diciéndole que me diese el librito. Y él me dijo: Toma, y cómetelo entero; y te amargará el vientre, pero en tu boca será dulce como la miel." Esta es siempre la experiencia: debe haber duelo antes del consuelo (Mateo 5:4); humillación antes de ensalzamiento (1ª Pedro 5:6).

3. Un individuo se beneficia espiritualmente, cuando la Palabra le conduce a la confesión de pecado. Las Escrituras son beneficiosas por "corregir" (2ª Timoteo 3:16), y un alma sincera re conocerá sus faltas. Se dice de los que son carnales: "Porque todo aquel que obra el mal, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean redargüidas" (Juan 3:20). "Dios, sé propicio a mi pecador" es el grito de un corazón renovado, y cada vez que somos avivados por la Palabra (Salmo 119) hay una nueva revelación y un nuevo confesar nuestras transgresiones ante Dios. "El que encubre su pecado no prosperará: pero el que lo confiesa y se enmienda alcanzará misericordia" (Proverbios 28:13). No puede haber prosperidad o fruto espiritual (Salmo 1:3), mientras escondemos en nuestro pecho nuestros secretos culpables; sólo cuando son admitidos libremente ante Dios, y en detalle, podemos alcanzar misericordia.

No hay verdadera paz para la conciencia y no hay descanso para el corazón cuando enterramos en él la carga de un pecado no confesado. El alivio llega cuando abrimos nuestro seno a Dios. Notemos bien la experiencia de David: "Mientras callé, se consumieron mis huesos, en mi gemir de todo el día. Porque de día y de noche pesaba sobre mí tu mano; se volvió mi verdor en sequedades de estío" (Salmo 313, 4). ¿Es este lenguaje figurativo, aunque vivo, algo ininteligible para ti? ¿0 más bien cuenta tu propia historia espiritual? Hay muchos versículos de la Escritura que no son interpretados satisfactoriamente por ningún comentario, excepto el de la experiencia personal. Bendito verdaderamente es lo que sigue a continuación, que dice: "Mi pecado te declaré y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; y Tú perdonaste la maldad de mi pecado" (Salmo 32:5).

4. Un individuo se beneficia espiritualmente, cuando la Palabra produce en él un profundo aborrecimiento al pecado. "Jehová ama a los que aborrecen el mal" (Salmo 97:10). "No podemos amar a Dios sin aborrecer aquello que El aborrece. No sólo debemos aborrecer el mal y rehusar continuar en él, sino que debemos tomar armas contra él, y adoptar ante él una actitud de sana indignación" (C. H. Spurgeon). Una de las pruebas más seguras a aplicar a la supuesta conversión es la actitud del corazón respecto al pecado. Cuando el principio de la santidad ha sido bien implantado, habrá necesariamente un odio a todo lo que sea impuro. Si nuestro odio al mal es genuino, estamos agradecidos cuando la Palabra corrige incluso el mal que no habíamos sospechado.

Esta fue la experiencia de David: "Por tus mandamientos he adquirido inteligencia; por eso odio todo camino de mentira" (Salmo 119:104). Fijémonos bien, que no dice "abstenerse" sino "odiar""Por eso me dejo guiar por todos tus mandamientos sobre todas las cosas, y aborrezco todo camino de mentira" (Salmo 119:128). Pero lo que hace el malvado es completamente opuesto: «Pues tú aborreces la corrección y echas a tu espalda mis palabras» (Salmo 50:17). En Proverbios 8:13, leemos: "El temor de Jehová es aborrecer el mal" y este temor procede de leer la Palabra de Dios: véase Deuteronomio 17:18, 19. Con razón se ha dicho: "Hasta que se odia el pecado, no puede ser mortificado; nunca gritarás contra él, como los judíos hicieron contra Cristo: Crucifícale, crucifícale, hasta que el pecado te sea tan aborrecible como El era a ellos" (Edward Reyner, 1635).

5. Un individuo se beneficia espiritualmente, cuando la Palabra le hace abandonar el pecado. "Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo" (2ª Timoteo 2:19). Cuanto más se lee la Palabra con el objetivo definido de descubrir lo que agrada y lo que desagrada al Señor, más conoceremos cuál es su voluntad; y si nuestros corazones son rectos respecto a El, más se conformarán nuestros caminos a su voluntad. Habrá un «andar en la verdad» (3ª Juan 4). Al final de 2ª Corintios 6 hay unas preciosas promesas para aquellos que se separan de los infieles. obsérvese, aquí, la aplicación que el Espíritu Santo hace de ellas. No dice: "Así que, hermanos, puesto que tenemos estas promesas, consolémonos y tengamos satisfacción en las mismas», sino que lo que dice es: limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios" (2ª Corintios 7: 1).

"Vosotros estáis ya limpios por la palabra que os he hablado" (Juan 15:3). Aquí hay otra regla importante con la cual deberíamos ponernos frecuentemente a prueba nosotros mismos: ¿Produce la lectura y el estudio de la Palabra de Dios en mí una limpieza en mis caminos? Antaño se hizo la pregunta: "¿Con qué limpiará el joven su camino?", y la divina respuesta fue "con guardar tu Palabra". Sí, no simplemente con leerla, creerla o aprenderla de memoria, sino con la aplicación personal de la Palabra a su "camino". Es guardando exhortaciones como: "Huye de la fornicación" (1ª Corintios 6: 18); "Huye de la idolatría" (1ª Corintios 10: 14); "Huye de estas cosas": (el amor al dinero); "Huye de las pasiones juveniles" (2ª Timoteo 2:22), que el cristiano es llevado a una separación práctica del mal; porque el pecado ha de ser no sólo confesado sino "abandonado" (Proverbios 28:13).

6. Un individuo se beneficia espiritualmente, cuando la Palabra le fortifica contra el pecado. Las Sagradas Escrituras nos han sido dadas no sólo con el propósito de revelarnos nuestra pecaminosidad innata, y las muchas maneras por las que "estamos destituidos de la gloria de Dios" (Romanos 3:23), sino también para enseñarnos cómo obtener liberación del pecado, cómo evitar el desagradar a Dios. "En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti" (Salmo 119: 11). Esto es lo que se requiere de nosotros. "Recibe la instrucción de su boca y pon sus palabras en tu corazón" (Job 22:22). Son particularmente los mandamientos, las advertencias, las exhortaciones que necesitamos hacer nuestras y guardar como un tesoro; aprenderlas de memoria, meditar en ellas, orar sobre ellas y ponerlas en práctica. La única manera efectiva de tener un huerto libre de hierbas, es poner plantas y cuidarlas: "Vence con el bien el mal" (Romanos 12:21). Para que la Palabra de Cristo habite en nosotros más "abundantemente (Colosenses 3: 16), es necesario que haya menos oportunidad para el ejercicio del pecado en nuestros corazones y en nuestras vidas.

No basta con asentir meramente a la veracidad de las Escrituras; se requiere que las recibamos en nuestros afectos. Es de la mayor solemnidad el notar que el Espíritu Santo especifica como base de apostasía el que "no recibieron el amor de la verdad para ser salvos" (2ª Tesalonicenses 2: 10). " Si se queda solo en la lengua o en la mente, es sólo asunto de habla y especulación, pronto se habrá desvanecido. La semilla que permanece en la superficie pronto es comida por las aves del cielo. Por tanto escóndela en la profundidad; que del oído vaya a la mente, de la mente al corazón; que se sature más v más. Sólo cuando prevalece como soberana en el corazón la recibimos con amor: cuando es más querida que cualquier otro deseo, entonces permanece" (Thomas Manton).

Nada más nos guardará de las infecciones de este mundo, nos librará de las tentaciones de Satán, y será tan efectivo para preservarnos del pecado como la Palabra de Dios recibida con afecto: "La ley de su Dios está en su corazón; por tanto sus pies no resbalarán" (Salmo 37:31). En tanto que la verdad se mantiene activa en nosotros, agitando nuestra conciencia, y es realmente amada, seremos preservados de caer. Cuando José fue tentado por la esposa de Potifar, dijo: "¿Cómo haría Yo este gran mal y pecaría contra Dios?" (Génesis 39:9). La Palabra estaba en su corazón, ,v por tanto tuvo poder para prevalecer sobre el deseo; la santidad inefable, el gran poder de Dios que es capaz a la vez de salvar y de destruir. Nadie sabe cuándo va a ser tentado: por tanto es necesario estar preparado contra ello. "¿Quién de vosotros dará oídos... y escuchará respecto al porvenir?" (Isaías 42:23). Sí, hemos de ver venir el futuro y estar fortalecidos contra toda eventualidad, parapetándonos con la Palabra en nuestros corazones para los casos inesperados.

7. Un individuo se beneficia espiritualmente, cuando la Palabra hace que practique lo opuesto al pecado. "El pecado es la trasgresión de la ley" (1ª Juan 3:4). Dios dice: "Harás esto", el pecado dice: «No harás esto»; Dios dice: "No harás esto", el pecado dice: "Haz esto." Así pues, el pecado es una rebelión contra Dios, la decisión de seguir «por su camino» (Isaías 53:6). Por tanto el pecado es una especie de anarquía en el reino espiritual, y puede hacerse semejante a hacer señales con una bandera roja a la cara de Dios. Por otra parte, lo opuesto a pecar contra Dios es el someterse a El, como lo opuesto al desenfreno y licencia es el sujetarse a la ley. Así, el practicar lo opuesto al pecado es andar en el camino de la obediencia. Esta es otra razón principal por la que se nos dieron las Escrituras: para hacer conocido el camino que es agradable a Dios. Son provechosas no sólo para reprender y corregir, sino también para "instruir en justicia".

Aquí, pues, hay otra regla importante por la que podemos ponernos a prueba nosotros mismos. ¿Son mis pensamientos formados, mi corazón controlado, y mis caminos y obras regulados por la Palabra de Dios? Esto es lo que el Señor requiere: "Sed obradores de la palabra, no solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos" (Santiago 1: 22). Es así que se expresa la gratitud y afecto a Cristo: "Si me amáis guardad mis mandamientos" (Juan 14:15). Para esto es necesario la ayuda divina. David oró: "Guíame por la senda de tus mandamientos, porque en ella tengo mi complacencia" (Salmo 119:35). No sólo necesitamos luz para conocer el camino, sino corazón para andar en él. Es necesario tener dirección a causa de la ceguera de nuestras mentes; y los impulsos efectivos de la gracia son necesarios a causa de la flaqueza de nuestros corazones. No bastará para hacer nuestro deber el tener una noción estricta de las verdades, a menos que las abracemos y las sigamos» (Mantón). Notemos que es "el camino de tus mandamientos": no un camino a escoger, sino definitivamente marcado; no una "carretera" pública, sino un «camino» particular.

Que el autor y el lector con sinceridad v diligencia se midan, como en la presencia de Dios, con las siete medidas que hemos enumerado. ¿Te ha hecho el estudio de la Biblia más humilde, o más orgulloso, orgulloso del conocimiento que has adquirido? ¿Te ha levantado en la estimación de tus prójimos, o te ha conducido a tomar una posición más humilde delante de Dios? ¿Te ha producido un aborrecimiento más profundo y una prevención contra ti mismo, o te ha hecho más indulgente y complacido de ti mismo? ¿Ha sido causa de que los que se relacionan contigo, o quizá aquellos a quienes enseñas, digan: Desearía tener tu «conocimiento» de la Biblia; o te ha hecho decir a ti: Señor, dame la fe, la gracia y la «santidad» de mi amigo, de mi maestro? "Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos" (1ª Timoteo 4:15).



                      Las Escrituras y Las Promesas     



                    Las promesas divinas dan a conocer lo que constituye la buena voluntad de Dios para su pueblo para concederle las riquezas de su gracia. Son el testimonio externo de su corazón, que desde la eternidad los ama y ha preordenado todas las cosas para ellos y referente a ellos. En la persona y obra de su Hijo, Dios ha hecho una provisión completa para su salvación, tanto en el tiempo como en la eternidad. A fin de que puedan tener un conocimiento espiritual, claro y verdadero del mismo, ha complacido al Señor ponerlo delante de ellos en las maravillosas y grandes promesas que están esparcidas por todas las Escrituras como otras tantas y gloriosas estrellas en el glorioso firmamento de la gracia; por medio de las cuales puedan recibir la seguridad de la voluntad de Dios en Jesucristo respecto a ellos, y tomar santuario en El respecto a estas promesas, y por este medio tener una comunión real con El en su gracia y misericordia en todo tiempo, no importa cuáles sean su caso o circunstancias.

Las promesas divinas son otras tantas declaraciones para conceder algún bien o eliminar algún mal. Como tales son un bendito hacer, conocer y manifestar el amor de Dios para su pueblo. Hay tres pasos en relación con el amor de Dios: primero, su propósito interno de ejercitarlo; el último, la real ejecución de este propósito; pero en medio hay el dar a conocer este propósito a los beneficiarios del mismo. En tanto que el amor está escondido nadie puede ser confortado por el mismo. Ahora bien, Dios que es "amor" no sólo ama a los suyos y no sólo les manifestará su amor con plenitud a su debido tiempo, sino que entretanto nos tiene informados de sus benevolentes designios, para que podamos descansar reposados en su amor, y sentirnos confortado! por sus promesas seguras. Por ello podemos: decir: "¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos! ¡Cuán grande es la suma de ellos!" (Salmo 139:17).

En 2ª Pedro 1:4, se habla de las promesas divinas como "preciosas y grandísimas". Como dijo Spurgeon: "La grandeza y la preciosidad van raramente juntas, pero en este caso van unidas en un grado muy elevado." Cuando Jehová se complace en abrir su boca y revelar su corazón, lo hace de una manera digna de El, en palabras de poder y riqueza superlativas. Para citar de nuevo al querido pastor de Londres: "Vienen del gran Dios, van a grandes pecadores, obran grandes resultados, y tratan de asuntos de gran importancia." Mientras que el intelecto natural es capaz de percibir buena parte de su grandeza, sólo los que tienen el corazón renovado pueden saborear su inefable preciosidad, y decir con David: "Cuán dulces son a mi paladar tus palabras, más que la miel a mi boca" Salmo 119:103).

1. Nos beneficiamos de la Palabra, cuando percibimos á quienes pertenecen las promesas. Están disponibles sólo para aquellos que son de Jesús. "Porque todas las promesas del Señor Jesús son en él, sí, y en el, Amén" (2ª Corintios 1:20). No puede haber relación entre el Dios Trino y la criatura pecadora, excepto por medio de un Mediador que le ha satisfecho a favor nuestro. Por tanto este Mediador debe recibir de Dios todo el bien para su pueblo, y ellos deben recibirlo, de segunda mano, procedente de El. Un pecador puede pedir a un árbol con la misma eficacia que si pidiera a Dios si es que desprecia y rechaza a Cristo.

Tanto las promesas como las cosas prometidas son entregadas al Señor Jesús y transmitidas a los santos a través de El. "Y ésta es la promesa que El nos hizo, la vida eterna." (1ª Juan 2:25), y cómo la misma epístola nos dice: "Y esta vida está en su Hijo" (5:11). Siendo así, ¿qué bien pueden sacar aquellos que no están todavía en Cristo? Ninguno. Una persona que no está en contacto con Jesús no recibe el favor de Dios, sino al contrario, está bajo su Ira; su porción no son las promesas divinas, sino las advertencias y amenazas. Es una solemne consideración el que aquellos que están "sin Cristo""están excluidos de la ciudadanía de Israel, y son extranjeros en cuanto a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo" (Efesios 2:12). Sólo los hijos de Dios son "los hijos de la promesa" (Romanos 9:8). Asegúrate, lector amigo, de que tú eres uno de ellos.

¡Cuán terrible, pues, es la ceguera y cuán grave es el pecado de aquellos predicadores que indiscriminadamente aplican las promesas de Dios a los salvos y a los no salvos! No sólo están quitando el "pan de los hijos», y echándolo a los perritos", sino que están "adulterando la palabra de Dios" (2ª Corintios 4:2) y engañando a las almas inmortales. Y aquellos que escuchan y les prestan atención son pocos menos culpables, porque Dios les hace a todos responsables de escudriñar las Escrituras por sí mismos, y poner a prueba todo lo que leen u oyen, bajo este criterio infalible. Si son demasiado perezosos para hacerlo, y prefieren seguir a ciegas a sus guías ciegos entonces que su sangre sea sobre su cabeza. La verdad ha de ser "comprada" (Proverbios 23:23) y aquellos que no están dispuestos a pagar el precio deben quedarse sin ella.

2. Nos beneficiamos de la Palabra, cuando trabajamos para hacernos nuestras las promesas de Dios. Para conseguirlo primero debemos tomarnos el trabajo de familiarizarnos realmente con ellas. Es sorprendente cuántas promesas hay en las Escrituras, de las que los santos no santos no tienen la menor idea, mucho más, por cuanto ellas son el peculiar tesoro de los creyentes, la sustancia de la herencia de fe que reside en ellos. Verdaderamente, los cristianos ya son los recipientes de bendiciones maravillosas, sin embargo, el capital de su riqueza, lo más importante de su patrimonio, está sólo en el futuro. Han recibido un anticipo, pero la mejor parte de lo que Cristo tiene para ellos se halla todavía en la promesa de Dios. Cuán diligentes, pues, deberíamos ser en el estudio de su testamento, y última voluntad, familiarizándose con las buenas nuevas que el Espíritu "ha revelado" (1ª Corintios 2:10) y procurando hacer inventario de sus tesoros espirituales.

No sólo debo buscar en las Escrituras para encontrar lo que me ha sido entregado por medio del pacto eterno, sino también meditar sobre las promesas, revisarlas una y otra vez mentalmente y pedir a Dios que me dé entendimiento espiritual de las mismas. La abeja no podría extraer miel de las flores si sólo se limitara a contemplarlas. Tampoco el cristiano sacará ningún consuelo o fuerza de las divinas promesas hasta que su fe eche mano y penetre el corazón de las promesas. Dios no nos ha dado la seguridad que el indulgente será alimentado, sino que ha declarado: "el alma de lo diligentes será prosperada" (Proverbios 13:4). Por tanto, Cristo dijo: "Trabajad no por la comida que perece, sino por la comida que permanece para vida eterna" (Juan 6:27). Sólo cuando la promesas son atesoradas en la mente, el Espíritu nos las recuerda en aquellos momentos de des mayo cuando mas las necesitamos.

3. Nos beneficiamos de la Palabra cuando re conocemos el bendito alcance de las promesas de Dios. "Hay como una afectación que impide a algunos cristianos el vivir y explorar la religión como algo que pertenece a lo común y corriente de la vida. Es para ellos algo trascendental y de ensueño; más bien una creación piadosa más o menos irreal, que una cosa de hechos, tangible Creen en Dios, a su manera, para las cosas espirituales, y para la vida futura; pero se olvidan totalmente que la verdadera piedad tiene la promesa de la vida presente, lo mismo que la venidera. Para ellos sería casi una profanación el orar acerca de los pequeños negocios y asuntos de la vida. Quizá se sorprenderían si me atreviera a sugerirles que esto hace dudosa la realidad de su fe. Si no puede darles apoyo en las pequeñas tribulaciones de la vida, ¿les va a ser de algún valor en las grandes tribulaciones de la muerte?" (C. H. Spurgeon.)

"La piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente y de la venidera" (1ª Timoteo 4:8). Lector, ¿crees esto, que las promesas de Dios cubren todos los aspectos y particulares de tu vida diaria? ¿0 quizá te han descarriado los "dispensacionalistas", haciéndote creer que el Antiguo Testamento pertenece sólo a los judíos, carnales, y que "nuestras promesas" se refieren sólo a las cosas espirituales y no a las materiales? ¡Cuántos cristianos han obtenido consuelo de "no te dejaré ni te desampararé" (Hebreos 13:5). Bueno, pues, esto no es más que una cita que procede de Josué 1: 5. De la misma manera, 2ª Corintios 7:1 habla de "teniendo estas promesas", pero una de ellas, referida en 6:18, ¡se encuentra en el libro de Levítico!

Quizás alguien preguntará: "¿Dónde se puede establecer una línea divisoria? ¿Cuáles promesas del Antiguo Testamento me pertenecen de modo legítimo?" Corno respuesta vemos que el Salmo 84: 11 declara: "Porque sol y escudo es Jehová Dios; gracia y gloria dará Jehová. No quitará el bien a los que andan en integridad." Si tú andas realmente «en integridad» estás autorizado para apropiarte esta bendita promesa y contar con que el Señor te dará "gracia y gloria y el bien" que requieras de El. "Mi Dios suplirá a todas vuestras necesidades" (Filipenses 4:19). Por tanto si hay una promesa en alguna parte de su Palabra que se ajusta a tu caso y situación presente, hazla tuya como apropiada a tu "necesidad". Resiste firmemente todo intento de Satán de robarte alguna parte de la Palabra del Padre.

4. Nos beneficiamos de la Palabra cuando hacernos una distinción apropiada entre las promesas de Dios. Muchos cristianos son culpables de hurto espiritual, por lo cual quiero decir que se apropian algo que no les pertenece, pero que pertenece a otro. "Algunos acuerdos del pacto hecho con el Señor Jesús en cuanto a sus elegidos y redimidos, no están sujetos a ninguna condición por lo que se refiere a nosotros; pero muchas otras valiosas promesas del Señor contienen estipulaciones que deben ser atendidas cuidadosamente, pues de otro modo no podemos obtener la bendición. Una parte de la diligente búsqueda del lector debe dirigirse a este punto tan importante. Dios guardará la promesa que te ha hecho; con tal que tú tengas cuidado de observar las condiciones en que se te ha hecho el acuerdo. Sólo cuando cumplimos los requisitos de una promesa condicional podemos esperar que la promesa nos sea cumplida" (C. H. Spurgeon).

Muchas de las promesas divisas son dirigidas a personas o tipos de personas específicos, o, hablando con más precisión, a gracias particulares. Por ejemplo, en le Salmo 25:9, el Señor declara que El «encaminará a los humildes por el juicio», pero si estoy fuera de comunión con El, si estoy siguiendo el curso de mi voluntad propia, si mi corazón es altivo, entonces no estoy justificado si me apropio el consuelo de este versículo. Otra vez, en Juan 15:7, el Señor nos dice: "Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que querais y os será hecho." Pero, si no estoy en comunión de experiencia con El, sí sus mandamientos no regulan mi conducta, mis oraciones no van a ser contestadas. Aunque las promesas proceden de la pura gracia, hemos de recordar siempre que la gracia reina «por medio de la justicia» (Romanos 5:21) y que nunca es puesta de lado la responsabilidad humana. Si no hago caso de las leyes que se refieren a la higiene, no debo sorprenderme si la enfermedad me impide disfrutar de muchas de sus misericordias temporales: de la misma manera, si dejo de lado sus preceptos sólo puedo acusarme a mí mismo si dejo de recibir el cumplimiento de muchas de sus promesas.

Que nadie piense que con sus promesas Dios se ha obligado a no hacer caso de los requerimientos de su santidad: El nunca ejerce ninguna de sus perfecciones a expensas de otra. Y no nos imaginemos que Dios magnificaría la obra sacrificial de Cristo si concediera los frutos de la misma a almas descuidadas e impenitentes. Hay un equilibrio de la verdad que debe ser preservado aquí; que por desgracia se pierde con frecuencia y bajo la idea de exaltar la gracia divina los hombres son "conducidos a la lascivia". Con cuánta frecuencia se cita el versículo: "Llámame en el día de la angustia: yo te libraré" (Salmo 50:15). Pero el versículo empieza con "Y", y antes de las precedentes palabras dice al final del versículo anterior: "Paga tus votos al Altísimo". Otra vez, con qué frecuencia se hace énfasis en "Te haré entender y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos". (Salmo 32:8) por parte de personas que no prestan atención al contexto. Y en este caso, tenemos una promesa de Dios a aquel que ha confesado su «transgresión» al Señor (versículo 5). Si, pues, no he confesado el pecado que tengo en la conciencia, y me he apoyado en la carne o buscado la ayuda de mi prójimo en vez de procurarme la de Dios (Salmo 62:5), entonces no tengo derecho a contar con la guía divina y su ojo fijo en mí puesto que esto implica que estoy andando en íntima comunión con El, porque no puedo ver el ojo de otro si está lejos de mí.

5. Nos beneficiamos de la Palabra cuando nos hace posible que las promesas de Dios sean nuestro apoyo y fortaleza. Esta es una de las razones por las que El nos las ha dado; no sólo manifestar su amor haciéndonos conocer sus designios benévolos, sino también consolar nuestros corazones y desarrollar nuestra fe. Si le hubiera agradado, Dios podría habernos concedido sus bendiciones sin habérnoslo hecho saber. El Señor podría habernos concedido su misericordia, que necesitamos, sin haberse comprometido a hacerlo. Pero, en este caso no habríamos sido creyentes; la fe sin una promesa sería como un pie sin suelo en qué apoyarse. Nuestro tierno Padre planeó que gozáramos de sus dones por partida doble: primero por la fe, después en el goce directo de lo concedido. De este modo aparta nuestros corazones sabiamente de las cosas que se ven y perecen y nos atrae hacia arriba y adelante, a las cosas que son espirituales y eternas.

Si no hubiera promesas no habría fe ni tampoco esperanza. Porque la esperanza es el contar con que poseeremos las cosas que Dios ha declarado que nos daría. La fe mira hacia la Palabra que promete; la esperanza mira a la ejecución de la promesa. Así fue con Abraham: "El creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho... y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que ya estaba como muerto (siendo de casi cien años), o la esterilidad ante la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios" (Romanos 4:18-20). Lo mismo fue con Moisés: "Teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón" (Hebreos 11:26). Lo mismo con Pablo: "Porque yo confío en Dios que acontecerá exactamente como se me ha dicho". (Hechos 27:25). Lo mismo contigo, tal vez querido lector. ¿Está tu pobre corazón descansando en las promesas de Aquel que no puede mentir?

6. Nos beneficiamos de la Palabra cuando esperarnos con paciencia el cumplimiento de las promesas de Dios. Dios prometió un hijo a Abraham, pero esperó muchos años antes de cumplir la promesa. Simeón tenía la promesa de que no vería la muerte hasta que hubiera visto al Señor Jesucristo (Lucas 2:26), pero no lo vio hasta que tenía ya un pie en la tumba. Hay con frecuencia un largo y duro invierno entre el período de la siembra de la oración y la hora de la cosecha. El Señor Jesús mismo no ha recibido todavía plena respuesta a la oración que hizo en el capítulo 17 de Juan, hace de ello cerca de dos mil años. Muchas de las mejores promesas de Dios a su pueblo no recibirán su pleno cumplimiento hasta que estemos en la gloria. Aquel que tiene la eternidad a su disposición no necesita apresurarse. Dios nos hace esperar con frecuencia para que pueda "perfeccionarse la obra de la paciencia", con todo no desmayemos; "Aunque la visión está aún por cumplirse a su tiempo, se apresura hacia el fin y no defraudará; aunque tarde, espéralo, porque, sin duda, vendrá y no se retrasará" (Habacuc 2:3).

"Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos en la tierra" (Hebreos 11:13). Aquí es abarcada la obra entera de la fe: conocimiento, confianza trabando conocimiento con amor. El «de lejos» se refiere a las cosas prometidas; aquellos que las "vieron" en su mente, discernieron la sustancia detrás de la sombra, descubriendo en ellas la sabiduría y la bondad de Dios. Estaban persuadidos; no dudaban, sino que estaban seguros de participar en ellas y sabían que no serían decepcionados. Las saludaban, las abrazaban, son expresiones que muestran su deleite y veneración, el corazón que sé adhiere a ellas con amor y cordialmente les saluda y se goza con ellas. Estas promesas fueron el consuelo y descanso de sus almas en sus peregrinaciones, tentaciones y sufrimientos.

El demorar la ejecución de las promesas por parte de Dios da lugar al cumplimiento de varios objetivos. No sólo se pone a prueba la fe, de modo que se da evidencia de su genuinidad; no sólo se desarrolla la paciencia, y se da oportunidad para el ejercicio de la esperanza; sino que además se fomenta la sujeción a la divina voluntad. "El proceso de deslinde y separación no se ha realizado: todavía suspiramos y apetecernos cosas que el Señor considera que ya tendríamos que haber dejado atrás. Abraham hizo un gran banquete el día que fue destetado Isaac (Génesis 2l:8), y, quizá, nuestro Padre celestial hará lo mismo con nosotros. Echate, corazón orgulloso. Quita estos ídolos; olvida tus apetitos, y la paz prometida pasará a ser tuya" (C. H. Spurgeon).

7. Nos beneficiamos de la Palabra cuando hacemos un uso apropiado de las promesas. Primero, en nuestras relaciones con Dios mismo. Cuando nos acercamos a su trono, debería ser para pedir una de sus promesas. Las promesas han de ser no sólo el fundamento de nuestra fe sino también la sustancia de nuestras peticiones. Debemos pedir según la voluntad de Dios si El ,nos ha de escuchar, y su voluntad se nos revela en las cosas buenas que El ha declarado que nos concederá. De modo que hemos de echar mano de sus seguras promesas, presentárselas delante y decir: "Haz conforme a lo que has dicho" (2ª Samuel 7:25). Observa cómo Jacob reclamó la promesa en Génesis 32:12; Moisés en Éxodo 32: 13; David en el Salmo 119:58; Salomón en 1 a Reyes 8:25; y tú, lector cristiano, haz lo mismo.

Segundo: en la vida que vivimos en el mundo. En Hebreos 11:13 no sólo leemos de los patriarcas que disciernen, confían y abrazan las divinas promesas, sino que se nos informa de los efectos que producen las promesas en ellos: "y confesaron que eran extranjeros y peregrinos en la tierra", lo que significa que hicieron pública confesión de su fe. Reconocieron que sus intereses no estaban en las cosas de este mundo, y su conducta lo demostró; tuvieron una porción que les satisfizo en las promesas que se apropiaron. Sus corazones estaban puestos en las cosas de arriba; porque donde se halla el corazón del hombre, allí se halla su tesoro también.

"Así que amados, puesto que tenemos estas promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios" (2. Corintios 7: l); este es el efecto que producen en nosotros, y lo producirán si la fe echa manos de ellas realmente. «Por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina; habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia.» (2ª Pedro 1:4). Ahora, el Evangelio y las preciosas promesas, siendo concedidas graciosamente y aplicadas con poder, tienen una influencia en la pureza del corazón Y del comportamiento, y enseñan al hombre a negar la impiedad y los deseos del mundo y a vivir sobria, recta y piadosamente. Tales son los poderosos efectos de las promesas del Evangelio baja la divina influencia, que nos hacen, interiormente, participantes de la naturaleza divina y, exteriormente, nos hacen posible abstenernos de las corrupciones y vicios prevalecientes en nuestro tiempo y evitarlos.

                         Las Escrituras y La Oración


 Un cristiano que no ora es simplemente una contradicción. Como el niño que nace muerto es un niño muerto, un creyente profeso que no ora está desprovisto de vida espiritual. La oración es el respirar de la nueva naturaleza del creyente, como la Palabra de Dios es su alimento. Cuando el Señor dijo al discípulo de Damasco que Saulo de Tarso se había convertido de veras, le dijo: "He aquí, Saulo ora" (Hechos 9: 11). En muchas ocasiones el altivo fariseo había doblado sus rodillas ante Dios y había cumplido sus «devociones», pero esta vez era la primera vez que "oraba". Esta importante distinción debe ser subrayada en este día de fórmulas sin poder (2ª Timoteo 3:5). Aquellos que se contentan con dirigirse a Dios de modo formal no le conocen; porque "el espíritu de gracia, el de suplicación" (Zacarías 12: 10), no se separan nunca. Dios no tiene hijos en su familia regenerada que sean mudos. "¿No vengará Dios a sus escogidos que claman a El de noche y de día?" (Lucas 18:7). Sí, «claman» a El, no meramente «rezan» sus oraciones.

Pero es probable que el lector se sorprenda cuando siga leyendo que el autor cree que, probablemente, el propio pueblo de Dios ¡peca más en sus esfuerzos para orar que en relación con ningún otro objetivo en que se ocupa! ¡Qué hipocresía hay en la oración, cuando debería haber sinceridad! ¡Qué exigencias tan presuntuosas, cuando debería haber sumisión! ¡Qué formalismo, cuando tendría que haber corazones quebrantados! ¡Cuán poco sentimos realmente los pecados que confesamos, y qué poco sentido de la profunda necesidad de su misericordia! E incluso cuando Dios consiente en librarnos de estos pecados, hasta cierto punto, qué frialdad en el corazón, qué incredulidad, cuánta voluntad propia y autocomplacencia. Los que no tienen perceptividad para estas cosas son extraños al espíritu de la santidad.

Ahora bien, la Palabra de Dios debería dirigirnos en oración. Por desgracia, cuán a menudo hacemos que nuestra inclinación carnal sea la que dirige nuestras peticiones. Las Sagradas Escrituras nos han sido dadas para que "el hombre de Dios sea enteramente apto, bien pertrechado para toda buena obra" (2ª Timoteo 3:17). Como que debemos "orar en el Espíritu" (Judas 20), se sigue que nuestras oraciones tienen que estar de acuerdo considerando que El es el autor de ellas. Se sigue también que según la medida en que la Palabra de Cristo mora en nosotros en "abundancia" (Colosenses 3:16), o escasamente, más (o menos) estarán nuestras peticiones en armonía con la mente del Espíritu, porque «de la abundancia del corazón habla la boca» (Mateo 12:34). En la medida en que atesoramos la Palabra de Dios en nuestro corazón, y ésta limpia, moldea y gobierna nuestro hombre interior, serán nuestras oraciones aceptables a la vista de Dios. Entonces podemos decir, como dijo David en otro sentido: "Todo es tuyo y de lo recibido de tu mano te damos" (1ª Crónicas 29:14).

Así que la pureza y el poder de nuestra vida de oración son otro índice por el cual podemos decidir la extensión de los beneficios que sacamos de la lectura y estudio de las Escrituras. Si nuestro estudio de la Biblia, bajo la bendición del Espíritu, no nos resarce del pecado de la falta de oración, revelándonos el lugar que la oración debe ocupar en nuestra vida diaria, y en realidad no nos lleva a pasar más tiempo en el lugar secreto con el Altísimo; si no nos enseña cómo orar de modo más aceptable a Dios, cómo hacer nuestras sus promesas y reclamarlas, cómo apropiarnos sus preceptos y hacer de ellos nuestras peticiones, entonces, no sólo no nos ha servido para enriquecer el alma el tiempo que hemos pasado leyendo y meditando la Palabra, sino que el mismo conocimiento que hemos adquirido de la letra, servirá para nuestra condenación en el día venidero. "Sed hacedores de la Palabra, no solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos" (Santiago 1:22). Se aplica a sus amonestaciones a la oración y a todo lo demás. Veamos ahora siete diferentes criterios.

1. Nos beneficiamos de las Escrituras cuando nos ayudan a comprender la importancia profunda de la oración. Es de temer que muchos lectores de la Biblia de hoy (y aun estudiosos) no tienen convicciones profundas de que una vida de oración definida es absolutamente necesaria para andar y comunicar con Dios, como lo es para la liberación del poder del pecado, las seducciones del mundo o los asaltos de Satán. Si esta convicción realmente poseyera sus corazones, ¿no pasarían más tiempo con el rostro delante de Dios? Es inútil, si no peor, replicar: "Hay una gran cantidad de obligaciones que tengo que cumplir y ocupan el tiempo que usaría para la oración, a pesar de que me gustaría hacerla". Pero, queda el hecho que cada uno de nosotros pone tiempo aparte para lo que consideramos es imperativo. ¿Quién vive una vida más activa que la que vivió nuestro Salvador? A pesar de ello encontró mucho tiempo para la oración. Si verdaderamente deseamos ser intercesores y hacer súplicas ante Dios y usamos en ello todo el tiempo disponible que tenemos ahora, El ordenará las cosas de modo que tendremos más tiempo.

La falta de convicción positiva en la profunda importancia de la oración se evidencia claramente en la vida corporativa de los cristianos profesos. Dios ha dicho sencillamente: "Mi casa será llamada casa de oración" (Mateo 21:13). Notemos: no "casa de predicación o de cánticos", sino de oración. Sin embargo, en la gran mayoría de las iglesias, incluso dentro de la ortodoxia, el ministerio de la oración ha pasado a ser negligible. Hay todavía campañas evangelísticas, Convenciones de enseñanza de la Biblia, pero cuán raramente se oye de dos semanas puestas aparte para oraciones especiales. Y ¿qué beneficio proporcionan estas "Convenciones de la Biblia" a las iglesias si su vida de oración no es reforzada? Pero, cuando el Espíritu de Dios aplica con poder en nuestros corazones palabras como: "Velad y orad, para que no entréis en tentación" (Marcos 14: 38); "En toda suplicación y ruego y acción de gracias sean notorias vuestras peticiones delante de Dios" (Filipenses 4:6); "Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias" (Colosenses 4:2), entonces nos beneficiamos de las Escrituras.

2. Nos beneficiamos de las Escrituras cuando nos hacen sentir que no sabemos bastante cómo orar. «No sabéis pedir como conviene» (Romanos 8:26). ¡Cuán pocos cristianos creen esto verdaderamente! La idea más común es que la gente sabe bastante bien lo que debe pedir, sólo que son descuidados o son malos, y dejan de orar por lo que saben bien que es su deber. Pero, este concepto discrepa por completo de la declaración inspirada de Romanos 8:26. Hay que observar que observar que esta afirmación que humilla a la carne, no se hace sobre los hombres en general, sino de los santos de Dios en particular, entre los cuales el apóstol no vacila en incluirse el mismo: "No sabemos lo que hemos de pedir como conviene". Si ésta es la condición del hombre regenerado, mucho peor será la de no regenerado. Con todo, una cosa es leer y asentir mentalmente lo que dice el versículo, y otra tener una comprensión de experiencia, porque para que el corazón sienta lo que Dios requiere de nosotros. El mismo debe obrarlo en nosotros y por medio de nosotros.

Digo mis oraciones con frecuencia,

Pero, ¿oro en verdad?

Y van los deseos de mi corazón,

¿Conforme a las palabras?

Lo mismo serviría arrodillarme

Y adorar a una piedra,

Que ofrecer a Dios como plegaria

Nada más que palabras,

Y labios que se mueven.

Ya hace muchos años que mí madre me hizo aprender de memoria estas líneas -la cual ya "está presente ahora en el Señor", pero su mensaje, vivo todavía, me martillea la mente. El cristiano no puede orar a menos que el Espíritu Santo se lo haga posible, lo mismo que no puede crear un mundo. Esto ha de ser así, porque la oración real es una necesidad sentida que ha sido despertada en nosotros por el Espíritu, de modo que pedimos a Dios, en el nombre de Cristo, aquello que está de acuerdo con su santa voluntad. "Y ésta es la confianza que tenemos ante él, que si pedirnos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye" (1ª Juan 5:14). Pero, el pedir algo que no es conforme a la voluntad de Dios no es orar, sino atrevimiento. Es verdad que Dios nos revela su voluntad, y la podemos conocer a través de su Palabra, sin embargo, no es de la manera que un libro de cocina nos da recetas culinarias para la preparación de platos. Las Escrituras frecuentemente enumeran principios que requieren un continuo ejercicio del corazón y ayuda divina para que veamos su aplicación a los diferentes casos y circunstancias. De modo que nos beneficiamos de las Escrituras cuando aprendemos en ellas nuestra profunda necesidad de clamar "Señor, enséñanos a orar" (Lucas 11: 1) y nos vemos constreñidos a pedirle a El espíritu de oración.

3. Nos beneficiamos de las Escrituras cuando nos damos más cuenta de nuestra necesidad de la ayuda del Espíritu. Primero, que nos haga conocer nuestras verdaderas necesidades. Tomemos, por ejemplo, nuestras necesidades materiales. Con cuánta frecuencia nos hallamos en una situación externa difícil; las cosas nos oprimen, y deseamos ser librados de estas tribulaciones y dificultades. Sin duda, pensamos que aquí sabemos «qué» es lo que tenemos que pedir. De ninguna manera y, al contrario, la verdad es que a pesar de nuestros deseos de alivio, somos tan ignorantes, nuestro discernimiento está tan embotado, que (incluso cuando se trata de una conciencia acostumbrada) no sabemos qué clase de sumisión a su agrado Dios puede requerir, o cómo podemos santificar estas aflicciones para nuestro bien interior. Por tanto, Dios considera las peticiones de muchos que claman pidiendo ayuda sobre cosas externas «aullidos», y no clamar a El con el corazón (ver Oseas 7:14). "Porque ¿quién sabe lo que es bueno para el hombre en la vida?" (Eclesiastés 6:12). Ah, la sabiduría celestial es necesaria para enseñarnos sobre nuestras necesidades» temporales, a fin de hacer de ellas un asunto de oración según la mente de Dios.

Quizá puedan añadirse unas pocas palabras a lo que ya se ha dicho. Podemos pedir sobre cosas temporales escrituralmente (Mateo 6:11, etc.), pero con una triple limitación. Primero, de modo incidental y no de modo primario, porque no son éstas las cosas de las que se preocupan los cristianos de modo principal (Mateo 6:33). Las cosas que deben buscarse primero y sobre todo, son las cosas celestiales y eternas (Colosenses 3:l), mucho más importantes y valiosas que las temporales. Segundo, de modo subordinado, como medio para un fin. El buscar cosas materiales de Dios no ha de ser a fin de conseguir satisfacción, sino como una ayuda para agradarle más. Tercero, de modo sumiso, no imperioso, porque esto sería el pecado de presunción. Además, no sabemos si el que se nos concediera gracia sobre algo temporal contribuiría realmente a nuestro bienestar supremo (Salmo 106:18) y por tanto debemos dejarle a Dios que decida.

Tenemos necesidades interiores también, además de las exteriores. Algunas pueden ser discernidas a la luz de la conciencia, tales como la culpa y la impureza del pecado, los pecados contra la luz y la naturaleza y la simple letra de la ley. Sin embargo, el conocimiento que tenemos de nosotros mismos por medio de la conciencia es tan oscuro y confuso que, aparte del Espíritu, no somos capaces de descubrir la verdadera fuente de purificación. Las cosas sobre las cuales los creyentes tienen que tratar primariamente con Dios en sus súplicas son el esta y la disposición de su alma, o sea espiritual. Por eso, David no estaba satisfecho con confesar las transgresiones que conocía y su pecado original (Salmo 51:1-5), sino que dándose cuenta de que no puede entender bien sus propios errores, desea ser limpiado de los "errores ocultos" (Salmo 19:12); pero le pide también a Dios que emprenda una búsqueda de su corazón para encontrar lo que pueda escapársele (Salmo 139:23,24), sabiendo que Dios requiere principalmente "verdad en lo íntimo" (Salmo 51: 6). Así que en vista de (1ª Corintios 2:10-12, deberíamos buscar la ayuda del Espíritu para que podamos pedir de modo aceptable a Dios.

4. Estamos beneficiándonos de las Escrituras cuando el Espíritu nos enseña el recto propósito de la oración. Dios ha establecido la ordenanza de la oración por lo menos con un triple designio. Primero, que el Dios Trino sea honrado, porque la oración es un acto de adoración, rendición de homenaje; al Padre como Dador, en el nombre del Hijo por medio del cual únicamente podemos acercarnos a El, a través del poder que nos impulsa. y dirige del Espíritu Santo. Segundo: para humillar nuestros corazones, porque la oración está ordenada para traernos a un lugar de dependencia, para desarrollar en nosotros un sentimiento de nuestra insignificancia, al admitir que sin el Señor no podernos hacer nada, y que somos como mendigos pidiendo todo lo que somos y tenemos. Pero, cuán débilmente se cumple esto (si es que :se cumple) en nosotros, hasta que el Espíritu nos lleva de la mano, quita nuestro orgullo, y da a Dios el verdadero lugar en nuestros corazones y pensamientos. Tercero, como un medio de obtener para nosotros mismos las cosas buenas que pedimos.

Es de temer que una de las principales razones por las que muchas oraciones quedan sin contestar es que tenemos un objetivo equivocado o sin valor.

Nuestro Salvador dice: «Pedid y recibiréis» (Mateo 7:7); pero Santiago afirma de algunos que «Pedís y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites». (Santiago 43). El orar pidiendo algo, pero no de modo expreso con miras a aquello para lo cual Dios lo ha designado, es «pedir mal»; y por tanto sin propósito eficaz. Toda la confianza que tenemos en nuestra propia sabiduría e integridad, si se nos deja proseguir nuestros objetivos nunca se ajustará a la voluntad de Dios. Hasta que el Espíritu restringe a la carne en nosotros, nuestros afectos propios naturales desordenados interfieren con nuestras súplicas, á las hacen inservibles. "Todo lo que hacéis, hace lo para la gloria de Dios" (1ª Corintios 10:31), sin embargo, nadie excepto el Espíritu puede hacer que nos subordinemos en nuestros deseos a la gloria de Dios.

5. Nos beneficiamos de las Escrituras cuando nos enseñan a reclamar las promesas de Dios. La oración debe ser hecha con fe (Romanos 10: 14), de lo contrario Dios no la escuchará. Ahora bien, la fe tiene respeto a las promesas de Dios (Hebreos 4:1; Romanos 4:21); si, por tanto, no comprendemos qué es lo que Dios ha prometido, no podemos orar. «Las cosas secretas pertenecen a Jehová, nuestro Dios» (Deuteronomio 29:29), pero la declaración de su voluntad y la revelación de su gracia nos pertenecen, y son nuestra regla. No hay nada que podamos necesitar que Dios no se haya comprometido a proporcionárnoslo, si bien de tal forma y bajo tales limitaciones que aseguren que será para nuestro bien y nos serán útiles. Por otra parte, nada hay que Dios haya prometido, que no tengamos necesidad de ello, o que de una manera u otra no nos afecte como miembros del cuerpo místico de Cristo. Por ello, cuanto mejor estemos familiarizados con las promesas divinas, y cuanto más comprendamos sus bondades, gracia y misericordia preparadas y propuestas en ellas, mejor equipados estamos para orar de modo aceptable.

Algunas de las promesas de Dios son generales más bien que específicas; algunas son condicionales, otras incondicionales, algunas se cumplen en esta vida, otras en la vida venidera. Tampoco podemos nosotros discernir por nuestra cuenta qué promesa es más apropiada para nuestro caso particular y la situación presente, o cómo apropiarla por fe y reclamarla rectamente de Dios. Por tanto, se nos dice de modo explícito: "Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoce las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha otorgado gratuitamente." (1ª Corintios 2:11,12). Si alguien contestara: si se requiere tanto para que una oración sea aceptable, si no podemos presentar peticiones a Dios con menos molestia de la que se indica, habrá pocos que quieran persistir durante algún tiempo en este deber, lo único que podríamos decirle es que esta persona no tiene la menor idea de lo que es orar ni parece tener interés en saberlo.

6. Nos beneficiamos de las Escrituras cuando nos llevan a una completa sumisión a Dios. Como se dijo antes, uno de los propósitos divinos al establecer la oración como una ordenanza es para ayudarnos a sentirnos humildes. Esto se muestra exteriormente cuando doblamos las rodillas ante el Señor. La oración es un reconocimiento de nuestra impotencia, un mirar a Dios de quien esperamos ayuda. Es admitir su suficiencia para suplir nuestra necesidad. Es el hacer conocidas nuestras "peticiones" (Filipenses 4:6) a Dios; pero peticiones es algo muy distinto de "requerimientos""El trono de la gracia no existe para que nosotros podamos acudir a él para obtener satisfacciones de nuestras pasiones" (Wm. Gurnall). Hemos de presentar nuestro caso delante de Dios, pero dejar que su sabiduría superior prescriba la forma de decidirlo. No debe haber intentos de imposición, ni podemos "reclamar" nada de Dios, porque somos como mendigos dependientes de su misericordia. En todas nuestras peticiones debemos añadir: "Sin embargo, hágase tu voluntad, no la mía".

Pero, ¿no puede la fe presentar a Dios sus promesas y esperar una respuesta? Ciertamente; pero debe ser la respuesta de Dios. Pablo pidió a Dios que le quitara la espina de la carne tres veces; pero en vez de hacerlo el Señor le dio gracia para sobrellevarla (2ª Corintios 12). Muchas de las promesas de Dios son generales, en vez de personales. Ha prometido pastores, maestros Y evangelistas a su Iglesia, y con todo hay muchos grupos de creyentes que languidecen por falta de ellos. Algunas de las promesas de Dios son indefinidas y generales en vez de absolutas y universales: como por ejemplo, en Efesios 6:2,3. Dios no se ha obligado a dar nada de modo específico, a conceder la cosa particular que pedimos, incluso cuando pedimos con fe. Además, El se reserva el derecho de decidir el momento y sazón para concedernos sus misericordias. "Buscad a Jehová todos los humildes de la tierra, los que pusisteis por obra sus ordenanzas; buscad la justicia, buscad la mansedumbre; quizá quedaréis resguardados en el día del enojo de Jehová." (Sofonías 2:3). Por el hecho de que "quizá" Dios me conceda una misericordia temporal determinada, es mi deber presentarme ante El y pedirla, sin embargo, debo estar sumiso a su voluntad para la concesión de la misma.

7. Estamos beneficiándonos de las Escrituras cuando la oración se vuelve un gozo real y profundo. El mero "decir nuestras oraciones" cada mañana y noche es una tarea pesada, un deber que debe ser cumplido que nos hace dar un suspiro de alivio cuando hemos terminado. Pero el presentarnos realmente ante la presencia de Dios, para contemplar la gloriosa luz de su faz, para estar en comunión con El en el propiciatorio, es un anticipo de la bienaventuranza eterna que nos aguarda en el cielo. Quien es bendecido con esta experiencia dice con el salmista: "El acercarme a Dios es el bien". (Salmo 73:8.) Sí, bien para el corazón, porque le da paz; bien para la fe, porque la fortalece; bien para el alma, porque la bendice. Es la falta de esta comunión del alma con Dios que se halla a la raíz de la falta de respuesta a nuestras oraciones: "Pon asimismo tu delicia en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón." (Salmo 37:4.)

¿Qué es lo que, bajo la bendición del Espíritu, produce este gozo en la oración? Primero, es el deleite del corazón en Dios como el Objeto de la oración, y particularmente el reconocer y comprender que Dios es nuestro Padre. Así que, cuando los discípulos pidieron al Señor Jesús que les enseñara a orar, dijo: "Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos." Y luego: "Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, o sea, Padre!" (Gálatas 4:6), que incluye un deleite filial, santo en Dios, como los hijos tienen deleite en sus padres cuando se dirigen con afecto a ellos. Y de nuevo, en Efesios 2:18, se nos dice para fortalecer la fe y consuelo de nuestros corazones: "Porque por medio de él los unos y los otros tenemos acceso por un mismo Espíritu al Padre." ¡Qué paz, qué seguridad, qué libertad da esto al alma: saber que nos acercamos a nuestro Padre!

Segundo. El gozo en la oración es incrementado porque el corazón capta el alma y contempla a Dios en el trono de gracia: una vista o perspectiva, no por imaginación de la carne, sino por iluminación espiritual, porque es por fe que "vemos al Invisible" (Hebreos 11:27); la fe es "la evidencia de las cosas que no se ven" (Hebreos 11: l), hace evidente y presente su objeto propio a los ojos de los que creen. Esta visión de Dios en su "trono" tiene que conmover el alma. Por tanto se nos exhorta: "Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro" (Hebreos 4:16).

Tercero. Del versículo anterior sacamos también que la libertad y el deleite en la oración son estimulados por ver que, Dios, por medio de Jesucristo, está dispuesto a dispensarnos gracia y misericordia a los pecadores suplicantes. No tenemos que vencer ninguna resistencia suya. Dios está más dispuesto a dar que nosotros a recibir. Así se le presenta en Isaías 30:18: "Con todo esto, Jehová aguardará para otorgaros su gracia." Sí, Dios aguardará a que le busquemos; aguardará a que los fieles echen mano de su disposición para bendecir. Su oído está siempre atento al clamor del justo. Por tanto "acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe" (Hebreos 10:22); «sean presentadas vuestras peticiones delante de Dios, mediante oración y ruego con acción de gracias y la paz de Dios, que sobrepasa a todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús» (Filipenses 4:6, 7).

                                              LA BIBLIA Y LA MUJER



          Ejemplos bíblicos de la mujer en el ministerio

 Antiguo Testamento incluye relatos de sólidos liderazgo femenino en muchos roles, tal como los siguientes ejemplos dignos de destacar: Miriam fue profetisa en Israel durante el éxodo, junto a sus hermanos Moisés y Aarón (Éxodo 15:20). Débora, que era no sólo 

profetisa sino jueza, dirigió a Barac para que guiara al ejército de Israel hacia un combate exitoso contra los opresores (Jueces 4 y 5). Hulda, también profetisa, autenticó el rollo de la Ley encontrado en el templo y ayudó a iniciar la reforma religiosa en los días de Josías (2 Reyes 22:14-20; 2 Crónicas 34:22-28).

El Nuevo Testamento también muestra que las mujeres desempeñaban roles ministeriales importantes en la Iglesia Primitiva. Tabita (Dorcas) puso en marcha un efectivo ministerio de benevolencia (Hechos 9:36). Las cuatro hijas solteras de Felipe eran profetisas reconocidas (Hechos 21:8,9). Pablo señaló a dos mujeres, Evodia y Síntique, como mujeres que “combatieron juntamente conmigo en el evangelio” (Filipenses 4:2,3). Priscila fue otra de las mujeres que Pablo consideró ejemplar entre sus “compañeros de trabajo en Cristo Jesús” (Romanos 16:3,4). En Romanos 16, Pablo saluda a muchos colegas ministeriales, entre los cuales muchas eran mujeres. En estos saludos, la palabra que Pablo usa para hablar del “trabajo” (kopiaō), o la “labor” de María, Trifena, Trifosa, y Pérsida (Romanos 16:6,12) es una que utiliza con frecuencia para su propia labor ministerial (1 Corintios 16:16; 1 Tesalonicenses 5:12; 1 Timoteo 5:17).


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